Paco Nadal >> El Viajero

20 ene 2012

El día que ligué con una noruega en un barco hacia de la Antártida

Por: Paco Nadal

Sí, lo sé. La mayoría de vosotros pensáis que esta vida de rudo viajero solitario es un chollo y que uno tiene, cual viejo marinero de novela de Jorge Amado, una novia en cada puerto. Pero nada de nada. Eso es un mito.

Aunque a veces, suena la flauta. Como ocurrió en este reciente viaje a la Antártida en el que tuve un romance a bordo. Se llamaba Bjørg Føyn Hofsvang. Era noruega. Y viajaba sola.

La conocí una mañana en la cubierta de proa. Yo estaba intentado enfocar con mi cámara unos petreles gigantes que surfeaban sobre la nave como planeadores sin motor cuando ella se acercó con su cuerpo menudo envuelto en un anorak azul. Lo primero en lo que me fijé fue en sus ojos, de un azulgrisáceo acuoso. Y en sus manos huesudas. Hacía frío y soplaba un viento eléctrico. No había nadie más en la cubierta.

Como siempre he sido un poco cortado en la primera aproximación al género femenino fue ella la que rompió el hielo y empezó la conversación. Se interesó por lo que hacía y me dijo que ella también tenía una pequeña cámara digital, pero que no sabía usarla.

Nos sentamos en un par de butacas de madera de esas que siempre hay solitarias en las cubiertas de un barco que navega sorteando iceberg por el paralelo 64ºS y entre sonrisas y confidencias se fue tejiendo la complicidad. Cinco minutos después estaba completamente prendado de ella.

Le pregunté a Bjørg por qué viajaba sola. Y en su cara se iluminó aún más esa sonrisa serena que parecía no abandonarla nunca: “Porque todos los demás ya se han muerto”, fue su respuesta.

Bjørg nació el mismo año en que Roald Amundsen cruzaba por segunda vez el Paso del Noroeste: en 1919. Es decir, Bjørg tenía 92 años. Y aún así ¡viajaba sola y a la Antártida!

Durante los días que duró la navegación en el Fram trabé una gran amistad con Bjørg. Fascinado por la valentía de una mujer nonagenaria en un viaje como ése solía sentarme a charlar con ella o salíamos a cubierta para tomar fotos. Le enseñé a usar su pequeña cámara digital y ella recibía las lecciones con su sempiterna y franca sonrisa, como una niña que aprendiera a usar su primera bicicleta.

No se perdía una excursión a tierra ni una conferencia a bordo, caminaba con su cuerpo menudo y manifiestamente encorvado por glaciares, por neveros, por laderas y pendientes, por rocas húmedas y resbaladizas, en un precario equilibrio que a veces daba miedo verla. “Bjørg se cae, Bjørg se cae”, exclamábamos. Pero nunca se caía. Siempre con la misma cara de alegría y con la misma ansiedad por descubrir y comprender.

Bjorg_2

Bjørg se hizo popular entre el pasaje. El día del ultimo descenso a tierra, en Hannah Point, en las islas Shetland del Sur, hacía un vendaval del carajo y un oleaje al límite de lo que las normas de seguridad del barco permitían para desembarcar. La zodiac golpeaba con violencia la borda del Fram y cabeceaba metro y medio por arriba y metro y medio por abajo del pantalán metálico desde el que había que saltar. ¡Vive Dios que no era fácil abordar aquella lancha neumática! La gente preguntaba: “¿Dónde esta Bjørg?” Pero Bjørg estaba ya camino de tierra. Había embarcado en una de las lanchas. No me preguntéis cómo logró hacerlo.

Siempre sonreía y siempre estaba de buen humor. Me contó que había enviudado hacía 20 años, que no tuvieron hijos y que seguía haciendo esquí nórdico. Un día vio en la tele un famoso documental sobre los pingüinos emperador y decidió que no quería morirse sin ver los pingüinos. Por eso se había embarcado en el Fram camino de la Antártida.

Bjørg fue en este viaje el mejor ejemplo de vitalidad y de positivismo. Alguien de quien era fácil enamorarse.

En este tipo de cruceros-expedición la media de edad del pasaje suele ser muy alta. Lógico si pensamos que no son viajes baratos. Hay que ahorrar toda una vida para poder pagártelo (y a veces, ni con esas). Por desgracia, y con demasiada frecuencia, los viajeros, los cronistas (me incluyo), solemos caer en el chiste fácil, en la risa cómplice sobre esos cruceros llenos de “vejestorios”; son tema fácil para la crónica burlesca.

Pero después de haber conocido a Bjørg y a otros muchos septuagenarios y octogenarios que iban a bordo del Fram, ávidos de experiencias, con movilidad reducida pero dispuestos a jugarse el tipo por aprender, por conocer, por descubrir…. por seguir (en definitiva) vivos y con la mente abierta esas chanzas me parecen aún más fuera de lugar. Muchos, más jóvenes, no se atrevería a hacer lo que hacen ellos. Solo puedo quitarme el sombrero y agradecerles la lección.

Ojala pudiera yo, si llego a esa edad, ser uno de esos “viejos” de cruceros a la Antártida o a cualquier otro lugar que no han arrojado la toalla, que sienten aún la necesidad de ver, de sentir, de aprender cual adolescentes.

Este post es un sincero homenaje a gente como Bjørg Føyn Hofsvang, la joven de 92 años que se fue sola a la Antártida porque no quería morir sin ver pingüinos. Mi humilde reconocimiento a todo ellos.

