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Ciudadanos caprichosos

Por: | 26 de abril de 2012

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Hay gente caprichosa. Por ejemplo, E. G. barcelonés, que pretende poder moverse por la ciudad sin impedimentos. Se dirigió a esta sección tras leer la pasada semana la nota sobre la ocupación sistemática de las plazas de aparcamiento reservadas a personas con movilidad reducida para explicar que, en la zona donde vive, el centro de Barcelona, hay espacios donde lo que se ocupa es, pura y simplemente, la zona de paso. Como ejemplo citaba los soportales del mercado de la Boqueria. “Es un espacio estrecho. Por la mañana, cuando mesas y sillas están ordenadas, aunque con dificultad, el paso de una persona en silla de ruedas aún es posible, pero cuando la gente las ocupa y las mueve, sólo se puede pasar a trompicones y pidiendo permiso a cada gesto”.

Las fotografías muestran que el lector tiene razón, que lo suyo no es una opinión, sino un hecho. Pero al Ayuntamiento de Barcelona los hechos le traen sin cuidado. La portavoz del distrito de Ciutat Vella, cuya concejal es Mercè Homs (CiU), tiene las cosas muy claras: “Se puede pasar, salvo que pretenda hacerlo por encima de las mesas. En ese caso, ni la persona que se queja, ni nadie”. La misma fuente se mostró airada por el hecho de que E. G. se dirigiera al diario en vez de hacerlo, como está mandado (no se sabe por quien) al distrito. El lector no tiene inconveniente en explicar por qué se dirigió al diario. “Como ciudadano pago mis impuestos y, del mismo modo que yo cumplo con mis obligaciones, espero que también lo hagan los empleados municipales y los cargos electos. Entiendo que, alguna vez, deberían actuar de oficio. Supongo que saben lo que es”. Pretensión vana. Si el problema no existe, ¿cómo van a actuar para resolverlo?

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E. G. recuerda que esa zona es la misma en la que actuaban no pocas prostitutas, cosa que, tras ser publicada por el diario El País, molestó enormemente a los dirigentes municipales. Aunque nunca estuvo claro si lo que de verdad les molestaba eran los hechos o que fueran aireados en las páginas de un diario. Fuera como fuese, se enterró una considerable cantidad de dinero público en la actuación subsiguiente. Como se destina dinero público al mercado de la Boqueria, convertido cada vez más, como el resto de la Rambla, en un parque temático donde son bien recibidos los turistas al tiempo que se expulsa al barcelonés (por precios y por la incomodidad que suponen las aglomeraciones). Por cierto, a las personas con movilidad reducida se las ha expulsado siempre.

Hace un tiempo escribió un lector perfectamente convencido de que las obras en las estaciones de metro y de trenes para dar acceso a las personas con problemas de movilidad no se hacían para eso sino porque beneficiaban a los constructores y a los comisionistas. “Quienes nos movemos en silla de ruedas, importamos un comino a los políticos. Porque quitar los obstáculos de la acera es gratis y eso no lo hacen. Lo otro, en cambio, es un negocio para muchos”.

De hecho, la táctica de los gobiernos municipales (el actual y el anterior) consiste en negar los problemas y sostener que el ciudadano se equivoca. Como en este caso, donde rozando el sarcasmo, se sugiere que el lector lo que pretende es dar brincos sobre las mesas. ¡Brincos! Algo más que difícil para las personas con problemas de movilidad. Y, para que conste que sabe de qué habla, E. G. añade: “Podría ir al distrito a quejarme, pero tengo problemas para superar los dos escalones de la puerta principal. Es cierto, me han habilitado un acceso por la parte de atrás, no sea que afee al conjunto que ocupa la señora concejal”.

Lo que no ha sido posible es saber si el espacio público que ocupan los bares es el adecuado. Este diario formuló la pregunta a la portavoz del distrito que dio la callada por respuesta. Silencio administrativo sólo roto por la impertinente agresión verbal a un ciudadano que pretende moverse con la máxima facilidad por Barcelona. Además de pagar impuestos con los que se sufraga el sueldo del cargo electo y de su portavoz. Para eso, para que pague sus impuestos, sí le dan facilidades.

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Mientras pongan dinerito y ellos lo reciban, no "habrá problemas".

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La portavoz del distrito de Ciutat Vella, cuya concejal es Mercè Homs (CiU), tiene las cosas muy claras: “Se puede pasar, salvo que pretenda hacerlo por encima de las mesas. En ese caso, ni la persona que se queja, ni nadie”. Esta respuesta, proferida por un cargo público, da verguenza ajena. Denota chulería, en ningún caso talante de servicio a la ciudadanía, porque si así fuera, a una mayor sensibilidad hacia el tema, se uniría la disposición por solucionarlo. Se puede estar en desacuerdo con un argumento que refleje las características anteriores. Pero claro, para eso hay que tener más calidad humana.

A tenor de lo leído sería deseable que pudiera comprobar la doña, Mercé, lo dificultoso de atravesar dicho paso en silla de ruedas.

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Sobre el autor

Francesc Arroyo

Francesc Arroyo es redactor de El País desde 1981. Ha trabajado en las secciones de Cultura y Catalunya (de la que fue subjefe). En la primera se especializó en el área de pensamiento y literatura. En los últimos años se ha dedicado al urbanismo, transporte y organización territorial.

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