Paco Nadal >> El Viajero

30 nov 2010

Casas de coral y un gato que podría ser tu abuelo

Por: EL PAÍS


El principal núcleo urbano del archipiélago de Lamu, en Kenia, es Lamu Town, la vieja ciudad, un descenso por el túnel del tiempo a una aldea swahili que ha cambiado muy poco desde el siglo pasado. O si me apuras desde al anterior.
En la isla de Lamu solo hay cuatro coches (el del alcalde, dos ambulancias y un camión de basura) y ni un solo metro de asfalto. Por las estrechas calles de este old town de fachada blanca y callejones oscuros hay que pasar casi de lado, con cuidado de que una reata de burros no te arrastre o de no pisar alguno de los miles de gatos que vagabundean sin oficio: los gatos son la reencarnación de los ancestros y se les respeta.
El paseo marítimo -pavimentado solo en el centro, de arena y escombros el resto- es un hervidero de actividad a primera hora de la mañana. Aunque es temprano hace ya un calor húmedo y abotargante, no en vano estamos casi en la línea del ecuador. Me siento extenuado en una terraza a tomar un refresco mientras delante de mi actúa un teatrillo de hormigas atareadas: burros que deambulan solos o bajo el peso de pesados fardos, mujeres tapadas con largos y negros bui-bui (chador) que solo dejan intuir los ojos, obreros que descargan a mano pescado o material de obra de los dhows acostado sobre el fango de la bajamar, niños que juegan en los bajíos, pescadores que calafetean su barcas, docenas de hombres que simplemente miran al infinito: no hay mucho que hacer en Lamu.
No se oye ni un motor ni máquina alguna. En Lamu aún no ha llegado la revolución industrial... y mucho menos la era digital. Y es que aún hoy no es fácil arribar a Lamu: por carretera se necesitan 8 horas infernales desde Mombasa. Y el único enlace aéreo -con Nairobi, vía Malindi- no es barato: unos 250 euros.
Todas las casas están construidas con el mismo material: piedra de coral de los arrecifes fósiles que forman las islas. Una ordenanza obliga a usar este mismo material en reconstrucciones y obra nueva lo que ha permitido que el pueblo no se malogre (y de paso fuera catalogado como Patrimonio de la Humanidad). Un sistema de canalizaciones al aire libre recoge las aguas sucias de las casas y las lleva por los laterales de los callejones hasta el océano.
De todas formas lo que permitió conservar Lamu como un museo de antropología no fue la planificación sino, como suele ocurrir, la pobreza. En la década de los 70, cuando Mombasa se transformó en el gran puerto de Kenia, la actividad comercial de esta pequeña rada entre manglares cayó en picado y el archipiélago de Lamú se sumió en la pobreza extrema. Por eso no evolucionó.
Ahora, ironías de la vida, esas décadas de abandono le han permitido desarrollar otra industria: el turismo. La pesca también vuelve a ser negocio y también por otra ironía, esta vez tétrica: la flota japonesa que llevaba años esquilmando estos bancos de pesca ha dejado de venir por la cercanía de Somalia y sus piratas.
Y los pescadores locales vuelven a regresar por las noches con unos centenares de kilos de pescado con que abastecer el mercado de la plaza principal.
(Unerranteastur tiene razón: hay playas soberbias, como la de Shela. Y mucho más. Mañana continúo).


Hay 11 Comentarios

me mola

Los peces grandes se comen a los chicos. :-( La historia de Lamu me suena a la de Valparaíso, también Patrimonio de la Humanidad, también sumida en la pobreza (aunque menos, creo, por tema de transportes es muy fácil llegar allí para el turista) y renaciendo con otras miras: el turismo. PEro el gobierno de Kenia debería apoyar o subvencionar de alguna forma el transporte hasta Luma, porque podría obtener muy buenos resultados a cambio, si se facilitara la llegada del turismo. Cosa que por un lado vendrá bien a los pobladores (a nivel económico) y por otro lado, si no se hace de forma sostenible, estropeará el "paraíso" ene l que viven. Paraíso es, desde luego, poder comer bien y tener acceso al bienestar, eso pensarán ellos.

¿Y para alojarse que nos recomiendas?

Es cierto Paco. Cuanto mal y cuanto bien esta haciendo la piratería de Somalia. Y recordemos que no solo los barcos japoneses. El Alakrana al igual que la mayoría de barcos de pesca españoles van a llevarse todo lo que pueden y pagar lo menos posible por las capturas. Es triste que una actividad ilícita como la piratería solucione indirectamente los problemas de los mas necesitados.

¡Casas de coral! Otra razón más para mantener el lugar con las cinco estrellas, no tenía ese dato.Espero que nos cuentes más cositas de esta isla, amigo.Besos.

Ey, cuando yo estuve allá por el 95 no habían tantos coches! jeje...La vieja avioneta que nos llevó costó mucho menos, pero claro fue el siglo pasado.Veo que seguiste mi recomendación sobre Lamu o ya estaba en tus planes. Los burros siguen campando por allí. Buenas y evocadoras fotos. ¿Sabes que Carolina de Mónaco tenía o tiene una casa allí? Un beso para el regreso (rima y todo).

Buenísimas fotos. Me alegro por la gente de allí que puedan explotar el turismo y la pesca de la zona.

Querido Paco,Te sigo acompañando en este viaje, como buena mariposa. Disfruta y absorve todas las imágenes, los olores, los aromas,....Un beso

Conocí Lamu en 1993... si puedes, súbete a un dhow y navega hasta la isla de Kiwayu

¡Tengo un cariño especial a los burros!. No sé, no sé.Una suerte que se pueda uno encontrar parajes así -ahora- en el mundo. Aprovecha y ¡¡siéntete viajero, súmate al sudor, si hace falta, de sus gentes!!. (En sentido 'figurao', claro).Un abrazo, 'corsario'.

Fantastico artículo.Me alegro de que haya despegado con el turismo. Suena muy apetecible.

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Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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