Martín Caparrós

Una polémica argentina

Por: | 03 de noviembre de 2011

Discusion

Esta entrada será inusualmente larga; es un abuso, pero quiero reproducir fielmente cada paso de una polémica que tuvo lugar lejos. Todo empezó hace tres semanas, cuando la gente de Internazionale, una de las revistas más prestigiosas de Italia, me pidió un análisis breve de los años kirchneristas para un número en el que habría varias notas sobre Argentina –en elecciones. Lo preparé y lo titulé Kirchnerismo para dummies futuros. La editora italiana, prudente, me dijo que el título era malo pero incomprensible y lo cambió por El hambre y las mentiras de una década; era, es cierto, un poco demasiado. El texto, en cualquier caso, es éste:

Dentro de cien años, cuando ninguno de nosotros sea, cuando el mundo sea otro, los manuales de historia argentina –si es que sigue habiendo manuales, si sigue habiendo historia, si Argentina– incluirán, seguramente, diez o doce líneas sobre “la década de los doctores Kirchner”. Esas líneas empezarán por sorprenderse ante el tribalismo arcaizante de una esposa sucediendo a su esposo; dirán quizá que fue el apogeo de lo que alguien llamó la “política de la sangre”, ese período en que, a falta de ideas y proyectos que cohesionaran a sus militantes, los únicos vínculos firmes eran los del parentesco: ese retorno a las formas dinásticas.

También dirá –sobre todo dirá– que el peronismo de los años ‘00, encabezado por los doctores Kirchner, se dedicó más que nada a recomponer el aparato del Estado que el peronismo de los años ‘90, encabezado por el doctor Menem con la colaboración provincial de los doctores Kirchner, había desarmado. Dirá que los manuales no deben hacer juicios de intenciones, así que no se arriesgará a decir por qué los doctores Kirchner decidieron esa recomposición; ofrecerá un abanico de razones que van desde su convicción de que el Estado era la única herramienta para aminorar la desigualdad de las sociedades de esos años hasta la idea sibilina de que si uno va a gobernar un Estado le conviene que haya Estado –y apuntará que la razón verdadera debe estar en una mezcla de ambas y otras más.

El manual sin duda recordará que los doctores Kirchner llegaron al poder a la salida de una crisis –como casi todos los gobiernos argentinos– y que, inteligentemente, supieron escuchar sus gritos y desactivarlos: quitarles su potencial de verdadero cambio. Y que para adaptarse a los nuevos tiempos cambiaron su discurso privatizador de los noventas por uno levemente estatista, y cambiaron su desdén anterior de los derechos humanos por su reivindicación insistente. Y entonces quizá diga –es improbable, impropio de un manual, pero quién sabe– que los doctores usaron esos derechos humanos y la memoria mistificada de ciertas luchas setentistas para legitimar a un gobierno cuyo acción no tenía ninguna relación con esas ideas revolucionarias. Hasta podrá, quiza, citar la frase de un escritor ya entonces olvidado que solía decir que le parecía muy bien que el gobierno de los doctores Kirchner defendiera los derechos humanos de 1976 pero que hubiera preferido que defendieran los de 2011, y lo explicaba: que no sólo no defendían los derechos humanos básicos –a comer, educarse, curarse– sino tampoco los más específicos, porque durante sus gobiernos la cantidad de muertos por represiones y abusos policiales fue bastante extraordinaria.

(Y, a propósito de confusiones y discursos, quizá el manual recuerde –probablemente no– que hubo un breve período, tras la muerte del doctor Kirchner, en que los medios oficialistas insistieron en que “la juventud” se identificaba con el proyecto del difunto y su viuda. Pero si lo dijera diría que esa falacia empezó a  desarmarse sólo unos meses más tarde, cuando, en las siguientes elecciones de la juventud más politizada, los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, las agrupaciones kirchneristas no pudieron ganar ni un solo centro de estudiantes –y su derrota dejó claro que la idea era perfectamente falsa.)

El manual irá cerrando el tema, pero es probable que antes cite una frase feliz de esos años: que el kirchnerismo fue un ejemplo infrecuente y fecundo de “épica posibilista” o “posibilismo épico”: que pocos movimientos políticos han sabido combinar tan bien la declamación de que son portadores de cambios decisivos con la justificación de que en realidad no pueden cambiar mucho porque bueno, así están las cosas, esto es muy complicado, miren de dónde veníamos.

Y apuntará, en muy pocas palabras, que esa retórica de cambio se apoyaba en comparaciones insistentes de sus cifras socioeconómicas con las cifras del peor momento de la crisis –y no con los números más normales de los años normales, y que eso es un viejo truco peronista. Y quizás hasta recuerde que los doctores decidieron prohibir cualquier cifra sobre la inflación y la pobreza que no fueran las oficiales: falsas, inverosímiles.

Para terminar, el manual subrayará lo que fue, junto con la recuperación de parte del Estado, lo más importante del período: el remate de la reconversión de la Argentina en un país agroexportador, que tantos problemas le traería más adelante. O, dicho de otro modo: la vuelta de la Argentina a su forma del año 1910, antes de que le dieran las veleidades industriales.

Y señalará la falla de un gobierno que tuvo, durante una década, tanto dinero fácil proveniente de las exportaciones agrícolas y no pensó en usar esa bonanza tan casual para construir una alternativa económica que subsistiese cuando la demanda de esos bienes primarios, tan dependiente de los mercados externos –no dirá “del apetito de los chanchos chinos”–, se cayera. Y concluirá, quizá, que era esperable: que la Argentina siempre se especializó en perder sus oportunidades.

Entonces terminará por preguntarse cómo fue que un gobierno que insistía tanto en que estaba “redistribuyendo la riqueza” fracasó justamente en ese punto: por qué llegó a los diez años de poder en un país enriquecido por las exportaciones y, sin embargo, a fines de su ciclo todavía quedaban en la Argentina diez millones de pobres, más que en los peores años del peor neoliberalismo menemista. O, si se pusieran dramáticos, cosa que un manual en general no hace: que cómo fue posible que en un país que producía tantos alimentos siguiera habiendo personas que se morían –literalmente– de hambre. En el manual estará la respuesta; en este artículo, la pregunta basta.

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Discusion 2.

  Días después, la gente de Internazionale me dijo que Horacio Verbitsky, periodista de antiguo prestigio y asesor actual del gobierno en materias varias, había pedido derecho a réplica y ejercídolo en un texto del mismo tamaño que el mío. Se titulaba En defensa de Kirchner y aquí lo reproduzco, traducido del italiano en que fue publicado.

La opinión de Martín Caparrós “El hambre y las mentiras de una década” es un conjunto de falsedades contra el proceso político más innovador que se haya verificado en la Argentina en los últimos cincuenta años. La reelección de Cristina Fernández de Kirchner con el porcentaje más alto desde que los argentinos eligen libremente a su líder y con la mayor diferencia que se recuerde con respecto a su principal adversario, indica que el juicio de Caparrós sobre los gobiernos que se sucedieron desde 2003 no se corresponde con el de sus compatriotas.

Pero quizás esto no le importe, dado que desde hace algunas elecciones Caparrós manifiesta su posición elitista con comentarios llenos de aristocrático desprecio hacia los electores. Hace dos semanas definió a la población indígena como “una especie protegida con el apoyo de la comunidad internacional, de las organizaciones no gubernamentales, de programas internacionales y de los medios”.

Lo cual sería sólo una conducta que desprecia lo que no entiende si no fuera por la superficial falsificación de los hechos y de los procesos en los que se basa. La presunta indiferencia de los Kirchner hacia los derechos humanos es sólo una proyección de lo que hace él, personaje emblemático de la izquierda de salón. Miembro como yo de la guerrilla peronista, después del exilio Caparrós publicó varios libros que exaltaban la militancia de los años setenta. Esta conducta duró hasta el 2003, cuando Néstor Kirchner, elegido presidente, reivindicó a esta generación pero no los métodos de la lucha armada, e hizo suyos los reclamos de memoria, verdad y justicia de las organizaciones que defienden los derechos humanos. Ahora que toda la sociedad argentina ha abrazado esta causa –doscientos militares han sido condenados y en los tribunales se habla sin eufemismos de la militancia de las víctimas– Caparrós se declara “harto de los años setenta”, con la indignación del dueño de casa que ve un intruso en su bello jardín. Cualquier causa que tenga la aprobación de la mayoría le parece sospechosa y para él nada valen los documentos –entre los cuales algunos discursos grabados en video en 1983– que muestran la coherencia de Néstor Kirchner al denunciar a la dictadura.

Las críticas de esta gauche divine son cada vez más parecidas a las de quienes defienden la represión dictatorial de la derecha. Caparrós sostiene que, mientras se ocuparon de los derechos humanos de 1976, los Kirchner ignoraron los de 2011 (como el hambre, la educación y la salud) y los abusos de la policía. Pero lo cierto es lo contrario: nunca se construyeron tantas escuelas y hospitales públicos ni se inaguraron tantas universidades suburbanas, ni el balance de la educación ha sido tan alto ni la mortalidad infantil y el analfabetismo tan bajo como en estos años. En 2004 Néstor Kirchner ordenó a la policía que no usara armas de fuego contra los manifestantes y despidió al jefe de la policía y el ministro del Interior que no querían obedecerlo. En 2010 Cristina Fernández relevó al jefe de policía que desobedeció estas instrucciones y creó un ministerio de Seguridad en el cual los principales responsables son civiles con antecedentes en la defensa de los derechos humanos.

La banalidad del pensamiento de Caparrós resulta evidente cuando escribe que “el fracaso de los grupos kirchneristas” en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Buenos Aires ha revelado que los jóvenes no se identifican con Kirchner. Según el último censo de la población, en Argentina viven 11,3 millones de jóvenes entre los 17 y 34 años. En la Universidad de Buenos Aires los estudiantes de esta franja etaria son 300.000. Este 2,65 por ciento de la población pertenece a las clases más ricas de la población. Después de haber citado tantos años a Marx, Caparrós todavía no aprendió a sacar las conclusiones justas.

El escritor también sostiene que con Kirchner la Argentina ha vuelto “a ser conocida como un país agroexportador” como en los años del Centenario, “cuando no tenía veleidades industriales”. Teoría seductora pero falsa. En 2011, por primera vez en la historia argentina, los productos industriales encabezan las exportaciones del país: constituyen el 35 por ciento contra el 34 por ciento de los productos agrícolas.

Caparrós concluye que los Kirchner dejaron a la Argentina más pobre que el neoliberalismo de Menem. No es cierto. La pobreza ha sido reducida del 54 al 21 por ciento y la indigencia del 27 al 6 por ciento, según los datos de los institutos estadísticos provinciales. Ambos valores bajaron a los niveles de los años ochenta, igual que la desigualdad. En esta incesante marcha atrás todavía no llegamos a los años setenta, antes del golpe de 1976, cuando la desocupación y la pobreza estaban por debajo del 5 por ciento. Esta es la tarea por la cual 54 argentinos sobre 100 confiaron a Cristina Fernández el nuevo mandato que fastidia a los que son como Caparrós.

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Discusion 3.

No entendí quiénes “son como Caparrós” ni me preocupó mucho: mi supuesto carácter y mis supuestas motivaciones, que tanto preocuparon al articulista, no me parecieron un tema interesante. Pero sí sus afirmaciones; por eso pedí a la gente de Interrnazionale el espacio para mi propia réplica. Me dijeron, con toda lógica, que podría mandarles una carta de 1.500 caracteres, porque necesitaban espacio para tantas otras cosas. Lo entiendo, y por eso publico mi respuesta aquí mismo:

Lamento que Horacio Verbitksy, ex periodista que yo respeté mucho, vuelva a caer en la trampa más habitual de los portavoces kirchneristas: no discutir lo que se dice sino injuriar a quién lo dice.

Hay que reconocer que lo hace con entusiasmo: en unas pocas líneas, Verbitsky consigue llamarme falsificador, elitista, aristocrático, “personaje emblemático de la izquierda de salón”, gauchiste divin, pensador banal –y decir incluso que escribo con “la indignación de un dueño de casa que ve un intruso en su bello jardín”. De sus épocas de periodista quizá recuerde que cuando uno afirma algo debería poder sostenerlo: me intriga saber en qué informes psicológicos se basa para sostener que mis opiniones se deben a tal rasgo de carácter, a cual emoción, o incluso a “una proyección de lo que hace él” (sic). Y, sobre todo, cómo justificará adjudicarme entre comillas cosas que nunca he dicho, como que estoy “harto de los años setenta” –cuando he escrito tanto sobre el tema. Sobre todo en tiempos en que otros, como él, preferían silenciar sus historias.

Es cierto, en cambio, que cuestioné muchas veces el uso que este gobierno, con su asesoría, hace de los setentas. Por eso sostengo que la indiferencia de Kirchner hacia el tema no fue, durante muchos años, “presunta” sino real. Los lectores italianos no tienen por qué saber –y de eso se aprovecha el ex periodista– que el doctor Kirchner gobernó su provincia austral por ocho años durante el mandato de Carlos Menem –que amnistió a los militares asesinos sin que Kirchner haya manifestado ninguna oposición. Y que, durante esos años, cada vez que las Madres de Plaza de Mayo visitaron su capital, el gobernador Kirchner se negó a recibirlas, y que nunca organizó actos como los que sí había en tantos otros lugares para recordar el 24 de marzo, fecha emblemática del repudio al golpe de 1976. Verbitsky lo dice –¿sin querer?– cuando dice que, en 2003, Kirchner “hizo suyos los reclamos de memoria, verdad y justicia de las organizaciones que defienden los derechos humanos”. Fue bueno que, ya presidente, empujado por el cambio de humor general, se ocupara de esas cuestiones; es difícil adjudicarle a ese cambio carácter retroactivo.

Y sigo sosteniendo que los doctores Kirchner y Fernández se han ocupado mucho más de los derechos humanos de 1976 que de los de 2011, incluyendo la instrucción, la salud y la alimentación –no el hambre, como dice Verbitsky: en mi manual el hambre no está considerado un derecho humano. En la Argentina actual, país que produce alimentos para 300 millones de personas, sigue habiendo desnutrición y, cada verano, chicos que mueren literalmente de hambre.

Del estado de la educación y la salud públicas mejor no hablar: los define claramente el hecho de que ni siquiera los directivos de esas áreas se resignan a usarlas.

Para negar la violencia del Estado en estos años, Verbitsky recuerda las medidas que tomaron sus presidentes contra jefes de policía que no cumplieron sus órdenes. Olvida cuidadosamente que, en los últimos 18 meses, la represión polical a las protestas sociales produjo tres muertos en Bariloche, dos en Formosa, tres en el Indoamericano y cuatro en Jujuy: hace mucho tiempo que no pasa nada así en la Argentina. Y que los tres gobiernos provinciales que asesinaron manifestantes eran y son gobiernos kirchneristas, y que la presidenta Fernández no hizo nada al respecto.

Mi pensamiento -acepto- debe ser banal; mis datos tratan de ser ciertos. En la Argentina actual las cifras son aproximativas, y Verbitsky lo reconoce cuando dice que usa estadísticas provinciales –porque las nacionales, controladas por su gobierno, son inventos descarados, que nadie, ni aún él, se toma en serio. Lo cual ya debería servir como prueba: si un gobierno miente en su descripción cuantitiva del país, ¿qué se puede esperar del resto? Verbitsky, aunque no parece creer en las cifras del Indec, no define su fuente cuando dice que en 2011 “por primera vez en la historia argentina, los productos industriales encabezan las exportaciones”, con el 35% contra el 34% de los productos agropecuarios. Al decirlo, Verbitsky no dice tantas cosas: por ejemplo que la suma de ese 35% de las “manufacturas de origen agropecuario” –aceites, pellets de soja y otros– y el 22% de “productos primarios” hace que la venta de materia prima sin transformar o muy levemente transformada constituya más de la mitad de nuestras exportaciones –y la mitad de esa mitad son productos sojeros, igual que en 2003. O que, por trucos de nomenclatura, un 10% de esos “productos industriales” consiste en el oro que las mineras extranjeras se llevan sin procesar ni dejar ninguna plusvalía. Tampoco dice que un tercio de las “manufacturas de origen industrial” que se exportan proviene de la industria automotriz, que se dedica a ensamblar autopartes importadas; tanto que el sector tiene un déficit de más de 5.000 millones de dólares, o sea: que esa industria cuesta muy cara en la balanza comercial.

 “Caparrós concluye que los Kirchner dejaron a la Argentina más pobre que el neoliberalismo de Carlos Menem”, dice Verbitksy. Otra mentira: como cualquiera puede leer aquí arriba, nunca escribí eso. Escribí, sí, algo parecido pero diferente: que tras estos años de crecimiento y supuesta redistribución de la riqueza hay más argentinos pobres que “en el peor momento del peor neoliberalismo menemista”. Para confundir las cuentas, Verbitksy compara las cifras actuales con las de 2003, cuando Menem ya llevaba cuatro años en el llano. En cambio, si se comparan, como escribí, 2010 y 1999, mi afirmación se confirma: hay, ahora, entre 9 y 10 millones de pobres; había, en 1999, entre 7 y 8 millones. Es lamentable y muestra una distancia soprendente entre discurso y hechos –pero no por eso es menos cierto.

Son datos, no improperios. En el terreno de las palabras me sorprende, sí, que Horacio Verbitsky caracterice su “proceso político más innovador” como una “incesante marcha atrás”. Él –a diferencia de mí– sabe, sin duda, lo que dice.

Hay 182 Comentarios

Siempre vas a ser un gran escritor y periodista; independientemente de lo que digan los defensores del oficialismo, ladron, corrupto y mentiroso. Es terrible una que un par de muñecos puedan coopatar tantas mentes.

Interesante e instructiva discusión, sobre todo para analizar cómo se construyen discursos desde el Poder. No lo digo solamente por la cantidad de agravios personales, que por lo general suelen reemplazar esfuerzos argumentativos, sino por los mismos –y escasos– argumentos utilizados por el vocero oficialista. Lo que más me llamó la atención fue eso de la “izquierda de salón” que, aunque utilizado en forma de agravio personal, esconde una sutil manera de autoinmunizarse frente cualquier crítica que huela a “cambios de fondo”. Me explico. Para el Poder “izquierda de salón” es esa izquierda que no entiende los tiempos que le tocan vivir; es esa izquierda utópica que no se compromete con la compleja realidad y en consecuencia no asume la responsabilidad de llevar adelante los cambios necesarios de mínima porque siempre están pensando en cambios de máxima (J. P. Feimann dixit); es esa izquierda romántica y soñadora que todavía sigue con la obstinada idea de luchar contra el capitalismo y que no entendió que esa lucha ya está perdida y de lo que se trata es de “humanizarlo”; en fin, es esa izquierda que mira al futuro y sueña con un mundo distinto. Pero justamente es esto lo que incomoda al Poder, porque para esta izquierda –y para cualquiera que entienda que el “cambio es la ley de todas las cosas”– lo que existe puede no existir, y de hecho en algún momento va a dejar de existir (mal que le pese a algunos), y la pelea es por un futuro que no tenga nada que ver con este presente. El problema es que para el Poder todo es presente y nada más que presente, y en consecuencia, casi como una metáfora orwelliana, de lo que se trata es de controlar tanto el pasado como el futuro, o dicho de otra manera, que el pasado no sea más que un fiel reflejo de la mirada actual del poder –kirchnerista en este caso– y que el futuro exista como presente por-venir. Todo muy lindo pero… ¿qué significa esto en la práctica? Significa que no hay que aspirar a otra cosa más que lo que hay, cuanto mucho lo que se puede hacer es mejorar algunas cosas… de lo que hay. Lo que existe sólo puede ser comparado con lo que existió, o mejor dicho, con lo que el Poder dice que existió (porque el pasado es el relato del presente), nunca con lo que podría existir. El Poder necesita remarcar esto último: lo que podría existir nunca va a existir, o solo lo hará en la cabeza de algún “izquierdista de salón”. Poco importa si la Argentina está en condiciones materiales de erradicar por completo la pobreza, importa que estemos exportando 30 mil millones de dólares en alimentos porque eso nos da un saldo favorable en la balanza comercial. La pobreza existe y existió siempre, por ende –dice el Poder– seguirá existiendo.

Tal vez no se trate de lo que dice o no Verbistky, tal vez lo que importa es lo que dice el Poder a través de Verbistky, y lo que dice básicamente es que salgamos del “salón” y dejemos de soñar, o cuanto mucho soñemos con Nestor y Cristina.

A poco de finaliz

No le afloje Caparrós a estos montoneros arrepentidos.

No creo que ANI tenga 10 años. Conozco muchos chicos de 10 años que piensan por sí mismos, y no se tragan sapos

Vale aclarar que "ANI" tiene 10 años. Y vive en un pozo.

AGUAANTE EL PERRO!!!!!!!

El ultimo comentario de "Ani" no vale nada. Siempre va a defender a los kirchner, siente AMOR Y PASION por ellos, sin criterios. CAPARROS TE BANCO!

mechita se te ve la bombacha

Pff, te cabió Martin, el 53% de la población no opina como vos. Espero que por lo menos te paguen bien por mentir así, porque sería bastante patétic que encima lo hagas gratis, ex periodista. Besote desde Argentina

Te banco Caparros. Fuera los K!

Interesting...

continuá con tus verdades y con tu coraje

Martín: Tus textos son una fiesta para el espíritu crítico, un regodeo de fina ironía, un aluvión de agudezas...son cono un regalo de cumpleaños permanente.

Excelente, Martín. Te felicito por la nota. Toda mi vida pensé que eras un intelectualoide berreta. Pero ahora me doy cuenta, en estos últimos años, que coincidimos en muchas cosas.

Qué suerte que se te pasó toda esa grasada de los 70.


Un saludo.

Mopi: creo que el Perro valora que en estos ultimos 8 años se hayan hecho algunas cosas positivas. Recordemos que veniamos de la decada menemista y del helicoptero de de la rua con 5 presidentes y represion y muerte en las calles. Digamos, no es menor que la Corte haya cambiado su composicion. Comparemos a Nazareno con Zaffaroni por ejemplo. No es menor que la desocupacion este en un 7 u 8 %. No es menor que se haya creado la asignacion universal por hijo. No es menor la sancion del matrimonio para personas del mismo sexo. No es menor los planes de vivienda ejecutados o en ejecucion. No es menor el retorno del estado en varias actividades (correo, agua,aviones). No es menor la eliminacion de las afjp y la vuelta al sistema de jubilaciones publicas. no es menor el ajuste de las mismas dos veces al año. No es menor la derogacion de las leyes de obediencia debida y punto final. no es menor el juicio y castigo a los militares de la dictadura.
creo que el nudo del debate es que el perro compara con los siete años de dictadura mas los diez de menem mas los dos de de la rua al actual gobierno. mientras que vos lo comparas con una idea de sistema anarcosocialista que se podria debatir en Noruega como posibilidad pero que en un pais del tercer mundo subdesarrollado es inimaginable. por otra parte esta el tema de las elecciones en las que el pueblo segun la constitucion no delibera ni gobierna sino a traves de sus representantes. en las cuales el peronismo kirchnerista se legitima eleccion tras eleccion 22% , 45% y 54 %. Al mismo tiempo que las opciones electorales hacia el progresismo o izquierda no logran seducir al electorado.
Creo que seria mas util correr por izquierda al gobierno. por ejemplo, porque no hacen exenciones impositivas a las familias numerosas. porque no crean impuestos a los bienes suntuarios. porque no reactivan los ferrocarriles. porque no activan los juicios por crimenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno peronista 1973-76. porque no lanzan planes de vivienda a tasas subsidiadas por el estado en los bancos publicos. porque no reducen el empleo en negro.
creo que es mas productivo correr por izquierda.
un abrazo y felicitaciones por el Herralde!!!

CHE Caparros sos un ganzo, El Perro es un grande, y no le llegas ni a los tobillos, nunca fuiste un real militante, y se nota mucho. Como tmbien se nota q lo envidias, y te entiendo por q el Perro es lo MAS.

DAS LASTIMA, MANIQUEO DE LA REALIDAD, TIPICO EXPONENTE DEL INTELECTUA¨L IZQUIERDISTA CONVERSO ARGENTO

copado caparros, siempre te sigo en este mundo DE HARTAZGO kirchnerista... aBRAZO

La verdad Caparrós antes te leia con gusto, desde hace un tiempo me das asco. SI, es políticamente incorrecto lo que te digo, pero más políticamente incorrecto es tu extrapolación a un país de lo que vos ves en el espejo a la mañana. Es tu libertad, pero sabelo, los que te leen ahora no son los que te ufanabas te leían antes. Una lástima

UNo se pregunta presunción a futuro ¿ Qué irá a decir la historia a cerca de Martin Caparrós ? ¿ Irá a decir algo ?

lilly: lo del 40% de niños fuera del sistema escolar es una patraña, y lo de la pobreza del 32%... no sé en qué cifras podés basarte para decir lo que decís categóricamente porque
1)seguramente formás parte de los que sostienen que "el indec miente"
2)y poder decir las cifras que decís con esa certeza, con esa precisión es anunciar que existe otra institución equivalente en potencia de recogida de datos y de análisis al Indec, pero que además... "no miente".
3)esa institución no existe, y cites a quien cites, aunque sea a Artemio López, no puede dar esa cifra porque simplemente no tiene elementos para darla.
4)que el proceso haya empezado en el 2002 y no haya parado prácticamente nunca -excepto unos meses del 2009- y que en ese lapso haya gobernado duhalde un año y medio, y néstor y cristina 8 y medio, y que se pueda decir que la mejora viene por Duhalde es absolutamente insostenible. lo mismo que atribuir todo al viento de cola. Es una ceguera intencionada y dañina. SE TRATA DE MIRAR Y VER. Comparar este país con el del 2002 es de locos. Y erigirse en juez como lo hace Caparrós simplemente por una cuestión de fobias y filias personales, y llevarlo al terreno de las verdades reveladas, de que él ( y vos) "sabe como son de verdad los Kirchner" es muy peligroso y lo (te) alinea con los que él supuestamente combatió en los 70 (y él lo dice en primera persona del plural, "nosotros, los perdedores" en una nota suya publicada en el Frankfurter Rundschau.
40% de de niños fuera del sistema escolar, 32% debajo del límite de pobreza...
chau

Rick, los Kirchner asumieron el poder en el año 2003. El que inició el proceso de reversión de la angustiante pobreza y desparalizó la economía, fue el gobierno de Duhalde. Para cuando NCK se hizo cargo de la Presidencia de la Nación, el contexto había cambiado muchísimo y, como si fuera poco, el precio de los commodities le dió a su gobierno un inusual viento de cola. Los K, en realidad, capitalizaron en beneficio propio un proceso de crecimiento económico que vió su mayor envión en el año 2002, antes de que ellos asumieran. En la Argentina de 2011, cerca del 40% de los niños en edad escolar están fuera del sistema educativo, la pobreza ronda el 32%... Después de 8 años de gobierno K, estamos recuperando los índices que deseábamos dejar atrás. Eso sí! Hay que reconocer que hubo redistribución de la riqueza: el dinero se ha concentrado en nuevas manos y hoy tenemos una nueva clase pudiente en la Provincia de Santa Cruz.

el 22/8/2002 Clarín publicó aquí (http://old.clarin.com/diario/2002/08/22/e-00401.htm) que el 53,8% de la población argentina estaba debajo de la línea de pobreza: 19,5 millones de personas. Caparrós se ve en la tesitura ahora de...¡defender a Menem! (arriba lo hace) diciendo que en realidad cuando los Kirchner asumieron "Menem hace 4 años que estaba en el llano". pero en ese mismo párrafo no reconoce que la situación de partida de los Kirchner fue esa, casi 20 millones de pobres. Ahora saltarán algunos como "pato", que espera que en enero se pudra todo y no seamos megapotencia, que dirá que el indec mentía en ese entonces también, y que en realidad, no había pobres.
Pero hablando en serio, de ahí partieron, de 20 millones de pobres. Y el mérito es enorme: cuando se derrumba tu casa no sólo tenés que construirla desde cero, sino que antes tenés que retirar los escombros de una casa entera. En cambio. Menem fue privatizando y "repartiendo" esos ingresos y los de los "préstamos". En nuestro blog pueden ver notas del 98 en las cuales se relatan detalles y condicionamientos de la visita del FMI del 98. Sería conveniente que lo leyeran los españoles, teniendo en cuenta cómo terminó la Argentina en el 2001 por seguir esos condicionamientos (porque los que no siguió Menem los siguió Delarrúa). Y los que disfrutan prediciendo desgracias para nuestro país, "cuando se nos corte el chorro"... qué pena me dan... llevan 8 años prediciendo desgracias ¿no se cansan nunca?

"(Y, a propósito de confusiones y discursos, quizá el manual recuerde –probablemente no– que hubo un breve período, tras la muerte del doctor Kirchner, en que los medios oficialistas insistieron en que “la juventud” se identificaba con el proyecto del difunto y su viuda"

Martin. No creo que haya sido así. Estos medios que vos llamás "oficialistas" no insistieron. La juventud, claro.. se identifica con este modelo y no fue una exacerbación de las personas que pueden "Operar" desde estos.


Saludos!

A los hechos habrá que remitirse, no? Yo mejor espero hasta enero, no más que eso a ver que pasa en Argentina, qué pasa cuando se les empieze a achicar el chorro ese de dinero que les está entrando..Pais recaudador al 100%, vamos a ver cuánto aguanta, que pena teniendo todo, pero todo para ser mega potencia.

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

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