Lágrimas

Por: | 09 de julio de 2012

De la estación de metro de Southfields al club de Wimbledon ya no se encuentran peregrinos, ya está desaparecida la larga cola en busca de entradas, queda claro que el torneo ya no existe. Es un día de perros. Las nubes lo tapan todo. Llueve. El lunes, a unos minutos de volver a ver a Roger Federer, es imposible no acordarse del vencido y de lo que pasa durante la entrega de trofeos.

Llora Andy Murray. Llora Kim Sears, su pareja, anegados los azulísimos ojos por las lágrimas. Llora Judy, su madre y primera entrenadora, puño cerrado en el banquillo, mano abierta en la derrota: “Muchas cosas que celebrar. Día increíble. Torneo increíble. Hijo increíble”, escribe luego en su twitter, donde su otro hijo, Jamie, también deja su impronta: “Mi hermano es un campeón. Puede no haber ganado hoy, pero es un campeón”.

"Es duro, muy duro", resume finalmente el propio Murray ante la prensa. "Juegas enfrente de ese público, enfrente de toda tu familia, que ha venido a verte... muy duro"

Protagonistas de batallas titánicas, en las que compiten con un escudo protegiéndoles el corazón y una máscara disfrazándoles la cara, es fácil no pensar en que en la pista los tenistas también sufren. Cómo olvidar a Gastón Gaudio, campeón de Roland Garros, y su “qué mal que la estoy pasando” y su “hijo de mil putas” (VIDEO). Cómo olvidar a Federer llorando y sintiéndose apuñalado por la derrota en la final del Abierto de Australia. Cómo olvidar a Serena Williams, este año la campeona, llorando por haber ganado solo un partido en 2011, tras superar una embolia pulmonar que casi le cuesta la vida.

La pista suele coronar al más fuerte. Los discursos suelen revelar al más emotivo. En la grada, en Londres, abundó lo segundo: lloraba Murray y con él, literalmente, lo hacían decenas de compatriotas.

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No se puede comparar la frustración del que piensa ganar el torneo por primera vez en su casa y con todo a favor en su mejor momento , tu puedes Andy, pero la maestria de Roger en hierba es infinita. Otra cuestión es el que esta acostumbrado a saberse superior y la desesperación por caer derrotado por un vendaval inexplicable.

Federer lloró en 2009 de impotencia. Porque Rafa ya le había ganado en finales de Grand Slam sobre todas las superficies. Y él ni siquiera está cerca de ganarle en Roland Garros.

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Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

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