Cembrero

Los islotes españoles para Marruecos a cambio de una frontera civilizada para Ceuta y Melilla

Por: | 12 de septiembre de 2012

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España debería de estar interesada en entregar a su vecino las rocas volcánicas que posee a lo largo de la costa marroquí, pero como contrapartida tendría que lograr un saneamiento de la relación entre esas dos ciudades y su entorno marroquí.

Desde hace varias decenas de años España sabía que los islotes que posee a lo largo de la costa mediterránea de Marruecos carecían ya de valor estratégico. Sabe además desde este verano que son vulnerables.

HelicoMarruecos

   A principios de mayo las primeras pateras atestadas de inmigrantes surcaron las aguas del archipiélago de Chafarinas, a 50 kilómetros al este de Melilla, y a mediados de agosto otros subsaharianos, llegados en barcazas o a nado, desembarcaron en el archipiélago de Alhucemas, a 90 kilómetros al oeste de Melilla y a un tiro de piedra de la costa marroquí. Es más, a finales de ese mes un puñado de nacionalistas marroquíes entraron corriendo en el Peñón de Vélez de la Gomera para plantar allí la bandera del reino alauí.

   Ante una oleada de inmigrantes o una marcha de nacionalistas marroquíes esos antiguos presidios son indefendibles por el Ejército español, que mantiene allí a pequeñas guarniciones, o incluso por la Guardia Civil, más apta a luchar contra la inmigración irregular. El ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, quería enviar allí a los guardias, pero una protesta marroquí le hizo renunciar a ello. Fue una primera cesión de soberanía.

   Estas rocas volcánicas están a la merced de los cambios de humor de las autoridades marroquíes que pueden mirar para otro lado cuando los inmigrantes irregulares tratan de alcanzarlas. Si Marruecos ha echado el resto para hacer fracasar el grueso de los asaltos de inmigrantes subsaharianos en Melilla, en Alhucemas ha sido, en cambio, negligente.

   Algunos en España sospechan, sin brindar la menor prueba, que Rabat dejó aposta que surgiera un problema migratorio para ayudar después a Madrid a resolverlo y presentar la factura en la próxima cumbre bilateral prevista para octubre. Recuerdan que el rey Mohamed VI ya chinchó al Gobierno conservador español, en julio de 2002, al enviar a un puñado de mokhazni (agentes de las fuerzas auxiliares) a tomar posesión del islote de Perejil, al que los marroquíes llaman Leila o Tourah, y que está cerca de Ceuta. Se quedaron allí seis días antes de ser desalojados por los boinas verdes españoles.

   Hubo un tiempo en el que los viajeros españoles podían recorrer esos islotes, pero hace ya muchos años que no es así a pesar de la belleza del paraje. Es además imposible hacer allí una inversión turística para edificar, por ejemplo, un hotel. Esas rocas volcánicas están, por último, en un limbo jurídico como lo subraya el profesor de derecho internacional público Alejandro del Valle. No pertenecen a ninguna autonomía, a ninguna provincia de España. Solo tienen hoy en día un pequeño valor sentimental para los que hicieron allí la mili.

   ¿Por qué no entonces deshacerse de ellas y entregarlas a Marruecos para ahorrar un poco, en tiempos de crisis, retirando a los soldados, y para suprimir un elemento de fricción con el vecino que las reivindica? Esta idea ya fue examinada por los gobiernos españoles en el siglo XVIII y XIX como acaba de recordarlo en EL PAÍS María Rosa de Madariaga, especialista de la historia de las relaciones entre España y Marruecos. En el siglo XX el general Franco también se lo planteó cuando entregó Ifni a Marruecos en 1969. Veinte años después Narcis Serra, entonces ministro de Defensa, se disponía a formular una propuesta en el mismo sentido cuando surgió un desencuentro, uno de tantos, con Rabat y renunció a haberlo.

   Incluso en el núcleo íntimo de los colaboradores de José María Aznar, el presidente español que expulsó manu militari a los marroquíes de Perejil, algunos eran en el fondo partidarios de regalar a Marruecos esos islotes tan latosos. Si no lo hicieron, me explicaron una vez cerrado el incidente de Perejil, fue para no crear un precedente, para que Rabat no se imaginase que se trataba de un primer paso antes de que España le entregue Ceuta y Melilla.

   Ambas ciudades son españolas no tanto porque España se instaló allí hace más de cinco siglos sino porque la gran mayoría de sus 160.000 habitantes quiere ser española. Lo quiere por un  montón de razones, porqué el disfrute de un pasaporte europeo facilita los viajes o emigrar a Europa, o porque viven en democracia. Los partidos políticos musulmanes, que en Ceuta y Melilla están en la oposición, no preconizan la incorporación a Marruecos. Hubo un tiempo en que pequeñas formaciones políticas locales pidieron la “descolonización” de ambas ciudades. Solo cosecharon algunos cientos de votos antes de desaparecer. Si un día resurgiesen y ganasen las elecciones sería difícil que el Gobierno español hiciese oídos sordos a su reivindicación.

   Estos argumentos sobre la opción pro española de los vecinos de ambas ciudades obligan a Madrid a extraer una conclusión dolorosa a propósito de Gibraltar. Mientras los llanitos, como se llama a veces popularmente a los habitantes de la Roca, no quieran ser españoles seguirán siendo británicos.

   ¿Qué se puede pedir a Marruecos a cambio de los islotes? Una normalización de la relación entre Ceuta y Melilla y su entorno marroquí, su inserción en el tejido económico del norte de Marruecos que ahora se encauza, casi exclusivamente, a través del contrabando. Supone, según las estimaciones oficiosas españolas, mil millones de euros al año de exportaciones, cerca de 1.500, según la aduana marroquí.

   Sanear la relación entre ambas ciudades y su entorno significa primero que las fronteras terrestres, las más transitadas de África, puedan ser atravesadas rápidamente y no se tarde unas tres horas como sucedió en Melilla este verano. Ambas fronteras son una vergüenza para nuestros dos países, pero más aún para Marruecos. Sus primeras víctimas son los inmigrantes marroquíes que regresan a su país de vacaciones o las porteadoras marroquíes que a duras penas sobreviven gracias al contrabando. Cargadas con sus pesados fardos, apelmazadas en los pasillos transfronterizos, golpeadas por los mokhazni, resultan, a veces, heridas y hasta alguna ha muerto por aplastamiento.

   Sanear la relación también quiere decir que Ceuta pueda disponer de una frontera comercial, de la que sí goza Melilla porque en su día lo solicitó Rabat, para que exporte e importar legalmente mercancías de Marruecos. Rabat se queja, con razón, del cierre de la frontera argelina desde 1994, y sin embargo mantiene parcialmente cerrada su frontera con Ceuta, en definitiva con un pedazo de Europa.

   No es además de recibo que las autoridades marroquíes estudien la construcción de un nuevo aeropuerto para Tánger/Tetuán sin tomar en cuenta a la vecina Ceuta. Francia, Alemania y Suiza explotan en común el aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo. Suiza no es ni siquiera miembro de la Unión Europea. Es así como se practica la cooperación transfronteriza en Europa y de la misma manera debería hacerse en el norte de áfrica.

   Hubo un tiempo, hasta 1958, en el que el ferrocarril enlazaba Tetuán con Ceuta y en el que de esta ciudad salían autobuses para todo el norte de Marruecos. Hasta 1969 Melilla compartía su aeropuerto con Nador. Al desembarcar los pasajeros podían optar entre dirigirse hacia Marruecos o España. Hay que resucitar todo aquello y plasmarlo en un acuerdo escrito. Todos sacarán provecho de ello.

   ¿Aceptará Mohamed VI lo que algunos considerarán en Marruecos como una recuperación parcial, incompleta, de los territorios que “ocupa” España? Probablemente. Su abuelo, Mohamed V, es el artífice de la independencia del país y, poco después, de la conquista de Tarfaya. Su padre, Hassan II, amplió los límites del reino absorbiendo Ifni, el Sáhara. Él es el único rey que no ha arrebatado un solo pedazo de tierra. Lo intentó en Perejil, pero fracasó. Los islotes españoles le brindan una oportunidad de continuar la tradición dinástica cuando las turbulencias económicas y sociales se ciernen sobre Marruecos.

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Pero yo voy a la cuestión de Aragón-Cataluña, que hay mucho de esto.
Diego José Dormer, en su "Discursos historicos-politicos : sobre lo que se ofrece tratar en la Iunta de los Ilustrissimos quatro Braços del Reyno de Aragon, de los eclesiasticos, nobles, cavalleros e hidalgos y de las universidades que el Rey ..", 1684, nos habla de la necesidad habida en Aragón, de tener un Puerto de Mar, y del acto de comisión de Junta para ello, y lo detalla así, en reproducción: “Su Magestad, y en fu leal nombre el Excelentifsimo Don Pedro Antonio de Aragón, de voluntad de ella Corte, y quatro Brazos de ella, eftatuye, y ordena, que para la confecucion del Puerto de Mar que defea efte Reyno fe agregue â êl, fe cometa la difpoficion à la Iunta de los Diputados, y Perfonas nombradas por los quatro Brazos, que queda formada para el Real Servicio, y Comercio y que la dicha Iunta refuelva lo q̃ considere más conveniente para beneficio del Reyno, afsi refpeto de fi importarà mas tener el puerto de Vinaroz, Venicarlô, ô otra parte, como refpeto de la recompenfa que fe le va hazer al Reyno de Valencia, y las condiciones, modos, y pactos que fueren neceffarios, con todo lo anexo, conexo, y dependiente, y que juzgaren neceffario para el vltimo logro de materia tan beneficiofa al Reyno; y que la refolucion aya de fer por la mayor parte de los de dicha Iunta, con que aya uno de cada Brazo, y un Brazo entero, afsi de los nombrados, como de los Diputados. Y en cafo que no fe pudiere concluir dicha materia en los feis años, para cuyo tiempo fe ha formado la dicha Iunta de Comercio, fe dà facultad a la Iunta de Brazos, que fe ha de formar defpues de los dichos feis años , para que pueda refolver efta mifma materia ; y fino la pudieren concluir en fu tiempo, pueda tambien formar Iunta para que fe le dê providencia para que en adelante fe pueda concluir;y todo lo que huviere refuelto cada Iunta en fu cafo,fe deva executar enteramente à expensas del Reyno” (“Acto de Corte de 1678. Comifion a la Iunta para el Puerto de Mar”, “Discvrso septimo. Sobre la conveniencia del Reyno en qve se le agregve Puerto de Mar”, fol. 153-154)..

Los ingleses hablan de que si Españ deja a Ceuta y Melilla ellos dejarían a Gibraltar, pero eso es la ocurrencia de alguien que sabe que España tiene por territorio propio a Ceuta y Melilla, y ellos, con esta absurda comparación pretenden quedarse en Gibraltar. Esa colonia y dos ciuidades españolas no tienen comparación, como no sea la visual, la de que son unas pequeñas partes rodeadas de otro pais, mayor. Pero son cosa distintas.

He terminado. Estoy de acuerdo en eso que he leído. No he puesto las comillas a los últimos extractos, pero es todo de Augusto Vivero.
Cajal cometió el error de creer que si nosotros abandonásemo a lo loco, sin pensar en absoluto, nada, los ingleses se volverían locos, también, y nos iban a hacer el regalo de Giblaltar.
Veo en él una idea que es buena: su deseo de un Gibralatr de España, pero su desprecio a Ceuta y su amor a Marruecos, eso yo no le veo bien.
El tema Marruecos a Inglaterra no le importa. Lo que hagamos con ese tercer país, que no tiene que ver en esto, realmente eso no le improta.
Ha querido ver algo moral, asimsimo: es decir, si nosotros quitamos nuestras colonias, Inglaterra se felicitará, dado que es una nación deseosa de abandonar su colonias, y se unirá a nuestro gesto. Todo esto es demasiado poco razonanable.
Para empezar, Ceuta y Melilal no son colonias, sino tierras españolas. Y en segundo lugar, que el tema de Inglaterra no está vinculado a esas ciudades del nore de África.
No sé cómo pueden ver esa relación.
Cajal se deja llevar por frases hechas de Collantes, o de Piniés, y debería pensar por sí propio, pues la gente dice cosas en una época, y por unas razones, y hoy las cosas se deberían ver de acuerdo a lo que hoy es.
Marruecos es un pais ajeno, no es que vayamos a mentir, diciendo que Ceuta es de Marruecos, y los descolonizamos, y, de esta manera, los ingleses descolonizan a Gibraltar.
No podemos engañar a nadie: Ceuta es una ciudad de España, y Marruecos es un país ajeno, un país muy enemistoso con Ceuta en su historia, pero un país, sí, es cierto, que ha pretendido esa ciudad, y la ha conquistado en varias ocasiones, si entendemos Marreucos, como Imperio Almorávide, o el almohade... o benimeriní.
En España había un país, y se reconquistó, se incluye a Ceuta y Melilla, pero ¿Marruecos? El reino idrisí abarcaba muy poco de lo que sería el reino de Fez, pero despareció... quedó en nada, y llegaron los almorávides; parece que es otra cosa.
Hubo uns rebelión de los almohades, y sea dueñan del país.
Los almohades sí eran de la zona marroquí. Esas tribus bereberes podrían ser llamadas marroquíes, que establecen un estado, luego cambiado, por conquista y rebelión, de los benimerines.
Yo no he tendio reparo en decir que los almorávides pudieron ser constructores de ese Marruecos, es mi tesis, pero debemos saber que antes de eso, España ya existía, y si tardó 8 siglos en recuperar Melilla y Ceuta (Portugal) fue porque las circunstancias de la gurra la hicieron lenta.

