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Recortes y reformas en educación (primaria y secundaria)

Por: | 22 de mayo de 2012

Pati del Col·legi Públic de Pràctiiques (Aneja) de la ciutat d'AlacantCuando hablábamos no hace mucho de la orgía de Decretos-ley en que estamos inmersos ya dije que los contenidos de uno de ellos, el RDL 14/2012, que introduce reformas en nuestros sistema educativo, me interesaban especialmente. Por motivos obvios, dado que me dedico a lo que me dedico. Pero creo que este interés y esta preocupación son comunes a cualquier persona mínimamente concernida por cómo va el país y por su futuro.

La educación debiera formar parte de cualquier palanca de cambio, reforma y mejora que un Gobierno responsable, y más en una situación de crisis como la que vivimos, utilizaría quizás no para tratar de salir cuanto antes del marasmo pero sí, como es obvio, para sentar las bases para que esa salida tenga futuro y se consolide. La educación, como explicaba ayer mismo en una columna publicada en el diario El País en su edición de la Comunitat Valenciana, ha de formar parte de esas reformas estructurales de las que tanto nos hablan y que yo, la verdad, no veo por ninguna parte. Sorprendentemente, al menos por el momento, en materia educativa sólo detecto recortes y más recortes. Y nada más.

REFORMAS ESTRUCTURALES (I)
ANDRÉS BOIX
A estas alturas nos sabemos ya la música. Hay que recortar, liquidar excesos que “no nos podemos permitir”. Y a la vez urge poner en marcha al país por medio de importantes reformas estructurales que nos hagan ser competitivos de nuevo y liberen las energías hasta ahora malgastadas, encauzándolas hacia la creación de riqueza.
La letra, sin embargo, se presenta más complicada de asimilar. Porque por lo visto los excesos, según vamos descubriendo, lo son especialmente en materia de educación y sanidad públicas. Ya se sabe, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. No somos tan ricos como otros y en consecuencia hemos de adaptar a esa realidad nuestra sanidad y educación. Los gastos en infraestructuras absurdas, en comprar fragatas y aviones de guerra de última generación o en recuperar esa tradicional ofrenda floral y fiscal al Dios del ladrillo que es la desgravación por vivienda habitual, en cambio, son consustanciales a nuestras posibilidades y nuestra posición en el mundo. Por lo visto.
Si los detalles en los recortes revelan la cosmovisión de las elites que nos gobiernan, atender a la concreción de las “reformas estructurales” planteadas, esas que se nos reitera una y otra vez que son tan necesarias, lo dice todo sobre este país y las prioridades del puente de mando. Porque, más allá de la enésima reforma laboral que pretende acabar con el paro precarizando (una medicina aplicada varias veces en los últimos 30 años, siempre con los mismos resultados), nada se ha hecho al respecto. Ni se está haciendo. ¿O acaso ven a nuestros gobiernos, tanto el español como el valenciano, muy dedicados a esta labor “estructural”?
Ambas realidades impresentables, recortes de excesos cuestionables y reformas estructurales inexistentes, confluyen señaladamente en la enseñanza. Para sacar al país de la situación en que estamos, según la receta que se nos está aplicando, la educación pública no es parte del remedio, elemento esencial de esas estructuras que han de ser mejoradas, sino lastre y exceso que hay que liquidar. Por lo visto, según el credo de los peculiares responsables en materia educativa que tenemos, la manera de mejorar el sistema es detraerle recursos para así lograr una sana competencia (o algo parecido). No es tan importante en qué condiciones se enseña como que la gente sienta el aguijón de la necesidad. Una visión peculiar, ciertamente, porque si de esos parámetros dependiera lograr grandes resultados España, a la luz de su secular desapego a meter dinero en la enseñanza pública, hace años que estaría dando lecciones al mundo. La realidad es más bien la contraria.
La ventaja de partir de tan bajo, eso sí, es que es muy fácil mejorar y saber qué hay que hacer: copiar a los que mejor lo hacen, que en esto son casi todos en Europa. La receta para esta “reforma estructural” es muy sencilla. Nada mejora tanto a la Universidad como que se meta más dinero en… la enseñanza secundaria. Y nada mejora tanto la calidad de la secundaria como hacer una inversión generosa en… enseñanza primaria. Aquí, en cambio, nos empeñamos en detraer recursos cuando ya invertimos mucho menos que la media europea. Y lo hacemos justamente en mayor medida en primaria y secundaria.
Mañana hay convocada huelga en todo el sistema educativo. Sobran las razones para secundarla.
Andrés Boix Palop es Profesor de Derecho Administrativo en la Universitat de València-Estudi General de València

