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Sobre el blog

Recoge quejas de los lectores sobre el funcionamiento de la administración y las empresas públicas. El ciudadano que sea mal atendido por una empresa privada, puede optar por otra, pero no puede cambiar de ayuntamiento, administración autonómica o general del Estado. Y las paga.
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Sobre el autor

Francesc Arroyo

Francesc Arroyo es redactor de El País desde 1981. Ha trabajado en las secciones de Cultura y Catalunya (de la que fue subjefe). En la primera se especializó en el área de pensamiento y literatura. En los últimos años se ha dedicado al urbanismo, transporte y organización territorial.

No Funciona

Leyes para cumplir a plazos

Por: | 01 de julio de 2013

Combo01
El político que de verdad ha triunfado es Francisco Álvarez-Cascos. Suya es la tesis según la cual si se consigue el titular anunciando una obra ya no es necesario llevarla a cabo. El efecto propagandístico está logrado. En la misma línea, muchos políticos actuales (¿es Cascos actual o un anacronismo? ¿contemporáneo o, como decía Ortega, sólo coetáneo?), anuncian una reforma legal cada vez que detectan un problema. Consiguen el titular y, hagan o no la ley, lo demás no importa. Hay una variante catalana que puede bien representar el alcalde de Girona, Carles Puigdemont. Hace unos meses decidió que se multaría a los menores que fumaran o bebieran en la ciudad. ¿Multas puesta en casi un año?: Una. Se tuvo el titular que anunciaba la resolución del problema. Con eso basta.

Que quede claro: por “detectan un problema” hay que entender, cada vez que los medios de comunicación airean la existencia de un problema. Puede parecer lo mismo pero es muy diferente.

Viene esto a cuento de la queja que tres lectores han hecho de forma conjunta. Explican que, en las playas del delta del Ebro y más específicamente en la Barra del Trabucador, hay un día sí y otro también, decenas y decenas de caravanas y tiendas de campaña instaladas, como si fuera un camping, pero con la particularidad de que no lo es y, además, está específicamente prohibido acampar y pernoctar en zonas protegidas como ésta.

La verdad es que los lectores tienen sólo parte de razón. En la nota que enviaron señalaban que lo normal era encontrar allí un centenar de tiendas o coches-caravana. El día que este diario acudió a verificar la información, como medida previa a preguntar a las administraciones interesadas, no había un centenar: se superaban ampliamente el medio millar. A lo largo de más de cinco kilómetros, aquello era una mezcla entre camping y aparcamiento.

Nada que objetar a la vida sana, dicen los comunicantes, pero allí la vida sana era variopinta. Desde los que no respetaban el silencio, imponiendo a su alrededor algo que seguramente creían música y era, en realidad, puro ruido atronador, hasta quienes habían organizado barbacoas, pasando por un amplio abandono de botellas de todo tipo, latas, vasos de plástico, zapatos viejos, preservativos y residuos orgánicos de origen animal. Porque, claro, los campistas, tienen las mismas necesidades fisiológicas que el resto del personal. No se puede decir que la situación sea tan guarra como en las playas de Barcelona en noche de verbena, pero es que la permisividad de Barcelona resulta difícil de superar. Se diría que el Ayuntamiento ha decidido abdicar de su obligación de mantener limpios los espacios públicos o que le importa un bledo la acumulación de porquería. ¡Todo sea por la fiesta!

Eso sí, a la entrada de la Barra del Trabucador (una franja de tierra de varios kilómetros, con mar a banda y banda) había unos estupendos y bien conservados letreros anunciando que allí estaba prohibido acampar, ya fuera con caravana o con tienda de campaña.

Al buscar respuesta a tan extraña situación, las administraciones son taxativas. En efecto, los lectores tienen razón. Las cosas son como ellos las describen. Un escándalo. El problema es que hay tantas administraciones implicadas que ninguna se siente obligada a intervenir.

La explicación que da Medio Natural es una maravilla: “En los últimos años se ha observado y evidenciado un aumento considerable de la acampada y la pernoctación ilegal en las playas del Delta”, un hecho, sigue el portavoz, que “ha creado malestar y cierta tensión en las administraciones y en el sector turístico profesional”. Cosa seria: el sector turístico pierde pernoctaciones, porque quienes duermen en la playa no pagan camping ni noche de hotel. Las administraciones, bueno, las administraciones son las administraciones de modo que se han puesto a arreglarlo.

Primera providencia: crear una comisión. La forman “los ayuntamientos del Delta con línea de costa (L’Ampolla, Amposta, Deltebre, Sant Jaume d’Enveja y Sant Carles de la Ràpita), la Dirección General de Ordenación del Territorio y Urbanismo, el Servicio Provincial de Costas de Tarragona, el Departamento de Interior, el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural, la Asociación de Empresas y Actividades Turísticas del Delta del Ebro y el Parque Natural del Delta del Ebro”. Está claro: son tantos que el principal problema es encontrar fechas coincidentes.

Pero han conseguido decidir algo: “editar un folleto informativo” en el que se informa a los ciudadanos de lo mismo que pone en los carteles ya citados: que está prohibido acampar. De modo que algo se ha ganado, una imprenta podrá tener puestos de trabajo. Luego, a las administraciones les encanta esto de “luego”, se acometerá la segunda fase: “Las fuerzas de seguridad (Seprona, Mossos d’Esquadra, Agentes Rurales y Policía Municipal) aplicarán la ley”.

¡Hay que ver! ¡Cómo se lo piensan! Los lectores que se quejaron apostillan: “Ah, pero eso de cumplir la ley ¿admite dilaciones?”. Se ve que sí. De modo que pronto se podrá afirmar: “Robe hoy y ya le aplicaremos la ley dentro de 10 años”. ¡Qué va, eso no va a pasar nunca! A los 10 años los delitos han prescrito y ya no se aplica.

Atentos, las sanciones pueden llegar hasta los 6.000 euros. Pero para cuando las pongan, con la inflación, serán pura calderilla.

El País

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