David Alandete

Golpe con cuenta atrás

Por: | 09 de julio de 2013

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Ataque con gas lacrimógeno / Foto: AFP

El otro día, a nuestro lado, mataron a un hombre. Fue un disparo en la cabeza, según supimos luego. Entre el humo, la gente huyendo y la confusión y el miedo, sólo vimos su cuerpo caer, desplomado al suelo. El Ejército había lanzado botes de un gas lacrimógeno como yo no había inhalado nunca. Lo que provocaba no era irritación, sino una intensa quemazón en los ojos, la nariz, la boca y, por alguna extraña razón, la nuca. En aquel momento los dos colegas de profesión con los que me encontraba y yo temíamos ahogarnos de asfixia. Lo mismo sentían los cientos de personas que nos rodeaban, que huían, vencidas las ganas de manifestarse contra la detención de Mohamed Morsi en el cuartel de la Guardia Republicana, donde nos hallábamos.

Uno piensa ahora en lo del gas lacrimógeno y se da cuenta de la nimiedad que es, a pesar de que las fuerzas armadas egipcias empleen un tipo químico prohibido en muchas partes del mundo. Sobre todo porque en aquella concentración murieron al menos tres personas, según un portavoz de los Hermanos Musulmanes. A un compañero de la BBC le alcanzaron perdigonazos en la cabeza y la pierna. Nosotros nos refugiamos en un soportal y luego huimos por un lateral, avanzando como pudimos por un jardín reseco, mientras oíamos el ruido de los botes de gas lacrimógeno cayendo como un bombardeo en el suelo, y el gas alzándose sobre cientos de cabezas.

De fondo sonaban algunos tiros, yo pensé, equivocadamente, que al aire. Luego este vídeo que difundieron los Hermanos Musulmanes nos mostró lo que vimos de mala forma, desde otra perspectiva. Fue un tiro, al parecer, en la cabeza.

 

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General Al Sisi, un ídolo / Foto: AFP

Aquello sucedió el viernes. El lunes, de madrugada, en el mismo punto, murieron 51 personas y 435 resultaron heridas, muchas graves. Los que exploramos el lugar sabíamos que podía acabar siendo, como fue, una ratonera. Es la cara fea del golpe de Estado que las masas celebran extáticas en Tahrir. En el centro de El Cairo, los helicópteros sobrevuelan la icónica plaza y los cazas dibujan corazones y banderas de Egipto en el cielo. “¡No es un golpe!”, gritan. Y yo me pregunto en silencio: ¿Si no es un golpe, entonces, qué es?

A cualquiera que se plantee esta duda en voz alta, las masas en Tahrir le acusarán de islamista, de ignorante o de no entender para nada cómo funciona Egipto. Personalmente, tiendo a recelar de unas concentraciones en las que los manifestantes muestran al aire carteles con la cara de un general, en este caso el comandante Abdel Fatah al Sisi, al que nadie ha elegido, y que en realidad ha acabado haciendo lo que le ha placido con el país.

Diría que Egipto vive días, más que de revueltas, de mucha confusión. El Gobierno de Morsi fue francamente desastroso. No creó ningún consenso. Se hartó de provocar al poder judicial, a los opositores y a los medios. Pero ganó en las urnas. Y su mandato acababa en 2016. Lo prudente hubiera sido esperar a las nuevas elecciones, parlamentarias y presidenciales. Pero las masas que han inundado Tahrir en los pasados días no tienen tiempo que perder e, impacientes, ven en las acciones del Ejército un respaldo, no una fagocitación militar de su derecho legítimo a la protesta. Mientras, se niegan a ver a los miles de personas que quieren que vuelva Morsi, acampadas en otras partes de El Cairo.

El día del golpe fue extraño. Las masas rugían furiosamente alegres en El Cairo. Pero cierta melancolía se posaba sobre el Nilo. Es difícil de explicar, una mera sensación. En Tahrir había una cuenta atrás para el plazo que los generales le habían dado a Morsi. Lo que vi me recordó a Times Square en Nueva York el día de nochevieja. Una cuenta atrás hacia una hilaridad que dura minutos. A la mañana siguiente, el año empieza de nuevo, vuelve la normalidad. El problema es saber qué será esa normalidad para Egipto. ¿La democracia, o los golpes contra aquellos que no cumplen con las expectativas de la mayoría en un año?

Hay 3 Comentarios

Ya sabemos que la mayoría de los países de Occidente están en contra de la movilización del ejercito, y anular la ley islámica que se estaba asentando en Egipto.
Pero la salida del ejercito a las calles es porque una gran mayoría del pueblo lo ha querido, y se lo ha echo saber al ejercito, ya que el país estaba en las puertas de la ruina total y, con un vandalismo y asesinatos hacia los cristianos ortodoxos, más las violaciones por parte de los radicales a las mujeres cristianas y extranjeras, que hasta los laicos se han unido a los cristianos, para pedir al ejercito que salga a poner orden, cómo es verdad que ha muerto un Ser. tirando una fotografía a un militar ¿ Pero cuantos periodistas han muerto en las Guerras? ¿Y en manifestaciones?
Toda la Primavera Árabe ha sido un fracaso total por parte de Occidente, pero ningún país lo va a reconocer. Yo más bien la llamaría la Primavera del oro negro, que es cómo ha salido, países divididos de por vida por culpa de Occidente por quedarse con el petróleo, porque las intenciones han seguido hasta llegar a Siria, pero de momento esta estancada la conquista, ya que más de un 80% esta con el presidente legitimo, porque le prefieren antes que a los talibanes y terroristas apoyados por Occidente.

Los golpes de estado dado por los militares, que son los que tienenlas armas y el poder de matar, siempre seran golpes de estado, Ademas habian ganado en las urnas. Pues que gobiernen hasta que pierdan las elecciones.

mira ,en primer lugar queremos confirmar algo muy importante ,lo que pasó en Egipto no se trata de un golpe de estado es la voluntad del pueblo es el golpe del pueblo ,cuando sale mas de 33 millones pues tienes que corregirlo ..

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Sobre el autor

(Valencia, 1978) es corresponsal de El País en Oriente Próximo desde 2013. Previamente, durante seis años, trabajó en la delegación del diario en Washington. Fue corresponsal en el Departamento de Estado y en el Pentágono, y cubrió la guerra de Afganistán, los juicios en Guantánamo y las campañas presidenciales republicanas de 2008 y 2012. En 2006 recibió una beca Fulbright para periodistas, y se especializó en Relaciones Internacionales y el Conflicto Árabe-Israelí. En este blog atenderá también a las consultas, dudas y quejas de los lectores. Pueden contactar con el autor a través de Twitter o Eskup.

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