Sobre el autor

(Madrid, 1946) fue redactor
jefe de Diario 16, subdirector de Informaciones y
corresponsal de EFE en La Habana. En 1983
se incorpora a EL PAÍS como jefe de Edición,
donde fue redactor jefe y subdirector. En 1989
se incorpora como director de los Servicios
Informativos a Canal+. En 1995 vuelve a
El País como director adjunto.
Desde setiembre de 2005 hasta
noviembre de 2009 fue director
de los Informativos Cuatro y de CNN+.

Sobre el blog

El catavenenos probaba la comida para sus señores, fueran Agripina o cualquiera de los Borgia, y les informaba: ojo, aquí puede haber cicuta (o cianuro, o belladona). El autor asume esta profesión de riesgo y se sumerge en lo más profundo de la derecha española, tan vociferante y venenosa. Pero a la vista de que esas fuerzas ya han alcanzado sus objetivos, ha decidido rebajar la universalidad de la prueba y concentrarse en unas catas selectivas: unas aquí, otras allá. Cree que es justo que su trabajo, tan severo hasta ahora, se haga más reposado. Como el buen tequila. Mismos grados y fortaleza… pero un poco de sosiego.

Nuevo libro

¿Para qué servimos los periodistas? (hoy)¿Para qué servimos los periodistas? (hoy) (Editorial: Libros de la Catarata). En un momento en el que los despidos, los cierres y las pérdidas económicas en los medios de comunicación están llegando a cifras más que alarmantes y en el que la consideración social sobre los periodistas no es precisamente alta, José María Izquierdo reflexiona en este ensayo sobre la necesidad del oficio de contar y las muchas razones que justifican su existencia.

Leandro, el fantasma de la MoncloaLeandro, el fantasma de la Moncloa. Con ilustraciones de Fernando Vicente. (Editorial: La Hoja del Monte). "Leandro, narrador de estas historias monclovitas (...) es observador, perspicaz, irónico y a veces malvado. Gracias a su agudeza, no solo comprendemos la psicología de Rajoy, sino la de todos los que pasan por su despacho, sean ministros o visitantes ocasionales". Del prólogo de Juan José Millás.

Historias de José KHistorias de José K (EL PAÍS Selección). Un sórdido panorama de corrupciones y desvergüenzas bajo la mirada de un peculiar jubilado de Chamberí que pierde la compostura cuando el veneno de la política revuelve su estómago.

Fuego amigo o cuando Rajoy era el más inútil entre todos los inútiles Fuego amigo o cuando Rajoy era el más inútil entre todos los inútiles (EL PAÍS Selección). Mediocre, perdedor, zombi, maricomplejines mariacomodado, antropófago político, avieso, falso o tiranuelo fueron algunos de los calificativos que dedicaron a Mariano Rajoy sus hoy propagandistas, Anson, Jiménez Losantos o Pedro José Ramírez.

Otros: Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna (Aguilar). Los cornetas del apocalipsis (Ilustraciones de Tomás Ondarra). Elogio del panfleto y reivindicación de la demagogia. Historias de José K. Ilustraciones de El Roto. Editorial La hoja del monte

17 sep 2012

Por el mar corren las liebres

Por: José María Izquierdo

Vaya. Parece que hoy estamos toreros. Incluso este periódico que ustedes leen le brinda la portada a José Tomás. Me reservo la opinión. Hoy vivimos de recuelos, sobre todo de vascos y catalanes, que un día voy a mirar si hay un solo Ojo que no haya recogido algo referente al País Vasco o a Cataluña. Ah, y sindicalistas, claro. Así que como no hay mucha cosa, y aprovechando que hoy vamos despacio, les voy a contar algunas mentiras, tralará. De La Razón, de El Mundo y, forzando un poco la mano, de Abc. Nos ponemos a ello.

Y ya verán cómo está Federico Jiménez-Losantos con la princesa Letizia. En realidad, para dar caña a la Familia Real, que se la tiene jurada.

