Paco Nadal >> El Viajero

01 nov 2009

¡Cuidado!, alguien te observa

Por: EL PAÍS

Todas las guías de viaje aconsejan visitar en Samarcanda el cementerio de Shah-i-Zinda. Lo aconsejan por su avenida de los mausoleos, un callejón fascinante orlado a ambos márgenes por tumbas que datan de los siglos XI al XVI y en los que están enterrados diversos personajes de la ajetreada historia de la ciudad.

 

Pero a esta alturas de viaje, uno empieza a estar harto de las cinco M (mezquitas, mausoleos, madrasas, museos y mercados) y paso de largo tan egregia y significada avenida para deambular un rato por la parte nueva del cementerio; que empieza por C y no por M.

 

Pero pronto me asalta la extraña sensación de que alguien me observa. Hay gente que me sonríe, otro leen mientras paso a su lado, o fuman un cigarrillo. Los más, me miran con severidad y displicencia. Los menos, mantiene la mirada perdida en el infinito, o habría que decir, en la eternidad. Los hay que lucen medallas ganadas en algún hecho guerrero; otros visten sus ropas de faena; las mujeres llevan tocados en la cabeza, y algunos hombres, el gorro típico uzbeko.

 

En este cementerio, los muertos están muy vivos. Están a tamaño natural, en posturas cotidianas. No se han ido, siguen aquí. Grabados en grandes placas de granito. Tal y como fueron en vida en este valle de lágrimas. También en nuestros cementerios se suelen poner fotos de los fallecidos en la lápida. Pero son fotos pequeñas, en color sepia, casi testimoniales, que nos muestran hombres y mujeres circunspectos. Que han asumido su condición de finados.

 

Aquí no. Los de Shah-i-Zinda parecen no resignarse a esa condición de ex. Hay uno que tiene grabados bajo su foto una moto de trial y un coche de rallys. ¿su deporte favorito? ¿la causa del óbito? Caminando por aquí me entran ganas de charlar con aquella señora de rostro sincero; o echar una partida de cartas con aquel grupo de jubilados del fondo sur. Incluso leer qué escribe en un cuaderno de tapas oscuras aquel señor de la tercera fila, tumba 32, a mano izquierda.

 

 

Y es que en Shah-i-Zinda la eternidad, en compañía, se convierte en un viaje mucho menos solitario.

 

(La costumbre de poner fotos de los seres queridos en las tumbas uzbekas proviene de la época soviética. Poco a poco, el tamaño y el realismo de la foto impresa en lápidas de granito negro ha ido creciendo y creciendo, como símbolo del poderío económico de la familia del finado. Una tumba de tipo medio puede costar 3.000 dólares, una fortuna en Uzbekistán).

 .

 

 

PD. Ya estoy de vuelta en Madrid. Pero me quedan tantas cosas en el tintero de un viaje como éste, que seguiré contando algunas.

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 19 Comentarios

Como siempre,nos haces volver a vivir tus experiencias.Gracias

Si te gusta la fotografía y la naúitica visita.http://fotonautica-javier.blogspot.com/

Buff Paco, empecé sensacional un primer viaje contigo (en directo) pero no sé por qué acabó desencantándome un poco. Tú y lo que escribes no pero quizá fuera la permeabilidad de lo que transmites (después de todo Sensaciones). Hoy he regresado y me he encontrado aires muy nuevos. ¡Qué genial! Me alegro :)

Nunca me han gustado los cementerios, ni aunque sea el de Samarcanda. Creo que por allí, yo no me iba a perder... aunque da la impresión de ser el sitio donde más "vidilla" hay, se puede ir saludando a la gente a derecha, izquierda, incluso alguno puede que se sonría...Bienvenido de nuevo a casa, Paco, seguro que ya estás preparando algo.Un abrazoEstrella

Hola Paco, te he acompañado en tu post, pero NO creo que lo hubiese hecho por el cementerio... Estoy con Natalia, si ya dan respeto los cementerio 'normales', con esas fotos mirándote... Enfín, que te hubiese esperado fuera... y no 'cobardik', es que no me gustan nada, lo siento...Me alegra verte por casa Paco. Gracias por tus entradas y narraciones de tus inolvidables y fantásticos viajes... En ocasiones, he entrado a leerte pero no siempre tengo tiempo para comentarte como hoy, y poder darte las gracias por compartir tantas cosas... Ya va quedando menos para entregar esa carta a los Reyes... y espero que me traigan ese libro que les he pedido... aunque sea días después...Un beso Paco y un abrazo fuerte!Pilar

Buenísimo todo. En ese cementerio no hay duda de que hasta las piedras tienen ojos!Sigue derramando lo que aún queda en el tintero...Sdos.

Brrrrrrr!! [:#]

Estoy deacuerdo contigo, parece que te observan, al principio me resultó un poco inquietante pero luego me gustó.Saludos

Los mercados y los cementerios son dos fuentes interesantes para conocer algo de la cultura de un país y tu relato sobre éste es muy simpático y entretenido. Ojalá te queden más y más historias sobre este viaje. Muchas gracias. Un abrazo.

Yo la verdad, por muy descreída que sea, no sé si me atrevería a semejante paseo. Da la sensación de que están ahí y se van a poner a hablar en cualquier momento!! uuuuyyyy...

[:)]Bien, bien. Así que algunos ni en un país musulmán se saltan el día de Todos los Santos. ja,ja,ja.

Me suena muy familiar esa frase de " a estas alturas del viaje empiezo a estar harto..." Y cuando eso ocurre, pasear por un cementerio tan original, puede ser una buena idea, ahí se ve. Un abrazo.

Por favor ya nos contaras cuando se emite el reportaje del tren de los jubilados-panzer me muero de ganas de verlo.

Ha de ser impresionante caminar entre tantas miradas en ese cementerio...Es curiosa tu observación en cuanto al aumento continúo del tamaño de las fotos...;-), sí, me ha hecho sonreir, pues la URSS siempre hacía cosas gigantescas, mires donde mires...:-)Esperaremos las demás anécdotas...y la bienvenida a casa ya te la dí én la entrada anterior!Besosss

Ha de ser impresionante caminar entre tantas miradas en ese cementerio...Es curiosa tu observación en cuanto al aumento continúo del tamaño de las fotos...;-), sí, me ha hecho sonreir, pues la URSS siempre hacía cosas gigantescas, mires donde mires...:-)Esperaremos las demás anécdotas...y la bienvenida a casa ya te la dí én la entrada anterior!Besosss

Jope, lo de las fotos de los muertos da muy mal rollo. Si ya dan cosa los cementerios normales, así mucho peor... [:#]

Parece como si la gente fuera a los cementerios cuando "empieza a estar harta", como los finados.No te hartes, querido "paco-nadal" (Una mirada distinta de un lugar tan respetado, si señor).

Genial este post Paco. A mí me mola visitar cementerios, sobre todo si son de pequeños pueblos... Allí la historia se cuenta también, aunque desde otro punto de vista. Con más drama, con más pena, pero de forma tan real como la vida misma. Otro de los cementerios que más me han gustado ha sido el de Montparnasse. Emoción delante de las tumbas de Baudelaire, Sartre, Cortázar y sobre todo ante la del gran Gainsbourg. Me han encantado las fotos grabadas en el granito. Creo que dan mejor rollo que las de nuestros cementerios de termitas. [8D]

Original hallazgo Paco! Los cementerios, como las 'iglesias' sólo me inspiran por su arquitectura, esculturas o 'mise en escéne' y he aquí otra forma muy original de 'honrrar' a sus muertos ... Gracias por compartir éste hallazgo!

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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