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Las "preferentes" de Bankia y la supervisión del Banco de España

Por: | 18 de mayo de 2012

Teme-inspeccion-banco-espana-terror-banqueros_1_568166En nuestra serie sobre la regulación de mercados en nuestro país, de la que ya llevamos algunos capítulos, se hace imprescindible hacer un comentario sobre las "acciones preferentes" que tienen varias decenas de miles de ahorradores españoles merced a la magia regulativa del proceso de conversión de cajas en bancos y a ese extraño contubernio con el que nuestro modelo de autoridades reguladoras gestiona los destinos de nuestros ahorros y las posibilidades que ofrece a los actores del sector, bancos y cajas hasta hace nada, banca pública o privada ahora.

El resumen de la historia (y disculpen la grosera simplificación) nos dice que un mero cambio de reglas, al parecer venidas desde la Unión Europea (y todo al socaire de la necesidad de cambiar y fortalecer el marco regulador con el que funciona nuestro sistema financiero por la crisis y eso), con la intervención, control y supervisión tanto del Banco de España como de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, ha logrado alquimia jurídica-financiera de la buena, convirtiendo bonos, obligaciones, depósitos de plazo fijo e incluso cédulas hipotecarias que muchos pequeños ahorradores tenían contratados con sus entidades en, milagrosamente, participaciones en el capital de los bancos (y cajas) españoles. La situación es especialmente dantesca cuando hablamos, además, de las Cajas, que como es sabido no tenían, de suyo, capital. Pero como hemos forzado, por lo civil o por lo militar, su conversión en bancos, pues asunto arreglado. Con el pequeño detalle, claro, de que esta conversión obligada sucede en un momento de crisis y en una coyuntura en la que participar del capital de las entidades (en contra de lo que aseguraron tanto el Banco de España como la CNMV en el momento de la transformación, época en la que certificaban que sus balances eran de una solidez pétrea, no sé si recuerdan) no es precisamente una bicoca. Y, para rematar, con un pseudo-corralito (o, más bien, con un corralito con todas las de la ley, pues no se pueden convertir con facilidad, y sin pérdidas enormes, los nuevos productos, las famosas "preferentes" con las que han sido agraciados los propietarios, pues su conversión en acciones de verdad está siendo lenta y dolorosa).

Imaginemos, en resumen, a un pequeño ahorrador que va a una Caja de Ahorros a poner sus ahorros. ¿Quiere un producto seguro? Por supuesto. El menor riesgo posible. Bueno, pues aquí tiene un "plazo fijo" que le va dando interés cada año y tal. Lo puede sacar cuando quiera perdiendo dinero o en unos tiempos fijados y eso. Vamos, todo normal. Y, de repente, el "plazo fijo" de turno (ya fuera constituido por bonos de la caja, por cédulas hipotecarias o por lo que fuera) en la medida en que era un producto vinculado al balance de la Caja es convertido por nuestro Derecho en otro producto que te convierte en un extraño accionista corresponsable de la gestión y futuro de la entidad. Felicidades, ha pasado Usted a ser accionista "preferente" de Bankia, por ejemplo. Pues suena bien, la verdad. ¿Puedo vender la participación? Pues no todavía, porque sus acciones son preferentes, no ordinarias. Ah, qué bien. Y esto, ¿cuánto vale? Pues no se sabe muy bien, pero bastante menos de lo que en su día contrató. ¡Anda! ¡Qué cosas! En fin, a ver si cuando me conviertan esto en acciones de verdad al menos puedo sacármelas de encima... mientras el valor en bolsa de la acción por otro lado, se despeña.