El primer párrafo es para el editorial y la primera página de La Razón: "Otegi asegura que hubo un pacto de ETA con el PSOE", titulan en la fachada, “Las mentiras de Otegi”, en el editorial. Es mentira. No el pacto, que ya tendría lo suyo. No, no, es peor: es que es mentira que Otegi diga eso. Usted se va a leer la información en la página 20 y es falso de toda falsedad. Esto es lo que hay: “Revela que, con ocasión de la Conferencia Internacional celebrada en octubre del año pasado en San Sebastián, el Gobierno del PSOE se había comprometido a una serie de pasos, entre ellos algunos que afectaban a los presos enfermos ‘pero renunció a hacerlo por imposición del candidato Rubalcaba, porque entendía que el proceso de paz le restaba posibilidades electorales al PSOE, del Ebro para abajo". De entrada, y como ellos mismos dicen, no se pactó nada. Pero sobre todo es que si hubo conversaciones lo fueron –y eran públicas- con las batasunas variadas. ¿Pactos con ETA? ¿Dónde está eso? En cualquier caso, ¿cree La Razón de las declarciones del dirigente abertzale unas cosas sí, y otras no? Las mentiras de Otegi, dicen. Las mentiras de La Razón, dice el catavenenos. Me quedo con este inicio de su crónica: “Mentir es malo, pero peor es que te pillen”. Y tanto.

Así que con estas cosas, ya me temía yo que un día les diera algo a sus chicos. Voy a decirles los titulares y posibles sumarios de los columnistas, que a lo mejor ya tenemos bastante. José Luis Martín Prieto: “Nuevos sindicatos franquistas”. César Vidal: “El festín de Baltasar”. (Aquí se necesita un poco de texto. Primer párrafo: “Se relata en uno de los libros proféticos del Antiguo testamento que mientras el rey Babilonio…”). Sumario: “Chiringuitos, pesebres y empresas autonómicas serán convocados a un nuevo valle de Josafat”. Daniel Portero: “El falso Mandela”. Por Otegi. Alfonso Merlos: “El triunfo de los extremos”, con datos –ja- de NC Report. Y, por fin, Alfonso Ussía titula su columna de hoy “En cuclillas”, en referencia a su amado Real Madrid. O sea…

De El Mundo prefiero referirme al del domingo, que el de hoy lleva a Salvador Sostres y a Fernando Sánchez-Dragó. Vamos, para suicidarse. Titulaba ayer El Mundo de esta guisa: “Sindicalistas acarreados en 850 autobuses piden un referéndum”. Y luego, en el texto de la primera página, intentaba explicar –en un ejercicio insólito- por qué utilizaba el término acarreados. Vean: “La mayoría de los manifestantes fueron acarreados en 850 autobuses fletados por las direcciones autonómicas de las centrales. Según la Real Academia, un acarreado es ‘una persona que es llevada en autobús a un lugar para que participe en una manifestación o para que vote. U.t.c.s.”. Solo que silencia la segunda palabra que ofrece el diccionario de la RAE de este término: “Adj. Méx.” Porque en España no se usa como tal, sino como participio de acarrear. Y esto dice la RAE de este verbo: Primera acepción: Transportar en carro. Segunda: Transportar de cualquier manera, y, tercera: Ocasionar, producir, traer consigo daños o desgracias. Bien sabía Pedro José Ramírez Codina la carga de desprecio que llevaba acarreados, que hasta ha tenido que falsear el diccionario de la Academia recurriendo de forma mendaz a un mexicanismo.

