Paco Nadal >> El Viajero

19 ene 2009

En el balneario de Panticosa

Por: EL PAÍS

Este fin de semana he estado esquiando en Candanchú y en Formigal, en el Pirineo de Huesca, y me he alojado en el nuevo balneario de Panticosa, al que no había vuelto desde que acabaron las obras de remodelación.
Ha sido un fin de semana de sorpresas agradables, y no solo por la belleza natural que envuelve al balneario. Para empezar, fui en avión, con una nueva compañía que se llama Pyrenair, la primera línea aérea solo para esquiadores, en la que con el billete aéreo va incluido el forfait de la estación que tu elijas en Aragón, el traslado en bus hasta las pistas desde Huesca e incluso el equipo de alquiler (tablas y botas). ¡Cuando haces la reserva del billete te piden peso, altura y nivel de esquí para que cuando llegues a la estación te esté esperando el equipo y no tengas que hacer ninguna cola!
Vuelan durante la temporada blanca desde Madrid, Canarias, Mallorca, Sevilla, Coruña y Londres hasta el aeropuerto de Huesca, donde te está esperando un autobús... ¡y a las 9,30 de la mañana estás en pistas! Desde Madrid tienen un vuelo que incluso te permite desayunar en tu casa, esquiar en el Pirineo oscense durante todo el día y esa misma noche estar de vuelta para la hora de cenar.
Pero lo que más me agradó es que detrás de esta iniciativa no están las multinacionales de siempre sino un grupo de gente joven de Jaca, amantes del esquí y de su tierra, capaces de jugarse un buen montón de dinero (montar una línea aérea no es abrir una pizzería) para generar empleo y actividad económica que ayude a frenar el despoblamiento de las montañas altoaragonesas.

La otra agradable sorpresa: el nuevo balneario de Panticosa. Un pequeño oasis de calidad y confort en uno de los rincones más bonitos del Pirineo. Se ha remodelado el antiguo Gran Hotel, conservando la fachada, para crear un cinco estrellas con 42 habitaciones según proyecto de Rafael Moneo; se han derribado viejas instalaciones para hacer otros dos hoteles de cuatro estrellas más un tercero que está por levantar, en los que también han intervenido los arquitectos Álvaro Siza y Jesús Manzanares, y se ha construido un nuevo edifico para las termas, que es una auténtica gozada, obra de Belén Moneo y su marido Jeff Brok. Vale que muchos echarán de menos el espíritu decadente y un tanto demodé del viejo balneario, pero cosas decadentes y trasnochadas ya tenemos de sobra en este país. Si como todos los expertos aseguran, el único futuro del sector turístico pasa por apostar por la calidad en vez de por la cantidad y el sol y playa baratero, este es un buen camino. Con todos su aciertos y errores.
P.D: Adoro los baños termales, me parecen uno de los mejores placeres para el cuerpo y la mejor terapia para el alma. Lástima que esta cultura del agua haya sido una de las grandes involuciones de la civilización judeo-cristiana. Imaginad que tras la Reconquista, si en vez de acabar con los hammanes árabes, con ese afán moralizante que veía pecado en todo lo que fuera placer, los cristianos hubieran conservado esa tradición de las termas, que venía ya de los romanos. Imaginad que hoy, en vez de un bar en cada esquina lleno de humo y vinazo hubiera un hamman y que tras salir de la oficina, en vez de meterte un whisky entre pecho y espalda antes de volver a casa, te dieras un bañito en el frigidarium y luego otro en la caldarium, mientas charlas con los vecinos o te relajas con música zen. Otro gallo nos cantaría, ¿no?

