Paco Nadal >> El Viajero

Catedrales 0
Cuando recorres las rías Altas de Galicia y la zona de la Mariña de Lugo encuentras muchos arenales que quitan el hipo por su belleza y su virginidad. Pero hay un nombre que supera a todos: Las playa de las Catedrales (As Catedrais, en gallego).

Que es la más famosa de Galicia lo compruebas nada más llegar al aparcamiento: es lunes, de mayo... y cuento más de 40 coches. No quiero ni imaginar qué pasará un domingo de verano.

Luego bajas unas escaleras y lo que descubre te deja sin aliento, la fama de esta playa no es gratuita: la erosión ha tallado arcos puntiagudos como en una catedral gótica. Los contrafuertes de piedra sujetan unos muros imaginarios a los que el oleaje empuja con fiereza. Ni un paisajista hubiera imaginado un decorado tan extraño e irreal.

Y... efímero.

Porque a Las Catedrales hay que ir justo en el pico de la marea baja. Solo entonces los inmensos arenales y las bóvedas góticas de esta catedral sin altar mayor ni retablo quedan al descubierto. Enseguida, la pleamar extiende de nuevo una cubierta de agua sobre ellos y los esconde hasta que la luna vuelva a iniciar el ciclo de mareas. Mejor que en ese momento no te pille abajo. 

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 En esta web tenéis información práctica sobre cómo llegar a la playa de las Catedrales, mapa de Google maps, tabla de mareas para saber cuándo ir y hoteles cercanos.  

Catedrales 4

12 may 2011

Así es Lorca, la ciudad del sol

Por: Paco Nadal

Lorca FOTO 1

Torre Alfonsina del castillo de Lorca, mandada construir por Alfonso X, el rey más murciano

Lorca es la capital del valle del Guadalentín, la Ciudad del Sol, que inunda y llena los cuatro costados de una urbe que fue durante siglos frontera de dos reinos, que absorbió lo bueno y lo malo de ambos, que fue plaza fuerte romana bajo el nombre de Eliocroca, renacentista y barroca después, repleta de casones nobles y palacios blasonados. La misma que estalla en una explosión de algarabía y pasión cada Semana Santa con sus desfiles bíblicos y el fervor casi numantino hacia sus vírgenes, la de la Amargura para los Blancos y la de Los Dolores para los Azules, los dos colores que parten el corazón de los lorquinos y les obligan a rivalizar en lujo, esplendor y poderío cada noche de Viernes Santo. 

La ciudad tiene muchos lugares para ver y pasear. Sus alamedas, las calles Corredera, Selgas, Marmolico o López Gisbert —todas llenas de entrañables rincones—, el casino, ecléctico recuerdo de tiempos pasados, sus muchas mansiones solariegas —de los Mula, de los Moreno, hoy convertida en notable museo Arqueológico, o la más importante de todas, la de los Guevara, la mejor obra de la arquitectura civil barroca ante cuya fachada el visitante no puede por menos que sorprenderse—. Pero, quizás, donde mejor ha quedado grabado el esplendor de Lorca es en las piedras añejas de su plaza Mayor, ahora plaza de España.

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Pero Lorca no sería nada sin su castillo, que junto con otras fortalezas próximas, como la de Xiquena o Tiriezar formaron la línea defensiva de una frontera incierta. Del de Lorca quedan buenos lienzos de muralla y una robusta torre cuyo perfil destaca desde cualquier punto de la ciudad. Es la torre Alfonsina, mandada construir por Alfonso X el Sabio para reforzar las defensas de la urbe y en cuyas dependencias estuvo alojado, huyendo de las refriegas civiles de su tierra, un tal Boabdil, el mismo que años después tendría que llorar como una mujer camino del exilio por no haber sabido defender como un hombre el reino moro de Granada. 

(Fragmento del libro "Crónica de viajes", un recorrido turístico y sentimental por mi tierra, Murcia, que publiqué en 1994 (Editorial Darana). Valga como homenaje a Lorca y a los lorquinos, mis paisanos, a los que un terremoto les ha obligado a vivir los momentos más amargos de su vida).