Quienes leen este bloc saben que no me parece, ni mucho menos, que todo funcione bien en la Universidad española. Es más, no hace tanto estuvimos hablando (caramba que si hablamos, ¡más de 100 comentarios veo que tuvo el desahogo!) por aquí sobre el sorprendente fenómeno de que la crisis, aparentemente, y tras 5 años, siguiera sin llegar a las Universidades españolas, para quienes parecía que ni recortes ni contención eran parte de su mundo cognoscible. De verdadera "burbuja universitaria" definí en su momento ese autismo respecto de la realidad que nos rodeaba en que andábamos instalados. Así pues no pasa nada por reiterarlo: creo, sinceramente, que en la Universidad podríamos recortar. Incluso entiendo que sería bueno que, en ciertas cosas, lo hiciéramos y nos planteáramos qué estamos haciendo y si en verdad es necesario (por ejemplo, en materia de fastos festivo-académicos). Pero una política de reforma universitaria no puede  consistir únicamente en meter la tijera, sino que debiera aspirar a cambiar muchas cosas. A reformar la estructura y mejorarla. Para lo que las cuestiones claves no son el dinero y los recursos (tenemos suficiente, no pasaría nada por tener un poco menos, fantástico si tuviéramos más pero en todo caso hay que gastarlo mejor), ni mucho menos.

Sin embargo, esto que puede ser verdad para la Universidad dista de ser extensible a la educación infantil, primaria y secundaria española (así como a la formación profesional, donde por cierto se empieza a introducir ya en sus ciclos superiores la idea de que no tiene que ser gratuita). España no gasta mucho en educación, sino más bien lo contrario. Nuestro exiguo 5% de PIB dedicado a estos menesteres está muy por debajo de lo que es lo común en el resto de países europeos con los que nos queremos comparar y con los que aspiramos a codearnos. Un dato a tener en cuenta porque si se trata de competir en un mundo globalizado esta cifra dice casi todo. Si inviertes un 4% en educación acabarás compitiendo con los países que meten más o menos ese mismo dinero en formar a sus ciudadanos y seremos, sencillamente, más norte de África (con las actividades productivas propias de ese entorno y un nivel de vida a medio y largo plazo comparable, el nuestro bajando, el suyo subiendo hasta converger) que Europa. Pretender rebajar más aún nuestro presupuesto educativo, partiendo de donde partimos, es ir hacia un decidido suicidio como país y como sociedad. España no es un país que gaste menos que sus socios europeos (siempre midiendo en porcentaje de PIB) en otras materias (por ejemplo, en promoción cultural estatal, defensa, exteriores, policía...). Resulta extraordinariamente llamativo, por ello, que en educación no solo ésta sea la realidad sino que, además, se pretenda, si cabe, dedicar todavía menos recursos al tema. No es un tema de crisis. Es un tema de prioridades. Y a la vista está, números en mano, cuáles son las nuestras. Desgraciadamente.

Como sociedad hemos de plantarnos y exigir una reforma estructural de nuestro sistema educativo. Que incremente la exigencia y la preparación, por supuesto. Pero para hacerlo, en primer lugar, ha de contar con recursos. Estos recursos, como es sabido, son tanto más importantes en los estadios iniciales de escolarización y, además, sus efectos sociales y externalidades positivas se multiplican cuanto más quede garantizada su distribución en todos los niveles y capas sociales. Los costes de oportunidad que supone dejar de invertir en educación para construir autovías o AVEs son inmensos. Enorme la pérdidas de talento, creatividad y posible fuerza productiva que lastrará definitivamente a un país que desatienda una educación que garantice que todo la capacidad  disponible entre sus niños pueda florecer con independencia de sus condiciones sociales y económicas.

Para mejorar la situación de cualquier sociedad, y hacerlo además enormemente (aunque sus efectos tarden 15 ó 20 años en notarse) la receta es muy sencilla: garantizar que el sistema educativo público va a tener una gran calidad en la escolarización obligatoria y que además va a llegar a todos los niños del país, con independencia de su origen. Hay muchos países que lo han hecho y los ejemplos de éxito son numerosos. Si en ciencias sociales hay pocas cosas que se acercan a poder ser demostradas con un mínimo de exigencia empírica, ésta sería una de ellas. En todo contexto histórico y temporal, la ecuación es unívoca y muy simple: más dinero y esfuerzos dedicados a formar, sociedad que acaba. E incluso el modo de empleo de ese dinero es más o menos sencillo de identificar a la vista de los numerosos ejemplos que tenemos alrededor. ¡Con lo fácil que es copiar cuando tienes un modelo claro de éxito! Hagámoslo, caramba.

Obviamente, de lo dicho se deduce con bastante claridad qué es lo que habría que hacer para plantear una "reforma estructural" de la educación:

- Inyectar más dinero (y no menos) en primaria y secundaria, para mejorar instalaciones (es obvio que no es lo mismo aprender química con buenos laboratorios que en clases sin pipetas) y para permitir a los profesores dar menos horas de clase y, en consecuencia, darlas mucho mejor (no sólo los profesores, sino también cualquier persona sensata entiende perfectamente que dar 20 horas de clase a la semana es perfectamente posible pero a costa de poner el "piloto automático" y prepararlas más bien poco, mientras que reducir esas horas a 14-15 supone un incremento de calidad notable... un efecto que se da incluso para el profesor más manta, vago e impresentable que podamos imaginar y aunque él no haga nada por provocarlo) a un número de alumnos que es mejor que sea una veintena, para favorecer una atención más cuidada (y poder dedicar más tiempo, por ejemplo, a los que más lo necesiten).

- Garantizar que estas condiciones se pueden ofrecer de forma homogénea en todo el territorio y con independencia de situaciones sociales y económicas, lo que obliga a resolver, al menos en la España actual, dos graves problemas. En primer lugar la financiación autonómica, que ha de solventar los actuales desequilibrios en la financiación, que provoca que unas y otras Comunidades Autónomas reciban en España cantidades muy diferentes de dinero para prestar el mismo servicio. Al menos tendencialmente, todos los niños de España tendrían que tener derecho a que el dinero que invertimos entre todos en su educación sea más o menos el mismo. En segundo lugar, el distorsionador efecto que provoca la escuela concertada, que drena recursos públicos (y permite ampliar el servicio educativo público a bajo coste, sí, eso ya lo sabemos) a costa de incrementar enormemente las desigualdades gracias a todo tipo de exenciones, trampitas y efectos de casta que acaban condicionando el acceso a unos centros u otros y generando dinámicas de teoría de juegos donde la propia selección de los alumnos y la exclusión de otros hace que las condiciones de trabajo en unos centros sean muy buenas, lo que acaba provocando profecías autocumplidas sobre la calidad de la escuela pública y la privada. Dado que es absolutamente inconcebible que en este país nuestro eso pueda arreglarse algún día de forma sensata (por ejemplo, poniéndose los gobiernos que financian serios de verdad con los coles concertados), y al margen de consideraciones de otro tipo (en mi caso políticas y hasta éticas sobre cómo ha de ser y organizarse la labor educativa pública), se impone una decisión puramente pragmática: aunque cueste más dinero hay que eliminar los conciertos y aprovechar parte de los nuevos recursos que tenemos que poner en el sistema educativo en que sea el Estado el que garantice un nivel homogéneo en su educación pública. Acabando con los guettos. Porque no se puede consentir que cada vez más colegios públicos acaben convertidos en aparcamientos de niños problemáticos o que, por ciertas condiciones ajenas a ellos, parte de una peor situación de partida a los que se concentra y a los que se deja a la buena de Dios, a cargo de profesores que han de hacer ímprobos esfuerzos para sacar adelante esas clases en las peores circunstancias. Y a fe que lo hacen, casi siempre, como unos titanes. Sin que la sociedad les reconozca apenas el mérito, porque juzgan los resultados en términos absolutos (y éstos no son demasiado buenos) sin tener en cuenta de qué estamos hablando y poniendo todas las circunstancias en juego.

