Paco Nadal >> El Viajero

27 may 2009

La tragedia de Camboya

Por: EL PAÍS

Uno de los momentos más duros que he pasado en toda mi vida viajera ocurrió cuando visité la antigua cárcel de los jemeres rojos de Toul Sleng, en Phnom Penh, la capital de Camboya.
Como sabeis, Camboya sufrió uno de los peores genocidios del siglo XX de manos de un lunático llamado Pol Pot y sus jemeres rojos, una guerrilla comunista que quiso imponer una útópica sociedad agraria. En esta página podéis leer más de aquella terrible historia.
Llevaba ya un par de semanas descendiendo el río Mekong con un equipo de TV para un documental cuando llegamos a Phnom Penh, bastante cansados y agotados por el húmedo calor tropical. Al día siguiente teniamos previsto grabar en una antigua escuela reconvertida en cárcel por los locos sanguinarios de Pol Pot en la que asesinaron en medio de tremendas crueldades a miles de compatriotas. El actual gobierno camboyano la ha convertido en una especie de memorial en su recuerdo. Fue más de lo que podía imaginar. La historia de los jemeres rojos me había impresionado desde que era un adolescente, pero estar allí, en el escenario real de aquellos crímenes, viendo las celdas, los instrumentos de tortura, los calaveras de los muertos... era superior a mis fuerzas. El shock me duro varios días y creo que se reflejó en el guión que luego escribí para esa parte del programa. Este es un fragmento:

Hay 16 Comentarios

he estado ya varias veces en camboyampero cuando visite la S-21 me quede dolorida tambien por varios dias, vi a gente salir al patio a respirar para volver a entrar y ver el dolor que hubo erntre esas paredes, no creo en brujerias o cosas de ese estilo,pero pienso que quedo algo ahi dentro que sobrecoge.

Tuve la oportunidad de visitar este año la prisión de Phon Penh, el S-21 y la verdad es que uno no sale de allí indiferente. Después me desplacé hasta los Killing Fields, los campos donde cometían los genocidios a gran escala. Aquello me recordó a los campos de concentración alemanes, una explanada yerma donde los gritos de sufrimiento y dolor resuenan en un silencio atroz.En mi opinión cuando uno visita un país no puede pasar por alto su historia, por mucho que esta nos horrorice. Conocerla nos ayuda a ver y entender la profundidad de mirada de sus gentes. Una sociedad es lo que fue, lo que es y lo que anhela. Como turistas todos tenemos el deber de bucear en la historia del lugar que visitamos, no quedarnos flotando en la superficie de la piscina disfrutando una singha fresquita...

Horroroso, che. Acá tuvimos algo parecido con los centros clandestinos de detención, durante el proceso militar del siglo pasado.

Si, entiendo, caminar por aquella escuela es muy duro, estando alli en un principio hay una intension de evitar este lugar, pero es mejor hacerlo, una manera de enfrentarse a la realidad.Ojo, actualmente este tipo de holocaustro existe!....no hay que ir demasiado lejos. Siri Lanka, por ejemplohttp://www.viajeros.com/andras

totalmente de acuerdo... impresiona mucho visitar ese antiguo colegio convertido en carcel (y sobre todo mientras oyes el griterio de la chavaleria de otro colegio cercano, lo q le da un toque entre fantasmagorico y surrealista). a mi se me quedo un nudo en la garganta que tb me duro unos dias. acojonante.saludos desde delhi!!(esto se acaba... de momento).un abrazo!!

El pasado invierno tuve la oportunidad de visitar Camboya. Había leído mucho sobre los jemeres rojos y sus atrocidades, sobre el sufrimiento que había padecido el pueblo camboyano. A mi lo que más me impacto fue la amabilidad y humildad de sus gentes.

A veces el drama se asoma al viaje, o el viaje al drama. Tan terrible como la vida misma (aunque en algunos momentos y lugares, como en lo que cuentas, sea aún más terrible.Gracias y un abrazo.

En los años 80 se grabó una película estremecedora: "The killing fields" (Gritos del silencio en español). Imprescindible para quien quiera acercarse al horror de la dictadura comunista en Camboya, pero desde la silla. Aún así, cuando yo la vi años más tarde, lo pasé fatal. Creo que soy demasiado empática. En el lugar donde vivió años encerrada Anna Frank me faltaba la respiración, de la angustia que me provocó. Llevo 3 años en Alemania y todavía no me he atrevido a visitar ningún campo de concentración. Lloré mares cuando vi Hotel Ruanda, otro genocidio; también lloré porque me da pudor saber que algo tan terrible, tan trágico, pueda llegar a exponerse como un "entretenimiento". Yo era espectadora del horror. Esto me dolía también, tanto en la casa de Anna como frente al cine. Me siento identificada con lo que tú sentías en las cárceles de Camboya, sé que quiero ir, que es necesaria su existencia para no olvidar, pero cuesta...me da la sensación de ser frívola ante tanto horror, yo como turista.Prefiero pensar en Camboya y pensar en niñas preciosas, en las sonrisas más hermosas, en los ojos más sinceros. En templos y en un verde único, en belleza en sus paisajes y sus paisanajes. Pero un país también es su historia. Habrá que ir...y también tendré que ir a los campos aquí.También he entendido que el cine, los documentales como los que tú haces, tienen que ser, existir, como denuncia, como información veraz y rigurosa, para conocer y no olvidar. El cine debe ser también compromiso con la realidad.

'Por cierto, veo que a tí te han llegado también esos comentarios-publicidad basusilla (luxury no sé que mierd). Yo he borrado algunos, pero no sé cómo hacer para no permitirle la entrada.

Dicen que el hombre es el peor enemigo para el hombre, y la historia a través de los años así nos lo demuestra. Los genocidios, holocaustos, matanzas, cruzadas, guerras o como queramos llamarlo, han llenado multitud de páginas de la humanidad. Y el siglo XX, un siglo que nos da numerosas muestras de la perversidad humana.Imagino la impresión que tiene que quedar en uno, cuando ve o intuye las atrocidades que se cometen en nombre de dioses, doctrinas, ideas políticas... El mal sabor de boca tiene que permanecer durante bastante tiempo.Pero hay que contarlo, mostrarlo, comentarlo, condenarlo... para ver si se aprende de una vez por todas a convivir y no volver a cometer los mismos errores. Sabemos que volverán a repetirse... se están repitiendo ya... quizá en menor escala... pero nunca aprenderemos.Un beso, PacoEstrella

Todo esto me recuerda algo que leí el otro día en otro blog sobre los Jemeres Rojos y su legado... muy recomendable, por cierto: http://sociografias.wordpress.com/2009/03/13/the-killing-fields-20/Un abrazo,Alberto

Las atrocidades que se han cometido (y se cometen) en nombre del comunismo me recuerdan a las que se cometieron (y se cometen) en nombre de Dios/Mahoma/Jesucristo. Dejé de creer en este tipo de "izquierda" cuando escuché a Santiago Carrillo justificar algunas acciones del régimen chino, como el genocidio tibetano o la pena de muerte.Lo de Pol Pot en Camboya fue, efectivamente, uno de los mayores crímenes contra la humanidad de la Historia.

Aquí al lado tengo sentada a una compañera que un día estuvo casada (se fue a París con el mayo del 68 y por allí anduvo un tiempo) con un elemento de esos, tuvieron una hija que hoy es una chavala divina pero... en lo público y en lo privado... puritos asesinos. Cualquier detalle que cuente se te ponen los pelos de punta. Saludos.

Lo de Pol Pot, fue un horror.... Tuve que estudiar mucho sobre Camboya para un trabajo y me quede impactada. La semana pasada hable en mi blog sobre Angkor.Un saludo Paco.Lauris_____________________________http://viajealatardecer.blogspot.com

"Camboya-Jemeres rojos". ¿Cuándo durará este binomio en la cabeza del viajero y no viajero?. A mí -seguro- toda la vida.Un abrazo.

2.000.000 de Camboyanos fueron asesinados en cuatro años, entre una población de 4.000.000, Es un dato que impresiona y que tengamos que padecer a iluminados y encima asesinos... Bueno Paco viajar en el sentido más amplio significa también ver estas cosas.Un saludo y buen viaje

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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