Paco Nadal >> El Viajero

12 oct 2008

Pon un toro en tu camino

Por: EL PAÍS

¿Qué harías si estás solo, a 1.300 metros de altitud, en medio de montañas peladas, a tres horas del pueblo más cercano y un toro negro se pone en mitad de tu Camino? ¿Correr (¿hacia dónde?), ¿chillar?, ¿pedir el comodín del público? ¿llamar a José Tomás?
Son cosas que ocurren en el Camino. En este del Norte nunca me había pasado (la foto es de la variante de Hospitales, que va de Tineo al Puerto del Palo, la zona más alta, despoblada y peligrosa en invierno del Camino del Norte; me encontré una manada de vacas y toros pastando libremente).
Pero en la Vía de la Plata, la ruta jacobea que sube desde Sevilla hasta Santiago, es frecuente verse de repente solo en una dehesa salamantina, rodeado de toros negros y amenazantes, con unos cuernos que así, de cerca, parecen mucho más grandes que en TV.

Dicen que no atacan. Que no son bravos. Vale, pero, ¿y ellos (los toros) lo saben?
P.D.: Seguro que alguno dirá que vaya miedoso, que el toro tampoco era tan grande. Ok. Pero es que el padre (el de la foto chica) estaba al lado, mirando lo que hacía el retoño. Amor de familia.

10 oct 2008

La nostalgia de las tiendas-bar

Por: EL PAÍS


Hola a todos/s las que aún no os habéis cansado de hacer este Camino de Santiago, aunque sea virtual. He estado un par de días sin encontrar conexión a internet, por eso no he refrescado el diario. Y es que estoy cruzando ahora lo más profundo de la Asturias profunda.
Voy por el Camino Primitivo, el ramal que une Oviedo con Santiago de Compostela a través de Pola de Allande, Grandas de Salime y Lugo por el interior de la Cordillera Cantábrica. A veces me acuerdo de los atascos mañaneros en Madrid y me pregunto si esto que ahora atravieso es el mismo país.
Porque aquí el tiempo se detuvo hace mucho tiempo. Es increíble. Verlo para creerlo. Montañas y más montañas, bosques de robles y avellanos, aldeas de piedra donde parece que nunca hay nadie (creo que es que nunca hay nadie), vacas, silencio (mucho silencio) y una población envejecida, sin jóvenes ni niños. Como en una novela de ciencia-ficción. La última generación que habitará y cuidará estas tierras y estos pastos. Cuando estos viejos mueran, esta zona de España quedará despoblada.
Hay muchas cosas entrañables en este interior de la montaña asturiana, a solo unos kilómetros físicos de la atestada y turística zona costera, pero a años-luz emocionales de ella. Por ejemplo, los bares-tienda, instituciones de la vida rural del norte de España donde se vendía de todo, desde pan a tornillos. Son pequeñas tiendas, de las que había dos o tres en cada pueblo, con anaqueles aún de madera, mostrador de mármol, una báscula antigua y toda la esencia de los ultramarinos de antaño.
Se les podría considerar precursoras del Corte Inglés, porque venden de todo: desde latas de conserva a martillos y púas, pasando por zapatos, papel higiénico, ropa de cama, calzoncillos y bragas, verduras, revistas o semillas para el campo. Eran el centro de reunión social, el bar donde ir a tomar un vino al terminar las faenas en el campo o con las vacas y el punto de información de la aburrida cotidianeidad aldeana, en las que se jugaba al dominó y se exponían desde los bandos municipales a las esquelas. Poco a poco van desapareciendo, al mismo ritmo que mueren de puro viejo sus dueños. Es la tercera vez que hago este Camino, y cada vez que vengo compruebo con desazón que ha cerrado alguna de ellas.
¡Cuanto dinero público se gasta en crear museos etnográficos donde ya no hay nada que museizar! Mientras que cada una de estas tiendas-bar es un museo vivo de nuestra historia reciente que merecería la pena conservar.
(por cierto, la foto en B/N es histórica, pero os juro que algunas de las tiendas-bar que aún quedan están exactamente igual; sin la señora de luto, claro)

08 oct 2008

El día a día en el Camino

Por: EL PAÍS

Carmen me pregunta en un comentario por las etapas, por el día a día de alguien que va haciendo el Camino. Y entonces caigo en que, como llevo un montón de años haciendo ?caminos?, a veces se me olvida que no todo el mundo sabe de qué hablamos. Procede pues un poco de background (y un mapa para visualizarlo más fácil) aunque ya lleve la mitad del recorrido.
El Camino de Santiago del Norte, la segunda ruta jacobea con más afluencia de peregrinos (la primera es por supuesto el Camino Francés) comienza en Irún (Guipúzcoa) junto a la frontera francesa. Durante los primeros 446 kilómetros es un camino único que discurre por las provincias de Guipúzcoa, Vizcaya, Cantabria y Asturias, siempre pegado al mar, uno de sus mayores atractivos. Pero a la salida de Villaviciosa (Asturias) se divide en dos ramales: el Camino Primitivo se mete hacia el interior, por Oviedo y Lugo. El Camino de la Costa sigue pegado al mar por Gijón, Oviedo y Ribadeo y luego enfila al interior de Galicia por Mondoñedo.
Por la primera de estas variantes hay 798 kilómetros hasta Compostela. Por la segunda, 819 kilómetros. Cada uno lo puede empezar donde quiera y al ritmo que quiera. Lo único que te pedirán en Santiago para darte la Compostela (la acreditación oficial de que has hecho la peregrinación) es que hayas completado los últimos 100 kilómetros a pie o 200 en bicicleta.
Si se acepta un caminante normal puede hacer entre 25 y 30 kilómetros diarios de media, lo normal es emplear unas 32 jornadas en llegar a Santiago ¡32 días caminando, casi nada! Por eso siempre digo que esta es una experiencia que te cambiará la vida.
En bici puedes hacer entre 75 y 100 kilómetros al día. Hay machacas del pedal que se ventilan el Camino en poco más de una semana. Soberana gilipollez. Esto no es una carrera ni hay premio al más rápido. Aquí más que nunca la aventura es el viaje en sí, disfrutar del momento, y no llegar a Santiago.
Yo, como voy trabajando (actualizando una guía del Camino) me paro en cada bar, en cada albergue, en cada cruce y en cada aldea para comprobar datos o tomar fotos y no hago más de 40 o 50 kilómetros al día en bici. Ni prisa que tengo. El único que me espera es mi editor, que le sienta muy mal que no le cumpla los plazos de entrega.
¿Qué con quien me encuentro? En estas fechas y por este camino con poca gente (empieza a hacer frío y la lluvia embarra los caminos), pero sobre todo con jubilados centroeuropeos, muchos alemanes, muchos franceses, algún austriaco?. Y pocos españoles; nosotros como somos siempre tan clásicos lo hacemos todo en julio y agosto, que es cuando hace más calor, los precios son más elevados y está todo petado de gente. Pero ya se sabe, ?Spain is different?.


06 oct 2008

El placer de viajar (lento) por Asturias

Por: EL PAÍS


Viajar despacio, en bici o a pie, por Asturias es un gozo para los sentidos. No me extraña que el director de cine José Luis Garci ruede siempre todas su películas aquí porque según dice, en Asturias lo tiene todo.
Y es verdad. Hay mar, hay montaña, hay verde, hay playas solitarias, hay acantilados, hay niebla, hay bosque que se descuelga hasta la orilla del océano, hay nostalgia, hay misterio... y todo envuelto en una luz mágica.
Voy como en una nube y no quiero enrollarme demasiado. Prefiero que lo cuenten las imágenes. La de arriba es la iglesia de los Dolores, entre Barro y Niembro. La de abajo es la playa de San Antolín, en la desembocadura del río Bedón, poco antes de Naves.
El Camino de Santiago del Norte pasa junto a ambas. Solo hay que abrir los sentidos y dejarse llevar por las buenas vibraciones. ¡Esto es Asturias!
© Texto y fotos Paco Nadal



