Martín Caparrós

Proyecto Hambre (2)

Por: | 06 de abril de 2012

Calcuta y su madre

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Acabo de pasar dos días por Calcuta, rumbo al estado indio de Bihar: caminos del Proyecto Hambre. Pero Calcuta ya no se llama Calcuta sino Kolkata, porque los indios decidieron independizarse de la cacofonía británica que tanto mal le ha hecho a los nombres del mundo. Sólo porque los ingleses no saben escribir la jota abundan los Khomeiny, Khartum y Khadafi que eran Jadafi, Jartum y Jomeini; porque los ingleses pronuncian la al como una casi ol y la uta como un tipo de ata, Kolkata se pasó tres siglos llamándose Calcutta. Ya no.

Paso, entonces, de paso. Tengo dos días para nada y se me ocurre ir, una mañana, a ver el viejo moritorio de la señorita Madre Teresa de Kolkata, por si acaso también cuidan moribundos desnutridos –y puedo incluirlo en mi trabajo. El moritorio estaba cerrado, abandonado; en la entrada dormían tres vagabundos.

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Me quedé un rato, recordando. Hace 18 años estuve en este lugar. Escribía un libro de viajes por la India, Dios mío, y me impresionó la consistencia de una ideología. El moritorio de la madre Teresa estaba al lado del templo de Khali y servía para morirse –un poco– más tranquilo. La madre Teresa lo había fundado en 1951, cuando un comerciante musulmán le vendió la mansión por muy poco dinero porque la admiraba y dijo que tenía que devolverle a Dios un poco de lo que Dios le había dado –o algo así.

Cuando fui, las paredes estaban pintadas de blanco y había carteles con rezos, vírgenes en estantes, crucifijos y una foto de la madre Teresa con el papa Wojtyla. “Hagamos que la iglesia esté presente en el mundo de hoy”, decía un cartel justo debajo. La sala de los hombres tenía 15 metros de largo por 10 de ancho. En la sala había dos tarimas de material con mosaicos baratos, que ocupaban los dos lados largos: sobre cada tarima, 15 catres, en el suelo, entre ambas, otros 20. Los catres tenían colchonetas celestes, de plástico celeste, y una almohada de tela azul oscuro; sábanas no. Sobre cada catre, un cuerpo flaco esperaba el momento de morirse.

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En esos días, los voluntarios del moritorio recogían en la calle moribundos y los llevaban a sus catres celestes, los limpiaban y disponían para una muerte arregladita.

–Esos de las tarimas están un poco mejor y puede que alguno se salve.

Me dijo entonces Mike, un inglés de 30 con colita, tipo bastante freakie, que se empeñaba en hablarme en mal francés.

–Los de abajo son los que no van a durar; cuanto más cerca de la puerta, peor están.

En la sala del moritorio se oían lamentos pero tampoco tantos. Un chico –quizás fuera un chico, quizás tuviera 13 o 35– casi sin carne sobre los huesos y una bruta herida en la cabeza gritaba Babu, Babu. Richard, grande como dos roperos, rubio, media americana, maneras de cura párroco en Milwaukee, comprensivo pero severo, le daba unos golpecitos en la espalda. Después le llevó un vaso de lata con agua a un viejo que está al lado de la puerta. El viejo estaba inmóvil y la cabeza le colgaba por detrás del catre. Richard se la acomodó y el viejo reptó con esfuerzo para que le colgara otra vez.

–Este está muy mal. Entró ayer y lo llevamos al hospital pero no lo aceptaron.

–¿Por qué?

–Dinero.

–¿Los hospitales no son públicos?

–En los hospitales públicos te dan cama para dentro de cuatro meses. No sirve para nada. Nosotros tenemos una cuota de camas en un hospital privado cristiano, pero ahora las tenemos todas ocupadas, así que cuando fuímos nos dijeron que no. Acá no estamos en América; acá hay gente que se muere porque no hay cómo atenderla.

Richard me contó, aquella vez, sobre uno que había entrado un mes antes con una fractura en la pierna: no lo pudieron atender y se murió de la infección. Y quería seguir con más casos: no era raro, me explicó, que alguien se muriera sin dar mucha pelea.

–No podemos curarlos. No somos médicos. Tenemos un médico que viene dos veces por semana, pero tampoco tenemos equipos ni ciertos remedios. Lo que hacemos es confortarlos, cuidarlos, darles afecto, ofrecerles que se mueran dignamente.

En esos años, la madre Teresa ya era la madre Teresa, famosa en todo el mundo, llena de donaciones y recursos -que no usaba para pagar un buen servicio médico en su sede central.

