David Alandete

Una deuda sin saldar

Por: | 11 de diciembre de 2013

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Netanyahu en Italia / AP

Parecía no faltar nadie en Sudáfrica en la despedida de Nelson Mandela, un líder al que han llorado las ovejas y los lobos. Obama, Castro, Roussef, Karzai, Cameron. Estaban todos. O casi. Israel no envió ni al presidente ni al primer ministro. En su lugar acudió Yuri Edelstein, el presidente del parlamento. A otros les dejaré analizar qué supone enviar a un colono, que vive en Neve Daniel, un asentamiento en Cisjordania, al funeral de Estado de un hombre que en vida fue enormemente crítico con lo ocupación israelí de los territorios palestinos. Lo importante son las ausencias. Simón Peres quiso acudir pero a su formidable fuerza de voluntad le pudo una gripe. Caso aparte es Benjamín Netanyahu, que tenía la responsabilidad de acudir pero que decidió quedarse en casa por los costes que supondría el viaje, más de un millón de euros.

En un momento en que todo se puso entre paréntesis para despedir a Mandela, cuando incluso fue posible que los presidentes de Estados Unidos y Cuba se dieran la mano, Israel quedó arrinconado en su propia confusión. Netanyahu gastó grandes energías en intentar boicotear un acuerdo de las grandes potencias mundiales con Irán. Esta semana le ha puesto la zancadilla al jefe de la diplomacia norteamericana, John Kerry, respondiendo a unas declaraciones esperanzadoras de este sobre el proceso de paz con una sucinta negación: “Los israelíes y los palestinos no estamos cerca de alcanzar un acuerdo”. Y ahora esta ausencia diplomática, puesta de relieve por el error del maestro de ceremonias, que en el estadio de Johanesburgo donde se honraba a Mandela leyó los nombres de Peres y Netanyahu como si estuvieran allí presentes.

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Las razones de Netanyahu

Por: | 25 de noviembre de 2013

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Netanyahu el domingo en Jerusalén / Reuters

Tantos meses alertando en todo el mundo sobre la inminente llegada del lobo para nada: finalmente el lobo, avezado negociador, se sentó en la mesa a dialogar como uno más. No cabe duda de que Benjamín Netanyahu se ha creído  su papel. Tiene la certeza de que si el nuevo acuerdo provisional de las potencias mundiales con Irán se convierte en definitivo sin contemplar una prohibición de enriquecer uranio, la existencia misma de Israel pasará a depender de lo que decidan los ayatolás en Irán. Su angustia y su enfado son patentes. Y no está solo. Sus reservas las comparte la amplia mayoría del espectro político de Israel, salvo contadas excepciones como el presidente Simón Peres, que vuelve a acometer una discreta labor de oposición interna.

El problema, para Israel, es que se le haya dado credibilidad a Irán y a sus nuevos líderes políticos. Para Netanyahu éstos sólo son nuevos actores en un drama que se representa en las mismas tablas desde hace tres décadas, cuando la revolución islámica llevó al poder a unos ayatolás poco dados a la diplomacia. El miércoles, sin ir más lejos, el líder supremo Alí Jamenei llamó a Israel “perro rabioso”. En todo el mundo la solución común a la rabia canina es la misma. De entre lo más florido de su retórica, esa comparación es de las más comedidas. “La luz de la esperanza volverá a brillar en Palestina y esta tierra islámica volverá a ser una nación palestina… la falsa entidad sionista desaparecerá de la faz de la geografía terrestre”, dijo el año pasado.

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Impresiones de Gaza

Por: | 12 de noviembre de 2013

Necesitaría uno cientos de páginas para detallar las impresiones que producen las escenas de la vida cotidiana en Gaza. La Franja es una océano de cemento, donde el ingenio compite constantemente con el racionamiento y la escasez de bienes esenciales. El sufrimiento es parte de la vida cotidiana y los sueños perviven a duras penas. He pensado que, tras mi último viaje, es adecuado reflejar también lo que he visto con unas cuantas fotos tomadas con mi pequeña cámara de viaje. 