¿Que es ilusorio empeño el de esperar la restitución pura y simple del macizo gibraltareño? Tal vez no. La razón se abre paso á la larga, cuando va del bracero con la conveniencia.
Hoy ven los grandes, los poderosos, que en lo internacional no existen valores nulos. Así se corteja incluso á los pequeños Estados balcánicos, y se sabe que en tanto no se repare la injusticia que supone el desposeer á España de un pedazo del territorio patrio, mientras no retorne el Peñón á poder de sus legítimos dueños, en forma que deje á salvo el prestigio británico y los intereses mediterráneos de Inglaterra, siempre sangrará una herida de amor propio en el corazón de todos los españoles, siempre habrá un testimonio contra el respeto británico hacia los pueblos débiles....... El Reino Unido lo ha fundado todo sobre la fuerza, como se fundan los imperios, Pero, acaso después de esta lucha no les baste su fuerza á los poderosos, porque los pueblos que no lo son han comprendido que su existencia peligra en el apartamiento mutuo........ Y por ello, los grandes serán también más razonables en lo futuro. El ejemplo de Bélgica denota que no hay enemigo pequeño, y que, aun al través de las edades, se renueva la fábula del clavo de la herradura de aquel caballo, por el cual se perdió una batalla. (Íbidem, páginas 101-102).
Final

No podemos, pues, mostrarnos conformes con el señor Primo de Rivera. Piénsese en Gibraltar, que es español, pero piénsese asimismo en Tánger, que debe serlo, y en Ceuta, que no puede perder su carácter español. Desentendiéndonos de la legítima aspiración nacional conducente
á que no haya en nuestra zona marroquí un foco intangible de rebeldía, una base de aprovisionamiento para las jarcas del Yebel, se contribuye á dilatar más la guerra y á que se eternicen los procedimientos de taumaturgia colonista que infunden periódicamente nueva vitalidad al guerrerismo de las cabilas que nos combaten. ¿Evitaríamos eso si al cabo nos fuera restituido el Peñón? No. Los dos problemas son diversos. El de Gibraltar, descansa en razones de dignidad; para nada se le entremezclan pensamientos de conveniencia, con vistas al dominio del Estrecho. El problema de Tánger estriba, sobre todo, en móviles utilitarios, los que quedan expuestos. ¿Qué tienen, pues, de común entrambas cuestiones? Y de lo de Ceuta no hablemos. Tan español es ese pedazo de tierra africana, regado por sangre española, como el que nos arrebataron el almirante Rook y el príncipe de Hesse-Darmstad. Y luego, que ya nos daña Tánger lo bastante para que abramos otro portillo á complicaciones constantes y á riesgos continuos. No. Nada de ajenas enclaves en el Norte marroquí. Fuera suicida decidirse por tan irreparable yerro, y es suicida no salirse al paso desde ahora, sobre todo, cuando lo patrocina hombre de los merecimientos del general Primo de Rivera.