De la fachada de Abc ya hablaremos en su lugar. Vamos con el libro de Arnaldo Otegi y eso de que “la izquierda abertzale reconoce el dolor causado”. Llevan años en ese periódico, y en la derecha que tan bien representa, quiere y sostiene el mismo diario, que solo admitirá al mundo abertzale cuando sus principales dirigentes pidan perdón. Pues ahora, cuando se produce, la respuesta del editorial de Abc es ésta: “Otegi (…) se da golpes de pecho, pero es tarde para estos exhibicionismos de plañidera. Otegi quiere votos separatistas, no pedir disculpas de las víctimas, con las que vuelve a jugar de la misma manera cruel que cuando justificaba cada asesinato de ETA”. El respetable –izquierdas y derechas- está en su perfecto derecho de creer a Otegi o pensar que es más falso que un duro de madera. Pero por favor, no exijan una cosa y cuando se obtiene –más o menos- decimos que vaya basura. No sé si tendrá algo que ver, pero lo meto aquí mismo. Juan Manuel de Prada, que a un vaticanista como él no le intimida un protestantazo como Vidal: “En uno de los pasajes más misteriosos de las Escrituras, San Pablo recuerda a los tesalonicenses que el Anticristo no se declarará mientras el ‘katéjon’ (obstáculo) no sea removido”. Lo mismo es eso, el katéjon.

Isabel San Sebastián nos recuerda que ella –y José María Aznar, todo hay que decirlo- ya advirtieron que a los terroristas y secesionistas no hay que darles ni agua. Lo mismo les suena esto: “En el año 2003, justo antes de que el infausto Zapatero ganara sus primeras elecciones, ETA estaba tan derrotada policialmente como pueda estarlo ahora, con todas sus ramificaciones políticas ilegalizadas y proscritas de las instituciones, mientras el PNV de Ibarretxe se había topado con un muro infranqueable de constitucionalismo al presentar su plan soberanista en el Congreso. En Cataluña lo que se pedía era un nuevo estatuto y únicamente los republicanos de Ezkerra hablaban abiertamente de secesión. Hoy los terroristas han regresado a los ayuntamientos y diputaciones, desde donde velan armas para tomar al asalto el Parlamento de Vitoria. Allí sumarán sus escaños a los del nacionalismo mal llamado ‘moderado’, que ya no se molesta en disimular sus ansias rupturistas. Y entre tanto el Gobierno sigue paso a paso bajo cuerda el ‘plan de paz’ trazado por el Ejecutivo anterior, que no es sino una rendición a plazos con pagos tan humillantes como la liberación del asesino-torturador Bolinaga, cuya sonrisa rechina en nuestras conciencias”. ¿Cuántos días, semanas, meses, años, décadas, siglos, va a estar Isabel San Sebastián escribiendo la misma columna, una y otra vez? Hasta ha perdido el norte, que debe referirse a Esquerra, porque Ezkerra como que no…

Dice José María Carrascal una cosa profundísima. Les ruego su atención, que en pocas ocasiones tenemos la oportunidad de leer en los diarios españoles pensamientos de tal magnitud. Lean: “Aparte del fraude democrático que significa querer suplantar las urnas por las manifestaciones -recurso favorito de las dictaduras-, están los daños que causan a ciudadanos, como los taxistas y sus pasajeros, que pierden tiempo y dinero con el colapso del tráfico”.

Y déjenme dejarles con un solo ejemplo de las cosas que han dicho nuestros cornetas de la manifestación del sábado. Alfonso Ussía, La Razón, domingo: “Mareas de borregos, mareas sonoras. Y de inocentes. Ignoran o quieren ignorar muchos de los que hoy –por ayer–, se han manifestado en Madrid que los sindicatos son los directos responsables de decenas de miles de puestos de trabajo perdidos. De la quiebra de infinidad de pequeñas empresas. De la apropiación de miles de millones de euros destinados, exclusivamente, al mantenimiento de su poder y sus mamandurrias. Ese manifestante con la camiseta de una cualquiera de las mareas que ha acudido con su buena voluntad y su sana preocupación a manifestarse, puede no estar al tanto de lo que sucede. Que lo primero contra lo que había que manifestarse es contra los convocantes de las mareas, administradores de unos sindicatos anclados en el pasado que no sobrevivirían ni dos meses con las cuotas de sus afiliados. Mareas de liberados, eso sí. A los que el Gobierno de Rajoy mima escrupulosamente mientras los recortados de verdad, los ciudadanos, se han quedado en sus casas”.

LAS FACHADAS

Va
Olé, dan ganas de gritar cuando se mira la fachada de Abc. Luego viene la faena. Atentos: “Ex altos cargos del PSOE cobran 12 millones por vender barcos a Chávez”. Leída la cosa, resulta que los dos altos cargos dejaron sus puestos hace 16 años. Uno, Javier Salas, fue presidente del INI hasta 1996. Lleva ya diez años en la empresa privada, y su socio, 14. Lean, si quieren, las explicaciones del propio Salas en Abc. Pero es lo mismo, que este diario lo sabe muy bien: los socialistas son unos chorizos y abrimos el periódico con eso porque nos viene bien. Y ya. Con La Razón tiramos el sombrero. Dicen que “Otegi asegura que hubo un pacto de ETA con el PSOE”. Ya hemos hablado del tema Otegi. En El Mundo, la oreja. Abre el periódico, como ven, una entrevista con Íñigo Urkullu. Es solo para poder decir en el editorial que “el desmarque de Urkullu pone en evidencia a Mas”. Qué cosas. Ahora nos vamos a hacer amiguitos del PNV. En La Gaceta le ceden la fachada a Rubalcaba. Tampoco se confíen. Es solo para poder decir que “Rajoy sigue sin pronunciarse públicamente sobre el desafío independentista”.

EL AFAMADO MUSEO EL OJO IZQUIERDO
(Documentos y testimonios de la vida en las cavernas)

“Ha querido el destino que Letizia Ortiz, princesa de Asturias, cumpla los 40 años, parteluz y parteaguas de la vida, la misma semana en que España ha iniciado su desguace con la anunciada secesión de Cataluña (…) Pero el álbum de fotos del aniversario la muestra como centro indiscutible de su familia y puntal de una Corona caediza. No es que el príncipe se deje mandar por esta marimandona sino que, ya que se empeña... Total, no hace mal a nadie. Algunos critican que las fotos entregadas a todos los medios –por una vez, no usufructuadas por la secta destructiva PRISA, en la que trabajó y sigue abducida Letizia- parecen un reportaje del ¡Hola! ¿Y qué quieren? ¿Que como casi toda la Familia Real parezcan personajes de El Caso? ¿Puede una monarquía constitucional moderna sobrevivir en la opinión pública como huéspedes fijos en la sección de Tribunales y no en la de Sociedad, sea en la tele, la radio, internet o el papel couché?...”

Dice también que “Vale la pena comentar las imágenes una a una, en el orden que, por alguna razón, ella misma ha elegido”. Les dejo un ejemplo: “Real Pareja Real esperando al camión de Mudanzas, por si el Trono”.

(El catavenenos recomienda la lectura íntegra del artículo y los comentarios de las fotos).

Federico Jiménez Losantos, Libertad Digital, 16 de setiembre de 2012.

Y ya que estamos. Sentencia del Tribunal Supremo.

Hay 141 Comentarios

Pentaclo-Izquierdo y demás parentela, bolinaga es un asesino y torturador aunque vosotros no queráis reconocerlo. Vuestras razones tendréis, no lo dudo. Veo que no pensáis rectificar. Yo tampoco.

por: claro clarito | 17/09/2012 15:07:41

Pero vamos a ver, pedazo de idiota ¿quién ha dicho que no lo sea? Y aún no habiéndolo dicho ninguno de nosotros, nos has insultado a todos, "y nuestras razones tendremos". ¿Nuestras razones para qué?
De verdad, no me entra en la cabeza que se pueda ejercer la idiotez con tanto entusiasmo. Y por favor, deja de mencionar a mi padre (con quien sería imposible confundirte ni siquiera en el mayor de los delirios), que hace tiempo que pasó a mejor vida, mejor entre otras cosas porque ya no tendrá que aguantar a retrasados como tú.

Colirio, el Orwell de la Guerra Civil era de los malos, malísimos o de los buenos buenísimos, así por lo de arrimar el ascua a tu sardina seca, eurovegas el paraíso pepero de la reactivación económica, que gran legado, de la señora marquesa que se tomo una caña y se fue el día diecisiete.
Pd: cómo van a rectificar los fanáticos y sectarios como claro clarete, no rectifican porque no se equivocan, la primera y única rectificación de la derecha que en el mundo ha habido, fue cuatro siglos después del hecho aunque la tierra daba vueltas hace millones de años.

Almigmon, pues a mi si se ocurre otras posibilidades de la sra Aguirre dimita, y es que ella tiene el As del poker de los madrilenyos, desfortunadamente para ellos

Esperanza Aguirre deja (según su propia definición) una de sus mamandurrias, que le vaya bien. ¡¡Que dia entre Esperanza y las portadas de la prensa patria con la noticia mas importante para este pais, el triunfo de José Tomas en Nimes!!. No tengo palabras.

Pentaclo-Izquierdo y demás parentela, bolinaga es un asesino y torturador aunque vosotros no queráis reconocerlo. Vuestras razones tendréis, no lo dudo. Veo que no pensáis rectificar. Yo tampoco.

Colirio tienes el don de que te salga el tiro por la culata:
Hoy lunes 17 toma una caña y vete
Esperanza Aguirre se toma una caña y se va.
Luego lo quieres arreglar lo habías puesto a guevo
PD: 1 tal mente como tu líder espiritual que todo lo que toca lo convierte en plastilina
2 Mas Orwell pero haber si te le llegas a comprender, que no es peter pan que es Eric Arthur Blair republicano(de la II para que no haya malentendidos) hasta las entrañas. Y no pepero como vos. Homenaje a Cataluña no la escribió peter pan.

Para surrealista, el blog de el ojo tuerto

Publicado por: claro clarito | 14/09/2012 8:26:34

Izquierdo como se te transparentan las ideas... Al que liberaron fue al asesino y torturador de Bolinaga y tú aun sin quererte enterar. Nada hombre, vete a Donosti y dale un besito. Este angelito si que es de los tuyos, sus víctimas no.

Hasta la noche.

Nomada, dónde he dicho yo que el surrealismo naciera en España?. Si lo encuentras me trago mis palabras. Si resulta que tú no sabes entender lo que lees, te la tragas tú. Hablaba del surrealismo de Celtiberia show, no de Dalí, Miró y compañía, que no te enteras. ATONTAO. Insisto, si no comprendes lo que lees, malo, pero es tu problema, no el mío.
Gracias a Dios que no somos Alemania?. Cómo se nota que ni eres empresario ni eres parado. ¿A lo mejor prejubilado o funcionario?. Eso lo explicaría.
En cuanto a lo de hombre de paja... crees ladrón que todos somos de tu condición y que nos dedicamos a lo mismo que tú y no es verdad, algunos vivimos de nuestro trabajo y no le debemos el carguito a nadie.

Y este relato también está muy bien:

Recuerdos sueltos: En la UNIR".

"Venga, Vigo –a menudo nos llamábamos por nuestro lugar de origen–, ponte a ahondar el terreno". Tomé una pala, la hinqué ligeramente en el suelo y presioné con el pie para hundirla más. El sargento me miraba con desaprobación. "De libros entenderás, pero esto no es lo tuyo". "Para todo hay que valer".

Puso a otros dos, más fornidos y hechos a labores del campo, y en poco tiempo quedó listo el nido de ametralladora, en una altura dominante. El sol se ponía y la tropa se iba desplegando sobre un amplio e irregular anfiteatro natural elevado en torno a una playa con rocas. De la ladera llegaban cantos de pájaros y gritos de soldados alertando a algún campesino rezagado para que espabilara y se llevase las vacas del lugar. La Unidad de Intervención Rápida (UNIR) se disponía a realizar un ejercicio nocturno.

La UNIR del Tercio Norte de Infantería de Marina estaba integrada por una compañía de infantería más secciones o pelotones, no recuerdo bien, de morteros, ametralladoras, cañones sin retroceso y lanzallamas, y se trasladaba en camiones. Tenía, por tanto, notable movilidad y potencia de fuego. Yo era primer proveedor de una ametralladora, marca Alpha o Alfa, creo, de cuando la Guerra Civil, decían. Debía transportar a la espalda el pesado trípode de hierro, encajar el tambor de las balas y desenroscar y cambiar rápidamente, con unas grandes tenazas, el cañón del arma cuando se ponía al rojo, enfriándolo en un recipiente con agua. Los viejos trastos se encasquillaban con frecuencia, pero el sargento lograba hacerlos funcionar bastante bien, asegurándose de que mantuviéramos su mecanismo escrupulosamente limpio. Más adelante vendrían ametralladoras MG, alemanas, con trípode español más ligero y flexible.

Ya oscurecido empezó la "sinfonía de la guerra", sin guerra. Todas las armas fueron abriendo fuego sobre la playa, excepto los lanzallamas. Las balas trazadoras cruzaban el cielo oscuro para asegurar la puntería, y las explosiones iluminaban por momentos trozos de playa y hacían saltar las rocas. Me preguntaba por el objetivo del ejercicio: ¿repeler un desembarco o atacar por sorpresa a un enemigo ya desembarcado? No nos lo explicaron, ni me importaba mucho, en realidad, pero lo segundo me parecía más interesante; en cambio, me imaginaba medio muerto de miedo soportando el cañoneo de una flota allá enfrente y los bombardeos aéreos…

Terminó la acción y el capitán vino a felicitar al sargento:

– Sus máquinas han dado un verdadero recital.

Y es que apenas se habían atascado. No recuerdo el nombre del sargento (¿Vázquez, quizá?), y lo siento, porque fue el mejor que conocí: más bien bajo, enjuto, correoso y enxebre, o sea, muy de la tierra, muy gallego. Eficaz en su cometido, socarrón, no entraba en las típicas chabacanerías de la tropa y sabía mandar sin despotismo ni palabras de más. No me hostigaba, como otros suboficiales, aunque tampoco sufría yo un acoso estrecho: algún desprecio que me resbalaba, amenazas poco efectivas o marginaciones que en realidad me venían bien. Un día hacíamos ejercicios con un cabo primera desmontando a ciegas la ametralladora, pieza a pieza, y volviendo a montarla. Era útil para repararla de noche. Me puso a la faena con una sonrisa jactanciosa hacia los demás, como diciendo: "Seguro que no tiene puta idea". Pero fui el segundo más rápido en realizar la operación, lo que le dejó contrariado.

Bien, a la mañana siguiente salimos de las tiendas de campaña donde dormíamos como arenques en lata, desayunamos al aire libre y realizamos nuevos ejercicios, con los infantes por la playa y nosotros tirando desde lo alto. Rafa, el de Tarrasa, comentó: "En una de éstas, quien quiera cargarse a un tío puede hacerlo y nadie probará que no fue un accidente". Nunca pasó, que yo sepa. El cabo primero permitió tirar con la ametralladora a varios soldados ajenos a la escuadra. Uno de ellos disparó largas ráfagas, como en las películas, y el cabo se le echó encima, muy enfadado: debía dispararse a ráfagas muy cortas, de tres o cuatro tiros, afinando la puntería: se oprimía con el pulgar un botón en la parte trasera del arma y salía un montón de balas, por lo que había que controlar bien la presión del dedo. Nuestro tirador, un tipo adusto, lo hacía muy bien, con excelente puntería y pulso, conseguía disparar tiro a tiro, nunca más de dos o tres seguidos.
Llegó mi turno de tirar, pensé, pero me equivoqué:

– El teniente ha dicho que tú no.

Eran días lluviosos, entraba algo de agua en las tiendas, y por la noche tuvimos que salir de ellas a toda prisa para repeler un supuesto ataque. Subíamos corriendo por un terreno en cuesta, procurando no perdernos de los compañeros inmediatos, cuando oímos unos gemidos lastimeros. Nos acercamos varios y vimos a uno de nuestros cabos primera tirado en el suelo. Se había caído y dado con el vientre sobre un gran clavo hincado en el suelo. Por suerte, la ancha cabeza del clavo no le había penetrado en el cuerpo, pero se quejaba mucho. Era un tipo grueso y pintoresco, en las teóricas solía hablarnos de las prostitutas del barrio de la Herrería, de Vigo, que conocía bien.

– Oye, pues fulano se casó con una de esas putas, y, no lo querrás creer, no encontrarías a otra tía más seria y más fiel, una tía cojonuda.

En la esgrima de fusil utilizaba un vocabulario particular.

– ¡Culatazo a la mandíbula! –ordenaba.

El teniente se le acercaba

– Te tengo dicho que no es culatazo a la mandíbula, sino… (he olvidado la locución correcta).

Luego, o quizá fue otra noche, o estoy mezclando varias ocasiones, salimos en una marcha nocturna por los caminos, carreterillas y bosques de la zona. Los oficiales se despistaban a veces y consultaban y discutían planos a la luz de unas linternas. El sargento antes mencionado los sacaba de apuros.

– Hay que saber moverse en el monte –comentaba con sonrisa burlona.

Volviendo al cuartel, un tanto derrengados, solíamos entonar una canción de marcha alemana:

Entre montes y valles,
un caserío está, está, está,
y allí vive, dichoosa
una chiquilla hermoosa…

– ¡Venga, más alto! ¡No se os oye! –rezongaba el capitán.

Bastaba eso para que siguiésemos cantando bajo. No lo hacíamos por rebeldía, como a mí me habría gustado, sino más bien por gamberrada o algo así. Los oficiales nos hacían dar vueltas al patio en formación, con las armas a cuestas.

– ¡Mientras no cantéis bien, seguiréis dando vueltas!

Pero en general no podían con nosotros. Llegaba la hora de la cena y ellos querían irse también, de modo que, después de completar el cansancio de la marcha con casi una hora de vueltas al patio, nos dejaban ir a ducharnos. Las duchas consistían en tres pasillos paralelos que había que recorrer en masa, con más o menos prisas, mientras de unas tuberías agujereadas, situadas a los lados y en la parte superior, salían chorros de agua por lo común caliente.

Hacíamos numerosas marchas y ejercicios, y el tiempo que pasé allí fue el mejor, con diferencia, de mi año y medio de mili. Para mi gusto, teníamos demasiada instrucción en orden cerrado y poca en orden abierto, para avanzar sobre el terreno cambiando la disposición del grupo (guerrilla, cuña, etc.) sin perder la cohesión. Esta instrucción exigía concentrarse al mismo tiempo en las señales del cabo, en los compañeros, en el terreno y en la situación delante. Con mi manía reformista, lo creía un medio excelente para desarrollar el espíritu de cooperación en grupo, no sólo con fin militar.
Esta vida terminó para mí una mañana en que, formados en el patio en traje de gimnasia, se acercaron tres capitanes y me separaron de la formación.

– Sube a la compañía.

Hube de abrir la taquilla y vaciarla. Había en ella bastantes libros de contenido muy izquierdista, pero legales, que yo difundía entre la tropa, y al fondo varios editados en Moscú y en Pekín. Cuando los vieron se pusieron muy contentos: ya tenían pruebas claras. Y eso, justamente, me salvó. Sobre la litera estaba mi uniforme de faena, y en un bolsillo tenía una carta de una chica y un informe a mano con ideas sobre la subversión en el ejército, para enviarlo a la dirección de la OMLE (Organización de Marxistas Leninistas Españoles) en Madrid. Comenzaron a examinar los papeles, y yo, a la desesperada, les dije:

– Eso son cartas personales.

Se sintieron caballerosos tras haber dado en la taquilla con las que creían pruebas decisivas.

– Está bien, no nos interesan. Quedas arrestado en la compañía.

Y se fueron con su botín, más inútil de lo que pensaban. El juez instructor, un teniente coronel, me mostraba sentimientos muy cálidos, bastante explicables, vista la cosa imparcialmente: me prometía al menos cinco años de cárcel. Ya he contado esto último en De un tiempo y de un país.

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