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Glosario / 1

Por: | 30 de octubre de 2013

 

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Maale Adumim / Foto: Bernat Amangue AP

 

Tan cargadas están las palabras que un grupo de periodistas que cubren el conflicto entre israelíes y palestinos ha elaborado una guía, publicada por la organización International Press Institute, en la que aconseja qué términos evitar. La mayoría eran de esperar, como mártir, muro de Apartheid, Judea y Samaria o capital unificada de Israel. Hace tiempo que quiero recoger en una entrada de este blog las quejas y mensajes de los lectores. Y muchos expresan su frustración o enfado con el uso más o menos común de ciertos vocablos. Iré recogiendo los más importantes en esta y otras entradas futuras, con mis consideraciones.


1.- Golpe
Me escribía a mi correo una lectora que se identificaba como española, egipcia y amante de la libertad, estas palabras: “Durante tu repugnante cobertura de la última revolución egipcia te empeñaste en llamarlo golpe de estado, sin atender al sentir mayoritario de la población”. Dos consideraciones. Primera, de la Real Academia: Golpe ~ de Estado. “1. m. Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado se apodera o intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes”. Segunda, mía: en Egipto tal vez vi un sentir mayoritario, pero no unánime.

 

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“Perdón por esta guerra”

Por: | 26 de septiembre de 2013

Damasco, este jueves / Foto: D. A.

El camino a Damasco tiene hoy nueve puestos de control militar. La forma segura, la única de llegar a la asediada capital siria, es desde Beirut, una carretera de 110 kilómetros que, tras el fértil valle de la Bekaa, se adentra en una guerra con los secarrales del desierto de decorado. El coche avanza cuatro kilómetros en tierra de nadie, tras la frontera libanesa y antes de llegar oficialmente a suelo sirio. Finalmente, un desangelado edificio oficial recibe al visitante, con grandes retratos del presidente Bachar el Asad y su padre. La mitad de las ventanillas de inmigración está cerrada. Sobre una de las que funcionan, se lee “Turistas”, sin ironía. Pocas colas hay que hacer. Muchos sirios han huido a Líbano por la guerra. Casi ninguno quiere volver.

Luego, las tiendas fronterizas, libres de impuestos en las laderas, cerradas. Algunos restaurantes, cerrados. Comercios de electrodomésticos y muebles, antes abiertos a los viajeros que venían de Beirut, cerrados. Consecuencias de la guerra.

Los puestos de control con barricadas son variados. En algunos los soldados inspeccionan minuciosamente los pasaportes. En otros, saludan sin mirar. En un pequeño promontorio, se divisa una cúpula, el palacio de los monarcas de Catar, construido para la jequesa Mozah. Dicen los sirios que, después de que comenzara la guerra, el jeque retirado Hamad hizo construir un muro de protección alrededor de la vivienda, para protegerla de los ataques. Más le vale, después de todo el armamento que le ha ofrecido a los opositores que luchan por acabar con el gobierno de la familia El Asad.

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Yom Kipur, 40 años después

Por: | 14 de septiembre de 2013

Yom Kipur, 1973
Golda Meir y Moshe Dayan / Gobierno de Israel

 

- “Y, ¿por qué cerrar todo el país, incluso los accesos a Cisjordania? ¿Hasta el espacio aéreo?”.

- “¿Tal vez porque tuvimos una guerra y nos atacaron en este día sagrado?”.

Yom Kipur, día de la expiación, en Jerusalén. Tuve este viernes esta conversación con una conocida israelí mientras bajábamos la calle del rey Jorge, mientras el sol iniciaba su descenso y los judíos de Israel se retiraban a sus hogares, para iniciar un día de rezo y ayuno. Esta conocida no observa el sabbat ni come únicamente en lugares kosher. Es una judía secular, pero Yom Kipur es, para ella, como para la inmensa mayoría de israelíes, el día de arrepentimiento ineludible, en el que hay que ajustar cuentas con uno mismo y con dios. Es un día como pocos otros para reforzar el sentimiento de comunidad judía. Por eso me resultó chocante que su argumento para explicarme la paralización de todo el país fuera una guerra de 1973.

Desde aquel año, el Yom Kipur, y aquella guerra, les recuerda algo a los israelíes: que aquí están solos y no se pueden confiar. Muchos diarios israelíes publicaban hoy titulares e imágenes que bien podrían ser de 1973. Haaretz, sobre una foto de Golda Meir, dice que documentos de la época “revelan los errores y aprensiones de Golda”, fallecida hace 35 años. El analista Amos Harel opina que, por fin, “la sombra que la guerra de 1973 proyectó sobre la cúpula militar comienza a disiparse”. Comienza, 40 años después. La revista del Jerusalem Post dice que la del Yom Kipur fue “una guerra de supervivencia”.

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Días duros para la prensa en Egipto

Por: | 21 de agosto de 2013

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Pistolas fuera en una manifestación en El Cairo / Foto: Reuters

 

Las condiciones no pueden ser peores para la prensa en el Egipto de después del golpe. Por un lado, el grueso de la población, los partidarios de la expulsión de Mohamed Morsi y los islamistas del poder, recelan de la prensa extranjera y nos acusan a los corresponsales y enviados especiales de mentir y manipular, de haber comprado la versión islamista sin escuchar la voluntad del pueblo. Nos exigen que al golpe le llamemos “revolución” o “expresión de la soberanía popular”, y que escuchemos sólo a la mayoría.

Por otra parte, los Hermanos Musulmanes, hasta hoy recelosos de los medios y de mostrar sus resortes internos, tratan de atraerse a los reporteros con discursos repletos de palabras que suenan muy bien en occidente, como “democracia”, “libertad”, “representatividad” o “legitimidad”,  tratando de sepultar los excesos del gobierno de Morsi bajo el peso de las urnas de las pasadas elecciones, y desligándose de los ataques islamistas contra iglesias, sitios arqueológicos y comisarías de policía.

En ambos bandos hay cada vez más animadversión hacia los medios. El lunes, en la morgue de Zeinhom, en El Cairo, donde se amontonan cientos de cadáveres a la espera que los forenses certifiquen la causa de defunción, la madre de uno de los islamistas fallecidos nos exigía a los reporteros que nos marcháramos. “Los cuerpos de nuestros hijos se han convertido en un espectáculo para el resto del mundo”, decía, enlutada y dolorida, exigiendo un respeto a su dignidad.

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Ahmed, uno más

Por: | 18 de julio de 2013

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Ahmed en una foto de Facebook

Cuando me lo contaron, pensé que debía ser una exageración, una anécdota embellecida para demostrar la heroicidad de los manifestantes y los pocos escrúpulos de los soldados. Algo similar a una foto que me habían enseñado ese día en el campamento de los Hermanos Musulmanes, que mostraba un cadáver al que se le había añadido, claramente por ordenador, un dedo apuntando hacia el cielo, símbolo de la unión con dios. Así que cuando me dijeron que Ahmed Samir Assem, de 26 años, había grabado en vídeo su propia muerte no indagué más en la noticia, ocupado en otras cosas.

Mi compañero Ricard González escribió en EL PAÍS una crónica en la que contó las circunstancias de la muerte y algo de la vida de Assem, tras hablar con un buen amigo suyo. “En los dos últimos segundos de grabación, hay un zoom sobre uno de los uniformados, que apunta a la cámara y dispara. Así murió, con la cámara y grabando a su asesino el fotógrafo Ahmed Samir Assem”, escribió Ricard. “De 26 años de edad, Ahmed trabajaba de fotógrafo para el periódico Hurriya-ual adala, vinculado al Partido de la Libertad y la Justicia, el brazo político de la Hermandad, del que era militante”.

Vi la foto de Assem, y no reconocí su cara. Afeitado, pulcramente peinado, con gafas. Al día siguiente volví con unos colegas de profesión a la mezquita de Raba al Adauiya, donde han acampado los islamistas en El Cairo. Nuestro primer contacto con el centro de prensa que hay montado allí había sido con un joven llamado Ahmed, nuevo miembro de los Hermanos Musulmanes, extremadamente amable y dispuesto a hablar de la organización, de su estructura, de sus órganos de gobierno. Me había sorprendido su franqueza y, como estaba trabajando en un reportaje sobre la cofradía, decidí llamarle para volverle a entrevistar.

