Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Hitos

Por: | 24 de febrero de 2013

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Clasificados para las finales de Buenos Aires y Memphis, David Ferrer y Feliciano López consiguieron dos hitos: el alicantino se convirtió en el tercer español que ha competido más veces por un título (35, como Bruguera, por las 43 de Moyà, las 56 de Orantes y las 73 de Nadal) y el toledano celebró su victoria 300 en el circuito. “Está realmente orgulloso”, cuentan quienes vivieron con él la jornada en la que alcanzó esa marca.

Aunque ninguno de los dos datos pasará a la historia grande del tenis, esas estadísticas reflejan la riqueza presente de las raquetas españoles y su probable pobreza futura. No se avistan competidores de La Armada que puedan renovar los éxitos de quienes ahora la integran. Más allá de la quimera de que vuelva a surgir un Nadal, algo que ocurre una sola vez en la vida, parece también improbable que aparezcan en un corto plazo de tiempo jugadores con la continuidad competitiva del alicantino, los chispazos del toledano o el deseo competitivo de un Tommy Robredo, semifinalista esta semana en Buenos Aires pese a que lleva dos años martirizado por las lesiones, ya tiene la cartera llena y difícilmente volverá a ocupar su lugar de antaño entre los cinco mejores tenistas del planeta.

“No es ningún esfuerzo”, le explica a este diario el actual número 97. “Hago lo que me gusta. De lo que más ganas tengo es de jugar, intentar estar arriba y ganar partidos. La vida del deportista es muy dura. La gente solo ve cuando se gana o se pierde, no el que todo el día estás pendiente de tu cuerpo, del entreno, del estar en forma, que puede ir bien o puede ir mal”, continúa. “Eso también es bonito: el esfuerzo y el trabajo te lo puedes recompensar ganando un partido. Estoy muy tranquilo. Cuando deje de tener ambición, esas ganas de jugar, me lo plantearé la retirada”.

Ferrer y Feliciano, como antes Robredo, explican por qué España se ha convertido en el mejor equipo del siglo XXI en la Copa Davis, con cinco títulos. No son solo los triunfos absolutos. No es solo el fulgor deslumbrante de una estrella. Es, pese a la eliminación este curso en primera ronda, un prolífico fondo de armario a disposición de cada seleccionador. Es la competitividad constante, diaria y repetitiva: casi cada fin de semana un tenista de La Armada pelea por un trofeo o deja una marca para la historia pequeña de su deporte.

Lágrimas de diez años

Por: | 18 de febrero de 2013

Lloro
En el banquillo, el padre de Rafael Nadal rompe a llorar. Se cubre la cara con las manos. Le abrazan. Toni Nadal, tío y técnico del número cinco mundial, aprieta el puño. No solo acaban de ver cómo el mallorquín gana un título. Han recibido la primera noticia positiva desde Roland Garros 2012, tras descontar siete meses viendo cómo el tenista se recuperaba de una rotura parcial del ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. Nadal acaba de ganar el Abierto de Brasil.

Por décimo año consecutivo, el mallorquín celebra al menos un título. La marca es estimable, pero también es lo de menos: Nadal busca a Nadal, aún le queda camino por recorrer, y el título brasileño es más que nada un empujón positivo en lo anímico y lo tenístico, porque fue de menos a más en un torneo que comenzó desdibujado y acabó con el mejor partido desde que volvió a las pistas.

Nadal, el quinto jugador mundial, se lleva 400 puntos de Sudamérica. Eso es casi la tercera parte de lo que perdió en Australia, cuando no se presentó en Melbourne para defender la final alcanzada en el Abierto de 2012. Hoy está a 1110 puntos de Ferrer, el número cuatro mundial, que esta semana compite en Buenos Aires y la que viene lo hará en Acapulco (México), como el mallorquín, cuyo calendario después de eso es un misterio. Ni él sabe si competirá en los masters 1000 estadounidenses de cemento o se reservará para la gira de arcilla Europea.

Las lágrimas de su familia, sin embargo, reflejan que lo de menos son las estadísticas, los datos, las matemáticas. Lo que importa son los sufrimientos superados y por superar, las emociones vividas y por vivir, la pelea luchada y por luchar: solo su familia y su equipo saben cuánto le ha dolido verdaderamente al campeón de 11 grandes perderse los Juegos de Londres 2012, dos torneos del Grand Slam, la final de la Copa Davis o la Copa de Maestros. Solo sus allegados le han visto en los días de invierno, enfermo en Navidades, sufriente siempre. Solo sus íntimos, esos que lloran y se cubren la cara para que no escapen más sentimientos, conocen la interioridad de la historia: cuánto esfuerzo le lleva a Nadal combatir todos los días para volver a ser el que era.

Vacas flacas

Por: | 04 de febrero de 2013

España ya no lucha por ganar La Ensaladera en 2013. Por primera vez desde 2006 ha caído a la primera, contra Canadá. Levantar una sexta Copa ya es una quimera. Aunque es imposible que la selección gane siempre, la eliminación deja pistas sobre cuál es el futuro del equipo: David Ferrer cumple 31 años en 2013 y Rafael Nadal ya no tiene la competición entre sus prioridades, así que los tenistas que compitieron en Vancouver irán cobrando poco a poco un papel principal bajo los focos.

Corretja, el seleccionador, tuvo que afrontar el cruce con el número 32 (Marcel Granollers), el 51 (Albert Ramos) y el 82 (Guillermo García López). El problema quedará matizado por la tierra batida cuando la eliminatoria se dispute en casa, o cuando Nicolás Almagro, Fernando Verdasco o Feliciano López, ahora lesionados, puedan volver al equipo. Sin embargo, nadie es eterno y España no tiene relevo a la vista. Los tenistas que tiene La Armada entre los 30 mejores promedian 28 años de edad. La selección no tiene ninguno menor de 23 para elegir entre los 150 mejores jugadores del planeta. Es cierto que nunca hubo tantos veteranos entre los 100 mejores, que jamás estuvo tan caro para los jóvenes entrar en esa elite, pero España no puede presumir por el momento de ningún proyecto de gran tenista.

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Durante el siglo XXI, la selección se acostumbró a ser la gran potencia del tenis mundial. Su presente puede seguir siendo brillante, nada impide que en 2014 vuelva a asaltar la Copa Davis con garantías. Para el futuro, sin embargo, parece que se ha roto la cadena de brillantes eslabones que unió a Sánchez Vicario con Bruguera, a este con los Ferrero, Costa o Moyà, y a estos con Nadal y Ferrer, en una sucesión aparentemente inquebrantable de campeones. 

El País

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