No debe ni puede cambiarse Ceuta por el Peñón. No debe ni puede renunciarse por él á Tánger. Para aquello, y para esto, España ha de atenerse á la famosa y justa frase de Maura: «Desde el Muluya á Larache no debe habar un grano de arena que no sea español.» Esa, y no otra debe ser la aspiración hispana, acaso más próxima al logro de lo que muchos piensan. Asi, pues, volvamos á poner las cosas en su sitio. Restitución de Gibraltar, sin cambalaches, porque legítimamente es nuestro y á nosotros ha de volver, tarde ó temprano. Incorporación de Tánger y su hinterland á la zona española, pues, aparte de otros derechos más antiguos, hay el de la sangre que nos ha costado desde 1913 con sus suministros de dinero, armas y municiones á los yeblíes. Y, digámoslo claro: si alguna de entrambas cosas urge, es lo de Tánger. Ello se comprueba con sólo hacer el cómputo del número de existencias y de millones que ha ido absorbiendo Yebala desde que el Tratado franco-español deshizo ilusiones del colonismo galo, aspirante eterno á que en todo el Norte de África no flote más bandera que la tricolor......... (Ibídem, 100-101).

"Porque darle Ceuta á Inglaterra, ó á cualquiera otra
gran potencia, sería darle de hecho toda la parte Norte de
Marruecos, hacerla eficazmente dueña del Estrecho, proporcionarle, en suma, el dominio práctico del Mediterráneo. ¿Puede convenirle á España cualquiera de tales eventualidades? El general Primo de Rivera se ha anticipado á las objeciones pidiendo que España abandone á Marruecos; mas, aparte de que tal renuncia sería prácticamente imposible por numerosas razones de índole nacional ó internacional, ¿cómo se defendería con argumentos atendibles la conveniencia de encerrarnos para siempre en nuestra concha, siguiendo en orden al Mediterráneo la política más opuesta á nuestros intereses? ¡Abandonar á Marruecos! Antes de un quinquenio. Levante y Andalucía, desposeídas de sus mercados de aceites, frutas y vinos, por los aceites, frutas y vinos del Norte-marroquí, execrarían la memoria del gobernante que tal hiciese....
No; no debe abandonarse á Marruecos, sino reivindicar para nuestra zona límites más justos y razonables, y sobre todo, demandar la posesión de Tánger, enclave que nos es precisa de todo punto y á la que el general Primo de Rivera nos pide renunciemos por modo absoluto. Gibraltar, con ser tanto para los españoles, no es lo bastante para compensarnos de la serie de renuncias morales y materiales que implicaría el abandono de Ceuta y de nuestros derechos indiscutibles sobre Tánger. |Qué más podría apetecer Inglaterra? Ningún triunfo de su política continental se igualaría á ese. Por mucho que haya ambicionado, eso le colmaría las medidas. Y nosotros, por mucho que hayamos temido una capitis diminutio irremediable y definitiva, nunca podríamos vislumbrar consecuencias tan aciagas como las que nos acarrearía el cerrarnos todo camino servible para volver á ser algo y
adueñarnos de lo que debe constituir las bases de nuestra política exterior.
No compliquemos ni agravemos el problema por ansia de simplificarlo. El punto de vista español era y es muy sencillo: restitución á la soberanía española de lo aquistado por Inglaterra por y para la corona de España; cumplimiento de la solemne promesa hecha por Jacobo I á un monarca español: «Yo no vacilo por más tiempo en asegurarle á vuestra majestad que estoy pronto á satisfacer á vuestra demanda tocante á la restitución de Gibraltar con el asenso de mi Parlamento.» Restitución, no cambio. ¿Qué tiene que ver Tánger, ni qué Ceuta, con que demandemos lo que nos pertenece? Ni es antagónico pedir que se nos haga justicia en lo de Tánger y en lo de Gibraltar, ni con renuncias á lo primero, que es lo más inmediatamente posible, aceleraríamos un minuto el logro de lo segundo. Bien claro lo dice el político francés De Monzie en El Radical, órgano del partido del mismo nombre: «Dése á España la ciudad de Tánger, á cambio de una neutralidad que sea prólogo de un Tratado francoespañol; pero no se hable de esas ambiciones verbales que se llaman Gibraltar, iberismo, independencia del suelo nacional, etc.» Son dos asuntos sin nexión alguna, y los derechos aducibles para quitar de nuestra zona marroquí la enclave extraña que forman Tánger y su hinterland, ni militan en pro de que se cree otra más peligrosa, con la cesión de Ceuta, ni debilitan en un ápice los valederos para pedirle amistosamente á Inglaterra que justifique su actual título de paladín del Derecho contra la Fuerza, librándonos
de su garra gibraltareña. ¿No se lo acaba de pedir, de exigir, como reparación justiciera, uno de sus hijos más prestigiosos, el doctor Lyttelton?" (Íbidem, 99-100)

"Pero los tiempos han cambiado. Aunque á deshora,
tardíamente, España ha vuelto los ojos al que debió ser
su principalísimo campo de acción, y África ya no es para
ella motivo de indiferencia ó desdén; ve que puede ser admirable desembocadura para sus corrientes emigratorias y comerciales; advierte que Marruecos, por su identidad de producciones con Andalucía y Levante, constituiría en manos ajenas competidor peligrosísimo—como ya lo es Argelia para nuestros caldos—, para toda nuestra producción frutera, bloqueándola primero y arruinándola después; comprende que el asentamiento de otro pueblo al lado allá del Estrecho sería una amenaza gravísima para nuestra independencia, y ya no duda, ya no vacila.
«Desde el Muluyá al Lucus no debe haber un palmo de
tierra que no sea español.»
Paralelamente á esa transmutación de valores, que le da
á,Ceuta realce extraordinario, se ha producido otra mudanza importantísima, aportada por la gran guerra.La
movilidad de los cañones de grueso calibre, la transformación del submarino en arma práctica para la ofensiva y la defensiva, la aparición de las minas automáticas perfeccionadas sistema León, etc., etc., han ido restándole á Gibraltar buena parte de su valor bélico antiguo; ya no subsiste aquella fama de in vulnerabilidad de que se le había rodeado antes de que ios hechos la justificasen, y son muchos los técnicos para quienes el Peñón, aislado militarmente de tierra firme, y en peligro de sufrir un bloqueo, carece de características esenciales de defensa que hoy ya posee Ceuta y que se irán ampliando para ésta á medida que se ensanche la acción pacificadora en nuestro protectorado marroquí. No hay, pues, equivalencia en los factores materiales para el trueque; salvando el factor moral, la conveniencia para España de acabalar su territorio solariego, iríamos perdiendo en el cambio. Sobre que sería, en suma, casi tan doloroso ver un pabellón extranjero en el trozo español de Ceuta, como contemplarlo en nuestra Península; todo se reduciría á tenerlo un poco más lejos y en sitio más peligroso para los intereses españoles." (íbidem, páginas 98-99).

Creo que debo dedicarle a Collantes una larga exposición, y como dije que debía exponer, sobre Primo de Rivera, puntos de vista distintos a los suyos, es decir, exponer largo, me voy a circunscribir, sólo, a lo que un periodista español, Augusto Vivero, escribió en la revista fundada por él, "África Española".

Augusto Vivero se volvió comunista y anticlerical al fianl de los años 20, y durante la guerra civil era uno de los más acérrimos anticericales. Al final de la guerra se le fuisiló, por el bando de Franco.
Pero esto, de 1917 es de otra épocas en su vida. Me prece muy correcto y lo pondré todo, lamentando lo largo que es, así que escribire en cinco cachos, o más:

"El discurso de Primo de Rivera.

El general Primo de Rivera ha remozado, en su discurso
de la Real Academia Hispano Americana, el añejo
tema del cambio de Gibraltar por Ceuta, tan acepto á
nuestros abuelos. Por el prestigio del joven soldado vuelve á desempolvarse la vetusta antigualla, y rediviven fósiles ideológicos que suponíamos enterrados para siempre. Mas, como los tiempos son otros y otras las circunstancias, como la gran guerra nos adoctrinó ampliamente y como, en definitiva, tenemos más clara idea de nuestros intereses actuales y futuros, la proposición ha tenido corta y desastrada existencia. No pudo salvarla del fracaso el talento del preopinante, ni le valieron las simpatías de que éste goza. Puede decirse que España entera votó en contra, sin discrepancias ni restricciones; con lo cual, y de modoinesperado, se produjo un verdadero plebiscito, muy interesante y oportuno.
No podía ser de otro modo. Antaño, cuando era dable
disertar sobre la posibilidad de tamaño trueque, España
vivía desinteresada de Marruecos y aún de toda política
mediterránea; sus ideales estaban en América, como lamentable consecuencia de orientaciones absurdas, y le tenía muy sin cuidado que en la otra margen del Estrecho se instalara, acorralándonos, una gran potencia cualquiera. A sus ojos, Ceuta no tenía más valor que el puramente representativo de una preponderancia militar sobre los indígenas de los aledaños, y el tristemente utilitario que le daba su carácter de presidio. A la inversa, Gibraltar se aparecía á nuestros ojos con ei carácter de fortaleza inexpugnable, de centro comercial vigorosísimo y de fragmento del territorio patrio, desmembrado airadamente y amenazador para la zona contigua. Cediendo á Ceuta— pensábase—no perdemos nada; rescatando á Gibraltar, ganamos por todas partes, ¿Como maravillarse, pues, de que la idea de ese canje lograra muchedumbre de defensores fervorosos y que durante mucho tiempo se la creyese solución positiva?" ("África Española", año V, nº 45, 28 de febrero-30 de marzo de 1917, páginas, 97-98), y sigue......

No es cierto que teniendo a Gibraltar no tiene sentido Ceuta para España. Él sabe muy bien que Ceuta es de España antes de que Gibraltar cayese en manos inglesas. No es que se metiera España en Ceuta para compensar la pérdida de Gibraltar, él sabía esto.
Lo que ocurre es que quiere decir que, una vez se tenga Gibaltar, la perdida de Ceuta es nada, no es de lamentar, y debemos estar contentos, que la misión está cumplida.
¿Que iba a decir?: "Vamos a hacer una atrocidad: vamos a cambiar a Ceuta por Gibraltar, prerdemos a Ceuta, con lo valiosa que es, y si bien recuperamos Gibraltar siempre tendremos la espimilal clavada de Ceuta". No, la propaganda de guerra, o de permuta, debe ser triunfalista, que se ha obtenido un gran logro, éxito, pero, la verdad, eso no sería así. Sí, se ganaba la plaza más extratégica pero habría perdida, una perdida de una parte de España, que era de antes de perder a Gibaltar.
Los godos tenían Gibraltar, pero lucharon por Ceuta frente a bizantinos, y el Califato tenía a Guibraltar, epro se luchó por tener Ceuta (diplomáticamente, en este caso).
No, no es que con una la otra no vale, valen las dos.
No por tener Valencia, Alicante ya no vale, etc....
Más ejemplos: AlMutadid, del reino de Sevilla, tenía a Gibraltar, pero luchó, y perdió, por adquirir la Ceuta independiente.
Mohamed I de Granda tenía a Gibraltar en 1260, pero ataca a Ceuta para tomarla, fracasó, pero también demuestra que tener Gibraltar no tiene que significar despreciar a Ceuta. Y en 1306 Gibraltar era de los granadinos, pero Mohamed III da orden de tomar Ceuta, y lo logra.

En el caso inverso vemos que en 1333 tenían Ceuta los benimerines, pero atacan a Gibraltar, y lo comquistan, que estaba en manos cristianas.
En fin, que la historia sigue, pues los de Granada tenían Gibraltar en 1384, y quieren Ceuta y al sobtienen, y en 1387, y al obtienen.
Siguen teniendo en 1419 a Gibraltar, pero queiren echar, para quedarsela ellos, a los portugueses de Ceuta.
Y antes, los fenicios tenían Gibraltar y tienen Ceuta, y slo cartagineses, y los romanos, también los bizantinos, y los godos tenían las dos orillas.

"Donde las dan las toman", "oca a ca y tiro por quien le toca". Si era bueno que se conquistara a Ceuta por los almorávides, la misma teoría vale para los portugueses.

Hablando de cosas históricas, no de derecho de España en Ceuta: sí, conquistó, yo no valoro eso como ilegal, pues esa invasión fue en 1415, no en 1951, pero los almorávides, del desierto de Mauritania, llegaron y conquistan a Ceuta, y tardaron mucho más en tomarla, 5 años. ¿Por qué la de Portugal es muy fea, y la almoravide es preciosa?

Luis, Porugla, sólo puede recordar los viejos tiempos, pues ya no tiene nada que ver con esa mujer.

Es como una mujer: estuvo casada con Luis, y luego de divorciarse se casa con Antonio. Ya Luis no tiene nada que hacer.

Además, ¿qué importa lo que digan los portugueses? Ceuat es española, y los portugueses, sabiamente, ya no se preocupan por Ceuta, sólo cuentan tonterías sobre que hubo un tiempo en el que hubo una luna de miel, cuando Portugal tenía a Ceuta (ja, ja).