Esto le ha pasado en España, con más o menos matices, a varias decenas de miles (probablemente algún centenar de miles) de ahorradores, en su mayoría pequeños y medianos. Obviamente, es todo legal. Y el Banco de España y la Comisión del Mercado de Valores no han incumplido ninguna ley española ni han quebrado el Derecho de la Unión Europea al permitir, autorizar e incentivar esta transformación. Justamente ahí es donde está el problema gordo. En que esto no sólo se pueda hacer sino que, además, no sea jurídicamente problemático. A mi juicio, este ejemplo, y sin entrar en detalles técnicos, pone de manifiesto como mínimo tres graves problemas de nuestro modelo de regulación de mercados:

1. La radical incapacidad de los reguladores para obligar, forzar, instar, convencer o lo que sea (pero vamos, en realidad, obligar) a que los actores que operan en estos mercados ofrezcan una información suficiente, profesional, fidedigna y fiable sobre los productos que ofrecen. Cuando las garantías e información que tienes a la hora de contratar bonos de una entidad intervenida y controlada por BdE y CNMV son equivalentes, de facto, a las que ofrece el Grupo José María Ruiz Mateos cuando emite obligaciones, sin duda, algo está fallando.

2. El modelo de ordenación del sector que ejemplariza el Banco de España, que viene a ser algo así como "confiad en nosotros, que somos muy listos, que ya hablaremos en privado con las entidades y arreglaremos las cosas bien y desde dentro, que los trapos sucios mejor si los lavamos en casa" no sólo tiene enormes problemas desde un punto de vista del Estado de Derecho, de la transparencia y de la democracia, sino que se ha demostrado enormemente ineficaz. Si el BdE es un agente de control y supervisión que ha de actuar en la intimidad, para resolver los problemas de las entidades y velando porque los problemas no sean excesivos acaba pasando lo que acaba pasando. Que esa opacidad es un nido de incompetencia y no se ve venir nada. Aunque sea un tsunami (desgraciadamente no faltan ejemplos ahora sobre el particular). Pero, además, que el problema no es ya que el organismo regulador sea "capturado" por los regulados. Es que son éstos, y sus necesidades de sanear balances, los que dictan las medidas adoptadas. Como fue el caso aquí. Había que meter esa pasta dentro e impedir a la gente salvarla, para que los "problemillas de liquidez" que el "mejor sistema financiero del mundo, y el más saneado" estaba experimentando en esa época no fueran a más. Entre sacrificar ahorradores y sacrificar a las entidades, no hay duda de por quién se decanta un modelo de supervisión como el nuestro.

3. El Derecho de la regulación económica español (y no solo el nuestro) no es "suficientemente Derecho" y es demasiado decisionista, demasiado pretoriano. Los marcos legales con los que autoridades reguladoras y gobiernos adoptan decisiones permiten un grado de discreción enorme con la excusa de que ésta es necesaria para garantizar la necesaria flexibilidad para una mejor ordenación política y económica. El resultado es que el Derecho de la competencia europeo decide si algo es ayuda pública o no según un criterio "realista" (más bien regalista) absolutamente descorazonador e imprevisible que varía según las necesidades y humores del momento (y del agraciado), que las cajas y los bancos en España pueden tener exigencias de capital diferentes por capricho del gobierno o que entre Banco de España y Gobierno adjudican bancos donde se han inyectado miles de millones de euros públicos con unos procedimientos y unos concursos cuyo grado de transparencia y los contenidos del pliego de condiciones harían las delicias del mismísimo Jesús Gil cuando expuso sus teorías sobre contratación administrativa en el Ayuntamiento de Marbella.

Aunque quizás el resumen de todo esto es que lo que sobra en España, en materia de regulación económica, es incompetencia. Que la tenemos por arrobas. Porque llegado un determinado punto, las cosas que lees no pueden ser mala fe, ni problemas jurídicos estructurales sino pura y dura incapacidad. Esto es algo que, en retrospectiva, brilla con luz propia. Disfruten con unos párrafos extractados de uno de los muchos Reales Decretos-ley de los últimos años, de hace apenas dos años y medio, el RDLey 9/2009:

