Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

El demonio sigue vivo

Por: | 31 de agosto de 2013

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Son más de cuatro horas, cinco sets, una paliza de carreras, tiros, esfuerzos y agonías varias. Son la noche de Nueva York, el público gritando y Juan Martín del Potro, el campeón de 2009, un ogro, derrotado. Son la cadera dolorida, los 32 años, mil y una operaciones que parecían sin salida. Todas esas son las señales que demuestran que Lleyton Hewitt, el demonio hecho tenista, enrojecido siempre, gritón perenne, competidor eterno, sigue vivo. En tercera ronda del Abierto de Estados Unidos no estará el argentino porque le derribó el australiano en un tremendo partido.

“Increíble”, dijo el excampeón tras protagonizar un tie-break antológico en la cuarta manga. “Me he divertido infernalmente. Aprecio cada partido. Nada es comparable a estar aquí fuera”.

Delpo jugó impedido por la muñeca izquierda, que le impidió golpear el revés con la violencia que le caracteriza. El mérito de Hewitt, en cualquier caso, fue mayúsculo. Este es un hombre que rinde día a día tributo al juego, coronado ya como un enamorado del tenis, dispuesto a seguir por encima de los resultados y los pronósticos, del futuro que le aguarda en cada torneo. Uno que no concibe la vida sin raqueta. Uno que sufre y aprieta los dientes porque respirar para él es jugar, pegar, correr, competir sobre la pista. Gritar, rugir, enfadar, competir, competir y competir. Hewitt no volverá a ser el número uno del mundo, es imposible que se corone de nuevo en los grandes, pero no quiere decir adiós, siempre se da otra oportunidad, sabe que el gen competitivo que le hizo grande es único y no se extingue con los años.

Su victoria queda inscrita en la letra pequeña de los grandes, que siempre tienen espacio para historias en minúscula, que generan partidos sin las estrellas como protagonistas que acaban por tejer por dentro la grandeza misma de los torneos. Hewitt es pasión y de pasión están hechos los Grand Slams. Hewitt es deseo, hambre, avaricia de tenis. Hewitt es un tipo de 32 años que amenza con hacerse eterno, con seguir para siempre enfurecido, gritando, contraatacando y derribando gigantes con la fiereza de un demonio.

Na Li, lost in translation

Por: | 29 de agosto de 2013

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Na Li, campeona de un grande, finalista de otros dos, se sienta en una mesa. A su derecha habla Carlos Rodríguez, su técnico, que lo fuera de Justine Henin, ex número uno y ganadora de siete torneos del Grand Slam. Enfrente de la actual número seis, su marido, también chino. El diálogo parece vacío de palabras, lleno de malentendidos, roto por las traducciones que van y vienen en un inglés con acento chino. Rodríguez trabaja para que Li, la tenista con más seguidores del planeta y la que tiene patrocinios más jugosos, que para eso China es una superpotencia, vuelva a ganar un grande. Tiene dos problemas: la barrera idiomática y la emotiva.

“Es muy complicado”, explica el técnico argentino. “[Los chinos] Tienen valores humanos diferentes. La estructura emocional y psicológica que tienen ellos es distinta. No tiene nada que ver”, prosigue. “Lleva tiempo tomar la información para luego saber cómo ayudar al jugador para que se estructure con respecto a lo que uno que quiere conseguir en la cancha”, añade. “Luego, Justine y Li Na son dos jugadoras con una particularidad: poca confianza en sí mismas. La diferencia de edad hoy es lo que juega más. Hoy Li Na reacciona más o menos como Justine cuando tenía 21 años, pero tiene 31, diez más. Es inmadura en conocimiento de ella misma. No se conoce”.

Li es una tenista de rompe y rasga con un agudo sentido del humor. Su inglés, invadido por el chino, deja piruetas y expresiones que hacen las delicias de las periodistas. Dentro de la pista, sufre, no chilla, pide silencio, como cuando perdió cuatro puntos de partido contra Clijsters en el Abierto de Australia. ¿Cómo le afecta esa “inmadurez” en la competición?

“Cuando uno no se conoce, no sabe cuáles son sus cualidades y sus defectos… ¿cómo hará para saber dónde está lo bueno y menos bueno que tiene uno, cómo trabajarlo, cómo aceptarlo, cómo asumirlo?”, se pregunta Rodríguez. “El ser humano se rige por tres elementos: cabeza para pensar, corazón para sentir y piernas para moverse. Son las tres baterías de cualquiera”, argumenta. “Hoy por hoy, Serena es el mejor ejemplo. Es la que se conoce más y sabe sacar partido de todo eso. Lo más difícil, lo que le pasa a Li Na hoy, es tener equilibrio emocional en un partido. Muchas, cuando van ganando claramente, se apuran [se dan prisa]. ¿Qué prisa tienes? Y cuando van 5-1 o 5-2 abajo, bajan la cabeza. Hay un problema de interpretación de la situación vivida”.

