Walter Oppenheimer

Londres 2012, entre brumas

Por: | 22 de diciembre de 2011

London2012

NOTA:
Este reportaje fue publicado hace unos días en la sección de Deportes pero se levantó por razones de espacio. Como 
muy pocos lectores han tenido acceso a él, se vuelve a publicar ahora en Oppenblog, debidamente actualizado.

Al entrar en el parque olímpico en una gélida y brumosa mañana de invierno, lo primero que uno piensa es que Londres 2012 va a ser un completo desastre. ¿Aquí se van a juntar a competir miles de atletas? ¿Por aquí van a pasear decenas de miles, cientos de miles de personas? Lo único que se ve al bajar por una calle que lo único apetitoso que tiene es el nombre, Pudding Mill Lane, es un escenario de caos post-industrial. Un cementerio de edificios en ruinas, solares, alambradas.

Estadio y kapur

Una vez atravesada la valla electrificada que separa el parque olímpico del resto del mundo, la impresión no es mucho mejor. Camiones, grúas, vallas, carreteras provisionales de frágil asfalto. Al fondo se perfila entre la niebla el Estadio Olímpico: una construcción nada impresionante que uno se resiste a creer que pueda acoger a 80.000 espectadores. “Todos los que han estado en el interior del estadio aprecian su sensación de intimidad”, asegura Paul Deighton, consejero delegado del comité organizador, el LOCOG.

Detrás del estadio se vislumbra un gigantesco amasijo de hierros que cualquier persona normal confundiría con una grúa enorme a medio levantar. Y, sin embargo, no es una grúa: es una obra de arte. Es la escultura de 115 metros con la que Anish Kapoor quiere perpetuar la memoria de Londres 2012. Las primeras impresiones pueden ser engañosas. Lo que parece chatarra es arte y lo que ahora es un escenario caótico puede convertirse en un hermoso parque en los meses que quedan hasta la apertura de los Juegos Olímpicos.

Verde

Levantar el parque olímpico no era tarea fácil. La zona elegida, el valle del río Lee, en el empobrecido EastEnd, era una zona industrial en decadencia atravesada por ese riachuelo, varios canales y un sinfín de vías férreas, tendidos de metro y tranvía, carreteras, puentes y autopistas.

A medida que transcurre la visita va quedando claro que las obras están más avanzadas de lo que parece. Las grandes instalaciones deportivas y de servicios están acabada. O casi. El estadio olímpico, el precioso velódromo, el llamativo complejo acuático diseñado por Zaha Hadid, el pragmático palacio de deportes de quita y pon para el baloncesto, el gigantesco centro de prensa y televisión, la hermosa central energética, etcétera. Al fondo, los bloques de viviendas de la villa olímpica. Y, más allá del perímetro del parque, el inmenso complejo comercial Westfield [y no Westlife como se decía por lapsus], símbolo de “la capacidad de los juegos para atraer inversión privada a un lugar de Londres al que jamás habría llegado sin el magnetismo olímpico”, sostiene Deighton.

El caos que reina en torno al estadio se transforma a medida que el visitante se acerca a la zona del velódromo: es el área destinada a convertirse en jardín urbano junto a la ribera del Lee y ahí dominan ya el verde del césped y los árboles recién plantados. La vista desde el mirador provisional invita al optimismo: las zonas más caóticas son precisamente las grandes explanadas pensadas para el tránsito de los espectadores. Hay tiempo para poner a tono la zona.

Londres ganó la carrera de los juegos de 2012 contra pronóstico: una candidatura salida casi de la nada en una ciudad con poco apetito de convertirse en olímpica. Su victoria se debió, en buena medida, a la influencia política del entonces primer ministro, Tony Blair, que en el tramo final de la carrera dio a Londres el impulso que necesitaba para batir a París y Madrid, sus dos grandes rivales.

Pero la euforia se desvaneció en 24 horas: las que transcurrieron entre la designación olímpica el 6 de julio de 2005 y el estallido de cuatro bombas en el transporte público de la capital en un devastador ataque suicida que mató a medio centenar de viajeros.

A ese fatalismo, que empañó la designación olímpica, se ha añadido luego la crisis financiera que empezó en 2008 y aún  no ha acabado, y que ha afectado de manera especial a la ciudad que acoge la mayor plaza financiera de Europa y quizás del mundo.

Paradójicamente, la crisis le ha sentado muy bien a Londres 2012. La ciudad no podía ofrecer ni el entusiasmo de Barcelona-92 ni el despliegue tecnológico de Pekín 2008, quizás los dos mejores Juegos Olímpicos de los últimos años 20 años. La recesión no ha hecho más que legitimar el que siempre fue el proyecto londinense: unos juegos sin ostentación económica ni ardor popular cuyo éxito se ha de basar en lo mejor que puede ofrecer Londres: la propia ciudad. “El ciclo bajo ha tenido ventajas. Nos ha sido más fácil acabar las obras de acuerdo con el presupuesto”, explica Deighton. Ha hecho más fácil cerrar contratos a buen precio.

Estadio

Londres no va a cambiar la ciudad de arriba abajo como ocurrió en Barcelona ni va a asombrar al mundo como Pekín. Aunque “todo el proyecto va a transformar el Este de Londres”, como apunta Deighton, lo importante no es el Parque Olímpico, sino el hecho de que la ciudad entera se dispone a ser escenario. Los juegos van a ir mucho más allá de la zona de Stratford y se van a desperdigar: desde Wimbledon (tenis) y Greewnwich (hípica) en el sur al estadio de Wembley (fútbol) y el Wembley Arena (badminton y gimnasia rítimica) en el noroeste, Earls Court (voleibol) en el Oeste, el histórico campo de criquet de Lords (tiro con arco) y, sobre todo, escenarios turísticos de primera magnitud como Hyde Park (triatlón), Horse Guards Parade (voleibol playa) o el palacio de Buckingham y el Mall, donde acabarán y empezarán tanto el ciclismo en ruta como la maratón.

Los juegos no están exentos de polémicas locales. La más resonante a nivel local, e indicio de que al final  serán un éxito, es que hubo tortas entre los británicos para conseguir entradas cuando estas se pusieron a la venta. La sospecha es que, aunque los organizadores hablan de millones de entradas vendidas, gran parte, y sobre todo las mejores, están reservadas para los patrocinadores. Las restricciones de tráfico también preocupan.

Pero quizás sean las polémicas acerca de la seguridad las que más han incomodado al Gobierno. Sobre todo desde que el diario The Guardian asegurara que Estados Unidos no se fía del dispositivo británico y piensa enviar a Londres a cientos de agentes para proteger a sus atletas. El ministro de Defensa, Philip Hammond, tranquilizó mucho al personañ al responder que están dispuestos a utilizar misiles tierra-aire para defender los Juegos si es necesario.

Hace unos días,el Gobierno autorizó un sustancial incremento del presupuesto destinado a garantizar la seguridad en las instalaciones olímpicas, que pasará de 282 a 553 millones de libras (660 millones de euros). El incremento se destinará sobre todo a desplegar más guardias de seguridad. También se ha anjunciado desde entonces el despliegue de 13.500 soldados para ayudar en las tareas de vigilancia. El Gobierno ha precisado que el aumento no se debe a ninguna amenaza terrorista específica. A menos que las muy específicas de Estados Unidos puedan enmarcarse en la definición de terrorismo...

Hay 8 Comentarios

Bueno, este año ya son los JJOO y supongo que Londres se llenará de gente y de vida, más aún de la que tiene...

Yo rafa, tampoco creo haya pasado mucho tiempo, yo llevo viviendo 5 años aquí y he visto varios fallos de redacción

A ver, Rafa, lo de Westfield / Westlife es evidente que se trata sólo de una errata al teclear (que, eso sí, debiera ser corregida por el autor).
Pero a Stratford sí que lo podemos calificar perfectamente como East End. No sólo pertenece al Great London en su parte este, sino que, por ponerte un único ejemplo, la propia BBC lo tomó como modelo para el famoso barrio ficticio de “Walford” en su serial titulado precisamente “EastEnders”. Más pedigrí, imposible.
No son formas de escribir como lo haces, negándole “londonesidad” al autor.

@rafa, quizá lo haya entendido mal yo, pero no creo haber leído mención alguna por parte del autor a que el centro comercial en cuestión reciba su nombre a partir del grupo pop Westlife (irlandés, por cierto, de modo que no tiene por qué guardar ninguna relación directa con la City), de hecho, ni siquiera se le menciona en toda la entrada.

Por mi parte, buen trabajo como siempre Walter. Feliz año

Lo de pianistas del mundo ¿es un comentario comodín? porque lo mismo se puede poner aquí que en un artículo dedicado al ADN de las alcachofas.

Será por que en Madrid teníamos mucha ilusión con haber conseguido las olimpiadas para el 2012, o por que los ingleses no es el pueblo que mas simpático me caiga pero estos juegos no me hacen nada de ilusión, les deseo lo mejor pero conmigo que no cuenten. Feliz Navidad

Quiero invitarte a que visites mi blog:

http://www.pianistasdelmundo.blogspot.com

Está dedicado a los mejores pianistas de todos los tiempos, hay videos en directo y enlaces con su biografía.
Si te gusta añadela a tus favoritos,o hazte seguidor, iré incluyendo muchos más.

Muchas gracias por tu tiempo.

Me cuesta creer que la persona que ha escrito este artículo haya vivido en Londres mucho tiempo.

Ni Stratford está en el East End, que en su acepción más amplia se queda en Victoria Park o Clapton, ni el nombre del centro comercial está puesto en honor al grupo pop Westlife, sino Westfield, como su hermano mayor de Shepherd's Bush.

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Sobre el autor

es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo...

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