16 ene 2009

La "república independiente del Bierzo"

Por: EL PAÍS

No pensaba seguir escribiendo de tierras leonesas, pero el comentario de Lisi en el anterior post me ha hecho pensar. ¿Y ya que estamos en León, porque no acercarnos al Bierzo, comarca peculiar donde las haya?.
El Bierzo es un mundo singular. Una hoya de unos 60 kilómetros de diámetro amurallada completamente por montañas. Con razón el padre Enrique Florez, el historiador oficial del rey Fernando VI, dejó escrito: ?Nadie puede entrar en él sino bajando". Este aislamiento secular, unido a las bondades de un microclima muy benévolo, le convirtieron en una zona rica pero muy endogámica, con características diferentes al resto de León. Incluso llegó a ser provincia independiente entre 1822 y 1823.
Sin embargo, el Bierzo no es la típica comarca olvidada y fuera de las rutas tradicionales. Todo lo contrario. El Camino de Santiago cruza El Bierzo longitudinalmente; por él entraron arte, cultura, comercio y nuevos pobladores desde los albores de la tradición jacobea. Ahora lo cruza la autopista A-6, cosas del progreso
Desde El Acebo hasta La Faba, pasando por Ponferrada, por Cacabelos o por Villafranca, el Bierzo es la delicia del paisaje, la armonía de unas viñas, la solidez de uno castillo templario... y una gastronomía también ?independiente?. Recuerdo un botillo que me tomé a las afueras de Ponferrada (el restaurante se llama La casa del Botillo; y con ese nombre no vas a pedir paella, claro) del que mi paladar (y mi colesterol) aun tiene gratos recuerdos. ¡Y qué vinos! Aquí hasta la uva es diferente. Su usa la variedad mencía que sólo crece en las orillas del río Sil y que ha encontrado un acomodo fantástico en las soleadas colinas de El Bierzo. A los tintos le llaman los borgoñas españoles.
Un consejo: además de lo típico (Ponferrada, Villafranca del Bierzo, etc..) si venís por aquí no perderos el valle del Silencio, una de las zonas menos conocidas y de mayor interés natural de la región. Se llega desde Ponferrada remontando el río Oza por una carretera de montaña estrecha y serpenteante (la de la foto) a través de bosques caducifolios de increíble frondosidad donde crecen castaños, chopos, serbales, nogales, fresnos y alisos. El valle del Silencio fue lugar predilecto de ermitaño y santos, quienes construyeron varios monasterios e iglesias. La más famosa de todas es la de Santiago de Peñalba, la de la otra foto.
P.D: para legos culinarios, el botillo es un manjar no apto para estómagos remilgados ni personas a dieta, reliquia culinaria del Bierzo, que consiste en una tripa de cerdo rellena de carne con hueso (espinazo, rabo, costillar), todo curado previamente al humo y luego adobado y cocido. Se sirve en cazuela de barro con repollo, patatas y chorizo y es plato único (¡como para tomar un segundo!).
Otra P.D: el titular del post responde únicamente a las reglas elementales de primero de periodismo que llevan a buscar un título llamativo que haga fijar la atención al lector, sin intención de meterme en jardines reivindicativos de ninguna índole ni rediseño alguno de límites provinciales, que conste.

14 ene 2009

Un salto de cuatro siglos por León

Por: EL PAÍS

Acabo de estar en León. Un viaje relámpago, pero con tiempo suficiente para visitar una vez más el MUSAC, el espléndido Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León.

Hace unos 400 años arquitectos renacentistas crearon en esta ciudad un edificio soberbio, destinado a impresionar a cuántos viajeros pasaran por ella, ya fueran peregrinos en ruta a Compostela o comerciantes y gentes del arte y la cultura en tránsito por el floreciente reino de Castilla. Le llamaron monasterio-hospital de San Marcos y le dotaron de una fachada plateresca que compendiaba lo más excelso que el hombre había creado hasta el momento en arquitectura.
Y hoy, a apenas unos centenares de metros de San Marcos, arquitectos contemporáneos han creado otro edificio soberbio, destinado a albergar en este caso colecciones y exposiciones temporales de arte contemporáneo. Como sus antepasados, lo dotaron de una fachada singular que resumiera la arquitectura de su siglo, en este caso el XXI. Le llamaron MUSAC, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León.
Así, el viajero puede recorrer en apenas unos minutos varios siglos de historia de la arquitectura y deleitarse con el patrimonio monumental de una ciudad que no ha dejado de transformarse ni de sorprendernos desde que las legiones romanas acamparon en esta orilla del río Bernesga. El MUSAC fue inaugurado el 1 de abril de 2005. Sus autores, el estudio Tuñón y Mansilla idearon una fachada-mosaico de vidrio con 37 colores diferentes, que según dicen proviene de la pixelización de una de las famosas vidrieras góticas de la catedral de León. Un vínculo genial que enfatiza aún más el carácter de catedral contemporánea que ya tiene el MUSAC. Mi consejo: si vais a León, no perderos esta visita.

13 ene 2009

Los pecados del turismo

Por: EL PAÍS

Como profesional del ramo siempre me han preocupado los efectos negativos del turismo. Es cierto que la industria turística genera importantes ingresos para muchos países (y no solo en vías de desarrollo o del Tercer Mundo; aquí salimos del botijo y la pandereta en que nos sumieron 40 años de dictadura gracias a los ingresos del turismo, que continúa siendo nuestra primera fuente de ingresos, el 11% del PIB).
Pero a nadie escapa que la socialización y expansión del fenómeno turístico trae también aculturización, trivialización, empobrecimiento de las tradiciones locales, desmantelamiento de sistemas productivos que han funcionado durante siglos (¿qué joven africano va a querer seguir cultivando la tierra de sus padres si engañando con baratijas a los turistas gana diez veces más?) y transformación de ciudades enteras.
El turismo puede ser como Atila, que arrasa todo a su paso y acaba con la vida local, ¡que es precisamente lo que acuden a ver los turistas!. Recuerdo el chasco que me lleve cuando volví hace poco a Cusco, 25 años después de mi primera visita. Entonces la plaza Mayor de esta ciudad andina era un gigantesco mercado al aire libre donde los más pobres de la ciudad vendía papas, cocinaban anticuchos y malvivían en chamizos de chapa y madera. Era poco "turístico" (en el sentido más peyorativo del término)... ¡pero era real!
Cuando volví hace poco, las autoridades habían logrado restaurar los edificios y sanear la plaza; ahora todos los soportales y viviendas que dan a este magnífico conjunto colonial las ocupan restaurantes, hoteles y tiendas de artesanías. Todo está limpio y presentable.... pero los peruanos ya no viven allí, porque los precios son desorbitantes. Se ha creado otro parque temático de la realidad, a costa de la verdadera realidad.
En este sentido me gustó el artículo que leí el otro día en La farola (la revista de los "sintecho"; la compró a menudo porque además de ayudar a quien lo necesita suele traer buenos artículos). Lo firma Antonio Paolo Russo, investigador en urbanismo de la Universidad de Rotterdam, y habla del caso de Venecia, quizá el más dramático ejemplo de como el turismo expulsa a la población local y destroza una ciudad entera. Este es un extracto (el artículo completo lo podéis ver pinchando aquí):

"Desde hace muchos años, en múltiples aspectos, Venecia no ha sabido ser digna de su imagen romántica. En el centro hay tanta gente que apenas se puede circular; las tiendas venden baratijas a precios elevados, que los vendedores ambulantes multiplican por 10 para un turista coreano, que compra una máscara de carnaval "made in Corea?.
La situación de la población local no es mejor, los servicios -desde las escuelas a los hospitales- fueron expulsados de la ciudad para dar cabida a operaciones más lucrativas como las comidas rápidas y las tiendas de recuerdos, por lo que Venecia logra cada vez menos retener a sus habitantes. Su población ha disminuido a unas 68.000 personas, cifra apenas superior a un tercio de lo que era en 1951. Ello es comprensible: comer en un restaurante es sumamente caro; la compra de un producto de primera necesidad o de un par de gafas puede imponer una hora de trayecto a una ciudad vecina. Y si a alguno le gustan los quesos franceses, serán dos horas.
Venecia se encuentra en las antípodas del "turismo sostenible". Lo que está amenazado en esta ciudad, que hace 250 años era una de las más poderosas y pobladas del planeta, es la cultura en su sentido más amplio. El problema reside evidentemente en preservar el patrimonio. Pero hay más. Sus ciudadanos como sus visitantes desean que Venecia sigue siendo una entidad viva, que no se la transforme en un decorado de teatro para presentar allí la función estéril de un acto de consumo: el turismo.
Una solución consiste en disuadir a los turistas más indeseables: los que, por llegar y partir el mismo día, contribuyen a congestionar las principales atracciones turísticas, agravan los problemas de transporte y de salubridad, y ya gastan lo mínimo indispensable. Son 7 millones al año los que sólo pasan allí algunas horas. Pensando en ellos, Venecia ha recurrido a los servicios de Oliverio Toscani, el fotógrafo que concibió las publicidades controvertidas del fabricante de ropa italiano Benetton: le encargó una campaña de publicidad negativa, que muestre basura y palomas muestras, para disuadir de la visita".

12 ene 2009

No seas tonto, monta una gasolinera

Por: EL PAÍS

Una de las situaciones que más me fastidian de la vida de viajero habitual es la de poner gasolina al coche. A veces, apuro tanto la reserva para dilatar el penoso momento de entrar en una estación de servicio que el día menos pensado me veo a pie por el arcén, con un bidón de plástico en la mano deambulando en busca de un lugar civilizado, cual personaje de Corman McCarthy en "La carretera".
Un ejemplo. Semana pasada, gasolinera de Repsol (pero sirve la de cualquier marca, son todas iguales) a la salida de Madrid, en la A-3. Un solo empleado para diez surtidores multiproducto más la tienda, y además, atrincherado detrás del mostrador. Para empezar: los surtidores son prepago... ¡viva la confianza!. Vale, te vas dentro y pagas antes de recibir el producto/servicio.... ¿Y si quieres llenar el depósito pero no sabes exáctamente cuanto cabe? En fin, paga, calla y no la liemos más.
Pides una factura pero, ¡imposible!, sería demasiado fácil si te la dieran así, a la primera: "No puedo hacer la factura hasta que no se lo eche", me dice el solitario empleado. Vaaaale. Sales fuera y te dispones a mancharte las manos (y con un poco de mala suerte, el pantalón) de gasoil. Pero.... ¡no quedan guantes de plástico!... otra vez dentro "Ah, es que se acaban y como estoy aquí solo no me da tiempo a reponerlos, tome usted unos cuantos". Vaaaaale... sales otra vez con tus guantes y te pones tu la gasolina (que es lo mismo que si fueras a una pescadería y tuvieras que pasar detrás del mostrador a cortarte las rodajas de merluza mientras el pescadero lee la prensa).
Terminas con el combustible y entonces vuelves a pasar dentro, haces una nueva cola, y le dices si por fin te puede dar la jod... factura, que te esperan esta noche a cenar en casa. Y te da un papel... ¡para que te la rellenes tu!. Joder, pero esto es como Ikea, aquí el que trabaja no es el empleado...¡ES EL CLIENTE!
¿Os acordais de aquellos lejanos y felices tiempos en que parabas en una gasolinera y te atendia un señor con mono azul y una riñonera de cuero mas sobada que el pasamanos de un autobús y llena de monedas, te abria el depósito, te servía él la gasolina, te decía buenos días al llegar y buenos días al irte, te limpiaba el parabrisas e incluso si eras señora o señorita, te ponía el combustible sin que te bajaras del coche? ¡Ah, tiempos felices en que la atención al cliente era un valor!
Así que no seas tonto. Hazte empresario de gasolineras. Con un currante tienes suficiente para atender todo el negocio. A los otros los mandas al paro (que ya lo pagaremos todos a través de la Seguridad Social) y tu te vas a jugar al golf mientras tus clientes se manchan las manos para sacarte el negocio adelante. ¡Con dos cojones!

09 ene 2009

Viaje a Poniente (II)

Por: EL PAÍS

"Oporto es el océano. También, las humedades del Atlántico, los olores y sabores de ultramar, una fachada desconchada, una farola mohosa, un plato de tripas á moda do Porto y los bancales escarpados del Douro donde crecen las viñas que producen su famoso caldo ambarino y oloroso. Porto, Oporto, el Portus Cale de los romanos que dio origen al topónimo del país, es la ciudad más inclasificable de Portugal. Hermosa y decadente. Añeja y cosmopolita. Una urbe de contrastes donde la pobreza de las viviendas casi medievales que orlan la fachada del río convive con la opulencia elitista de la Avenida dos Aliados y la Praça da Liberdade, a la que se asoman bancos, palacios barrocos y entidades financieras.
Por las calles de Oporto no se pasea, se escala, y no solo por la tremenda pendiente de la ladera septentrional del Douro, que hace más útiles que nunca los ascensores callejeros como el elevador de Guindais, sino por la cantidad de obstáculos de todo tipo que siembran sus aceras. En el día a día portuense hay algo de africano en los colores y de marinero en los olores. Y un punto barroco en el abigarramiento de sus tejados, en lo retorcido de sus calles, en la magnificencia de sus monumentos. Una mixtura que se percibe sobre todo en la Ribeira, el paseo marítimo del Douro, antiguo puerto comercial al que llegaban los barcos rabelos cargados de barricas de vinho do Porto. La Ribeira es el escaparate mundano de Porto, el malecón fluvial al que ir a pasear para ver y ser visto, el descanso del viajero en las noches frescas del norte luso. Es un restaurante de pescado; un niño jugando a pelota sobre los pes de moleque. Desde esa Ribeira recien restaurada se siente la omnipresente presencia del puente de Dom Luis I, Eiffel en Oporto, construido en 1886 para salvar el cauce del Douro. Pero mejor que verlo de lejos es utilizarlo para ver; subir a su nivel más alto y desde allí deleitarse en la mejor de las plateas sobre ese océano de tejados rojos que es el batiburrillo urbano de Oporto". © paco nadal
De "El Camino de Santiago portugués", publicado por El País-Aguilar, 2007

(para Nebur, que me preguntaba qué ver en el norte de Portugal. Y además no te pierdas Braga, Ponte de Lima y Valença do Minho, tres dellcias arquitectónicas de un país que ha sabido mantener su identidad)

07 ene 2009

Viaje a Poniente

Por: EL PAÍS

"Un viaje a Poniente es mucho más que un viaje. Un periplo hacia el oeste es siempre un reto ante lo desconocido, un retorno a las profundidades abisales de uno mismo, un reencuentro con las brumas nostálgicas del pasado que envuelven la candidez de la memoria en tules desdibujados convirtiendo la luz en claridad tenue; los perfiles, en formas desleídas, y los recuerdos, en sensaciones placenteras que viajan al pairo del tiempo sin detenerse jamás. Como agradables experiencias que se repiten una y otra vez, sin principio ni final. Y retornan siempre a nosotros con la suave calidez de una tarde soleada de otoño.
"Un viaje a Poniente siempre tiene algo de iniciático, cierta vocación de Finisterre, de mestizaje con una lejanía absoluta cuya sola mención embriaga al viajero y le anima a ponerse en marcha. Un hito que sin embargo no nos es tan lejano ni tan distante, porque está aquí mismo, tan cerca como cada uno quiera que esté. En realidad está dentro de nosotros. Poniente está aquí." © paco nadal
(Prólogo para el libro "Viaje a Poniente", un trabajo en blanco y negro sobre Portugal de los fotógrafos Ángel Sanz, Manuel Sonseca, Evaristo Delgado, Julio Álvarez Yagüe y José María Díaz-Maroto, TF Editores, 1995).
Con nostalgia de Portugal y de mi querida ciudad de Lisboa

05 ene 2009

Democracia, en versión aranesa

Por: EL PAÍS

¡Con razón estaba tan atestada Baqueira estos días! Si como dice Concha (citando informaciones fidedignas de la prensa seria, no me cabe la menor duda) estaban por aquí los Aznar-Agag, los Bono, una buena parte de los borbones y no-se-cuantos-políticos-más, lo que no me explico es como cabíamos los demás. ¡Y yo sin enterarme! Confieso que no he visto a ninguno, supongo que porque soy de los que hacen cola en el quiosco de las hambuerguesas. Decididamente, tengo que revisarme lo de la vista si quiero seguir en la profesión.
Bromas aparte, llevamos tres días de tiempo espectacular en Baqueira, con todas las pistas abiertas y nieve a tope. No me extraña que para muchos esta sea la mejor estación de esquí española: muchas y variadas pistas, remontes rápidos, tres dominios diferentes que permiten repartirse sin que en ningún momento se noten aglomeraciones de temporada alta, suficientes servicios de restauración en pistas....
Pero el valle de Arán es mucho más que Baqueira, aunque la estación aporte buena parte de los ingresos de los que vive (y muy bien) el valle. Esta tarde he estado dando un paseo por Artíes, uno de los pueblecitos tradicionales araneses. Y aunque se ha construido mucho, todo guarda una armonía, un respeto a la arquitectura tradicional pirenaica, sin que el ladrillo lo acogote todo. Eso si, el capricho de tener una casa aquí hay que pagarlo a precio de oro.
Aunque no pienso comprarme ninguna (el sueldo de plumilla no da para estas licencias) siempre que me llamó la atención esta rarida geográfica que es Arán, el único valle del alto Pirineo español que desagua hacia el norte, hacia Francia, en vez de hacia el sur, como el resto. Y todo por una decisión popular: en 1313 los araneses eligieron por votación seguir perteneciendo a la Corona de Aragón en vez de a la de Francia, país que tienen más cerca y más accesible (para que luego digan que la democracia moderna la inventaron los gringos). Si pensamos que la carretera del puerto de la Bonaigua se inauguró en 1924 y que hasta entonces Arán quedaba medio año incomunicada del resto de Cataluña, el amor de los araneses por sus vecinos del sur no solo es encomiable... es casi milagroso.
Por cierto, si venís a Arán en primavera o verano y con ganas de caminar no perderos el Camino Real que va paralelo al río Garona, una antigua pista carretera que durante siglos representó la única vía de comunicación entre las localidades aranesas y que ahora esta señalizada como sendero de pequeño recorrido.

03 ene 2009

Esquiando (sin famosos) en Baqueira

Por: EL PAÍS

Tanta comida familiar y tanto tiempo en el mismo sitio me estaban agobiando. Así que he cogido el coche y me he venido a esquiar a Baquiera-Beret (para quien lea esto al otro lado del Atlántico, que de todo hay en la viña del señor: famosa estación de esquí catalana a la que suele acudir el famoseo y la jet-set local). Hacía muchiiiiiiisimo tiempo que no venía por aquí y me apetecía comprobar si Baqueira seguía siendo el centro invernal del glamour y de la tribu del papel couché. ¡Me muero por una foto con Cayetano o en su defecto, con alguién de Ubrique! Pero mira por donde, pese a que hoy ha hecho un día de sol radiante, pese a que estaban abiertos los 108 kilómetros de pistas, pese a que me he hartado de esquiar con nieve a raudales, sigo apenado y contrito porque:
1. No he visto al rey
2. No he visto a ningún famoso
3. No he visto a ningún paparazzi interesado en robarme una foto (no debo de ser lo suficientemente famoso).
4. Todo esto pese a que mi monitor de esquí sostiene, como Pereira, que ayer vio esquiando a no se qué Infanta (por lo que debo de estar perdendo vista o el olfato periodístico)
5. Lo que si he visto son más Porsche Cayenne que en toda mi vida (¿todos los pastosos esquían a la vez en Baqueira?)
6. Y además, me he chupado una hora de atasco para hacer los 13 kilómetros que separan Viella de Baqueira (¡y yo criticando las colas interminables de mi querida Sierra Nevada!)
En fin, venga usted al mundo feliz del ¡Hola! para no cruzase en el telesilla ni con Belén Esteban. ¡Lo de la aristocracia ya no es lo que era!
Seguiremos informando.
El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

Sobre el blog

Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

paconadalsl@gmail.com

Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

Último libro

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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