Martín Caparrós

BigMacs sí, libros no

Por: | 29 de noviembre de 2011

Sapo

Son formas de decirlo. Un escritor español, Martín Garzo, se queja en El País de papel de La decadencia de las palabras: “Muy pocas veces las palabras han valido menos que hoy”, escribe. “En nuestro tiempo, el lenguaje no solo se utiliza para ocultar la realidad, sino que nadie se hace responsable de lo que dice, por lo que ha dejado de extrañarnos que alguien pueda afirmar hoy justo lo contrario de lo que opinaba unos días atrás”, leo, y podría estar de acuerdo con esto último con solo pensar en lo poco que se parece la Argentina de hoy a la de octubre, antes de unas elecciones que hubo.

Sabemos que esas elecciones estaban decididas: entonces no nos sorprendió que hubiera tan pocas palabras, que no hubiera debates, que nadie dijera –y, sobre todo, que nadie preguntara– nada sobre lo que iba a hacer después la tan cantada –encantada– ganadora. Por eso, supongo, no debería sorprendernos que, en cuanto pasaron, su gobierno tomara una serie de medidas muy poco vendibles, que contradecían su marcha anterior: la veda de dólares, los límites a los aumentos salariales, las definiciones por fin programáticas sobre su proyecto de “un capitalismo serio”: “El capitalismo es que la gente consuma y ustedes los empresarios vendan cada vez más”. Y, sobre todo, la eliminación de los subsidios energéticos para todos que ellos mismos habían desarrollado con denuedo -y que ahora repudian como si los hubiera lanzado el enemigo. Supongo que es un caso más de aquella máxima que tan bien sintetizó el peronista anterior, Carlos Menem: “¿Y qué quieren? Si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie”.

Lo cual muestra que los argentinos sí creemos en las palabras: que las palabras no están en esa decadencia. O, si acaso: que nunca estuvieron mejor. Es el imperio de aquello que últimamente dimos en llamar relato. El relato se construye en todos los frentes, con palabras, diciéndolas o callándolas: hablando de Él o de un nosotros que nunca queda claro, armando historias y produciendo una nueva historia oficial desde un nuevo instituto oficial dirigido por el mayor panqueque oficial de nuestra larga historia de panqueques: un señor que no dejó de ser alto funcionario y militante convencidísimo de ningún gobierno desde 1983. No se puede desdeñar nada: el relato se construye desde todos lados, sin pausa pero sin pausa.

Y se construye, por supuesto, también con números, que son la base actual de las palabras. Todos conocemos la conspiración antikirchnerista que llevó a un Secretario a intervenir el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos para empezar a falsear sistemáticamente los números de la inflación, la pobreza y demás indicadores básicos. Fue el clásico esputo ascensional: un gobierno que abandona el monopolio sobre la producción de datos económicos y sociales al conseguir que nadie crea ni se rija por los suyos sino por cualquier otro. A veces me impresiona que un grupo de señoras y señores pueda cometer tales errores. Pero hoy debo reconocer que me impresiona lo contrario: nunca imaginé que se ocuparan del Efecto Big Mac.

Hace 25 años The Economist –una revista que sí hace periodismo militante, liberalismo al mango– inventó el Indice Big Mac, que consiste en relevar los precios de esa hamburguesa en tres docenas de países para calcular el poder adquisitivo de sus habitantes. Un dato interesante, nada que importe mucho. Pero muestra que para el gobierno peronista no hay cuestión menor: un entusiasmo, un esfuerzo, un cuidado por el detalle que me resultan francamente admirables. Decidido a manejar todos los números –las palabras que arman el relato–, el Secretario de Marras ¿negoció? con los dueños de McDonald’s Argentina que podían aumentar todas sus hamburguesas si mantenían bajo el precio del Big Mac, porque es el único que cuenta para el índice. Por eso la hamburguesa más famosa cuesta 20 pesos mientras que las demás están entre 28 y 41. Por eso los McDonald’s argentinos tratan de vender todos sus otros productos, pero no el Big Mac. Son trampitas: no hacen que la realidad cambie mucho; solo las palabras.

Son muestras de esa creencia casi desmesurada en las palabras –que a veces se complica, y redunda en perjuicio de otras palabras. Mientras los Big Macs siguen escondidos por sus propios dueños, dos millones de libros que los argentinos podríamos leer se pasaron meses encerrados en la Aduana, presos de la misma locura relatora, y a nadie le importó, se diría, tres carajos. Ni dos, ni apenas uno. Y lo peor es que ni siquiera los encerraron por lo que decían: casi hacían extrañar a aquellos poderes que atacaban libros porque temían sus palabras; era, al fin y al cabo, una muestra de respeto. Estos, en cambio, lo hacían por dinero: para que el país no despilfarre tanto en libros importados.

Libros encerrados: la metáfora no podría ser más infeliz. El peronismo tuvo, durante décadas, problemas con los libros. Ya desde su inicio en 1945, algunos de sus militantes gritaron que "Alpargatas sí, libros no", y a sus intelectuales les tomó décadas empezar a borrar esa frase –y convencer a algunos de que alpargatas sí, libros también.

Hasta que el peronismo menemista produjo su versión -“Versace sí, libros no”- y decidió borrar la cultura de su lista de intereses. En esos años sobredorados, una periodista me comentó una vez su sorpresa porque las casas hechas a medida que mostraba la revista Caras –“carne y casas”– nunca tenían biblioteca: ni siquiera una de ésas que se compra por metro, lomos de cuero marraschino, por mor de figurar. Las bibliotecas habían dejado, por fin, de ser un deber ser social: Menem lo hizo.

El peronismo kirchnerista, en cambio, recuperó cierta pátina libresca: se consiguió algunos intelectuales, los cultivó, los hizo sentir parte. Quizá por eso el encierro no despertó protestas. Ni el secretario de Cultura ni el director de la Biblioteca Nacional ni los numerosos escritores invitados a las recepciones y excursiones de palacio salieron a interesarse por la suerte de esos miles y miles de libros encerrados.

Quizá les parecía bien que estuvieran allí. Quizá piensen, como el califa Omar en el cuento de Borges, que ya hay demasiados libros y que el Corán es suficiente y que los libros que lo repiten son superfluos y los que lo contradicen son sacrílegos –y los manda quemar. Quizás piensen que lo que hace que un libro sea digno de leerse es que sea nacional, y a los demás que los encierren. O quizá no piensen nada: es una opción. En todo caso, hubo tiempos en que miles y miles de libros encerrados habrían sido un símbolo potente; ahora no. Ahora los cubre, cómodo, el famoso manto de silencio, frazadita feroz. Se ve que ciertas formas de la palabra sí están en decadencia.

Hay 27 Comentarios

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Saludos cordiales

Es cierto lo que dice Martín hace un mes quise comprar un libro sobre arquitectura en Cba. y me dijeron que no tenían porque estaban retenidos en la aduana.

Es cierto lo que dice Martín hace un mes quise comprar un libro sobre arquitectura en Cba. y me dijeron que no tenían porque estaban retenidos en la aduana.

Es bastante común ver en los que defienden lo indefendible --como el modelo K-- que recurran a los reclamos de la índole "Y vos no dijiste ni pío cuando vendieron las editoriales en los 90´". Me pregunto si esta gente que reclama esto hizo la denuncia correspondiente en ese asunto. Gente como Caparrós y muchos otros denunciaron constantemente las medidas neoliberales, y lo siguen haciendo actualmente, aunque ahora vengan disfrazadas. Es bastante mezquino reclamarle a Caparrós que le falló la crítica en este tema. Él mismo reconoce que no dijo nada ante esas ventas, que aparentemente no advirtió como una ola negativa.

Martin, un maestro, no aflojes contra la mentira y el "relato".

Se me ocurre que los cuatro comentarios precedentes fueron escritos en la Biblioteca Nacional

Dicen que allá por los noventas menemistas se llevó a cabo en Argentina una reforma educativa que replicaba casi exactamente la que algunos años antes se había hecho en España con resultados - se sabía - estrepitosos.
Dicen que el objetivo de fondo de ta reforma fue venderle a Argentina los libros de texto de la editorial Santillana.
Ojp, dicen...

Cuando tus patrones de Alfaguara, Santillana, Anagrama, etc... destruyeron la industria editorial argentina (que era la más importante de Latinoamerica) no te oí decir ni pío. Tuvimos que soportar por ello pésimas traducciones con "tíos"y "gilipollas" que destruían lo mejor de la literatura contemporánea. Pero claro, Anagrama te dió un toco de guita en forma de premio y Alfaguara es de los mismos patrones que EL PAIS. Entonces mejor defender sus intereses. Caparrós, el empleado del mes.

Hay que aclarar (aunque la nota no diga otra cosa) que lo del Califa Omar es una leyenda ridícula, sin sustento histórico. Primero porque la biblioteca famosa se incendió varios siglos antes de que naciera Omar. Y segundo porque en el islam siempre, desde el principio, abundaron los libros aparte del Corán. Libros de filosofía, de religión, de relatos de ficción, de medicina, todas cosas que a nadie se le ocurrió quemar con el pretexto del dilema que una leyenda le atribuye a Omar.

Sacacorchos

El problema es que parece que no logras ver que no importa si lo hace tambien EEUU, España, Chile, y el resto del globo terraqueo. El problema es que se hace aca.

Claro que otros paises lo hacen tambien, y es que este gobierno NO es diferente de ningun otro. Hace las cosas exactamente igual y con los mismos intereses. Lo unico que cambia, y creo que tampoco tanto, es que nos miran a la cara con ojos llenos de lagrimas hablando de redistribucion y justicia social.

MC critica a este gobierno porque, por fortuna para mi y tantos otros que necesitamos su voz para no creer que nos falta un tornillo, todavia tiene interes en hablar de nosotros -incluido el- y tiene derecho de hacerlo.

Decime, te convence lo que dice alguien que se viste como reina y vive como tal, que se victimiza de una manera tan patetica y evidente, te convence su politica, su forma de hablar, la GENTE que la rodea. A mi no porque mas alla de todo ese maquillaje no veo nada de "redistribucion de riqueza" ni de "justicia social" ni de "derechos humanos".

Y lo digo porque tengo derecho, porque por ahora puedo con sus limitaciones (porque los defensores de esta "modelo" son agresivos a un extremo que asusta) seguir diciendo que no creo sus mentiras.

Tambien creo que los defensores de CFK son tan agresivos porque solo a fuerza de brutalidad pueden ser creyentes. Solo pueden creer lo que defienden gritando, ahogando con voz en cuello, con consignas vacias y con improperios sus propias reflexiones .

a "sacacorchos": ¿Por cada corcho que sacás te tomás el vinito? Ya te veo rehabilitándote en Alcoholicos Anónimos. Si llega ser que tomás cocacola...peor. Eso de estar bancando con tu compra aun monopolio...mh....

Andrea, el señor Caparrós acusa al gobierno Kirchner de construir un relato adaptado a sus intereses falseando datos estadísticos. Cito textualmente "El relato se construye en todos los frentes, con palabras, diciéndolas o callándolas:" Lo que vengo a afirmar es que también existe un relato en los medios para los cuales el señor Caparrós trabaja, un relato adaptado a sus intereses, en el cual se ocultan o silencian los datos negativos de países y gobiernos que responden a esos intereses (Chile, España, EEUU), y se denuncia sistemáticamente a aquellos gobiernos y países que por una u otra razón han optado por vías alternativas de desarrollo (Argentina, Venezuela, Irán), que no gustan a medios de comunicación atlantistas como El País. Lo que hace el señor Caparrós es precisamente denunciar algo que, realiza él día a día con sus diatribas en El País contra el gobierno Kirchner, es decir, participar activamente en la construcción del relato atlantista del mundo, donde hay buenos que merecen un profundo maquillaje de sus cifras y malos a los cuales hay que demonizar a cualquier precio. Lo que el señor Caparrós parece no haber entendido es que gracias a Internet los tiempos han cambiado y las falacias o medias verdades que los opinólogos como él intentan colarnos quedan evidenciadas rápidamente a poco que investiguemos un poco.

Estimado martín, a vos como tantos otros, dejaron de ser kk cuando su discurso se desajustó de sus hechos. Ernesto Tenembaum escribió un libro: "Qué les pasó".Y desde las trincheras kk lo bardearon preguntándole qué le pasó a él. Oscar Wilde, dijo: "Disculpe que no lo reconocí, pero es que he cambiado tanto!" (tipo agudo si los hubo)
Entonces pienso:
No es que los kk hayan mutado: somos muchos los que nos sacamos la venda de los ojos. Y los vemos distintos porque los vemos con claridad

"No hace que la realidad cambie tanto, sólo las palabras", me parece una definición exacta de este gobierno, por eso la obsesión con la prensa, no importan los hechos sino que y quien lo dice...

Troesma: aqui le mando algo de otro "artista" de la politica,de otro encantador de serpientes.Y que le vamos a hacer...a la gente le gusta che,votan...“Gobernar no consiste en solucionar problemas, sino en hacer callar a los que los provocan”. Giulio Andreotti.

Hablando de panqueques les dejo este link, no se lo pierdan!
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-182154-2011-11-27.html

Sacacorchos,
que lo hagan otros paises invalida el argumento?
no entiendo, en que lugar de la nota de MC dice que otros paises no lo hacen?
que clase de argumento es el tuyo? si algunos seres humanos son capaces de asesinar estamos todos habilitados para hacerlo?

Chile: ¿Fin de la pobreza o de las estadísticas?

http://www.ar.terra.com/terramagazine/interna/0,,EI8864-OI1724495,00.html

CHILE - Casen 2006: cómo, por qué, y quienes la falsificaron

http://www.alterinfos.org/spip.php?article2033

Le dejo material para que se entretenga y deje de vendernos la transparencia de los "países avanzados"

Nuevas dudas sobre el INE: "El PIB de España está exagerado.
http://www.libertaddigital.com/economia/lombard-el-pib-de-espana-esta-sobrevalorado-1276403883/

Un informe denuncia que el Gobierno oculta una caída del PIB del 14%
http://www.libertaddigital.com/economia/un-informe-denuncia-que-el-gobierno-oculta-una-caida-real-del-pib-del-14-1276403131/

Caparrós, debería investigar más para darse cuenta que todos los gobiernos manipulan las estadísticas, incluido el de EEUU, la mayor potencia mundial . Le dejo un enlace para que de desasne un poco:

Shadow Government Statistics: http://www.shadowstats.com/

También podría citar la caída del PIB español del 19% en 2009 publicada en FT y luego despublicada que choca con el -3,6 oficial. ¿Quién se cree que España se contrajo menos que Alemania?

"Quien domina el presente domina el pasado, y quien domina el pasado domina el futuro" G. Orwell

Solo un titulo: "1984". Da muuucho, muuucho MIEDITO

Como siempre digo, es más útil convertirse uno en el cambio que esperamos ver, que esperar a que cambien las cosas para sentirnos satisfechos.
No niego esa realidad, pero crear la nuestra propia es más fácil de lo que parece, y aún lo es más el predicar con el ejemplo.

y en cambio nos inundan con libros y pasquines re-haciendo la historia del relato kirchnerista como se les antoja escribrirla. que epoca tan patetica.

Y como siempre, Menem lo hizo!!!

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

El País

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