David Alandete

Piedras

Por: | 16 de abril de 2013

Nic6208374

Jóvenes palestinos se enfrentan a soldados israelíes en Silwad, Cisjordania Foto: AFP /Abbas Momani

Acostumbrados a hablar de arsenales de armas químicas, misiles de corto y largo alcance, enriquecimiento de uranio y cúpulas de hierro, los periodistas solemos olvidarnos de algo tan sencillo como las piedras. Son un arma tan antigua como el propio ser humano. Las empleó en tiempos ancestrales, según el bíblico libro de Samuel, David contra el gigante Goliat. Fueron en sí mismas un símbolo en la primera intifada: palos y rocas contra tanques y fusiles en las calles palestinas. Y siguen siendo empleadas hoy, con consecuencias más que simbólicas, y dando lugar a amargas disputas.

En los pasados meses se han multiplicado los casos de lanzamiento de piedras en las calles de Cisjordania, en protesta, sobre todo, contra el tratamiento de presos palestinos por Israel. El 14 de marzo unos jóvenes lanzaron rocas contra vehículos israelíes en el asentamiento de Ariel. Provocaron que un coche chocara con camión y que Avda Bitton, de 32 años, y sus hijas de seis, cuatro y tres años, resultaran heridas. La más pequeña quedó en estado crítico.

El tres de abril un juzgado militar israelí en Cisjordania declaró al palestino Waal al Arjeh culpable de homicidio por haber lanzado, en 2011, una piedra desde un taxi a un coche en el que viajaban el israelí Asher Palmer, de 25 años, y su hijo Yonatan, de dos años, cerca del asentamiento judío de Kiryat Arba. Ambos israelíes fallecieron después de que su coche volcara, al romperse la luna delantera. Fue el primer veredicto de culpabilidad por homicidio por un accidente provocado por el lanzamiento de piedras.


La célebre columnista Amira Hass ha creado una gran polémica al analizar esa práctica. “Lanzar piedras es un derecho natural y el deber de cualquiera que esté sometido a un dictamen extranjero. Lanzar piedras es una acción y a la vez una metáfora de la resistencia”, escribió en un artículo publicado en el diario Haaretz el 3 de abril. “Perseguir a aquellos que lanzan piedras, incluidos niños de ocho años, es una parte inseparable -aunque no siempre se admita- de las tareas que debe desempeñar un gobernante extranjero, no menos importante que los disparos, la tortura, el robo de tierra, las restricciones de movimientos y la distribución desigual de recursos como el agua”, añadió.

Sus palabras han provocado un alud de cartas y columnas de opinión altamente críticas, y la semana pasada llegó a haber una manifestación frente a la redacción central de Haaretz en Tel Aviv. El lunes, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, llegó a entrar en el debate, al decir en un discurso: "El terrorismo de las piedras en las  emboscadas se une al terrorismo de los cócteles molotov, cuchillos, disparos,  misiles, artefactos explosivos, coches bomba y suicidas".

Para sus críticos, Hass pretendió dar legitimidad al derecho de los palestinos a actos de terror. Para los que la han apoyado, se limitó a defender el derecho de los palestinos a la resistencia.

“Amira, ven a la unidad de cuidados intensivos a ver a mi hija Adele, de tres años de edad, unida a los tubos”, le respondió Avda Bitton, la madre de la niña que quedó grave en el accidente en Ariel, en una carta abierta. “Vive conmigo la dura prueba que tengo por delante. Amira, una roca no distingue entre sangre y sangre, o entre un adulto y una niña de 3 años de edad. Una roca mata. Una roca es un arma mortal en todos los sentidos”, añadió.

La piedra en la mano puede ser en Palestina un símbolo y una metáfora, como dice Hass. Para los colonos, que transitan por los asentamientos en Cirsjordania, es también un arma que puede ser mortal, un grave factor de riesgo en su vida, que justifica, por ejemplo, la construcción de muros de aislamiento y separación, y arrestos en ocasiones muy controvertidos. Es un revulsivo, un último recurso que incluso los niños pueden emplear, sin pensar muy bien cuáles son sus consecuencias.

Los soldados israelíes detuvieron a 27 niños el 20 de marzo en Hebrón, por supuesto lanzamiento de piedras. De ellos, 18 eran menores de 12 años. Otros tenían entre siete y ocho años, según Haaretz. El Ejército presentó cargos el pasado jueves contra el detenido Mohammad Khalek, de 14 años, palestino con pasaporte norteamericano, por lanzar piedras contra conductores en Cisjordania.

Son menores, muchos de ellos niños. Y que recurran al lanzamiento de piedras tiene consecuencias más allá del símbolo o la metáfora. Es indicativo de un problema mucho mayor, que lleva 65 años sin resolverse, y que sólo se solucionará cuando israelíes y palestinos acuerden finalmente cuáles son las vías aceptables para un futuro en paz para ambas partes.

Hay 5 Comentarios

Resulta grato apoyar a quien cuenta con inferioridad de recursos; pero por desgracia las víctimas suelen ser categorizadas, también. Una víctima infantil cuyo verdugo se encuentra en casa del enemigo provoca una movilización pública mucho mayor que si el verdugo se encuentra en la propia.
Me parece necesario entrar en la polémica.
Estoy en contra de la colonización de tierras y de los asentamientos. También estoy en contra del silenciamiento que se ha producido respecto a la guerra civil palestina. Y me preocupan sobre todo las agresiones y el aislamiento social que padecen quienes cruzan la línea a uno y otro lado.
Cuesta también comprender el brutal contraste entre ambas administraciones en cuanto a la gestión de los recursos.
En mi opinión, el pueblo palestino padece la doble desgracia del desamparo. Una parte la tiene en casa.

las piedras por lo menos son gratis....:))
http://www.newshub.es/ noticias en tiempo real

Hay algunos por aquí que se deberían sacar el carnet de Hamas, si es que no lo tienen yaaaa

Pero tú te das cuenta de lo que escribes?
Pero crees de verdad en lo que ves y te cuentan?
Puedes tirarte unpost entero hablando de lo que matan las piedras teniendo enfreten un ejercito como no hay otro y familias de colonos (ocupando) armadas hasta los dientes hasta si van al teleférico turístico de ras el nakura?
Que repugnante.

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Sobre el autor

(Valencia, 1978) es corresponsal de El País en Oriente Próximo desde 2013. Previamente, durante seis años, trabajó en la delegación del diario en Washington. Fue corresponsal en el Departamento de Estado y en el Pentágono, y cubrió la guerra de Afganistán, los juicios en Guantánamo y las campañas presidenciales republicanas de 2008 y 2012. En 2006 recibió una beca Fulbright para periodistas, y se especializó en Relaciones Internacionales y el Conflicto Árabe-Israelí. En este blog atenderá también a las consultas, dudas y quejas de los lectores. Pueden contactar con el autor a través de Twitter o Eskup.

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