05 oct 2008

Los cubos de la memoria

Por: EL PAÍS

Siguiendo el Camino de Santiago del Norte llego a Llanes (Asturias) y me voy directo al puerto a ver de nuevo "Los cubos de la memoria", la intervención que el pintor vasco Agustín Ibarrola hizo en los bloques de hormigón que cierran la escollera del puerto. Me parece una de sus obras más originales, tanto o más que la del bosque pintado de Oma.
Cuentan que Antonio Trevín, el alcalde de Llanes, invitó a Ibarrola ha realizar una de sus actuaciones sobre el paisaje en el municipio. Quería que pintara un mural en la pared de hormigón que cierra el puerto. Pero al llegar, Ibarrola se quedó pensativo unos segundos y dijo, ?El muro no, Antonio; los cubos, lo que hay que pintar son los cubos?.
Es sencillamente genial. Siempre que vengo a Llanes vuelvo a visitarlo porque me parece una perfecta reinterpretación del paisaje. Una obra de arte capaz de transformar una fría dársena pesquera en el paisaje más colorido y atrevido del Cantábrico.
Durante dos fases, entre 2001 y 2002, Ibarrola y tres ayudantes, amados con centenares de kilos de pintura especial para barcos, iluminaron más de 300 caras de bloques de cemento con figuras geométricas, elementos abstractos, líneas de fuga y objetos reales hasta crear un decorado único lleno de interpretaciones, que no es un cuadro, ni una escultura, sino todo lo contrario. Los prismas, aristas y caras de los cubos de hormigón sirven de lienzo para crear lo que Ibarrola definió como ?arte público en el más amplio sentido de la expresión?. Vista de lejos, la intervención asombra por el destello de colores vivos que emergen entre los azules clásicos de un paisaje marino.
Vista de cerca, desde el paseo marítimo al que el público puede acceder a diario y de forma gratuita, se aprecia la osadía del septuagenario pintor, que tuvo que utilizar un entramado de andamios y arneses de escalada para evolucionar entre un caos de bloques donde no existe la línea horizontal, solo planos inclinados en los que el genio de Ibarrola supo plasmar tres tipos de memoria: la del arte, la del artista y la del territorio.

01 oct 2008

En Santillana del Mar

Por: EL PAÍS

He llegado a Santillana del Mar, uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de España. El Camino del Norte ha pasado siempre por aquí y de hecho en el medievo hubo junto a su famosa Colegiata un hospital para pobres y peregrinos (que por aquella época venía a significar casi lo mismo).
Un chico austriaco que va haciendo también el camino y con el que he coincidido a la llegada ha alucinado al entrar a Santillana. Me ha dicho que no podía imaginar que existiera un lugar como éste. Y es que Santillana no deja impasible a nadie. Ha sido objeto de todos los calificativos y comentarios a los que una villa puede aspirar. Desde ?el pueblo más bello de España?, como la definió el personaje de uno de los libros de Jean-Paul Sartre, a ?villa de encantadora fisonomía arcaica?, en palabras de Emilia Pardo Bazán.
Para quienes no la conocéis, es un pequeño pueblo en la comunidad autónoma de Cantabria tan compacto y tan bien conservado que es difícil encontrar un elemento arquitectónico que desentone entre sus muchas casonas nobles, palacios, iglesias y balcones atestados de geranios. Todo en piedra, mucha piedra.
Pero claro, como le pasa a todos estos pueblos tan turísticos, ha terminado por convertirse en una especie de parque temático, en un museo dedicado al turismo donde parece que no vive nadie. Todos los bajos y locales comerciales albergan un negocio del ramo: restaurantes, hoteles, posadas, tiendas de souvenirs... Y siempre con una riada perpetua de visitantes deambulando por sus calles empedradas. El bosque no te deja ver los árboles.
Mi consejo: volver a Santillana por la noche, después de cenar. No hay nadie en la calle. Te sientas en el lavadero público que hay frente a la Colegiata mientras escuchas el rumor del agua y te recreas con toda una auténtica villa cántabra de pura piedra para ti solo. Sin nadie que interrumpa la escena. Un regalo para los sentidos
El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

Sobre el blog

Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

paconadalsl@gmail.com

Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

Último libro

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

Los blogs de el viajero

El Viajero

  • Guía de viajes

    Guía de viajes

    Ideas, destinos, consejos y la mejor información útil para un viaje perfecto.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal