Tenistas aborígenes

Por: | 17 de enero de 2011

G 
Evonne Fay Goolagong aparece junto a Ken Rosewall y con toda la fanfarria de los aborígenes australianos. La preceden los lamentos lanzados al aire por el didgeridoo soplado por un compatriota. Bajo el frío de la mañana de Melbourne, que anuncia la lluvia que llegará luego durante la jornada, el hombre suelta las reverberaciones de su instrumento protegido por un taparrabos y las blancas pinturas que recorren su desnudo cuerpo. El ritual, que abre la presentación de los trofeos del Abierto de Australia, no es simple protocolo para la ex tenista, que coge el micrófono y agradece a los aborígenes, su gente, que le permitan hablar poniendo los pies sobre sus tierras.

            Australia es tierra de aluvión, crisol de gentes venidas del extranjero. Allí se encontraron los primeros colonos con los aborígenes de la tierra, que en las pistas han sido representados con orgullo por Goolagong, the sunshine supergirl, la superchica del rayo de sol. La ex jugadora venció siete títulos grandes (cuatro Abiertos de Australia, dos Wimbledons y un Roland Garros) dejando la marca de una personalidad influída por un padre pastor trashumante y una madre de la etnia Wiradjuri.

            Su vida, como su origen, ha sido del todo peculiar. Llegó al número uno en 1976, pero no se enteró hasta 31 años después, cuando en 2007 alguien se dio cuenta de que la computadora que organiza el ránking se había equivocado. Antes, consiguió ganar un grande tras haber sido madre. Es la única jugadora que ha vivido el sinsabor de llegar a cuatro finales del Abierto de Estados Unidos seguidas para perderlas todas. Y siempre, en cualquier pista, dejó señales de una personalidad única, peculiar como su juego, suave, dicen los cronistas de entonces, como la seda.

                “Mi primer sueño fue jugar al tenis, luego ganar Wimbledon y, finalmente, ayudar a los niños aborígenes a competir en este deporte a través de mi fundación”, dijo la ex tenista mientras se movía con el trofeo. A un metro, el músico aborigen observaba sus movimientos. Los dos pisaban cemento, escaleras empinadas, la impresionante escenografía moderna del Rod Laver Arena. Sus corazones, sin embargo, estaban en otra parte, dijeron. En la tierra. En casa. En Australia.

Hay 1 Comentarios

Qué grato que se recuerde aquí a esas glorias que contribuyeron a darle popularidad y grandeza al tenis. Años tenía de no saber algo sobre Goolagong. Y Rosewall, bueno... dueño del golpe de revés más fino. No olviden a Rod Laver, a quien recuerdo en un partido en Hawai portando en la cancha un gorro blanco con hojas de lechuga naturales para, decía él, mantener más fresca su cabeza. ¿Era John Newcombe también australiano?
Saludos

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal