Paco Nadal >> El Viajero

27 ene 2009

Seis ojos de buey en la noche austral

Por: EL PAÍS

El cabo de Hornos entró en la leyenda en el siglo XIX, cuando los grandes clippers que unían Europa con la costa oeste de Estados Unidos se veían obligados a cruzarlo desde el Atlántico hacia el Pacífico, en sentido contrario a los vientos dominantes. La fuerza de estos, las grandes olas del Pacífico y el frío propio de estas latitudes hacían el resto. Viejas cartas marinas conservadas en Ushuaia relatan odiseas terribles, como la del Edward Sewall, un cuatro mástiles inglés, que en 1904 necesitó tres meses para doblarlo. En 1909, la Rochejaquetien, un tres mástiles de Nantes cargado de emigrantes, estuvo dando tumbos por estas peligrosas aguas entre el 10 de octubre y el 20 de noviembre, sin encontrar una mala brisa que lo lanzara, por fin, al tan ansiado Pacífico.
La noche nos sorprende frente a los acantilados de la isla de Wollaston, farallones negros e inhóspitos de casi 200 metros de altura cuya visión, sin embargo, se agradece, aunque sólo sea por saber que tenemos tierra otra vez cerca.
Anclamos en el fondo de la bahía Scourfiled, aprovechando una boya instalada por la marina chilena. No hay más radas al sur de Puerto Williams, ni bases, ni asentamientos humanos. El viaje es una lucha individual contra la naturaleza.
Bernardette, la mujer de Pascal, prepara pastel de manzana y te caliente. Caemos rendidos en los catres. Fuera, los seis ojos de buey del Valallha son los únicos destellos de calidez en esta oscura noche austral.

30 de noviembre, 55º 53? 17" latitud sur
Al amanecer, un vendaval de 55 nudos se abate sobre la bahía Scourfield. Toda la literatura y la leyenda del Cabo de Hornos quedan patentes ante nuestros sentidos con esas ráfagas descomunales, acompañadas de chubascos y granizo. Apenas queda tiempo para refugiarse en la siguiente isla, la de Herschel, en una cala llamada Martial en honor al capitán de una expedición francesa que pasó todo el año de 1882 en las cercanías realizando uno de los estudios más serios sobre flora y fauna jamas hechos sobre el Cabo de Hornos.
Lanzamos al agua dos anclas como medida de precaución y nos disponemos a pasar un largo día de reposo: es imposible avanzar con este huracán. Alejandra, la tercera tripulante del Valhalla aprovecha para hacer buñuelos. También es francesa, tiene 24 años y hace dos que dejó su trabajo de oficinista en París para aliñar su vida con una pizca de emoción e incertidumbre. Acompaña a Pascal y Bernardette en sus viajes a cambio de cama y comida y llena los cuatros costados de la nave con su inocencia y dulzura. Parece un grumete, siempre despierto y de buen humor. Como, a pesar de su buena dicción en castellano, tiene un serio problema con los acentos ?igual dice pajáro que carga la tilde sobre la última sílaba de whisky? la rebautizamos cariñosamente como Guisquí.
A mediodía amaina un poco el vendaval y bajamos a la isla con la zodiac. Está deshabitada, como el resto del archipiélago, y un espeso manto de turba cubre el suelo. Los pies se clavan a cada paso. Hilillos de agua potable que se pierden entre la espesura del manto vegetal y algunos bosques de lengas, tan achaparrados y prietos que impiden el paso, son los únicos elementos del paisaje. Parece como si los árboles, en estas latitudes, solo estuvieran hechos de raíces. Pasamos la tarde dados al placer de la lectura, con un ojo en el libro y otro en las dos anclas salvadoras a la espera de que las condiciones mejoren y podamos poner proa de nuevo al cabo.

Hay 9 Comentarios

Magnifico relato!!!!! Dan ganas de ir allí

Bueno.......autentico relato de aventuras. Me he quedado pegada leyendolo.y sintiendo envidia de esa grumete apodada "Guisquí" ....................luego sigo con tu relato..............me llaman.Un abrazo aventurero

[:)] Voy recobrando lo perdido en estos días...uff....y mira si me pierdo ese maravillo relato-aventura...!!?Es como una novela por partes...y me desespero po seguirla leyendo..., así que ya mismo voy al próximocapítulo ....[:)]Mientras......besos.

Me has enganchado con esta travesia como si fuese el mejor de los libro, estoy deseando que cuelges el proximo post. Gracias por permitirme acompañarte en este cyberviaje.un besito desde " el gallinero"

Lo mismo te digo Paco, creo que en este relato estas sacando tu vena mas literaria hasta ahora.Un saludo y encantado de leerteCarlos de los ultimos

No sé si ha sido telepatía o solo un lugar común, pero hace un rato te dejaba un comentario a tu anterior post hablándote de los ojos de buey. Ahora sigo trabajando frente a la pantalla, en una pausa para comer paseo otra vez por aquí y encuentro tu último título. Jeje. Coincidencia virtual y casi interestelar. Aguerrido marinero, no temblabas ni un poquito ante semejantes ráfagas de vientos enojados??

Raudo y veloz he colocado a Alexandra (por cierto, se llama igual que mi "gestor/a personal" en el Banco, donde tengo "mis miserias", de verdad) entre mis mujeres favoritas. Auque dicen que soy poco fiable porque tengo muchas, pero no es asi, ¡¡vive dios!!.Mi resumen: Riesgo y pasión ¡Felicidades!.Un abrazo (cuando te lo envío, me acuerdo de Malaspina. Consulto, y me doy cuenta de que no pasó -creo- por ahí)

Me sumo a la visión del resto, parece que se está empezando a forjar un libro de aventuras con estas últimas entradas (se siente el viento...se siente)PD: Hablando de Guisquís....me dijeron que se está jugando una cervezapor algún blog ...¿Será en éste por casualidad y yo me lo estoy perdiendo?... Ni de coña te digo quien me lo contó. Se dice el pecado pero no el pecador que, por cierto....fué Carmen

¡¡Qué relato tan chulo!! No sabes la envidia (sana) que me das.No sé si me he perdido algo en tus otras entradas, pero ¿cuál es el motivo de tu viaje por esos lares? ¿Simplemente el hecho de navegar? ¿O hay alguna meta específica que no has desvelado?

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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