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El vecino más incómodo: una gasolinera

Por: | 04 de enero de 2012

Gasolinera_02
M. G. ha leído que en algunos lugares, por ejemplo, la Comunidad de Madrid, donde impera Esperanza Aguirre, se permite la apertura de los comercios sin interrupción las 24 horas de todos los días del año. Anota que entiende la polémica sobre el conflicto de intereses entre la libertad de comercio y el derecho al descanso semanal y sugiere que, en Cataluña, se añade a la discusión no poca hipocresía. Aceptaría, dice, la libertad de horarios, "aunque ése uso de la palabra libertad sea un tanto discutible", pero lo que asegura no entender es por qué unos pueden abrir y otros no pueden hacerlo. En especial, dice, no entiende por qué se critica tanto que abran algunos establecimientos comerciales, regidos a veces por inmigrantes que no parecen nadar en la abundancia ni explotar a nadie (aunque no sólo), mientras que se mira para otra parte ante prácticas consolidadas. Por ejemplo, las gasolineras."¿Por qué una gasolinera puede abrir siempre?", se pregunta.

Cataluña se rige por una ley de 23 de diciembre de 2004 que regula los horarios comerciales, explica un portavoz del Departamento de Empresa y Ocupación, cuyo titular es Francesc Xaiver Mena. Y ahí se acaba la historia. Es legal, nada más que añadir. En esta ley se establecen limitaciones para la mayoría de establecimientos, pero también se reseñan las excepciones. Y el artículo 2. apartado c. de esa ley dice que no se rigen por el horario general los puntos de "venta de combustibles y carburantes". Un portavoz de la asociación de estos comercios explica que las gasolineras son "un servicio público" y que "siempre ha sido así". Lo primero es más que discutible; lo segundo, también.

Que una gasolinera no es un servicio público es tan obvio que no vale la pena comentarlo. Baste decir que la apertura la deciden ellos y no la autoridad. Pueden abrir y cerrar cuando quieran. Pero es que, además, comenta M. G. son "uno de los peores vecinos que se puedan tener". Habla, claro, de gasolineras urbanas, situadas junto a viviendas. "Su usuarios hacen ruidos, no siempre imprescindible; sus productos huelen que apestan y, para colmo, son inflamables". M. G. entendería que el legislador hubiera dispuesto que las gasolineras urbanas ofrecieran un servicio similar al de las farmacias de guardia, pese a que mientras que la enfermedad se presenta muchas veces por sorpresa, no ocurre lo mismo con la falta de combustible de un vehículo. Hoy, la inmensa mayoría lleva un avisador de la situación del depósito. La cosa es tan evidente que la norma de circulación prevé sanciones para el conductor que se quede tirado con el depósito vacío. Si todo el mundo puede prever que necesita gasolina o gasóleo, basta con abrir en las franjas horarias que establece la ley de comercio citada.

La ley de comercio es una cosa bastante llamativa en la que no destaca la claridad. Así, por ejemplo, el artículo 1 apartado b dice que los establecimientos comerciales podrán abrir un máximo de 12 horas diarias. Y en el apartado siguiente afirma: "El tiempo semanal de apertura de los establecimientos comerciales los días laborales es de 72 horas como máximo". La ley no dice si el sábado es laborable o no. Se sobreentiende que sí, porque de lo contrario ambos apartados serían contradictorios entre sí. En una semana de cinco días laborables en los que sólo se pudieran abrir 12 horas cada día, el máximo semanal sería de 60. Esta interpretación viene avalada por la declaración de intenciones (totalmente conservadora) del preámbulo, donde se dice que la ley pretende "preservar el modelo comercial catalán". Cómo si existiera algo así. Como si el comercio de hoy se pareciera al del siglo XIX o, incluso, al de finales del XX. Salvo que lo catalán sea una esencia inmutable que vive en el cielo platónico. Una copia en pequeño de lo español, que es "una unidad de destino en lo universal".

Para colmo de guasa, el legislador tuvo a bien "recordar" que el Parlamento Europeo" tiene una resolución de 12 de diciembre de 1996 que insta a preservar el "descanso dominical" del "personal trabajador asalariado". Se entiende, que salvo el de las gasolineras.

M. G. insiste: "No me refiero a las gasolineras de autopistas o carreteras. Me refiero a las urbanas. Porque está claro que no son lo mismo". Así es. Muchas de las de carretera cierran de noche, olvidando, quizás, que son un servicio público para noctámbulos apasionados del tocino y la velocidad.

Lamentablemente para M. G., la cosa no lleva visos de cambio. El Gobierno dice que es legal; los empresarios del sector, que se ha hecho siempre; el legislador es pura correa de transmisión del Ejecutivo. Y ya casi nadie se acuerda de Descartes que escribió un día: "Aprendí a desconfiar de lo que sólo la costumbre me enseñó".

Imagen tomada por Javier Corso.

 

Hay 4 Comentarios

Para colmo de guasa, el legislador tuvo a bien "recordar" que el Parlamento Europeo"

Creo que a MG y al autor les convendría repasar el concepto legal de servicio público. Una pista, pensad en los taxis y en los autobuses locales, en los bomberos, aún los privados, aviones, etc., y la definición de continuidad de servicio (la formal). Hablo en el concepto amplio.

QUÉ CURIOSO, LA ENTELEQUIA LATINA, QUIEN HIZO LA LEY HIZO LA TRAMPA…
¡NO NOS REPRESENTAN!

todo es un lio

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Sobre el autor

Francesc Arroyo

Francesc Arroyo es redactor de El País desde 1981. Ha trabajado en las secciones de Cultura y Catalunya (de la que fue subjefe). En la primera se especializó en el área de pensamiento y literatura. En los últimos años se ha dedicado al urbanismo, transporte y organización territorial.

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