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Aquella vez terminé mi visita diciendo que “(mientras camino, pienso que) me gustaría poder describir el moritorio de la madre Teresa como el ente más noble y elevado, pero al cabo de un rato empieza a molestarme toda la cuestión: esta idea beata de recoger algunos moribundos por la calle para lograr que se mueran limpitos. Sigue la caminata, y se me agrava la molestia: al rato, me pongo más rojo que en mis tiempos más rojos, y se me ocurre como una obviedad tardía que si quieren hacer algo por esa gente me gustaría que fuera ayudarlos a vivir mejor, no a morirse mejor. Es cierto, por un lado, que para ocuparse tanto de su muerte hay que creer muy fuerte que la muerte es un camino hacia otra parte y entonces, quizás, importe cómo llega, aunque no creo que un catre más y unas costras menos hagan gran diferencia. Pero, además, sigo pensando que tanta bola a la muerte esconde algo y que el moritorio es como una exageración del modelo de la beneficencia clásica católica: esa forma de paliar los efectos más visibles de las guarangadas sociales sin atacar ni un poco las causas de esas guarangadas. De pronto, mientras una cabra y un chico desnudo se muerden las orejas con fruición de hambrientos, me parece que la madre Teresa es una señora de la parroquia del Pilar un poquitito más sufrida, y me da gran cabreo.”

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Y todavía no sabía muchas cosas. Después me enteré de que la señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, era un cuadro belicoso de su santa madre, con un par de ideas fuertes. Entre ellas, la idea de que el sufrimiento de los pobres es un don de Dios: “Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo–dijo la madre Teresa–. El mundo gana con su sufrimiento”.

Por eso, quizás, la religiosa les pedía a los afectados por el famoso desastre ecológico de la fábrica Union Carbide, en el Bhopal indio, que “olvidaran y perdonaran” en vez de reclamar indemnizaciones. Por eso, quizás, la religiosa fue a Haití en 1981 para recibir la Legión de Honor de manos de Jean–Claude Duvalier –que le donó bastante plata– y explicar que Baby Doc “amaba a los pobres y era adorado por ellos”. Por eso, quizás, la religiosa fue a Tirana a poner una corona de flores en el monumento de Enver Hoxha, el líder stalinista del país más represivo y pobre de Europa. Por eso, quizá, defendió a un banquero americano que le había dado mucha plata antes de ir preso por estafar a cientos de miles de pequeños. Y tantos otros logros semejantes.

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Aquella vez en Calcuta, 1994, tampoco sabía cómo la señorita Agnes usaba el halo de santidad que había sabido conseguir: los santos pueden decir lo que quieran, donde y cuando quieran. Todo está justificada por el halo. Y ella usaba esa bula para llevar adelante su campaña mayor: la lucha contra el aborto y la contracepción. Ya lo había dicho en Estocolmo, 1979, mientras recibía el premio Nobel de la Paz: “El aborto es la principal amenaza para la paz mundial” y después, para no dejar dudas: “La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes”.

Y más tarde, ante el Congreso norteamericano que le dio el título muy extraordinario de “ciudadana honoraria”:  “Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer”, decía la religiosa, y cientos de congresistas, muchos de los cuales no estaban en contra de la contracepción y el aborto, la aplaudían embelesados.

“Yo creo que el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra contra el niño, un asesinato del niño inocente. Y si aceptamos que una madre puede asesinar a su propio hijo, ¿cómo podemos decirle a otras gentes que no se maten entre ellos? Nosotros no podemos resolver todos los problemas del mundo, pero no le traigamos el peor problema de todos, que es destruir el amor. Y eso es lo que pasa cuando le decimos a la gente que practique la contracepción y el aborto.”

No era nada nuevo. Las jerarquías católicas lo dicen siempre, pero dicho por ella era mucho más eficaz. Aquella tarde, en Washington, su cardenal James Hickley lo explicó clarito: “Su grito de amor y su defensa de la vida nonata no son frases vacías, porque ella sirve a los que sufren, a los hambrientos y los sedientos...”. Para eso, entre otras cosas, servía la religiosa.

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Aunque cumplía, también, otra función. Hace unos años escribí sobre ella que “todos –los países, los grupos de amigos, los equipos de vóleibol, los grupos de tareas– necesitan tener un bueno: un modelo, un ser impoluto, alguien que les muestre que no todo está perdido todavía. Hay buenos de muchas clases: puede ser un cura compasivo, un salvador de ballenas, un anciano ex-cualquier cosa, un perro, un médico abnegado: en algo hay que creer. En la Argentina, ahora, no tenemos, y por eso se inventaron a Sábato, que no es bueno pero no para de llorar por los males del universo y sus alrededores. El bueno es indispensable, una condición de la existencia. Y el mundo se las arregla para ir buscando buenos, entronizarlos, exprimirlos todo lo posible”, decía y que por eso –pero no sólo por eso– la señorita Agnes ocupaba un lugar extraordinario: la buena universal.