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La ex-colegiata de San Patricio, uno de los mejores templos del Renacimiento murciano

Cariño
Ni Samarcanda ni Tombuctú. Si hay un lugar al que solo por su nombre sugerente habría que ir una vez en la vida es a... Cariño. Sí, Cariño existe. Y además está aquí al lado, mucho más cerca que Samarcanda o Tombuctú. Cariño lo encuentras al pie del cabo Ortegal, en la ría de Ortigueira, provincia de A Coruña. El extremo más noroeste de la península ibérica.

Los habitantes de Cariño no le pusieron mucho cariño a la hora de construir sus casas. El pueblo es moderno, tirando a feote. Una localidad marinera (no podría ser otra cosa en un lugar como éste) que conservó poco del viejo encanto portuario que alguna vez tuvo (para consuelo, la misma decepción te llevas en Samarcanda o en Tombuctú). Pero lo que si tiene es un emplazamiento soberbio en la costa más salvaje y bravía del mar Cantábrico. Se oye el graznido de las gaviotas, el olor a mar te espera agazapado en cada esquina y de banda sonora ponen el rugir de las olas del Cantábrico cuando golpean contra los acantilados. Solo por eso merece la pena echarse a los caminos en busca de Cariño.

 

Carantoña
Los gallegos son así de melosos. Viajando estos días por las rías Altas me he encontrado también con esto: Carantoña. ¿Estará hermanada esta localidad con la de Cariño?  

 

Ladrido
Bueno, también hay topónimos menos amistosos. ¿Como se llaman los habitantes de Ladrido?

 

Milagros
En fin, que vayas donde vayas en este increíble país nuestro siempre encuentras un Milagro.

 

Cada uno tiene sus manías. Y una de las mías es fotografiarme con carteles de pueblos con nombre raro o simpático. Si no habéis seguido la serie "España cañí", aquí tenéis las entregas anteriores:

España cañí I

España cañí II

España cañí III

España cañí IV 

 

 

Panorámica Vixia Herbeira

El horizonte es tan vasto que sus bordes se doblan como una bola de cristal. Por detrás de mi solo hay prados barridos por el viento en los que nada levanta más de un palmo y sobre los que pastan unas vacas ajenas a la belleza que les rodea. A un lado tengo una vieja garita de vigilancia. Al frente, un murete de piedra que previene de vértigos indeseados. Y por detrás del muro, un abismo de 612 metros que se descuelga hasta morir en la negritud del mar. Un mar que se ve extraño por lejano. Nadie está acostumbrado a verlo desde tanta altura.

Si me he de quedar con uno solo de los muchos y bellos acantilados que llevo vistos estos días por la Rías Altas gallegas elijo Vixia de Herbeira, en el cabo Ortegal, el extremo noroeste de la península ibérica. Uno de los acantilados más altos de Europa (solo lo igualan algunos fiordos noruegos y unas paredes de Feroe e Irlanda).

Un gigante de piedra negra que parece tener aversión al agua, por eso elevó tanto su cabeza. No me extraña que fotógrafos y cineastas quedaran atrapados por su magia y su misterio. El mismo Roman Polanski cayó en el hechizo y rodó aquí parte de  “La muerte y la doncella”.

El viento da punzadas de hielo sobre la piel. Unos rayos lejanos pintan zigzags de tiza sobre la pizarra del cielo encapotado. La tormenta se acerca. De vez en cuando, los nubarrones abren un hueco y los rayos de sol juegan a crear espejos efímeros sobre la superficie del Atlántico.

Me siento en el muro y dejo que la vista vague sin rumbo; estoy solo, no hay más que viento, mar y eternidad. Y unas vacas indolentes que no entienden de belleza. Me pongo a Yann Tiersen en el Ipod y paso así una hora, extasiado. Hasta que los latigazos cegadores se hacen acompañar de un bramido y unos gruesos goterones levantan explosiones en el polvo, como bombas de racimo. La tormenta está aquí.

Es hora de irse. Pero solo por disfrutar de un momento así, justificaría haber vivido. 

Cabo Ortegal
Los acantilados de Herbeira terminan en el faro del cabo Ortegal. Aquí está la línea imaginaria que separa el Atlántico del Cantábrico

 

 

Estos días, mientras viajo por Galicia, he terminado dos libros muy recomendables,  "Calle Amazonas", de Bernardo Gutiérrez, y "Un día de mayo", de Paco Elvira.

 

Cale Amazonas portada Calle Amazonas, de Bernardo Gutiérrez (Altaïr). Un soberbio libro de viajes de alguien que como el mismo reconoce, sucumbió a la llamada de los viajes y el periodismo. Para quienes no lo conozcáis, Bernardo Gutiérrez ha sido, entre otras cosas, corresponsal de diversos medios en medio mundo. Pero de todos los países que visitó como profesional, uno le enganchó: Brasil. Allí estuvo residiendo cuatro años y ahora mismo, por lo que sé de él, ha vuelto allí para una larga temporada. Calle Amazonas es el relato de un viaje de dos meses desde Manaos a Belem por el Amazonas y sus afluentes. Una historia trufada de historias y de personajes curiosos y truculentos narrada con muy bien estilo, con hábil uso de las metáforas, cargando el peso de las descripciones en frases cortas y contundentes que sin embargo consigue crear la imagen buscada. Un libro sobre el Amazonas en el que aparecen otro montón de libros sobre el Amazonas, pues Bernardo va desgranando al hilo de la narración cuáles fueron sus influencias literarias sobre el río más caudalosos del mundo: Vargas Llosa, Lévi-Strauss, Meirelles Filho... "La mirada es una elección", así empieza Calle Amazonas. Y a partir de ahí, no lo puedes dejar.  

 

 

Un día de mayo portada Un día de mayo, de Paco Elvira (Ediciones Valid Foto). De escritores que hagan pinitos como fotógrafos hay muchos y famosos casos (el mismo Kapuscinski fue uno de ellos). Pero buenos fotógrafos que decidan cruzar la trinchera para ponerse a escribir ante la pantalla, y además una novela, no conozco tantos. Por eso es más elogiable aún la primera incursión en el mundo de la literatura de uno de los mejores fotógrafos de reportajes, el barcelonés Paco Elvira. Dicen que toda opera prima tiene algo de autobiográfico. En el caso de Un día de mayo hay mucho de autobiográfico y mucho del ambiente periodístico que rodea las redacciones de los grandes periódicos de Barcelona, el territorio en el que Paco se mueve a diario y que ha elegido como envoltorio para esta novela de intriga peridiodistica que se lee al ritmo de un thriller policiaco. Marc Altés, redactor de un diario catalán, investiga una trama de corrupción y tráfico de armas. Los escenarios son la propia Barcelona, Marbella, el delta del Ebro, Irlanda del Norte, Dubrovnik, Macedonia y Hong Kong, localizaciones que Paco Elvira conoce muy bien por sus reportajes para un famoso dominical. La particularidad del proyecto es que la presentación del libro estuvo acompañada por la de una exposición de fotografías (en la Galería Valid Foto, de Barcelona) sobre los lugares que se narran en la novela. Es lo que tienen los buenos reporteros gráficos: crean una ficción, pero son capaces de ponerle imágenes. Un buen libro de intriga y una gran radiografía del periodismo de investigación hoy.

06 may 2011

Morirse "en provincias"

Por: Paco Nadal

Esquela Galicia

Voy a confesar una pequeña manía que tengo cuando viajo "por provincias", como los madrileños centralistas y caducos llamaban a todo aquello que estuviera más al sur del Tajo y más al norte que la sierra de Guadarrama.

Cuando estoy de viaje por ese mundo rural.... me gusta leer las esquelas de los periódicos locales

¿Morbo?: no. Experimento empírico. Hace tiempo que empecé a detectar que "en provincias"...¡la gente se muere muy, muy, muy vieja.

Os lo juro. Comprobarlo si no me creéis: las esquelas de los periódicos locales son coto de octogenarios y nonagenarios. Coged la sección local de un periódico de Soria, de Palencia, de Ourense o de Jaén y echadle un vistazo a las esquelas. Es la demostración científica de que la vida rural o en pequeñas ciudades es mucho más saludable que en las grandes urbes, porque la peña no palma hasta bien pasados los noventa, ¡es cierto! Llevo años leyendo esquelas de periódicos "de provincias". Está más que comprobado.

De todas formas, para que esto no parezca una digresión, anoche mientras cenaba en un punto ignoto e indeterminado entre Ferrol y Cedeira, en lo más remoto de la provincia de A Coruña, cogí al azar una hoja de la sección de esquelas de La Voz de Galicia, edición local, y sumé. El resultado es el siguiente:

Dona Albina (obvio los apellidos por razones obvias): 87 años

Doña Ramona: 93 años

Don Marcial: 89 años

Don Domigo:  87 años

Doña María: 93 años

Don Luis Alberto: 61 (este era un chaval)

Doña Josefa: 82 años

Doña Carmen: 89 años

Doña Narcisa: 91 años:

Don Argimiro: 93 años

Media de esas 10 esquelas: 86,5 años de edad. Estadísticas oficiales de expectativa de vida en España a mayo de 2011: 81,2 años.

Luego queda demostrado que: ¡¡la gente de A Coruña vive 5,3 años más que los demás!!

¿Qué hago yo viviendo en Madrid? ¿Tiene sentido la alocada vida que llevamos en las grandes ciudades? ¿Se puede ser periodista de viajes viviendo en Betanzos?

Dudas existenciales que me hago sabiendo que por mi estresada vida en la gran ciudad... ¡¡dando gracias si llego a los  81,2!!

 

 

Torre Hercules
Seguro que más de uno de vosotros ha comprado o alquilado alguna vez una casa en la que el promotor aseguraba haber usado "primeras calidades" y a los cuatro años estaba llena de grietas y los azulejos del baño bailaban la lambada.

Primeras calidades, los que se dice primeras calidades.... eran las que usaban los romanos. ¡Esos si que sabían construir!

Caio Servio Lupo, que ni siquiera fue a la facultad de Arquitectura, levantó en el siglo I de nuestra era un gigantesco faro de 41,5 metros de altura a la entrada de la ría de A Coruña, la Torre Brigantium, conocida ahora como Torre de Hércules, para facilitar el tránsito de naves en el golgo ártabro y la peligrosa costa de Gallaecia.

Y pese a los siglos transcurridos, pese a las agresiones de la meteorología y, sobre todo, del hombre, que llegó a arrancarle toda su fachada exterior de sillar de granito para reutilizarla en otros edificios, el faro romano siguió ahí, erguido e imponente, a la entrada del puerto de A Coruña. En el año 1000 la Torre Brigantium y el faro de Alejandría eran los dos únicos que quedaban en pie del sistema de señalización marítima creada por los romanos.

En el siglo XVIII, en época de Carlos III, se acometió el saneamiento y mejora del edificio. Se le recubrió de una nueva fachada y se le dotó de una escalera interior. Pero el alma y la estructura del monumento sigue siendo la misma de Caio Servio.

Cuando subes sus 242 peldaños, lo que estás viendo es la torre auténtica romana, sus bóvedas de opus caementicium, sus paredes perfectas; la evidencia del pasado. ¡Esto sí que son primeras calidades, y no las de mi adosado!

PD: no descubro nada, pero si venís por A Coruña no dejéis de visitar la Torre de Hércules, ¡es impresionante! Luego, al atardecer, la mejor vista del faro y de la bahía está en el parque del Monte San Pedro, el de la foto de abajo. Unas antiguas baterías de costa reconvertidas en el nuevo parque urbano de A Coruña.