Ya le he expresado muy claramente toda la retaíla de datos de los cronistas portugueses, pero se lo pasa, también, por los.......... No se lo voy a repetir, que es latoso poner citas.

Lo que dice el gobierno de Portugal no creo que sea lo que aparece en esa pantomima de mentiras sobre las excelentes relaciones de Ceuta con los moros de los alrededores, pues si es eso así en Lisboa no hay más que subnormales de mierda.

La única falsedad es lo de que España conquistó Ceuta, pero será que se subroga en lo de Portugal de 1415. Los españoles debieran defender a Ceuta con mis argumentos, creo yo, en vez de una inexistente conquista; pero España no habla de conquista a Marruecos, eso que el quede claro

En vez de abandonar Melilla, se gastaron muchos reales en sus murallas. Esas obras duraron 30 años. No sé si se tardó tanto construyendo el Escorial.

Usted no se cree lo que dice, usted quiere vencer con mentiras, ningún argumento le sirve, sino fastidiar a España.

No me joda: Carlos I jamás en al vida se planteó el abandono de Melilla, y no voy a poner las citas que ya he puesto no sé si en este foro o en otros, y usted se pasa por los........., y es que lo que hizo este rey fue oponerse a los que le decían los técnicos sobre la pobreza de Melilas frente a las nuevas adquisiciones, más contundentes de frente a los turcos, como Bugía, Árgel, Túnez, etc.. El rey lo que hizo fue decir que se redujese a las fortificaciones principales, abandonando el campo, pero que se reforzacen las defensas, así que durante treinta años se estuvo mejorando las murallas. No cuente mentiras que así la gente no va a tomarle en serio.

MI tesis es: no se puede obtener una parte de España, a cambio de otra.

Pero aquí es que España ve un territorio, no España, sino eso dirigentes, que está en manos inglesas, y le dice que se quede con otra parte de España, y deje a España esa de Gibraltar.
Es que por esa LLAVE de España entraron los moros, y se apoderaron de ella.

Otro razonamiento es éste: para ser la perfecta permuta debe ser que Inglaterra dé a España su colonia, y España dé otra colonia española en territorio inglés. Eso sí, sí, eso sí que sería una permuta, desde luego. Es devolución de plazas, incluso, más esto que permuta, pero si se quiere, que se le llame permuta.

Yo, sin embargo, no estoy de acuerdo con esa visión, al menos desde la perspectiva actual. Hoy, al estar prohíbida la conquista, ya no creo que los inglese se vayan a extender por Andalucía, y, además, son aliados.

Es que estamos inventaciando cosas, suponiendo, infiriendo. Como Gibraltar era una Crown colony, desde 1833, que le dan ese título, al pretender, por ejemplo Prim, o, más tarde, Primo de Rivera, ese cambio, es entendible que hay intercambio de cromos, o sea: "Tú me das esto, y yo otro igual". Bueno, no. A España no le importaba eso que le llamara los ingleses a la plaza de Gibraltar. Como si le llamara "pimpampum" en vez de colonia. Para España era sólo un territorio de España, en poder de los ingleses, y se pretendía recuperar. Para ello ofrecían dar otro territorio de España.
Gibraltar era entonces de más valor que Ceuta para esas personas, y es que hay algo de verdad, pues Gibraltar es la puerta de España, (llave de España, más bien), y es el bajo vientre de ella, una parte vulnerable, ya es una cabeza de puente en lo más importante de España, donde estaban las ciudades más importantes.
Ceuta no era tan estratégica, pero nada de colonia, nada de: "como es una colonia Gibraltar, he resuelto que te doy una cosa igual, y ésta es Ceuta". Eso es un razonamiento muy manoseado.

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Sobre el autor

es un veterano periodista español cuya carrera oscila entre Europa y sus vecinos norteafricanos, pero que decepcionado y aburrido por el inmovilismo del Viejo Continente, mira cada vez más hacia el sur

Un vétéran journaliste espagnol dont la trajectoire oscille entre l’Europe et ses voisins d’Afrique du Nord, mais qui, déçu et ennuyé par l’immobilisme du Vieux Continent, regarde chaque jour un peu plus vers le sud.

A veteran Spanish journalist whose career swings from Europe to its North African neighbors, but who is disappointed and bored by the immobility of the Old Continent and increasingly looks to the south.

Eskup

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