Así, Li Na sufre mientras busca con su prestigioso entrenador las claves del éxito. Juntos buscan y rebuscan, lost in translation.

¡Que viene Michelle Obama!

Por: | 23 de agosto de 2013

Los servicios secretos llegan antes de que Rafael Nadal se cruce con Novak Djokovic o de que Roger Federer se vea con Serena Williams. En Nueva York todo se hace a lo grande. El día de los niños, donde las mejores raquetas del mundo jugarán para recaudar fondos para diferentes fundaciones, no es una excepción. La fiesta del sábado, que anuncia el comienzo del Abierto de Estados Unidos (desde el 26 de agosto), cuenta este año con una invitada de excepción, Michelle Obama. Eso ha provocado una expectación a la altura de la primera dama, que impulsa la iniciativa Let’s Move! a favor del deporte y contra “la epidemia” de la obesidad infantil, y que para ello se atreve hasta a bailar en televisión, gesto inimaginable en España.

Antes de poner la alfombra roja, el torneo pasará un examen a la altura de la Casa Blanca. Cada mañana, los visitantes que se acercan al Corona Park pasan sin advertirlo por un arco que mide la radioactividad, se enfrentan a un detector de explosivos y dejan que educados agentes de seguridad revisen sus pertenencias. Esas medidas, cacheos y perros antiexplosivos incluidos, son ya comunes a la mayoría de grandes eventos deportivos del mundo. La visita de la primera dama ha exigido un extra de precaución.

Así, el torneo quedó vacío de visitantes el viernes por la noche. Solo estaba programada la actividad de los servicios secretos estadounidenses. La organización advirtió a periodistas y empleados de que todos los cajones y taquillas debían quedar abiertos para que su contenido fuera inspeccionado. Cualquier candado cerrado, escribieron los organizadores, sería cortado y abierto. Así, poco a poco, entre inspecciones y exhibiciones, se va calentando el Abierto de Estados Unidos: con las mejores raquetas del mundo y Michelle Obama impulsando el deporte en el día de los niños.  

¿Y si hay relevo para La Armada?

Por: | 19 de agosto de 2013

España nunca volverá a tener un tenista como Rafael Nadal. Las próximas generaciones de jugadores tendrán que cargar con el peso de las comparaciones y los grilletes de los recuerdos de la mejor generación de tenistas en activo de la historia de España (Nadal, Ferrer, Feliciano, Verdasco, Robredo...). Competirán observados por ojos que ya han visto a un campeón de 12 grandes capaz de reinventarse constantemente. Sus triunfos siempre serán cotejados con los de ese predecesor, un gigante que ha convertido en algo menor disputar las semifinales de un grande, cuando hace un decenio era un éxito tremendo. En el último lustro nadie apuntó maneras como para tener que enfrentarse a todo eso. Ningún junior español dejó una huella profunda, ningún joven apuntó madera ni gritó sus ambiciones sustentándolas sobre buenos resultados. Hasta ahora.

 

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Pablo Carreño. / FERNANDO ROSALES (DIARIO AS)

 

Pablo Carreño Busta tiene 22 años y acaba de entrar en el top100 tras empezar el curso como el número 654 porque venía de superar una aparatosa cirugía para resolver un problema cervical. Su progresión ya en la veintena, consecuente con un circuito en el que prima la fuerza física sobre la sutileza, lo que no deja sitio para niños, llega acompañada de buenas noticias. El gijonés lleva ganados más de 80 partidos en 2013 y ha debutado ya en los grandes, contra Roger Federer y en la central de Roland Garros. Hay un dato aún más interesante: le entrena Javier Duarte.

Este técnico acunó la carrera de Àlex Corretja, que llegó al número dos del mundo y se proclamó maestro de maestros. Él fue el que pilotó desde el banquillo la primera Copa Davis de España, tan largamente perseguida, en 2000. Él es el que depura ahora las habilidades de un tenista que todavía está en proceso de cocción, que ante Federer se llevó un rapapolvo mientras dejaba interesantísimos detalles de su lectura del partido (¡cómo remataba con el revés paralelo!) y al que le sobra lo indispensable. Quienes le conocen describen a un ambicioso total. Un chico sencillo y trabajador que solo se pone un techo: el cielo.

El País

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