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Golpe con cuenta atrás

Por: | 09 de julio de 2013

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Ataque con gas lacrimógeno / Foto: AFP

El otro día, a nuestro lado, mataron a un hombre. Fue un disparo en la cabeza, según supimos luego. Entre el humo, la gente huyendo y la confusión y el miedo, sólo vimos su cuerpo caer, desplomado al suelo. El Ejército había lanzado botes de un gas lacrimógeno como yo no había inhalado nunca. Lo que provocaba no era irritación, sino una intensa quemazón en los ojos, la nariz, la boca y, por alguna extraña razón, la nuca. En aquel momento los dos colegas de profesión con los que me encontraba y yo temíamos ahogarnos de asfixia. Lo mismo sentían los cientos de personas que nos rodeaban, que huían, vencidas las ganas de manifestarse contra la detención de Mohamed Morsi en el cuartel de la Guardia Republicana, donde nos hallábamos.

Uno piensa ahora en lo del gas lacrimógeno y se da cuenta de la nimiedad que es, a pesar de que las fuerzas armadas egipcias empleen un tipo químico prohibido en muchas partes del mundo. Sobre todo porque en aquella concentración murieron al menos tres personas, según un portavoz de los Hermanos Musulmanes. A un compañero de la BBC le alcanzaron perdigonazos en la cabeza y la pierna. Nosotros nos refugiamos en un soportal y luego huimos por un lateral, avanzando como pudimos por un jardín reseco, mientras oíamos el ruido de los botes de gas lacrimógeno cayendo como un bombardeo en el suelo, y el gas alzándose sobre cientos de cabezas.

De fondo sonaban algunos tiros, yo pensé, equivocadamente, que al aire. Luego este vídeo que difundieron los Hermanos Musulmanes nos mostró lo que vimos de mala forma, desde otra perspectiva. Fue un tiro, al parecer, en la cabeza.

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Recuerdos y olvidos de Tahrir

Por: | 02 de julio de 2013

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Helicópteros militares sobrevuelan Tahrir / Foto: Reuters

Esta es una revolución que se está fraguando con banderas nacionales, vuvuzelas, tarjetas rojas, láseres y fuegos artificiales. Parece, a pie de calle, más una fiesta que una revuelta. Cuando cae el sol, decenas de miles de opositores acuden a Tahrir y la plaza estalla en gritos y cánticos. El más común, y más empleado, es el de “erhan”, “vete” en árabe. La práctica más repetida es sacar con una mano una tarjeta roja al aire, dirigida simbólicamente a Mohamed Morsi, a quien estos opositores le envían el mensaje de que se le ha acabado el juego y es hora de marcharse.

Sobre las cabezas se ve avanzar, al ritmo de los cánticos y la música, muñecos con forma de borrego. Es un insulto, dirigido a Morsi y los Hermanos Musulmanes. “Son literalmente borregos, que siguen al que les lleva sin pensar en ello”, me decía ayer Sami, manifestante de 26 años acampado en Tahrir, que levantaba su peluche al aire mientras mientras fingía darle de comer una mazorca. Un artista esculpe figuras de escayola en una de las tiendas de campaña en la plaza. Hay borregos, claro. Y hay también una efigie del presidente con cuernos y cara de demonio.

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Sobre el autor

(Valencia, 1978) es corresponsal de El País en Oriente Próximo desde 2013. Previamente, durante seis años, trabajó en la delegación del diario en Washington. Fue corresponsal en el Departamento de Estado y en el Pentágono, y cubrió la guerra de Afganistán, los juicios en Guantánamo y las campañas presidenciales republicanas de 2008 y 2012. En 2006 recibió una beca Fulbright para periodistas, y se especializó en Relaciones Internacionales y el Conflicto Árabe-Israelí. En este blog atenderá también a las consultas, dudas y quejas de los lectores. Pueden contactar con el autor a través de Twitter o Eskup.

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