Martín Caparrós

El aborto es

Por: | 15 de marzo de 2012

Infierno3Fue la tapa de todos los diarios: la Corte Suprema de Justicia dictaminó que está mal que no se cumpla una ley de 1921. La ley dice, entre otras cosas, que las mujeres violadas tienen el derecho de abortar, y los médicos públicos el deber de hacérselo. Y que no se necesitan más mediaciones ni consultas ni autorizaciones judiciales. Parece poco, y sin embargo el nuevo jefe de los católicos apostólicos romanos argentinos, José María Arancedo, salió a decir que "debilita mucho la defensa de la vida; el aborto se justifica solamente en una declaración de que la mujer ha sido violada, sin la necesidad de que haya que ver quien ha sido el violador: el violador acá parecería que es inocente". Parece poco, y sin embargo tardará meses en poder aplicarse por cuestiones "burocráticas". Parece poco, y eran tan frecuentes los casos en que el aborto no se hacía por esas reticencias.

Eran los errores y excesos del sistema, los que soliviantaban. El aborto, mientras tanto, sigue siendo ilegal en casi todos los demás supuestos –salvo cuando corre peligro evidente la vida de la madre. Aunque decir que es ilegal debería ser ilegal: en realidad, cada año se practican cientos de miles de abortos en la Argentina y la ley no los estorba. El aborto –la práctica del aborto– participa de la misma hipocresía común que hace que para el fisco las propiedades valgan una fracción de su precio verdadero o que más de un tercio de los trabajadores esté en negro –con perdón de las comparaciones.

El aborto existe. No es eso lo que se discute cuando se habla de su legalidad o ilegalidad; se discute quién puede hacerlo sin peligro. Las mujeres de clase alta o media -muchas de ellas muy cristianas- abortan en centros bien equipados y se van a sus casas tras un par de horas; el aborto solo es realmente peligroso para las mujeres pobres que no tienen los mil dólares que puede costar en Buenos Aires. El peor riesgo del aborto es para los miles y miles de mujeres que cada año deben recurrir a consultorios ranfañosos, curanderos, amigas con ideas –y se mueren: cada tres días una mujer argentina se muere de un aborto mal hecho. Aquí también las diferencias de clase son decisivas: como en cualquier situación médica pero un poco más. 

El aborto no es ilegal: es clasista, injusto, otro gran momento de la desigualdad social. También ahí una redistribución real de la riqueza –bajo forma de acceso a la salud– salvaría muchas vidas. Por eso muchos quieren, desde hace mucho, legalizarlo: para que las mujeres más pobres tengan el derecho que tienen las más ricas a decidir cuándo y cómo tener hijos. Para que reproducirse no sea un error o una accidente sino una elección. Y la sociedad argentina está bastante de acuerdo: según distintas encuestas, dos tercios de compatriotas y compatriotos están a favor.

Es el resultado de la larga, incansable campaña de grupos de mujeres que llevan años hablando del asunto. Son las que se reunieron el 8 de marzo en la plaza de Mayo apoyadas por la izquierda y centro izquierda, y volvieron a pedir aborto legal para todas las que lo necesiten; mientras tanto, en Congreso, muchas menos mujeres kirchneristas se encontraron alrededor de unos discursos ambiguos, indecisos.

Es el nudo del asunto. Hace unos días una de esas antiguas militantes me decía que ellas lanzaron en 1991 una campaña para romper el silencio de la sociedad sobre el tema y que era curioso que ahora, veinte años después, cuando la sociedad discute, el silencio que hubiera que romper fuera el del poder.

Aunque, en realidad, el poder kirchnerista ha hablado alto y fuerte. En su último acto antes de ganar su primera presidencia, por ejemplo, Cristina Fernández discurseó contra el aborto y, justo antes de asumir, recibió al secretario de Estado papista, cardenal Bertone, y le entregó como prueba de buena voluntad la cabeza de su ministro de salud, Ginéz González García, que se había peleado demasiado con la iglesia de Roma a causa de sus avances en salud sexual y reproductiva.

Fernández ya había dicho, años antes, todavía senadora, que no estaba de acuerdo con la despenalización del aborto “porque soy católica, pero también debido a profundas convicciones”. Y que “es verdad que el aborto es una cuestión que debe ser instalada en la sociedad, pero no está aún en la agenda política de la Argentina como tema de debate”: como si el trabajo de los líderes no fuera, precisamente, instalar los debates que les parecen necesarios –y como si la iglesia romana no empuñara el tema como antaño la espada y la cruz.

Y después poco más, y si la cuestión aparece su gobierno la acalla. Fue muy claro en octubre pasado, cuando se planteó la discusión de la legalización en el Congreso y los diputados oficialistas no dieron quorum en la comisión. En esos días el ministro de Salud Juan Manzur, conocido por falsear las estadísticas de mortalidad infantil de su provincia, dijo que el tema del aborto no estaba en la agenda del gobierno, y el ministro de Justicia Julio Alak lo repitió, por si alguno dudaba: “La Presidenta decidió que el tema no esté hoy en el debate”. Después Fernández se lo confirmó al nuevo jefe de los curas, Arancedo, y todos happy como chanchos chinos.

“Nosotros como creyentes siempre creemos que Dios considera nuestro proyecto de vida. Somos instrumento de su voluntad divina. En consecuencia tenemos que seguir, continuar y ejecutar el plan de Dios. En este sentido, la protección de la vida desde la concepción en el seno materno es un principio esencial. Por eso nosotros estamos en contra de cualquier política abortista. Defendemos precisamente la vida desde la concepción en el seno materno. Dios nos permite a través de la vida crecer conjuntamente con una comunidad que inexorablemente organizada en valores humanos esenciales, cristianos centralmente, es lo que nos permite trascender. El sentido de la vida es un sentido de trascendencia. Y el sentido de trascendencia, finalmente, es el camino de Dios”, dijo hace poco en un video Jorge Capitanich, gobernador oficialista del Chaco y tercero en la conducción del partido de la señora presidenta. El segundo, recordemos, es Daniel Scioli, que en su última campaña electoral se mostraba de rodillas con su señora –pero rezando. Su slogan era “Yo creo en Dios”.

El gobierno lo ha dicho y repetido: no lo quiere. Y el gobierno controla el parlamento, así que se podría pensar que el aborto no tiene ninguna posibilidad de ser legal en la Argentina próxima. Yo no estaría seguro. Podría serlo si el kirchnerismo sigue con sus patinazos de estas últimas semanas. Si sigue maltratando a su ala progre –y a buena parte de la sociedad– con leyes de terror, represión ciudadana, masacres ferroviarias, neoliberales guitarreros y ajustes crecientes, el aborto tiene bastantes posibilidades de salir adelante. Muchos kirchneristas integran esos dos tercios de la población que está a favor de su legalización: que querría esa forma de la redistribución, ese ataque a la desigualdad. Y muchos necesitan, últimamente, que les tiren alguna golosina.

Las convicciones no parecen ser problema. El gobierno del cambio –el gobierno opositor– tampoco quería promulgar la ley de medios ni el matrimonio gay ni la asignación universal, y al final terminó por convertirlos en banderas. Lo hicieron en 2009, en un momento de retroceso; este se viene pareciendo. Así que no sería raro que repitieran un mecanismo que funcionó tan bien: que alegraran a un sector importante con un par de medidas eficaces.

Y si a la señora presidenta no le gusta el aborto, mejor para ella. Tiene la oportunidad inmejorable de subirse al banquito y decir, la vista al más allá, que promulga una ley con la que no acuerda sólo porque quiere respetar la voluntad popular: pura elegancia, peronismo fino. Nos daría una lección de amplitud democrática. ¿Se la imaginan? Sería otro gran momento de la Patria.

Hay 103 Comentarios

Siempre me pregunté porque tanto bardo con el tema del aborto.
En medicina legal(final:7) nos enseñaron que el aborto está permitido en caso de violación, en caso de sexo, aún consentido,
con mujer demente, o débil mental, o cuando está en riesgo cierto e inminente la vida de la mujer.
Pero, claro, la Institución Médica se creó a partir de la Inquisición y la represión a las brujas y parteras, para implementar el control y crear una nueva cofradía masculina: Los Médicos.

Estimado Juan: el punto tres lo elaboré siempre pensando específicamente en la violación. De eso se trata. En los demás casos considero que cae toda la responsabilidad en la mujer adulta (o la pareja) que por desidia, ignorancia o por la razón que fuere no toma/ron los recaudos previos necesarios o no se hace/n cargo de sus propios actos.
Mi intención es no caer en radicalismos tales como: aborto si, o aborto no, sino más bien contemplar con cierta visión relativista al tema. No creo que estemos tan distantes respecto a la vida como valor en sí mismo y su valor intrínseco. Saludos.

Estimado Nino: no sé si he entendido bien su mensaje. En todo caso, espero que mi pareja no lea el punto 3 de su reflexión. Cito: "Valorar una vida nunca debe exceder el derecho de las personas (mujeres) a decidir sobre el destino de la propia." Si esto es así, si su derecho a elegir el destino está por sobre el derecho a una vida, en el caso de que esa vida sea la mía, creo que tendría que darme por muerto, y que a su juicio eso sería para usted justo. Notable. Espero que ella no lo lea.
Y hablando en serio, no sé qué edad tendrá usted, pero más allá del debate sobre el aborto, creo que hay que medir las palabras. Me parece muy duro decir que la vida en general no es sagrada. El abuso de los católicos (y sobre todo de la Iglesia como institución que protege intereses obvios) no invalida el justo reclamo de que todos tenemos derecho a vivir y a hacerlo dignamente.
Insisto que no quiero entrar en el debate específico, sino llamar la atención sobre algunas frases que me parecen escritas tal vez a las apuradas y que pueden herir a quienes han (hemos) escuchado que alguien no merecía vivir (y ya no está). Saludos

Hay dos visiones contrapuestas entre sí desde donde se puede legislar (porque de ello se trata) acerca del aborto: la religiosa o la laica. Sobre la primera, a mi juicio, no vale la pena ni detenerse, porque la religión no utiliza el razonamiento sino el dogma, por tanto, en una sociedad aconfesional lo justo y propio es la visión laica. Aclarado esto me gustaría puntualizar ciertos conceptos:


1) La moral es un ente dinámico, por tanto un punto de partida engañoso y falaz como para legislar lo que fuere. Lo que hoy es moral dentro de algunas décadas puede dejar de serlo. Prohibir hechos inmorales es un retroceso conceptual y propio de procedimientos teocráticos.


2) En todos los casos, eliminar a un feto en gestación por considerarlo “averiado” (¡qué término tan darwiniano!) es el sueño Goebbel hecho realidad. Hay un solo caso en donde se justifica matar al feto por una malformación congénita y es el caso de la anencefalia, porque se sabe que el bebé muere invariablemente a los pocos minutos de nacer, por tanto, no tiene sentido alguno prolongar la gestación.


3) Valorar una vida nunca debe exceder el derecho de las personas (mujeres) a decidir sobre el destino de la propia. La sacralización de la misma es una absurda técnica católica porque no aplica el mismo criterio cuando pontifica y clama por la pena capital, o cuando bendice, fomenta y genera guerras, en donde la vida humana carece de valor en sí misma y se transforma ella misma en un instrumento al servicio de consignas.


4) La mayoría de los países se inclinan por una visión relativista del tema, salvo el Vaticano, Chile, Malta y no sé si algún otro paisucho más, en donde se oponen tajantemente en todos los casos al aborto -en todos los casos- incluida la violación.
Aun considerando la admisión del aborto únicamente en las primeras semanas del embarazo, el planteo, si se quiere, nos lleva inevitablemente al plano filosófico o ético. Si tomamos el concepto de “persona” como parámetro válido ¿por qué las dos primeras semanas y no dos meses o tres o cuatro?


Más allá de cualquier postura, el caso particular de la violación lleva implícita una problemática propia que excede cualquier otra consideración. Si la concepción es un acto de entrega y de amor, la violación y su consecuencia es un acto violento, no deseado. La opción principista del respeto a la vida no puede estar por sobre el derecho de la mujer violada. A quienes proponen semejante opción sería bueno que se pregunten cómo se sentirían ellos llevando en su vientre a un ser gestándose engendrado por la fuerza y el desamor. ¿Cómo creen que pueda sentirse una mujer que después de ser violada es obligada a cargar nueve meses con ese hecho ominoso en su propio cuerpo para luego entregarlo en adopción?

Excelente el comentario de Jorge Barreiro

En mi opinion el aborto deberia estar legalizado totalmente durante los 2 primeros meses del embarazo, y despues solo en casos en los que exista riesgo para la vida de la madre o el feto tenga malformaciones o algun tipo de enfermedad incurable.

Manuela: lo suyo es excelente. Es la primera vez que encuentro alguien que dice lo que quiero decir. No puedo creer que después de todo el siglo XX alguien se diga "laico" y después diga "Vox Populi vox Dei". Ahora Dios en vez de hablar a través del alemán que están en el Vaticano habla a través de las mayorías. Increíble.
Y tampoco me banco que me corran por religioso. Mis amigos me conocen y no lo hacen, pero cuando entrás a discutir en lugares como este, enseguida te unen con los curas. Como si uno no pudiera ser agnóstico (y especialmente anticatólico) y sin embargo concordar en que la duda de si es persona merece por lo menos deternerse a repensarlo. Y muy bueno lo de la pena muerte. En Texas la mayoría está de acuerdo. No por eso está bien que el Estado texano mate. Impecable lo suyo.

El gobierno no puede legislar la moral de las personas. Eso es cierto. Pero debe legislar con la moral y prohibir hechos inmorales.
No un estado religioso, el estado laico, desde una moral laica (cómo me molesta que atribuyan la oposición al aborto a las iglesias. Los que no creemos en DIos ni en la iglesia ¿no tenemos oportunidad de estar en contra?). Pënsar que si lo hace es fundamentalista es absurdo: cuando castiga el homicidio, ¿se mete en la moral de uno? ¿y con el canibalismo? ¿se mete en nuestra mesa? Y si castiga el estupro, las violaciones y el abuso ¿se mete en nuestra cama?
"Vox populi, vox dei" No me interesa tener un dios, ni siquiera el pueblo. Y el pueblo no siempre pide lo que es bueno: yo me opongo a la pena de muerte -el Estado asesinando- aunque la mayoría la pidiera.


Considero que es una DECISIÓN PERSONAL.
La mía es:
NO AL ABORTO, salvo que el feto esté AVERIADO y pueda llegar a nacer un niño DEFICIENTE o DEFORME.
Yo a un ALMA destinada a VENIR a este MUNDO, no le digo que no.
Más AYUDAS a las MADRES y a las ADOPCIONES LEGALES.

A quienes sostienen que es lo mismo un feto que un ser humano, intenten hacer un bizcochuelo con seis pollos, ni con la mejor batidora...

Siempre poco tranquilizantes sus palabras, Martín, y sin embargo, me tranquiliza que alguien las diga.
Gracias por estar. Y decir.
Un abrazo.

Eppur si muove (y sin embargo se mueve, en español) es la frase que GALILEO GALILEI (1564-1642) pronunció después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición. Desde un punto de vista simbólico, sintetiza la tenacidad de la evidencia científica frente a la censura de la fe, la quintaesencia de la perseverancia del científico ante las convenciones por autoridad. Ya que la Inquisición condenaba a muerte a Galileo si no se retractaba de que la Tierra no giraba alrededor del Sol sino al revés, algún escriba presente apuntó que después de aquel juicio, Galileo siguió pensando: EPPUR SI MUOVE .sc

370 Años después, LA IGLESIA VUELVE A PERDER SU OPCION POR LA CIENCIA Y LA BIOETICA : 1. Posición contraria al ABORTO: El aborto provocado es considerado por la Iglesia Católica el asesinato de un ser humano inocente (ya que consideran que el huevo o cigoto ya es un ser humano desde el mismo momento de la concepción). Se basa en el derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida. Considera la cooperación formal a un aborto como una falta grave sancionada con pena canónica de excomunión.2. La EUTANASIA no es aceptada porque, según la Iglesia Católica, Dios tiene el exclusivo derecho sobre la vida del ser humano por encima del que éste tiene sobre sí mismo.3.Oposición a la PLANIFICACION FAMILIAR mediante métodos anticonceptivos: se basa en el concepto de sexualidad que tiene la Iglesia Católica, por la que la sexualidad es a la vez expresión de «amor y unión», de un lado, y fuerza de «procreación», del otro. Los dos aspectos, según la Iglesia Católica, no se pueden separar el uno del otro. La iglesia sí acepta el método de Billings y el método Ogino-Knaus a los que considera naturales.4. Oposición a la CLONACION y a la FECUNDACION IN VITRO : dado que para conseguir un solo feto viable se deben descartar muchos otros que no cumplen los requisitos de viabilidad, la Iglesia católica es contraria a tales prácticas, es decir, sólo acepta la fecundación cuando ésta se produce como resultado del coito. SIGUE....

En que se diferencia “ESTO” de una TEOCRACIA ISLAMICA?: “El aborto es la supresión de una vida inocente, y no existe ningún motivo ni razón que justifique la eliminación de una vida inocente, ni siquiera en el caso lamentable y triste de una violación”. Monseñor José María Arancedo. Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA).Estado Laico ya! DESPENALIZAR EL ABORTO GARANTIZA LA ASISTENCIA.sc

Keith: lo q digo es q resulta llamativo q la Iglesia haya apoyado el régimen vigente del aborto de 1921 a 1963. Ahí pegaron un giro ajeno al dogma, un giro político. Si hablan como pastores, -me parece un derecho sagrado- q no opinen como políticos.
Manuela. No es una cuestión filosófica sino quirúrgica. NADIE puede obligar a una mujer a alterar su metabolismo por 9 meses ¡y a parir! contra su voluntad.
Ah, expropiación e YPF estatal, monopólica y al servicio del pueblo, sí.
Aprietes, opas y PetroCámporas, no.

ARGENTINA LA DESIGUALDAD COMO PRIMERA CAUSA DE MUERTE MATERNA. Tu tesis MC es correcta y está validada por los especialistas y expertos de la Organizacion Mundial de la Salud(OMS).
http://www.taringa.net/posts/info/1338022/La-desigualdad-como-causa-de-muerte-materna.html

Es cierto que las mujeres adineradas puede abortar con más seguridad y en mejores condiciones que las que no lo son. Pero pienso que ese no debe ser el argumento principal en el debate sobre su legalización. Es un motivo más para terminar con la prohibición, pero no el central. El núcleo de la postura irreductible de los prohibicionistas que hay que atacar reside en dos asuntos.
El primero es que la sociedad moderna es moralmente plural. A diferencia de lo que ocurría en las sociedades premodernas, o en las actuales teocracias islámicas, el Estado no prescribe ahora comportamientos morales o religiosos ni exige a los ciudadanos que sigan determinadas conductas. Las creencias morales son asunto privado, no político. Se dice con mucha frescura que la controversia sobre el aborto es un asunto de morales y convicciones contrapuestas como si con eso se la zanjara definitivamente. Pero no estamos en este caso frente al desafío de tener que optar entre morales contrapuestas, sino frente a un asunto eminentemente político, es decir a la necesidad de elegir –y este es el centro de la cuestión– qué criterios deben regir las relaciones entre normas morales particulares y normas legales. Es decir, un asunto del mayor alcance político. De cómo se aborden esas relaciones dependerá, en parte, qué tipo de democracia tendremos. Cuando en mi país Tabaré Vázquez vetó una ley que legalizaba el aborto alegando que sus convicciones morales así lo obligaban, no sólo mantuvo una prohibición absurda; también hizo gala de una determinada concepción política, aquella que sostiene que es lícito imponer una moral a los ciudadanos. Una concepción que se parece demasiado a la de los ayatolás y los frailes.
¿Cuál sería, pues, la ley más justa en relación con el aborto en una sociedad laica que no acepta los imperativos morales de la iglesia católica, que, digámoslo sin eufemismos, son los que asoman la cabeza detrás de la prohibición? La ley más justa en este asunto será la que mejor preserve la pluralidad de principios morales que existen en la sociedad. Y esa no es otra, mal que les pese a las almas piadosas, que la legalización del aborto. Por una razón muy sencilla: la legalización del aborto no violenta las convicciones religiosas y morales de quienes creen que el aborto es algo inaceptable. La prohibición, en cambio, y aquí reside la gran diferencia, sí impide a aquellas mujeres que no comparten esos criterios morales a interrumpir un embarazo no deseado.
El segundo consiste en que los prohibicionistas alegan que están defendiendo la vida, así a secas, y que los partidarios de legalizar el aborto son enemigos de la misma.
Es falso que los partidarios de mantener al aborto en el territorio de lo delictivo sean partidarios de respetar la vida en general, porque en ese caso deberían oponerse también a la tala de árboles y dejar de comer animales. En este carnaval semántico, todo está patas para arriba. Yo supongo que los salvadores de fetos quiere

Adhiero a lo de Manuela. Martín, debo decirte que esta vuelta en mi opinión tus argumentos me parecen flojísimos. De alguien que te lee con gusto desde antes de los blogs.

PARECE QUE SE HAN PUESTO DE ACUERDO CON SUS CONFERENCIAS EPICOPALES ESTAS PRESIDENTAS MACHISTAS…
STOP COOPERACIÓN ACTIVA Y PASIVA…
NO AL MACHISMO DE ESTADO…
http://www.junglerias.com/2011/09/homofobia-revolucion-sexual-y-violencia.html

El mismo día que la Suprema Corte de Justicia hizo público su fallo, en TN, por la noche, dedicaron un espacio al tema. Me sorprendió que la investigadora de Bioética de la Universidad Católica dijera que tenía que defenderse la vida “de las dos personas”; si esa afirmación hubiese provenido de un investigador en astronomía, vaya y pase, pero de bioética, es alevoso. Porque si el feto fuese persona, algo que inútilmente intentan fundamentar los contrarios a la despenalización, la RAE hubiese enmendado en su nueva edición la definición de persona así como también la de feto y embarazo. Nótese que la primera acepción de la última palabra citada es: impedimento, dificultad, obstáculo. El embarazo es una circunstancia que experimenta la mujer: estado en que se haya la hembra gestante, expresa la RAE. Es SU estado porque sucede en SU cuerpo. Nadie más que ella debe decidir sobre lo que sucede en ÉL. Haya sido violada o no.

Lo que yo no puedo entender es como los católicos pueden aceptar que por haber comido Adán una manzana se pierde el Paraíso, pero no pueden aceptar que por llevar alguien sotana pierde el derecho civil de opinar.

Manuela: la filosofía no sirve para hacer política, porque en ese caso las decisiones de estado quedan reducidas a las minorías ilustradas. Tus posturas de abogada del diablo son excelentes, pero vos no tenés autoridad para decir si una mujer violada debe abortar o no, en todo caso que el gobierno haga un referéndum, y vox pópuli vox dei. ¿Pero a que no lo hacen? La iglesia católica teme profundamente a este tipo de consultas, salvo cuando saben que las tienen ganadas. La iglesia no acepta otra verdad que no sea la suya, y punto.
Pepe: excelentes tus reflexiones sobre los cambios de vientos y la adaptabilidad corrupta del peronismo, es brillante tu interpretación.

Gabriel Vinante, tu discurso es onírico mal entendido. De todo lo que decís que hay que hacer, luego no se hace nada, porque las intenciones son unas y la realidad otra. Es el viejo truco de proponer algo perfecto para impugnar algo imperfecto. Los cruzados católicos, se siguen arrogando la representación de todos nosotros, igual que siempre. Que aborte la que quiera, y las que no no, y punto. Que alguien lo diga de una vez: la iglesia no tuvo, no tiene y no tendrá autoridad sobre nuestras almas. Tiene la fuerza del poder, que ¡oh que casualidad! casi siempre está aliado con el fascismo.

Pero yo me pregunto, ¿A alguno/a de vosotros/as os han violado? ¿Sabéis lo que es eso? ¿Cómo os atrevéis a opinar? ¿Cómo os atrevéis a decir que la víctima debería no abortar y dar a luz al hijo de su violador para además darlo luego en adopción?

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

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