- Una vez logrados estos dos objetivos, la "reforma estructural" de la educación puede, a continuación, empezar a "exigir" más a los profesores. Por ejemplo, estableciendo incentivos sólo para aquellos que logren excelentes resultados (para lo que habría previamente que evaluar la materia prima con la que cada uno está trabajando) y su influencia en la mejora de sus alumnos. Estableciendo pruebas de nivel por las que deberían pasar los niños cada equis años. Y, por cierto, recuperando para la enseñanza pública la capacidad de dar los títulos que incluso durante el franquismo retuvo siempre, sin permitir a la Iglesia Católica ejercer delegadamente estas funciones públicas. Que los niños que vayan a un colegio privado (no concertado, que debieran desaparecer) al final tengan que pasar una prueba de nivel como antaño no haría mal a nadie. Empezando por la propia escuela privada, que tendría una ocasión inmejorable para demostrar en esas pruebas su excelencia y publicitar sus virtudes. Y a ver si así empezábamos, en materia de enseñanza privada, a desmontar ciertos chiringuitos y separar el grano de la paja, que de todo hay.

Las consecuencias de aplicar un programa de estas características a la educación primaria serían enormemente positivas. Y por ahí habría que empezar. Simplemente con ello el nivel de la secundaria subiría por sí solo. Como cualquier profesor puede atestiguar, el elemento más importante para determinar el éxito de un chico en secundaria es cómo viene de primaria. Por lo demás, y como es obvio, si además seguimos introduciendo medidas similares en esta etapa de enseñanza secundaria y en la posobligatoria los resultados positivos se multiplicarían. Sólo con eso ya no haría ni falta meter dinero en la Universidad. La propia mejora del alumnado, sin tocar nada más, supondría un salto enorme de calidad para nuestro sistema de enseñanza superior.

Obviamente, todo esto cuesta dinero. Y esfuerzos. Pero el Estado y la sociedad, los ciudadanos, estamos muy legitimados para exigir ese trabajo y dedicación adicional a los profesores si previamente nos lo hemos "currado" y hemos inyectado fondos y confianza. De hecho, cualquier profesor motivado rinde más. Pero es evidente que "motivar" no significa poner palos en las ruedas, amenazar con despidos, recortar y dificultar el trabajo confiando en que, en medio de penurias, espabilaremos. Cuando el Estado, o el jefe, o tus padres, te acojonan y amenazan con sustituirte o prescindir de ti, en efecto, se puede lograr una cierta mejora en la "productividad". Pero ésta no deja de ser la estrictamente necesaria para cubrir el expediente. Y si se puede, en justa correspondencia al trato, se tenderá a "hacer como que" o, simplemente, a cubrir el expediente. Una verdadera mejora de la eficiencia pasa por motivar y exigir al profesorado. Pero la vía para ello no es precarizar. Lo que hay que hacer, al revés, es apoyar. Y luego, exigir.

En el fondo nada refleja mejor la realidad de un país que ver a los niños yendo al cole. En Francia, en Alemania, en Italia, en el Reino Unido, en Bélgica, en Holanda, en Finlandia... pasear por las calles de cualquier ciudad por la mañana es ver a niños camino del colegio, mayoritariamente a pie hasta centros cercanos a sus casas, casi todos públicos. Los niños y los padres se mezclan. Hay normalidad. Esta imagen tan normal es un profundo éxito de un país. En España esta estampa la podemos observar, también, muchas mañanas, en un número enorme de centros públicos. Afortunadamente. Pero esos coles tienen en las ventanas, en lugar de dibujos y murales, pancartas quejándose por recortes de todo tipo. Y tenemos demasiados centros donde los niños van en coche, desde otros barrios (síntoma de anormalidad) a centros concertados que atraen demanda pudiente llegada desde donde sea menester. Esa otra imagen es una anomalía y, más allá de la estética, acaba teniendo consecuencias muy profundas y negativas para el país.

La educación en España necesita una reforma estructural, no recortes. Esa reforma estructural ha de quedar orientada a algo tan fácil como lograr que España pase a ser un país europeo normal, con una educación pública que aspire a ser como la de los demás. En financiación y en hegemonía de lo público. En exigencia y en ratios de alumnos. Y también en esa imagen de cada mañana de los niños yendo al cole por la calle que simboliza como ninguna que un país va bien.

