Paco Nadal >> El Viajero

04 mar 2011

Ceuta: el vuelo en el que en vez de zumo de naranja te dan tapones para los oídos

Por: Paco Nadal

Ceuta
Hoy escribo desde Ceuta, uno de los enclaves españoles en el norte de África, porque hemos hecho el programa de radio de la cadena SER (Hoy por Hoy) desde esta ciudad autónoma.

Había venido muchas veces antes a Ceuta, muchas. Ceuta (como Melilla) es para varias generaciones de viajeros españoles la antesala de la aventura, la puerta de África. El lugar excitante en el que desembarcabas para iniciar la gran travesía del Sahara o al que llegabas por fin, exhausto y agotado, después de semanas tragando polvo y arena en el desierto y en el que te reencontrabas por fin con sabores cercanos: bares de tapas, cerveza, pescaíto... Recuerdo un atracón a cenar que me pegué una vez tras un mes de viaje en un todoterreno en el que cruzamos el Sahara hasta el río Niger, ida y vuelta, en el que no morí por empacho de milagro.

 

Helicoptero
Pero siempre había venido a Ceuta por el procedimiento normal: en ferry desde Algeciras, que tiene la magia de la travesía del Estrecho, el embarque y desembarque del vehículo, la sensación de lejanía que te transporta a otro continente... aunque en realidad esté a solo 11 kilómetros del tuyo. Pero esta vez, aprovechando que pagaba la radio, lo he hecho en el servicio de helicópteros que operan a diario entre Málaga y Ceuta. Llegas al aeropuerto y haces todos los tediosos tramites de cualquier aeropuerto, pero notas que hay algo diferente cuando en el mostrador junto a la tarjeta de embarque te entregan unos tapones para los oídos; luego subes a un helicóptero enorme de 16 plazas y en 20 minutos estás en África.



Mapa malaga-ceuta Una travesía maravillosa, a vuelo de pájaro, con la bahía de Algeciras, la Costa del Sol, el peñón de Gibratar y el Estrecho vistos desde una perspectiva inédita. No me extraña que cada año pasen por aquí millones de aves migradoras: no buscan el buen tiempo, vienen para disfrutar de estas vistas soberbias.

Ceuta ha cambiado mucho en los últimos años. Ya no es la ciudad portuaria y fronteriza que fue, un gigantesco cuartel donde se venía de paso hacia Marruecos, a comprar tabaco y radiocasetes o, los menos afortunados, a hacer la mili como quien venía a cumplir condena en galeras. Ceuta ha cambiado la cara, la ha remozado y renovado, y ahora luce como una ciudad luminosa, blanca, alegre y muy mediterránea. Un pedacito de Andalucía en África, que es lo que siempre fue.

Claro, que se sigue notando que aún hay 15 cuarteles en un palmo de terreno y que buena parte de la población cobra del Ministerio de Defensa. Anoche salimos los golfos habituales (Javier Coronas, Javier Rioyo y un servidor) a explorar la noche ceutí. Entramos en el bar en el que oímos más ruido y ambiente y, ¡oh sorpresa!, de los 200 tíos que había dentro, 199 estaban cuadrados y llevaban el pelo al cero. ¡en vez de un pub parecía unas maniobras nocturnas de la Legión!

El sitio perfecto para no hacer ninguna tontería ni tratar de ligar con la chica equivocada. ¡Con los muchachos de Millán Astray no se juega!

Hay 8 Comentarios

envidio ese vuelo de águila que acabas de gozar!

Pues una vueltecita por las Murallas Reales también se agradece durante la noche. La recuperación de ese patrimonio histórico es impresionante...

De este post, me anoto lo de volar en helicóptero, que nunca lo he hecho y suena muy bien. Lo anoto en la lista de mis "sueños por realizar".
Un abrazo.

Toda la gente que conozco que ha estado alguna vez en Ceuta, habla muy bien de la ciudad. Por supuesto algunos de ellos han pasado sus años de mili allí. Seguramente han estado en alguno de esos bares de la noche ceutí, donde solo se realizan maniobras con la copa en la mano.
jajajajajajajaja!!! Un saludo.

Lo más interesante: la salida 'golfa' nocturna, con buenas compañías ('golfas', también).
Un abrazo, desde la tierra de 'la tacones' (menos mal que ahora esta callada. ¡Qué remedio!).

Tienes razón, Runaway: otra de las cosas te impactan del vuelo es comprobar que no queda ni un palmo de terreno entre Málaga y Gibraltar sin urbanizar. El reino del cemento y el ladrillo. Un manual del perfecto destrozador de parajes costeros. Y aún dicen que la ley de Costas es innecesaria. ¡País!

Tan sólo una vez fuí a "bajarme al moro"...( je je je, no fue para lo que todo el mundo se imagina) desde mi pueblo del Valle del Guadalhorce, cogiendo después la autovía 340 por la Costa del Sol hasta Algeciras, dejando allí el coche y coger el Ferry, que vaya mareo.

Aunque ya conozcas la zona, si has ido en helicoptero desde Málaga, habrás podido comprobar el alicatado de hormigón y ladrillo de toda la costa, de interminables torres de edificios de apartamentos, hoteles y urbanizaciones en primera, segunda, tercera, cuarta...línea de playa.

También conoces la costa oriental de Asturias y, aunque pueblos como Ribadesella, Celorio, Llanes...se ha construido bastante en la última década durante el boom construcctor e inmobiliario, casi todos son adosados o chalets de segundas vivienda, y edificios de no más de 6 plantas, siempre respetando las distancias, el entorno, las zonas verdes, con un impacto mínimo en la contaminación ambiental y visual.

Aún así, no ha llegado a los niveles de la zona oriental de Cantabria, y ni muchísimo menos a los niveles del litoral del Mediterráneo. Bueno pues aquí muchos asturianos, sin haber salido nunca de aquí y tan sólo ha visto praos y vacas, estan convencidos por la propagando política y mediática, que que esto es peor que Marbella, desde el punto de vista de la especulación urbanística. Una compañera de trabajo hizo una escapada a la zona de los Oscos, en el otro extremo de la región, y alguna paisana de allí sin haber estado nunca en Llanes se pensaba que era como Benidorm. País.

Siempre he entrado por otros sitios a África. Ceuta está en el debe.
¿Tienes la información de los precios del vuelo en helicóptero?

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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