Paco Nadal >> El Viajero

03 may 2016

Pon un turista en tu ciudad (y luego, aborrécelo)

Por: Paco Nadal

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Hace unos días, los responsables municipales de Amsterdam reconocían estar desbordados por el elevado número de turistas que visitaban la ciudad y lanzaban una especie de SOS: “No vengan tantos a visitarnos, ya no caben más”. La situación no es nueva. Ciudades como Venecia o Florencia hace décadas que fueron fagocitadas por el turismo masivo. Otras, como Praga, Brujas o Dubrovnik van por el mismo camino. En nuestro país, Barcelona lleva tiempo intentando entender en qué momento el turismo, antes anhelado, se convirtió en una fuente de problemas. ¿Existe una solución al problema de morir de éxito?

El fenómeno sigue unos patrones similares en cualquier lugar del mundo: primero una ciudad invierte ingentes cantidades en promocionarse y buscar una tajada del apetitoso pastel del turismo. Si hace bien los deberes, el número de visitantes se dispara y con él, los ingresos que generan. Y cuando las cifras se desmandan, denosta y aborrece los peajes derivados de ese fenómeno. ¿Cuánto debe Barcelona a los turistas llegados tras el lavado de imagen que supusieron los Juegos del 92?

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El turismo es uno de los motores económicos del mundo. Genera -según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT)- casi el 10% del PIB mundial si sumamos los beneficios directos y los indirectos. Pero también es un Atila que arrasa cuanto toca. Nada aculturiza más ni altera más las costumbres y el entramado social de una ciudad o región que un turismo de masas mal gestionado. Hay que tomar medidas, nadie lo niega. El problema es ¿cuáles?

La más fácil y recurrente es crear tasas turísticas. Gravar con impuestos. Catorce países de la UE ya las aplican. En España, solo lo hace Barcelona, que cobra una tasa por pernoctación, aunque la alcaldesa, Ada Colau, acaba de anunciar que estudia imponerla también a quienes visiten la ciudad de día, aunque no pernocten en ella (me pregunto cómo lo hará: ¿le cobrarán solo al que vaya con bermudas, calcetines blancos y sandalias? ¿en qué punto de la Diagonal se pondrá el control que separe a los que van de negocios o simplemente a ver al novio/novia de los que tienen la aviesa intención de visitar la Sagrada Familia y tomase una paella con sangría en Las Ramblas?).

¿Existe algún remedio para paliar los problemas de las ciudades turísticas que mueren de éxito? No creo que nadie esté en posesión de esa varita mágica. Lo que sí sé es que las premisas sobre las que han de partir las posibles soluciones no son halagüeñas:

1. El turismo va a seguir creciendo. Ya son más de mil millones los humanos que se mueven anualmente por el mundo de forma recreativa y el número seguirá creciendo conforme nuevas regiones del globo se incorporen a niveles altos de desarrollo.

2. Esos flujos son ingobernables; en una sociedad libre no hay manera de impedir que esos turistas vayan donde les dé la gana, a no ser que volvamos a las ciudades medievales amuralladas y al derecho de portazgo. Puedes poner numerus clausus en un monumento –como ya se hace en la Alhambra o el Parque Güell- , pero no en una ciudad.

3. Las ciudades turísticas deben asumir que una parte de su geografía urbana quedará para siempre como un parque temático para el turismo y que la población local será expulsada de allí por una simple ley de oferta y demanda.

4. No hay soluciones milagrosas, ninguna ciudad la has encontrado de momento.

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Lo que está claro es que solo imponiendo tasas turísticas no se soluciona el problema. Barcelona la aplica desde 2012 y no parece que haya resuelto nada. En este sentido recomiendo la lectura del artículo de Jesús Mota en EL PAÍS del pasado domingo La histeria fiscal se extiende por la ciudades turísticas: “Estamos ante otro caso endémico de la administración española de irracionalidad fiscal inducida por el pánico financiero y la imprevisión. Durante decenios el sector público y el privado ha entendido el turismo como una industria de coste cero en la que sólo hay que ingresar y recaudar sin que se les pase por la cabeza invertir en infraestructuras.... El resultado es masificación, suciedad localizada, zonas atestadas frente a otras vacías, pisos patera, borracheras y las vías públicas ocupadas por terrazas y chiringuitos”.

Igual que en un incendio forestal es imposible apagar el fuego más voraz y solo queda dejar que consuma lo que ya se ha apropiado mientras se crean cortafuegos para que no se extienda más, en las ciudades devoradas por el turismo masivo lo más inteligente es aceptar que –por desgracia- una parte del casco histórico quedará convertido en un parque temático de cartón piedra para uso turístico, a cambio de poder salvar otras zonas de la ciudad. Un dato a favor es que el turista siempre va a los mismos lugares, necesita de sus pares y busca esos escenarios falsos del parque temático, con sus terrazas, sus chiringuitos y su oferta estandarizada, que es igual en Barcelona o San Petersburgo. Eso ayuda a controlar los flujos y a evitar que el caballo de Atila pisotee otras zonas de la ciudad.

En el caso de Barcelona, creo que aún están a tiempo de parar, pensar y tomar decisiones. Las medidas que está tomando el equipo de Ada Colau pueden ser más o menos acertadas y controvertidas, pero al menos le alabo la valentía de hacer frente al problema.

Solo queda una labor inteligente y paciente, soluciones imaginativas e inversión del dinero generado por el turismo en crear nuevas infraestructuras y diversificar las zonas de atracción. La mejor solución para Barcelona es un cóctel de soluciones: crear campañas de promoción y acciones encaminadas a lanzar un mensaje muy claro a touroperadores y mercados exteriores: Barcelona no es un destino low cost de borrachera. Legislar fenómenos como el de AirBnb de manera que se elimine de ese mercado a los que se profesionalizan y gestionan docenas de pisos sin dañar la necesaria economía colaborativa y la libertad individual para alquilar una habitación en tu propia casa (pagando impuestos por ello); me consta que los propietarios de esa web están por la labor de ayudar a que esto sea así. Y mano dura al aplicar las ordenanzas municipales ya existentes en cuanto a ruido, beber en la calle y actos incívicos.

Cualquier cosa, menos poner puertas al campo o pensar que cobrando más tasas turísticas se soluciona todo.

Hay 35 Comentarios

una legislación laxa y del eterno cortoplacismo de muchos (que por fortuna no todos) empresarios hosteleros y hoteleros españoles. Con el patrimonio que tenemos, y que tengamos que aguantar estas "invasiones de hooligans" no tiene nombre. Basta ya, por los vecinos, por la convivencia, por la imagen a nuestros adolescentes y niños,

La verdad es que Barcelona se encuentra en una situación compleja, ya que se ha desarrollado el modelo turístico sin control y ahora se encuentra con una economía muy importante procedente del turismo pero con problemas para saber gestionar dichos flujos. Y a la vez estamos viviendo cambios en las tendencias de los viajeros que puede hacer que visiten aún más Barcelona o por el contrario busquen otros destinos que se adecuen a sus necesidades. pero si Barcelona se queda sin turismo ¿qué pasaría?

Hola Paco,

Es verdad que el turismo en masas está provocando grandes problemas y que hay que tomar medidas, pero también es cierto la importancia económica que tiene el turismo ¡qué sería de España sin turismo!
pienso que lo importante es aprender de lo que está pasando e ir desarrollando modelos turísticos sostenibles, y lo más importante, que las ciudades sean tanto para turistas como para vecinos donde puedan convivir en armonía, así todos estarán contentos.
Un saludo.

Estimado Pedro,

Que no te moleste la prepotencia, sino la ignorancia.

La superación de carga de turistas en destinos turísticos se debe en parte a que las empresas de gestión y planificación de dichos destinos turísticos se han dedicado más a la promoción que a la gestión y planificación del futuro. Le ha pasado a todos los sitios que comentas, Paco y le va a pasar a sitios como Málaga, etc.

Mira, V(B)iajero Insatisfecho, que maravilla ser un viajero y no un turista!!!!! Para esto debes tener herencia de tus padres, o mucho tiempo para el ocio, o trabajar com viajes.
Nosostos a quien detestas, o sea, los turistas, podemos hasta tener mucha pasta, pero no tenemos tiempo o conocimiento para ser viajero como usted, entonces paciencia, seguirás detestandonos vida afuera.
Nosostros los turistas, como las personas, somos diferentes, cada uno és un mundo. y podemos entrar respetuosamente en una ciudad y ali dejar nuestro dinero para sus ciudadanos.
Soy brasileña y los brasileños onde llegan dejan mucho dinero, o dejavan ya que una crise horrible nos empobreció.
Hablando en crise y en pobreza y en paro, nada és familiar para usted? Eres español? Entonces tu pais está en la misma mierda que el nuestro: Paro, pobreza, etc. Por lo que sé, la maior industria de España és el turismo. No?
Se Alemania, que és Alemania, o Noruega o Suécia, hacen inversiones en el turismo, quien és España para dispensalos y detestalos? Entonces: A fingir!!
Hablas de una invasion amarilla em Madri! Te refieres a los chinos? Donde estais, hombre? Vives aqui en la Tierra?
Deja de ser arrogante, mira tu ombligo, sea humilde, que no eres ningun noruego para hablar desta manera.

Un artículo/entrada/post muy bien elaborado y con ganas. Digno de un estudioso trotero como tú (en el buen sentido del término: no me llames 'cascarrabias').
Yo, como detesto al turista, me uno a todas las anómalas situaciones que nos cuestas. Estos días, precisamente, en Madrid tenemos una invasión amarilla. Y todos tan contentos!!. Yo: ofuscado.
Pero, también te digo una cosa: 'Mírate al ombligo'.
Un abrazo, compañero.

Cuando se trata de ganar dinero y de que los negocios de hostelería se hagan de oro, nadie se quejaba. Los problemas llegan ahora...

Creo que una gran solución es la educación de base. Debería en los colegios, institutos y universidades haber una asignatura para enseñar a comportarse cuando se hace turismo.

Hay que ser respetuosos. Pienso que la persona que se quiera emborrachar, el mejor sitio para hacerlo es en su propia casa. Ahí, no molesta a nadie.

Soy de una ciudad del norte de España en la que durante muchos años nos hemos llevado el premio de Ciudad europea más limpia. ¿Y cómo se consigue eso? Poniendo muchas papeleras en todas la calles, y concienciando al ciudadano.

Vivo en un lugar dónde apenas hay papeleras, aún así me guardo lo que iba a tirar en el bolso y cuando llego a casa lo tiro a la basura.

Creo firmemente que la educación es la llave de todo. Y me parece genial lo de los "numerus clausus", no conocía éste tema.

En fin, no veo nada de malo en hacer turismo o incluso turismo low cost. Lo malo es cuando se confunde low cost con ser maleducado y sin vergüenza. Eso es lo que no se debe permitir.

Un abrazo.

Las culturas, como la vida, nunca permanecen estáticas y a veces degeneran. Los responsables deben de tomar consciencia de ello y buscar soluciones inteligentes.

El problema de todo lo tienen nuestros gobernantes y la carencia de una política turística adecuada.
El dicho de "pan para hoy y hambre para mañana" se puede aplicar perfectamente en este debate. Nuestros políticos no ven más allá de la esquina. Les falta una visión del desarrollo turístico a largo plazo.
Falta una legislación más severa con borrachos y gamberros que vienen a nuestro país para hacer cosas que no les permiten en el suyo.
Además, todo este tipo de turismo no genera ingresos, bueno, si pero a los turoperadores que son realmente quienes se llevan la pasta.
El turismo es un tema muy delicado y evidentemente hay opiniones para todos los gustos.
Este tema daría para muchos, muchos días de debate.

Señor Rubén Arnandis i Agramunt, si tan convencido está de que tiene la varita mágica, vaya de manera urgente a Venecia, a Florencia o a Praga. Le están esperando como agua de mayo. ¡Se va a hacer usted rico con su fórmula! Vaya prepotencia!

¿molesta mi dinero? bueno. Lo gastare donde me traten bien. Por ejemplo: nunca si hay parquimetro. Hagamos todos lo mismo

Para Rubén Arnandis i Agramunt | 03/05/2016 18:43:31:

Para empezar, creo que es usted un poco duro con el autor del blog, esto es precisamente eso, un blog de viajes, no un ámbito académico o político, por lo que tampoco debemos ser tan restrictivos.

Yo compararía este asunto del turismo masivo con lo que pasó hace una década en España, con la burbuja inmobiliaria: recuerdo que algunos que afirmábamos que un país no podía crecer de forma sostenida e indefinida sobre la base de hacer casas, éramos tachados de desaboridos, tristes, aguafiestas, etc, tal era la sensación de riqueza colectiva.

Con el turismo veo que pasa lo mismo. Yo no he estudiado Turismo como carrera, pero sí que tengo relación profesional con empresas turísticas, vivo en Málaga. El turismo (el de masas) es un negocio que, en general, necesita poca tecnología, poca especialización y poca cualificación. Así que cuando un lugar alcanza el éxito turístico, la opinión pública tiende a satanizar la más mínima crítica: así por ejemplo, que alguien sugiera algo tan simple como limitar o controlar la ocupación del espacio público por las terrazas, es tachado de comunista, bolivariano, contrario al progreso, etc.

Estimado Sr. Nadal,

Aquellas personas que nos dedicamos profesionalmente al turismo, no porque viajamos, sino porque lo hemos estudiado como carrera universitaria, conocemos perfectamente la varita mágica, esa que usted pone en tela de juicio, más si nos hemos especializado en la gestión pública del turismo.

Escribir solo por lo que uno ha vivido resulta del todo insultante (al menos para mí) ante un tema como este, a menos que lo que se busque aquí sea una opinión que genere verborrea fácil e incendiaria.

Solo le puntualizaré dos aspectos:

1. En 1971 la Unión Internacional de Organismo Oficiales en Turismo publicó un informe titulado justamente "La Planificación turística" en el que advertía que "si bien los promotores económicos en una primer fase (hasta 1950), y los organismos públicos competentes en una segunda (a partir de 1950), han respondido a las exigencias del desarrollo turístico a través de acciones programadas, […] las primeras formas de intervención turística han estado centradas en el desarrollo de equipos (alojamiento) cuyo objetivo no era otro que la maximalización de la rentabilidad privada. Este criterio no es suficiente, por sí solo, para garantizar la entrada de divisas dada como objetivo del desarrollo turístico, la conservación y explotación de las riquezas del territorio que utiliza el turismo, y que se desarrollen productos locales". Así pues este mal, que no es endémico del turismo, se debe a aquellos quienes sin conocimiento ni capacidad lo gestionan como una finalidad puramente consuntiva.

2. Siempre me ha resultado incomprensible ver a aquellos que critican el comportamiento de los turistas y empatizan con los residentes de ciertos destinos ya al borde del holocausto turístico (Venecia, Florencia, Praga, Brujas o Barcelona), sin reflexionar que todos somos residentes y que debemos asumir que si no queremos repiten ese mismo comportamiento incívico cuando viajamos, debemos comenzar a cambiar nuestros hábitos viajeros ¿por qué no aprender buenas maneras, como ya sugirió Rousseau en 1762 para quienes se aventuraban al Grand Tour, sobre cómo comportarte en tierras ajenas?

Eso sí, ya le aseguro yo que nadie le cambiará la situación de un destino turístico de una temporada para otra. Denos, al menos, el mismo periodo de tiempo que han tenido otros para destrozarlo.


El turismo cultural fomenta la difusión del patrimonio cultural de un país. Fomentar este tipo de turismo, permite atraer personas proclives al consumo cultural: arte, historia, geografía.. suelen ser personas con un nivel de educación más elevado y con afición por el ocio saludable. Este tipo de turismo, tal y como se dice en el argot del sector, es un turismo de "mayor calidad", por el motivo que gasta más y genera menos externalidades negativas.

Si bien la industria turística española, se ha encargado de vender durante los últimos 30 años, el producto de sol, playa (y alcohol); en el caso de España, otro tipo de turismo es posible, sin lugar a dudas. Sobretodo viendo nuestro inmenso patrimonio cultural, sin igual en el mundo.

Como nota positiva, hay signos para la esperanza, pues un cambio se está gestando desde la iniciativa privada, véase la inversión en Málaga del nuevo Pompidou, el nuevo museo Hermitage proyectado en Barcelona, o las rutas por las bodegas en la Rioja, y Navarra. Esperemos que desde la esfera pública se apoye este cambio hacia un modelo de turismo de mayor calidad.

Así tienen que acabar todos: http://ow.ly/4nneNZ ...XD

Hay mucho clasismo en los comentarios, turismo cultural de alto poder adquisitivo? Me gusta viajar de pie, con mi mochila, durmiendo en hostales limpios y decentes y comprando en tiendas locales. Ese turismo también enriquece. Y qué es el "turismo cultural", por cierto?

Y como ahora los turistas van en bici o en segway tienes que ir por las zonas peatonales con cuidado de que no te atropellen...

Vivo justo en el centro turistico de barcelona. El barri Gotic y si quereis que os diga la verdad no creo que a nuestros dirigentes les importe mucho el aumento del turismo de forma descontrolada. Es más creo que incluso invierten en el.
No se toman medidas reales o por lo menos no las podemos apreciar los vecinos. Si se controlara el mal comportamiento de los turistas seguro que vendrian menos. pero esto es Miami. Aqui todo vale. gritar y cantar por la calle a las 4am no tiene ninguna penalizacion real para nadie excepto para los vecinos.

Grabemos lo que no nos gusta (turismo excesivo, contaminación) y no lo que nos gusta, como el trabajo


http://laproadelargo.blogspot.com.es/2013/11/modernizando-henry-george-y-thomas.html

One time I went to Barcelona. There will be not a second time, so many drunk men in the streets. Barcelona: never, ever, ever, ever

Hay muchas cosas interesantes sobre este tema. Mientras el turista piensa que trae dinero, en realidad ese dinero acaba en cuentas en el extranjero, mientras ellos comen en grandes restoranes la gente que los atiende y les sirve viven debajo de la línea de la pobreza, las disparidades no hacen más que crear un clima muy malo. Recuerdo hace 20 años era una fiesta donde turistas y gente de la ciudad festejaban juntos ahora veo una animosidad hacia los “guiris” que antes no había. La otra vez me comentaba un amigo que le habían puesto una multa de 90€ por beber cerveza en la calle, dijo: que lastima que no tuviera el dinero para sentarme en la terraza de un hotel caro, no importa cuán borracho hubiera estado nada hubiera pasado nada. Sin más el año pasado vi como la policía echaba del parque de la ciutadella a unos músicos con cara de minoría étnica…. A la vez vi gente bien rubios y de ojos celestes con instrumentos de lujo que pudieron tocar tranquilamente, bueno el caso del arte y Barcelona es interesante ya que se han confiscado y quemado (de músicos callejeros) gran cantidad de instrumentos en los últimos años mientras la ciudad se publicita como artística y cultural el humo negro de instrumentos musicales de gente pobre se esparce por los cielos. Marca Barcelona?
Creo que para el turista, hoy en día, visitar Barcelona es tan contraproducente como comprar artículos hechos con labor infantil…

El turismo de borrachera no se permite en ningún otro país de Europa. O han visto ustedes grupos enormes de españoles con vuelo y continuo happy hour incluído en Londres, París o Berlín. La culpa no es de los turistas, es de una legislación laxa y del eterno cortoplacismo de muchos (que por fortuna no todos) empresarios hosteleros y hoteleros españoles. Con el patrimonio que tenemos, y que tengamos que aguantar estas "invasiones de hooligans" no tiene nombre. Basta ya, por los vecinos, por la convivencia, por la imagen a nuestros adolescentes y niños, YA ESTÁ BIEN. He viajado mucho y he estado en países con la mitad de la mitad de nuestro patrimonio y peor clima y te clavaban hasta por respirar. Y había turismo, pero bien presentado y de calidad. Aquí podemos y debemos hacer lo mismo. Y es duro decirlo, pero el corte entre el hooligan borracho inglés y el turista europeo que gasta más, es precisamente eso. El poder adquisitivo. Y esa es la pregunta que debemos hacernos: ¿Qué queremos sol y hotel baratos para hooligans que no se van a dejar un duro en el país? ¿No preferimos fomentar el turismo cultural y generar riqueza? También hay turismo joven que no necesita gastar, viene a hacer deporte, montañismo, ciclismo... pero es un turismo cívico (normalmente) que no hace daño. Esto se soluciona poniéndoles unas tasas y normativas que se enteraban, verás qué rápido se acababa el turismo de vómito y coma etílico.

He leído la nota y sus opiniones. Comparto sus cometarios, pienso en las soluciones y entiendo sus frustraciones. Pero no se olviden que Uds. también son turistas en otras ciudades y en otras latitudes y no son precisamente "turistas culturales" o de "alto poder adquisitivo" por lo que bueno sería encontrar soluciones que sean respetuosas de la ciudad, de quienes la habitan y de quienes la visitan. Practicar la tolerancia.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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