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Como decía al principio, los problemas de la educación obligatoria y de la educación superior en España son muy distintos. Y si en el primer caso los recortes se me antojan una salvajada en el segundo no es que sean plato de gusto, pero si no hay más remedio, y preservando la primaria y secundaria, podrían asumirse... siempre y cuando vayan acompañados de una reforma, de nuevo estructural, del modelo, que entienda de verdad lo que necesita la Universidad (y la FP) en España. Pero de eso, si os parece, hablamos otro día. Porque no hay, de momento, tampoco, buenas perspectivas.

Hay 10 Comentarios

Está claro: en época de crisis todos tenemos que aceptar sacrificios, apretarnos el cinturón y aceptar recortes en nuestro modo de vida.
Lo que ocurre es que a los ciudadanos en general ya se les han impuesto una serie de sacrificios en forma de congelación salarial, bajada de sueldos, aumento de las retenciones… Con cada escalón aumenta un poco más el empobrecimiento de la ciudadanía. Al mismo tiempo, las élites no se han autoimpuesto ni un solo sacrificio.
Aclaro que las élites son la clase que detenta y ejerce el poder en cada época de la historia. En la época actual, las élites son la clase política + la clase financiera. El híbrido que forman ambos grupos de intereses o clases sociales ejercen el poder real no solo en España, si no en todas las democracias occidentales.
Si las élites vuelven a imponer nuevos sacrificios a los ciudadanos, sin antes haber asumido en sus propias carnes una parte equivalente a su fuerza económica (no solo un gesto para la galería) de los sacrificios que ya han impuesto al resto de los ciudadanos, consideramos que tal actitud será una declaración formal de guerra por parte de las élites. Estaremos oficialmente en guerra civil.
Deseamos que tal cosa no se produzca, pero si dan el paso solo cabrá ya esperar a ver cuanto tardan el resto de los ciudadanos en darse cuenta de que están siendo atacados, y en empezar a defenderse.
Está claro que si la declaración de guerra se produce, Internet será fundamental en la organización de la resistencia. Por lo tanto, su control es clave en la estrategia de defensa de las élites.

Colectivo Danton

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Pues creo que esto adolece de un defecto fundamental: la evaluación del profesorado a través de la evaluación del alumnado. De ese modo, el profesorado terminará por preparar a su alumnado para hacer bien las pruebas de nivel. Y no habremos logrado nada.

Al profesorado hay que evaluarlo por su trabajo, no por lo que logre el alumnado. Y es que esta es una labor de crear buenos escenarios para el aprendizaje, no de lograr aprendizaje. Hasta que no separemos ambos procesos no conseguiremos que el sistema mejore. Solo que produzca indicadores que parezcan buenos, que maquillen la realidad.

No puedo estar de acuerdo con el proceso, por más que me parezca que tiene pasos buenos. Porque uno solo lo estropea todo.

Creo...

Me ha llamado la atención este apunte: " Si inviertes un 4% en educación acabarás compitiendo con los países que meten más o menos ese mismo dinero en formar a sus ciudadanos y seremos, sencillamente, más norte de África (con las actividades productivas propias de ese entorno y un nivel de vida a medio y largo plazo comparable, el nuestro bajando, el suyo subiendo hasta converger) que Europa".
Por eso, países que realmente están interesados en competir, como Corea del Sur, invierten muchísimo en Educación. No solamente recursos económicos. Hay alumnos que terminan su jornada a las diez de la noche.
Pero recuerdo que cuando me licencié no había trabajo. Algunos profesores se reían de nosotros. De hecho puede que el 1% de mi promoción consiguiera trabajar en lo suyo. Excpetúo a aquellos que tiraron de la pasta que daba lo de la promoción bilingüística.
La reforma en Educación no es posible sin una reforma de la política económica. Mantener cautivo el mercado nacional supone encorsetar las posibilidades que el país se merece. Recucirlo. Es lógico coleccionar bonsais o especializarse en microinformática cuando la extensión del país lo exige. No es lógico desaprovechar, por el contrario, lo que un país ofrece gratis. Por ejemplo, la energía solar.
El mismo sol que nos une parece que mientras a unos estimula, a los nuestros los achicharra.
Comentaba recientemente una catedrática que era dificil que se invirtiera en un país en el que ni siquiera se puede contar con la garantía de funcionamiento de la ADSL. Era el nuestro.

Muchas gracias por los comentarios. Estoy unos días casi sin posibilidad de conexión. La semana que viene comento cosas al hilo de lo que habéis escrito porque la verdad es que hay muchas cosas importantes sobre las que hablar. Gracias de nuevo.

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Por cierto, art., ¿a qué te refieres cuando dices eso de que "no soy Andrés Boix aunque la página lo afirma"?

No soy Andrés Boix, aunque la página lo afirma. Mi intención era felicitarlo por su entrada y refutar al tal Zulik, que no se entera de nada, pero... quiero hacerlo, evidentemente, con mi propio nombre

es tiempo de renegar, la ley la hara el pp. es un trabajo envidiable por donde pasan generaciones, donde pueden pasar de una forma u otra esas pequeñas personas hacia un presente inutil y austero. es envidiable esa labor sin control donde todos pueden aprobar y donde el don del saber se presupone tanto a los alinmos como a los profesores. si una institucion tiene el 35 por cien de fracaso se la premia con el mayor de los premias en españa el olvido.
puede que lo mejor del sistema d enseñanza español sea su intencion.
fundamnetalmente la enseñanza en españa es un sitio para ganar algunos dinero, otros podersocial y tambien un mundo acomodaticio donde se puede vivir sin ser molestado muy dignamente. no es diferente a la realidad social y de negocio del resto de la sociedad. ES LA SOCIEDAD. tenemos un monton de imputados un monton de deuda privada a tirado de presidente que se puede esperar......

Esto es lo malo que se habla mucho y se hace poco ¿alguien pregunta alguna vez al alumnado sobre su opinión?. Pues teniendo en cuenta que la mayoría siempre son alumnos...vamos mal ¿no?
O no, porque en realidad a donde nos llevan no hacen falta cerebros, sino fuerza bruta y obediencia ciega.

¡El cole de la foto es el CP Aneja de Alicante!

Primero: la enseñanza concertada es muy eficiente y no "drena" recursos, sino más bien, todo lo contrario, permite no tener que poner mucho más dinero en todas esas plazas que no tiene que cubrir la enseñanza pública. Que no te guste por ideología, es muy respetable.
Segundo: este ministro de educación será muchas cosas, pero no creo que nadie piense que es tonto, o un imprudente como tantísimos ministros de educación de nuestra democracia. Ahora se recorta donde se puede (y el Gobierno central es valiente asume el coste político para que no lo paguen las autonomías). Desgraciadamente para tí Andrés, anuncia posteriores reformas estructurales. Y ésas seguro que te dolerán más porque irán contra tus premisas ideológicas. La selección del alumnado por resultados como en Alemania puede ser parte del futuro. También abogo por la atención educativa de los buenos, que están abandonados en nuestro actual sistema, bajo riesgo de elitismo.
Tercero. Premisa falta: con más dinero todo iría mejor. Pues hasta ahora no ha sido así y nuestra educación da bastante pena en todos los niveles y ciclos. Eso sí, espero que haya más dinero y se gaste mejor. No como en la Universidad, por cierto. Muchos de los que están por delante en resultados PISA tienen menos medios que nosotros.
Cuarto. No arriendo la ganancia de un profesor de secundaria o de primaria, pero sin ser un lujo de trabajo como la Universidad, no viven nada mal. Y eso lo sabemos todos, que estamos en el sector.

Andrés: Sincera y respetuosamente, me parece que te has dejado llevar más por la emoción que por la objetividad, puesto que reiteras mucho a un par de conceptos con recomendaciones que no son muy claras.
Por ejemplo: las 20 horas semanales por docente, resultan relativas cuando se piensa en aquellos que están toda la jornada con un mismo grupo de alumnos, como en los primeros cursos de escolaridad primaria. Pero tiene mucho peso cuando son en materias específicas diversificadas entre varias aulas y hasta niveles de cursos.
Por otra parte, NO CONOZCO verdadero sistema y método educativo vigente que sea realmente óptimo. Hay algunos mejores que otros, sobre todo en lo conceptual. Pero en la práctica, todos dejan bastante a mucho que desear, así sea por las temáticas que oficialmente se imponen, como por la falta de recursos y medios para optimizarlos del todo (caso de escuelas que se rigen por el constructivismo, por mencionar un ejemplo; sin ignorar métodos como el Waldorf, de Steiner, que está bastante pobremente comprendido, desarrollado y llevado a la práctica).
Considero que el grueso de la población con sentido común coincidirá con nosotros en que es indispensable ADMINISTRAR MEJOR qué quieren recortar y cómo o por dónde; pero en las áreas y zonas que realmente corresponda y se pueda. Ya que la economía del país, es análoga a una persona con varios tumores cancerígenos y, desde el gobierno, los recortes planteados son una "cirugía mayor" que, en lugar de aplicarla sensatamente con bisturí, están hachando como leñadores principiantes y ebrios, amputando partes de brazos y piernas, con el agravante de dejar al cáncer prácticamente intacto. Problema que es común en muchos países, no sólo España.
La educación oficial y especialmente la pública, requiere una urgente reforma profunda y amplia, partiendo de replantear qué se quiere enseñar y cómo, en qué orden y etapas de prioridades. Principalmente, porque se satura a los alumnos con cantidad, cuya calidad y necesidad o utilidad resultan cuestionables y, en muchos casos, hasta innecesarias. Sobre todo en la metodología, que apunta a la memorización apurada, en desmedro de la capacidad de análisis y aprehensión profunda adecuada, por saber asociarla e interrelacionarla con otras áreas y posibilidades de aplicación conceptual.
Para ello, se impone también una revisión profunda de la vocación y capacidades del plantel docente. Ya que muchos maestros y profesores lejos están de ser verdaderos pedagogos con capacidad de organización y comprensión psicológica de alternativas viables cuando sean necesarias. De todos ellos, el grueso podrá continuar, muchos de ellos tras realizar cursillos de actualización, adaptación o especializaciones. Pero se podrá depurar a los varios parásitos que perjudican más de lo que benefician a los alumnos (Sobre todo aquellos que imponen memorización de manuales y luego toman exámenes, cuando no viven ausentes por enfermedad).
Tras ese replanteo del qué y cómo enseñar en cada nivel, es donde realmente se puede definir con claridad cuáles son los requerimientos básicos para una educación pública acorde a los tiempos actuales, con sus respectivos presupuestos, tanto óptimos como de mínima, de modo indiscutible.
Sé perfectamente que esto no se puede lograr de la noche a la mañana, o chasqueando los dedos. Pero es lo que considero básico abordar con urgencia e ir adelantando lo máximo posible, de modo consensuado entre verdaderos entendidos, y no puros academicistas técnico teóricos, que suelen cometer errores groseros de base, en planes tan elaborados y complejos, como bonitos pero de eficacia harto cuestionable a desastrosa. No va más eso de parches sobre parches, dado cuánto han cambiado los conocimientos y modo de vida en el planeta, como las herramientas y métodos disponibles. Hay que recortar muchos contenidos, pero para simplificar y ahondar mejor en otros. Sobre todo ayudarles a desarrollar las cosas que ayudan a ser autodidactas sensatos y de modo ameno, que capte el interés legítimo de los alumnos.
Como expresó José Hernandez por boca del personaje Martín Fierro:
“Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabio de todas menas,
mas digo, sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.”
Al menos, es mi punto de vista.

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No se trata de hacer leer

Sobre el blog

Una mirada al mundo y a la actualidad a través del Derecho público. Este blog no es sino el reflejo de los anteojos de un jurista y su uso para filtrar obsesiones, con mejor o peor fortuna. Aspira a hacer más comprensible la realidad aportando un prisma muchas veces poco visible, casi opaco. En todo caso, no aspira a convencer a nadie sino a dar razones. Porque se trata, sobre todo, de incitar a pensar desde otros puntos de vista.

Sobre el autor

Andrés Boix Palop

(València, 1976) es Profesor de Derecho administrativo en la Universitat de València y ha estudiado o investigado, en diversos momentos en Universidades francesas y alemanas (París, Múnich, Fráncfort). Al margen de sus trabajos sobre cuestiones de Derecho público escribe regularmente sobre temas de actualidad que tengan que ver con esa parcela del ordenamiento, no sea que en contra de lo que históricamente han considerado los juristas españoles, haya alguien ahí fuera a quien puedan interesar estas reflexiones a caballo entre lo jurídico, lo noticioso y las obsesiones personales de su autor.

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