(...) Casi dos años después del inicio de la crisis internacional, la capacidad de resistencia del sector bancario español, tradicionalmente sujeto a una regulación y supervisión basadas en una aplicación prudente y rigurosa de los estándares internacionales, ha sido notable, en particular en relación a la de los países de nuestro entorno. Las entidades que podrían considerarse como más determinantes para la salud del sistema por su tamaño, mantienen una sólida posición que les puede permitir, con un grado de certeza razonable, seguir afrontando la crisis sin necesidad de apoyo público. Este punto es esencial, porque sitúa al sector bancario español en una posición muy favorable respecto a los de las grandes economías avanzadas. Entre las entidades de tamaño mediano o pequeño también se encuentran entidades que mantienen una sólida posición, no obstante, podría haber algunas que pudieran llegar a ver comprometida su viabilidad en los próximos meses, debido a la interacción de la persistencia de problemas de liquidez y financiación con el deterioro relativo de sus activos, aumento notable de la dudosidad y disminución de su negocio, consecuencia tanto de la duración, intensidad y extensión de la crisis, como de la fuerte caída de la actividad económica provocada por la misma (...) 

Y si quieren ponerse a temblar de cara al futuro, lean, lean...

(...) En circunstancias normales, los Fondos de Garantía de Depósitos de Bancos, Cajas de Ahorro y Cooperativas de Crédito, junto al Banco de España, tienen a su disposición herramientas suficientes para afrontar crisis individuales de un determinado número de entidades. Estas herramientas se refieren a las contempladas en el Real Decreto 2606/1996, de 20 de diciembre, sobre el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito, en el que se establece que los Fondos de Garantía de Depósitos tienen por objeto no solo garantizar los depósitos en dinero y en valores constituidos en las entidades de crédito, sino que también pueden realizar actuaciones encaminadas a reforzar la solvencia y el funcionamiento de entidades de crédito que se encuentren en una situación de dificultad. (...)

Hay 3 Comentarios

El mercado financiero es un tipo de mercado distinto al resto de los otros mercados (comercio, construcción, industrias, transportes, etc). Cada mercado tiene sus propias reglas. El mercado financiero tiene tres referentes centrales: el Banco de España, la Bolsa de Valores, y las Sociedades de Inversión. Y los tres están vinculados por los mismos intereses... cuyos aspectos negativos son el amiguismo, el soborno, la especulación, y el chantaje. O sea, una especie de mafia de alto nivel. Y como siempre, los políticos (que hacen las leyes), al servicio de los intereses sin ética social. Piensen por un momento en el significado de lo paraísos fiscales donde se ocultan los trasvases de fondos y gozan de la aceptación de todos los poderes económicos. La antigua piratería no usaba máscaras, reían a carcajada sus desmanes.

Andres, sobre tu punto 1 y sin querer defender a nadie, si Philip Morris pone en su paquete de cigarros que "fumar mata" y un fumador sigue fumando hasta que le coge cancer de pulmon, ¿puede acusar a Philip Morris de algo? Se que no es lo mismo y en las oficinas bancarias hay de todo, pero no culpemos a la regulación sino a qué incentivos hay o no a cumplirla. Lo primero depende del Banco de España, pero lo segundo no.

¿A QUIEN VA EL DINERO DE BANKIA? Medio Partido Popular trabaja en Bankia. Cargos elegidos a dedo. ¿Será por esto que el PP quiere salvar Bankia de inmediato con el dinero de los ciudadanos? Aquí os va el listado actualizado: http://cort.as/2_Z2

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Sobre el blog

Una mirada al mundo y a la actualidad a través del Derecho público. Este blog no es sino el reflejo de los anteojos de un jurista y su uso para filtrar obsesiones, con mejor o peor fortuna. Aspira a hacer más comprensible la realidad aportando un prisma muchas veces poco visible, casi opaco. En todo caso, no aspira a convencer a nadie sino a dar razones. Porque se trata, sobre todo, de incitar a pensar desde otros puntos de vista.

Sobre el autor

Andrés Boix Palop

(València, 1976) es Profesor de Derecho administrativo en la Universitat de València y ha estudiado o investigado, en diversos momentos en Universidades francesas y alemanas (París, Múnich, Fráncfort). Al margen de sus trabajos sobre cuestiones de Derecho público escribe regularmente sobre temas de actualidad que tengan que ver con esa parcela del ordenamiento, no sea que en contra de lo que históricamente han considerado los juristas españoles, haya alguien ahí fuera a quien puedan interesar estas reflexiones a caballo entre lo jurídico, lo noticioso y las obsesiones personales de su autor.

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