Paco Nadal >> El Viajero

24 nov 2010

Radiografia de un mercado africano

Por: EL PAÍS

Los caminos de Kenia (como los de toda el Africa negra) son un mercado sin fin. En el sitio mas inesperado aparece un tenderete precario hecho con palos y maderos en el que se vende cualquier cosa. Pero cuando hay un cruce de caminos, los tenderetes se agrupan y la actividad se desborda. Es el gran mercado. Es el gran mercado. Me detengo en uno cualquiera de ellos. Me siento sobre una pilastra de cemento y tomo notas en mi cuaderno.
Un mercado africano es...

La paciencia infinita de las mujeres sentadas durante horas con la mirada ausente delante de unos mangos, de unos tomates o de unos pescados secos.


El reparador de ollas y el zapatero que hace sandalias con neumaticos viejos
 
El médico que pasa consulta junto a una vieja camioneta llena de hierbas y remedios caseras.
 
El escriba que redacta una carta a los clientes analfabetos con una vieja máquina de escribir.
Una nube de moscas sobre el pescado fresco que abre la boca agonizante

La sección de carne, con otro millón de moscas revoloteando sobre cabezas de reses que ya te miran, que remedio, con ojos ausentes.
Un olor punzante. El sonido del lingala o del benga que llega amortiguado desde una tienda lejana.


Una niña descalza que mira con ojos temerosos
Un policía soberbio con una porra de madera
 

Adolescentes aburridos encima de sus moto-taxis en espera de clientes

Mujeres con vistosos kitambaa en la cabeza y bolsos de plástico en el brazo

Una nina que duerme en el suelo bajo el tambaliche de palos que usa como mostrador a su madre.
Un niño con harapos y un bidón en la cabeza.

Una joven de rostro dulce que vende kunde y yamo y que no se quita el telefono movil de la oreja.
Un cybercafe en un chamizos de paredes desconchadas donde los jovenes chatean con mundos lejanos
 

Tomates, cebollas, bananas, huevos, carbón, alubias, escobillas de palma, estropajo metálico, jarras de plástico, cuchillos baratos que no cortan, obamblas, omena, yamo, piedra pomez, peines usados, zapatos baratos de plástico que imita piel, tilapias del lago Victoria, especias, kunde para ensaladas?
 Niños, niños, cientos de niños?
Un vocerio continuo y acompasado

Un penacho de humo que se eleva a lo lejos, sobre la canopia de la selva.
 

Un cielo segmentado por cables metálicos como un pentagrama escrito sobre un papel azul.
Color, mucho color
Calor, mucho calor. Humanidad. Un sudor que te deshace.
La vida en estado puro.
(y por supuesto, un teclado sin acentos, como este)

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay 16 Comentarios

¡Muy buena radiografía!

Me gustó mucho tu descripción de un mercado africano...Te salió un cuadro colorido, completo y poético.Un beso sobre el pentagrama de tus letras.

Se te ha olvidado la tierra roja que pisas y que lo pone todo perdido!! Muy buena descripción Paco... que envidia de fotos killo! Un abrazo

Sin "tildes". Te sigo siempre, un abrazo.

Ahora resulta que hasta me gusta tardar un poco en pasar, ¡África! "Yo tenía una granja en África, a los pies de las colinas Ngong..." en ocasiones sueño que soy la mismísima Karen Blixen hasta su tumba en ese lugar tan tranquilo al pie de ese magnifico árbol me gusta. Tengo el libro, tengo la música y creo que vi tropecientas veces ?Memorias de África? y ahora llegas tú y cuentas maravillas de esa tierra tan hermosa y tan dura y mientras curioseamos tu blog después de días sin verlo es una delicia encontrar tanta información.Hasta pronto Abuela Cris

Un mercado en Africa es, además, una factoría de sueños para la vendedora de mangos, para la joven que vende kunde, para el policía, incluso para el escriba y el médico. Aquí andamos estos días pensando en la lista de los Reyes Magos, allí en vender un poco más de fruta que el día anterior.Gracias por traer pedacitos de Kenia a esta fría mañana.Un abrazo.

Muy buena radiografía, una vez más. Un saludo.

Rafa: me encantó la crónica y también me gustaron las imágenes en especial la tercera. Los mercados de Kenia son increíbles!! gracias por compartir esta vivencia!!

Qué diferente se toman el tiempo en esos lugares. Una cosa más que deberiamos aprender.Es fantástico que te reciban tan bien con la cámara.

Paco, tusa nota me agradan mucho, pero quizás sería ya tiempo de que reveas antropología, para mirar desde el lugar de los otros.¿Qué pensarán ellos de ti? Los europeos debieran desterrar prejuicios y su eurocentrismo. Saludos. Rosa.

Genial ,eres muy bueno ,sobresaliente.Creo que ha merecido la pena el esfuerzo.No voy a estudiar antropologia ,pero a ser posible me quedare viviendo en Europa y solo viajare a Africa cuando me encuentre en condiciones superoptimas para dar algo a cambio de nada.Un abrazo muy fuerte.

¡Me encantan los mercados africanos!. Los visito siempre, siempre, siempre.....Este tuyo tiene las características del 99 por ciento de los mercados africanos. No se me ha escapado ni el "policía soberbio con una porra de madera". Cuidadín, cuidadín.Trae 'al gallinero' unas tallas de madera, que sé que les gustan. ¡Anda!. No seas malo. ¡Anda!.Un abrazote, pirata.

Paco, tú hablas del calor y yo estoy casi a oscuras, la noche invernal me ofrece ráfagas de viento que golpean mi ventana, como la oscuridad, sin compasión. Uf. Así que ha sido un placer pasear por n mercado caluroso contigo.

¡Y sin eñes!

"El policía soberbio" es el encargado de cobrar el recibo del impuesto municipal correspondiente a los tenderetes y "la porra de madera" es para usarla con quien tenga la osadía de no pagar la cuota.Bueno...y despues de esta ocurrencia, de este chiste malo, hay veces en que preferíaría ser uno de esos vendedores en Kenia, que estar en este puto país de ignorantes, racistas y xenófobos.

Te ha salido un dibujo del mercado realmente precioso. Hermosas letras, amigo, esta vez, superan a las fotos y conste que me has hecho revisar ciento y un diccionarios.Besos.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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