Hay 59 Comentarios

Un amigo necesita consejo para una historia de amor bastante compleja. ¡Cualquier ayuda es poca!. Os dejo el enlace donde cuento esta historia para que me digáis qué os parece:

http://malditatartadequeso.blogspot.c om.es/2014/04/consejos-para-un-lio-de-faldas.html

Un saludo.

Un amigo necesita consejo para una historia de amor bastante compleja. ¡Cualquier ayuda es poca!. Os dejo el enlace donde cuento esta historia para que me digáis qué os parece:

Líos de faldas

Un saludo.

Que bonita historia, tenemos tanto que aprender de las personas mayores... gracias por compartir vuestro encuentro

Genial relato, me ha recordad una vez en un viaje a Varsovia en que me encontré con un español de 86 años viudo, que viajaba solo, estaba recorriendo Europa del Este a bordo de su impecable Seat 600...

Es curioso las personas que puedes encontrarte en el camino...

buen relato y muy emotivo. La Antártida SI ES UN PAIS PARA VIEJOS

Muchas gracias por compartir esta historia tan bonita, me llegò al alma y me diò mucha ternura la fotografìa de ambos.
Tengo 45 años y vivo en un paìs donde ya esta edad se es discriminado y casi nadie tiene interès en mantener una conversaciòn salvo que tus medidas sean 90-60-90 y tengas 20 años. Por ese motivo este post me conmoviò el corazòn y te felicito por apreciar y darte cuenta que la experiencia es màs importante que la apariencia fìsica. Un abrazo muy grande. Isabel

¡Qué bonito post!

Dais enviadia! De la sana, sobre todo ella.

Me parece una historia impresionante! Es estupendo trabar amistad con seres de semejante categoría espiritual... Sin duda es algo de lo maravilloso que te aporta la vida y que ojalá todos pudiéramos aportar también.
Me da muchos ánimos ya que una de mis ilusiones es no morirme sin visitar la Antártida y Alaska... Tengo 42 y siempre dije y digo que viviré hasta los 120 años por que me siento realmente viva y bien, y ahora aún tengo más seguridad gracias a tu maravilloso relato.
Gracias por compartirlo y dejarnos sentir un poquito a través de tu experiencia.
Un saludo

Maravillo!! Es extremecedor poder leer esta historia tan enriquecedora.
Soy Podologa y leyendo el post me ha venido a mi memoria una paciente de 104 anos q tiene una vitalidad como Bjorg,ella sigue viajando por España,conociendo lugares nuevos con total autonomía,es muy gratificante poder conocer personas con esa energía.
Saludos

Perdón, en referencia a mi comentario: no me pregunto, me digo a mi misma.

No hay forma de ocultar que me acabo de despertar...

Ahora me pregunto... si Bjørg tuviera un blog de viajes: ¡Qué de historias nos contaría!

Gracias por tu post. Me alegro la mañana.

una autentica lección de vida.

gracias por compartirlo

Bueno Paco, ahora que ya esta aclarado lo de tu ligue con esa chica Noruega (Bjørg) y aun que me causa mucha envidia, la perdono y la admiro. Y soy feliz porque de todas, todas yo también estuve en la antártica gracias a tus magníficos comentarios y no menos magnificas fotos, estoy contenta, ha sido un viaje muy cómodo, no pase frío ninguno y lo mejor para mis circunstancias ¡económico! Espero impaciente el próximo. Gracias Paco. Hasta pronto.
Abuela Cris

Quiero llegar a los 90 como la vitalista Bjørg! Manteniendo la necesidad de ver, y con ganas de sentir y de conocer. Alguna como ella he encontrado por esos caminos...A tí también te deseo una longeva vida viajera, Paco ;)

¡Que guapos! los dos de azul sonriendo !que envidia me da esa chica!
Besos,
Abuela Cris

Muy bonito post, Sr. Nadal. Un toque de optimismo en un universo de malas noticias. Realmente precioso.

Hola Paco. A mis 70 años pienso en cómo llegaré a los 100. Después de leer esta entrada quedo seguro que estaré como tu linda noruega, aunque eso sí, mucho más feo que ella.
Desde Gran Canaria, un abrazo a todos.

Paco:
Soy una gran admiradora tuya, una autentica fan. Como ya peino canas, aunque no tantas como las de tu "ligue noruego" , quiero darte las gracias en nombre de todos los abuelos y abuelas que viajamos por el mundo y que cuando encontramos a alguien como tú aún disfrutamos más.
Gracias por tus cronicas, gracias por este bellon colofon.

¡¡¡BIEN POR BJORG Y TODAS LAS PERSONAS COMO ELLA!!! Un saludo.

Desde luego que es una gran lección para todos. No perder las ganas de viajar viendo mundo hasta que nuestro cuerpo diga basta.

¡Yo quiero llegar a esa edad con esa energía! Muchas veces me preguntan que por qué hago deporte si estoy delgada. ¡¡¿¿??!! A mí se me salen los ojos de las órbitas y siempre respondo lo mismo: porque quiero llegar a los 80 como esos ancianitos 'guiris' que me tropiezo cuando viajo por ahí con un bastón de trekking yendo de un lado para otro.

Menudo espíritu y menudas ganas de seguir teniendo experiencias. De ella debería aprender gente con 70 años menos...

Gracias por contarlo, Paco.

Preciosa historia! Más de amor que de viajes.
Espero que hayas quedado con sus datos para que no la pierdas de vista y nos des noticias suyas de vez en cuando.
Qué señora más simpática, también yo la amo ahora.

Qué historia más bonita !! una verdadera lección de como hay que disfrutar de la vida en cada momento.

Espero un día poder ir a la Antartida, sí o sí.

Saludos.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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