David Alandete

Sobre el autor

(Valencia, 1978) es corresponsal de El País en Oriente Próximo desde 2013. Previamente, durante seis años, trabajó en la delegación del diario en Washington. Fue corresponsal en el Departamento de Estado y en el Pentágono, y cubrió la guerra de Afganistán, los juicios en Guantánamo y las campañas presidenciales republicanas de 2008 y 2012. En 2006 recibió una beca Fulbright para periodistas, y se especializó en Relaciones Internacionales y el Conflicto Árabe-Israelí. En este blog atenderá también a las consultas, dudas y quejas de los lectores. Pueden contactar con el autor a través de Twitter o Eskup.

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Días duros para la prensa en Egipto

Por: | 21 de agosto de 2013

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Pistolas fuera en una manifestación en El Cairo / Foto: Reuters

 

Las condiciones no pueden ser peores para la prensa en el Egipto de después del golpe. Por un lado, el grueso de la población, los partidarios de la expulsión de Mohamed Morsi y los islamistas del poder, recelan de la prensa extranjera y nos acusan a los corresponsales y enviados especiales de mentir y manipular, de haber comprado la versión islamista sin escuchar la voluntad del pueblo. Nos exigen que al golpe le llamemos “revolución” o “expresión de la soberanía popular”, y que escuchemos sólo a la mayoría.

Por otra parte, los Hermanos Musulmanes, hasta hoy recelosos de los medios y de mostrar sus resortes internos, tratan de atraerse a los reporteros con discursos repletos de palabras que suenan muy bien en occidente, como “democracia”, “libertad”, “representatividad” o “legitimidad”,  tratando de sepultar los excesos del gobierno de Morsi bajo el peso de las urnas de las pasadas elecciones, y desligándose de los ataques islamistas contra iglesias, sitios arqueológicos y comisarías de policía.

En ambos bandos hay cada vez más animadversión hacia los medios. El lunes, en la morgue de Zeinhom, en El Cairo, donde se amontonan cientos de cadáveres a la espera que los forenses certifiquen la causa de defunción, la madre de uno de los islamistas fallecidos nos exigía a los reporteros que nos marcháramos. “Los cuerpos de nuestros hijos se han convertido en un espectáculo para el resto del mundo”, decía, enlutada y dolorida, exigiendo un respeto a su dignidad.

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