Blogs Catalunya

No Funciona

Fiebre nocturna en Cadaqués

Por: | 15 de diciembre de 2011

Cap
La cosa empieza el 4 de diciembre, domingo, sobre las 22.00. Es casi como una novela de Ken Follet, pero esta vez no sólo los hechos son reales, además son verosímiles. S. U. se encuentra con su familia: esposa y tres hijas. Están cenando en un restaurante de Cadaqués. El padre y la madre notan que la chica mediana (de 12 años) se muestra algo mustia y desganada y, finalmente, se dan cuenta de que tiene un poco de fiebre. ¿Qué hacer? Lo normal, piensan en su ingenuidad: ir a la farmacia y comprar un antipirético (por ejemplo, paracetamol) que se la baje, para ir al día siguiente al médico. Y ahí empieza la novela de aventuras. Tontas, pero inquietantes al fin: el hombre contra las normas y los recortes.

En Cadaqués no hay farmacias de guardia, cosa lógica, dada la población. De todas formas, el farmacéutico se levanta de la cama y atiende, si se trata de una emergencia. ¿Cómo se sabe si es una emergencia? Porque el cliente acude con una receta médica. Pero, en Cadaqués no hay ambulatorio abierto durante las 24 horas. De noche, cierra. De modo que no hay posibilidad de obtener receta. Lo dice la norma: se dispensarán medicamentos y productos que “sean solicitados con carácter de urgencia, justificada con una receta médica”. Imposible: no hay médico, no hay receta. Aunque haya fiebre, que no es una enfermedad, sino un síntoma.

Una norma establecida por decreto de la Generalitat de 1996, según señala el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona. El de Girona, de donde depende Cadaqués, es más etéreo, pero su portavoz señala que la gente tiene que ir preparada por el mundo.

En el restaurante sugirieron a la familia que consultara con la Guardia Urbana que, a su vez, les indicó que llamaran al 112, un servicio para emergencias más serias que algo de fiebre. No obstante, S. U. llamó al 112. Allí le dijeron que ése era un asunto que no podían atender. Pero le conectaron con el 061 (ambulancias). Es evidente que tampoco era la cosa para tanto, de modo que desviaron la llamada al servicio de atención al ciudadano del Departamento de Salud. Tampoco sirvió de nada.

Al fin, S. U. y su mujer decidieron emplear el sentido común y acudir a casa del farmacéutico que aceptó amablemente venderles un paracetamol. Nada de esto hubiera pasado en Barcelona o en una ciudad con un sistema de farmacias de guardia, pero ése servicio que no se puede ofrecer en todas las localidades porque también los farmacéuticos tienen derecho al descanso.

El Departamento de Salud de la Generalitat catalana cree que el asunto está claro: la fiebre no es una urgencia, por lo tanto, salvo el despropósito (posiblemente bienintencionado) de la derivación de llamadas, todo fue correcto. El problema es que la mayoría de los padres que tienen una hija con fiebre ignoran de qué enfermedad es síntoma y no creen que lo mejor sea esperar al día siguiente. Con las mismas, es difícil aceptar que la gente tenga que ser tan previsora que deba ir por el mundo con un botiquín completo.

En fin, los recortes en sanidad (paralelos a la supresión de algunos impuestos para los más adinerados) dan para lo que dan y quitan lo que quitan. Pero hay una respuesta que no da Salud y que, a poco que uno piense, resulta obvia: la solución más sencilla en estos casos es acudir a un médico privado. Ellos no están sujetos a las limitaciones del ambulatorio. El paciente paga, le dan una receta, el farmacéutico dispensa el paracetamol de marras y todos contentos. Especialmente el consejero de Salud, Boi Ruiz, que lo tiene claro: la salud personal es un asunto privado. Por eso requiere de medicina privada. ¡Qué mal acostumbrados están los catalanes que aún creen en el Estado de bienestar!

Imagen de Pau Rigol.

La próxima vez se hablará de un radar que no admite cambios.

Hay 0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el blog

Recoge quejas de los lectores sobre el funcionamiento de la administración y las empresas públicas. El ciudadano que sea mal atendido por una empresa privada, puede optar por otra, pero no puede cambiar de ayuntamiento, administración autonómica o general del Estado. Y las paga.
Los lectores pueden dirigir sus quejas a @elpais.es

Sobre el autor

Francesc Arroyo

Francesc Arroyo es redactor de El País desde 1981. Ha trabajado en las secciones de Cultura y Catalunya (de la que fue subjefe). En la primera se especializó en el área de pensamiento y literatura. En los últimos años se ha dedicado al urbanismo, transporte y organización territorial.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal