Paco Nadal >> El Viajero

20 mar 2011

Bimini, la isla donde ya no podría emborracharse Hemingway

Por: Paco Nadal

Bimini 1

La vista desde mi habitación en Bimini, en el hotel Big Game Club. Fotos © paco nadal

Mala noticia para el gremio de la restauración y el fetichismo: uno de los lugares donde se emborrachaba Hemingway ha desaparecido. Por fortuna para los mitómanos quedan otros miles repartidos por el mundo (algunos cientos de ellos, sospechosamente, en Madrid). El hígado de don Ernest aguantaban lo que no está escrito.

El lugar la que me refiero es el Angler Hotel de Bimini, una isla minúscula del archipiélago de las Bahamas, a la que el premio Nobel solía venir a pescar y a escribir y desde la que ahora escribo yo esta crónica, que sin duda no merecerá ningún Nobel.

Bimini es un sitio especial: lo componen dos pequeñas islas tan llanas como la palma de la mano y varios cayos. Binimi Sur tiene forma rectangular y apenas está habitada, más allá de un par de hoteles, el aeropuerto y un centro de investigación marina. En Bimini Norte la única zona habitable es una manga de arena de 11 kilómetros de largo por apenas 365 metros de ancho donde se alza el único pueblo digno de llamarse así, Alice Town, que en realidad es una única calle tipo Far West rodeada de arena y manglares.

Hemingway se enamoró de Bimini durante una estancia en 1935 y repitió los dos años siguientes. Aquí escribió parte de “Tener y no tener”. Según mi guía se alojaba en el Angler Hotel, donde los domingos montaba memorables veladas de boxeo y alcohol. También según mi guía, el Angler Hotel es una visita imprescindible si estás en Bimini. Así que pregunto por él a un paisano con gorro de lana de rastafari y me señala unas ruinas. “Ese ‘era’ el Angler hotel, mister. Ardió en el 2006 con uno de los dueños dentro. Una tragedia”. Por lo que compruebo, del venerable edificio solo queda en pie la chimenea entre un amasijo de cascotes. Decididamente, las guías de papel se actualizan muy poco.

Bimini 2

Nunca he visto un agua tan transparente como ésta

Pero con Hemingway o sin él, Bimini me está encantado. Como siempre pasa en estos archipiélagos, la capital es un jaleo cosmopolita y frío tomado por los estándares del turismo internacional. Pero en cuanto te alejas de ella y te vas a una isla pequeña y remota, la percepción de la vida cambia.

A diferencia de Nassau, la capital de Bahamas, en Bimini todo es pausado y sencillo. No podía ser de otra forma en un pedazo de arena con esas dimensiones (recuerdo: 11 kilómetro de largo por 365 metros de ancho) en medio de una nada donde nunca pasa nada. La gente es amable, las puertas de las casas se dejan abiertas, cuando te quieres mover de un sitio a otro te pones al pie de la única carretera y el primero que pasa con un carrito de golf (el vehículo más usado en la isla) te lleva sin necesidad siquiera de sacar el dedo, en los bares la gente bebe ron y cerveza Kalik y reza los domingos engalanados como para una boda en alguna de las 11 iglesias de 5 diferentes religiones que hay para poco más de 2.000 almas.

Pero lo que más me gusta de Bimini es que la luz tiene una calidez especial y el agua del mar es el agua de mar más clara y transparente que he visto en mi vida. Una combinación, luz y colores marinos, embriagante. Puedes pasar horas sentado en el extremo de la manga de arena de Bimini Norte, justo en el canal que da paso a la rada y que la separa de Bimini Sur, extasiado con la gama infinita de verdes y azules que se combinan en el océano según sube o baja la marea.

Al atardecer te puedes quedar en un hotel de turistas norteamericanos haciendo lo mismo que hacen los norteamericanos en cualquier lugar del mundo (el norteamericano) o te puedes ir al Joe's Bar o al chiringuito playero de Stuart a mezclarte con la gente local, a tomarte una ensalada de conch (el molusco base de la dieta bahameña) o de langosta con una Kalik Gold (mi cerveza local favorita) o a bailar con los bahameños mientras el sol se pone sobre un cristal transparente llamado también mar del Caribe.

  Bimini 3

El chiringuito de Joe se parece al del anuncio de "me estás estresando". Pero hace una ensalada

de langosta por 12 dólares que te mueres.

Hay 9 Comentarios

La luz de esa parte del mundo, junto con los colores del mar, no podían ser más que embriagantes... muy bueno el adj.
Me pregunto a cuántas personas les habrán dicho "Eres embriagador/a". :-)

envidiable, esos hombre de arte, como hemingway, picaso, dali, para romper con el deber ser, en los 30, y uno aqui siglo XXI, debiendo ser, cuando se supone que el hombre crece, para mi decrece, hermosisimo el lugar conozco bahamas pero no Bimini, me lo debo y te lo debo, las fotos y tus palabras me hacen soñar, quiero salir de mi cajon de deber ser, para comenzar a ser, excelente tu nota

Me acabo de enamorar de Bimini. Aunque ya ves que el paraiso y el infierno pueden estar en el mismo lugar.
Aguas verde transparentes, manglares, langosta...mmm
Tómate una kalik a mi salud.

Por cierto, una vez estuve en un restaurante que tenía una placa dorada en la puerta anunciando "Hemingway nunca estuvo aquí", jeje...

Poder recorrer la tierra, el verdadero paraiso, tambien lo es un banco bajo la sombra de un arbol en un bello parque, sin que por tanto tenga que hacer una bonita postal,
Un paraiso es, donde se posen mis pies..

(Todo ello no evita que envidiemos un poco a Paco, jeje)

Paco, enhorabuena por el post, ser turista o viajero no depende de a donde vayas si no lo que hagas, y, como tú, yo prefiero reunirme con los locales que no con otros extranjeros. Recuerdo un comienzo de año inolvidable en el pueblo de Cancún (efectivamente, hay un pueblo en Cancún, donde viven los cientos de mexicanos que trabajan en los hoteles y resorts), donde me lo pasé mejor que en cualquier fiesta organizada.

Gracias ,por dar fe de que existen las Bahamas ,no entiendo como podemos hacer guerras ,cuando existen los paraisos,me duele el alma ,me voy a la cama ,espero que el sueño sea reparador .
Un abrazo.

Hermosa historia, Paco.

Es cierto, nunca pasa nada ni en sus islas ni en sus vidas, cuales seran sus sueños ?. ......Aprendiste hacer la ensalada de langosta?.

Es verdad. O al menos así es. Cuando la gente viaja tiende a encontrar paraísos en las pequeñas islas, porque tienen tranquilidad, sol, arenas blancas, agua relajante, chiringuitos playeros......
Y nadie encuentra el paraíso en un poblado recóndito, sumergido en plena selva, a varias horas de camino de un poblado conectado con la civilización y plagado de mosquitos que te abrasan en las noches. Yo lo encontré por una noche. Pero a la mañana siguiente me hubiera venido muy bien una hamaca y un chiringuito playero.
Como verás, un paraíso efímero.
[Sigo prefiriendo mi "Isla de las estrellas"].
Y sí, algunos 'libros-guía' se actualizan muy, muy poco. Es caro ¿no?.
Un abrazo, jovenzuelo.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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