Torre Hercules 3

Coruña

Menhires del conjunto escultórico de la Torre de Hércules, por donde discurre el paseo marítimo de A Coruña

Hoy escribo desde A Coruña, en Galicia. Esa comunidad autónoma española en la que los argentinos y chilenos piensan que hemos nacido todos los españoles, aunque en realidad en ella solo nacen los gallegos. 

Voy a estar varios días viajando por la Rías Altas y A Coruña es la puerta de esa costa norte y salvaje de Galicia.

De Coruña podría decir muchas cosas que me gustan. Pero hay una que me vuelve loco: tiene 13 kilómetros de paseo marítimo. Trece interminables kilómetros de ventana abierta al mar. Una orgía de espacios peatonales para caminar, pedalear, correr, holgazanear, soñar, leer, jugar.... oliendo a salitre y a yodo, oyendo el graznido de las gaviotas. ¿Te imaginas vivir en un sitio donde por todos sitios se vea el mar? Pues eso es A Coruña.

La razón es el curioso emplazamiento de esta ciudad gallega (aquí va un mapa para quienes no la conozcáis). A Coruña se fundó sobre una península unida a tierra por un estrecho istmo, por eso está rodeada de mar por casi todos lados. Como toda ciudad portuaria y militar, creció con demasiados parapetos que la escondían del mar. Pero desde finales de los años 80 los coruñeses han luchado por derribar barracones, naves, muros y obstáculos y abrirse de nuevo al Atlántico, que fue su razón de ser.

El resultado es este maravilloso paseo marítimo que bordea toda la sinuosa península (de ahí su longitud, no es que A Coruña tenga 13 kilómetros lineales de frente marino), desde O Burgo, en el este, hasta Portiño, en el oeste (con la salvedad del tramo del puerto, aún sin hacer).

En otros sitios tener una casa con vistas al mar es un privilegio; en A Coruña es una obviedad.

Coruña 2

03 may 2011

¿Para qué sirve una agencia de viajes?

Por: Paco Nadal

Travel-agent
“Lo siento, pero estáis casi al borde de la extinción”. La frase no es mía, es del periodista y ensayista norteamericano Jeff Jarvis, uno de los popes de la nueva era digital, aparece en su libro “Y Google, cómo lo haría?" y se la dedica a las agencias de viajes. En realidad se la dedica a todos los intermediarios: vendedores de seguros, agencias de publicidad, agentes inmobiliarios…

¿Para qué sirve hoy día una agencia de viajes?

Enciendo mi pantalla y a golpe de clic tengo docenas de buscadores de vuelos baratos que además me comparan en un segundo precios y horarios. Otras docenas de buscadores me permiten reservar hotel en cualquier ciudad del mundo: veo fotos de la habitaciones, del hall, comparo precios y ofertas y puedo elegir habitación de no fumadores, todo al instante. Páginas como Tripadvisor, Booking o Minube me permiten saber la opinión de otros viajeros que estuvieron antes allí y comparar (vale, alguno engañan o exageran pero en general, me fío de lo que dice). A través de Google Maps encuentro cualquier dirección que necesito en mi propio teléfono móvil y docenas de blogs y de páginas web me dan todo tipo de información práctica, rutas posicionadas, enlaces de interés… y todo gratis. Desde mi ordenador y sin intermediarios puedo alquilar directamente un coche, reservar un crucero, comprar un billete de tren… 

El cambio en la forma de comprar los viajes ha llegado de forma tan gradual que lo extraño es que haya quien aún no quiera verlo. En 1996 ya reservé una mulas en un remoto pueblo de los Andes para portear el material al campo base del Aconcagua… ¡por Internet! Entonces me pareció un milagro. Hoy algunos de los que viven en la cresta de la ola 2.0 piensan que lo milagroso es que alguien vaya a una agencia de viajes.

A principios de 2011 en España quedaban 6.776 agencias de viaje. Mil menos que el año anterior. Unas 2.300 menos que en 2007, cuando se llegó al récord de 9.127 puntos de venta. Y quien crea que esto es solo por la crisis económica es que vive con orejeras.

¿Tienen futuro las agencias de viaje?

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Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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