Y lo sigue ocupando. Pese a que algunos intentamos contar un poco de su historia de corrupciones y acomodos, nadie lo escucha: es mejor y más cómodo seguir pensando que era más buena que Lassie. Así les sirve a muchos. Sobre todo porque es útil para reafirmar un par de ideas básicas. Una, que esta vida es el camino hacia la otra, mejor, más cerca del Señor. Por eso no es muy importante lo que nos pase en ésta, sino cómo nos preparamos para la otra: siendo buenos, sumisos, resignados. Por eso el primer emprendimiento de la señorita fue un moritorio, un lugar para morirse más limpito. La señorita Agnes recibió cataratas de premios, donaciones, subvenciones para sus empresas religiosas. Y nunca hizo públicas las cuentas de su empresa pero se sabe, porque lo dijo muchas veces, que fundó unos quinientos conventos en cien países –y nunca puso una clínica en Calcuta.

Pero, decíamos: la idea central que la señorita anduvo vendiendo por el orbe es que el sufrimiento de los pobres es un don del Todopoderoso. Va de nuevo: “Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo –dijo–. El mundo gana con su sufrimiento”. Ahí está el centro, lo fundamental. Dos mil años de colaboracionismo sintetizados en una sola frase: no está mal: "Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte". Y al César lo que es suyo, y el hambre que dignifica a los hambrientos. O eso decía la señorita, tan buena como era.

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El moritorio ya no está, y la señorita Agnes ahora va para santa. Todo ha cambiado –muy poco– desde entonces. Nosotros, argentinos. O lo que sea que esto sea.

DSC06952 (1)Fotos © Martín Caparrós

Continuará...

Hay 48 Comentarios

La verdad que no iba a dejar ningún comentario, dada la poca relevancia de mi opinión, pero me mata la curiosidad, Lía:
"Resumen: Agnes no era tan buena como se creia y se enriquecio con la beneficencia de la corrupcion, entonces, Cristina no es tan buena como se cree y no hace mucho por los pobres y ademas es corrupta y amasa fortuna, el mensaje final es... todo seguira igual."
De veras trato, pero no entiendo cómo te llevan las reglas de la lógica a semejante deducción.
Nadie es ingenuo a esta altura, creo, pero me parece que en este caso el palo era a la condición humana; a todos, como simios ¿pensantes?
Gran poder de extrapolación, o una gran cola de paja.

buena su historia señor Manuel, agnes era el nombre que nunca más había pronunciado semejante humanos. "el sufrimiento de los pobres es un don de Dios" depnde, y no sé qué clase de mujer haya sido la madre teresa, pero no me atrevó a juzgarla, estoy lleno de pecados y dolores de alma, que para qué sirve seguir mirando al otro sufrir, cuando se puede hacer algo y no se hace, pero entiendo que la madre teresa le llegaron varios millones de libras , dolares, pesos, (antes del euro) quiero decir, pero no me atrevo a asegurar que pidió ser sepultada con tan grandes fortunas,

Los que pretenden que Caparrós no critique "porque no hace nada" no osan preguntarse adónde fue a parar la fortuna que recibió Teresa de Calcuta.
Es muchísimo más de lo que le pagan a Caparrós por sus crónicas y nunca jamás rindió cuentas de eso ni lo usó para mejorar la vida de los pobres indios, lo que es muchísimo peor. A él le pagan por escribir y lo hace.
No censures! (sindrome Camila)

Manuel, me cito: 
“La hipocresía occidental, muy cristiana, ella, basada en la sacralización de la pobreza como valor legítimo en sí mismo a través del consabido doble discurso, sostiene a Jesús como el paradigma religioso, él era pobre, nació en un establo en condiciones similares -o peores aún- de las que viven en la actualidad los desdichados habitantes de Bangladesh; él lucía su pobreza como una cualidad divina emulada por sus seguidores. Dios es pobre. Todas las religiones condenan la riqueza. 
La riqueza y el bienestar social son diabólicos y nos empujan a experimentar sentimientos de culpa y de mezquindad muy freudianos, pero al mismo tiempo son el parámetro “legítimo” desde donde se delinea la pobreza.”


Yo no solamente oso no defender a Agnes Bojaxhiu (Teresa) -hipócrita como toda buena católica de ley- sino que la descalifico en términos relativos, porque no hizo nada para que sean menos pobres, al contrario, exhibía sus miserias como una virtud: “Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, el mundo gana con su sufrimiento”.


O sea, que para ella la aceptación de la miseria es un acto de ennoblecimiento, por lo tanto conmina a los pobres, no a que dejen de serlo, sino a morigerar su sufrimiento circunstancial y a que lo acepten tal cual es como una gracia divina. Gracia, por otra parte, que ella se encargó muy bien de exaltar para su propia gloria personal.


¿Qué sería de la Iglesia si no existieran los pobres con los cuales poder expiar su sentimiento de culpa por no serlo? ¿Qué sería de la Iglesia si no existieran los ignorantes que apelan, con dudosa buena intención, a la caridad puntual para que continúe el status quo perpetuo social que la sostiene?


PS: “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” es otro de los argumentos católicos para justificar la injusticia (ajena). Los discursos y las críticas se validan con la trayectoria propia y la historia personal del crítico para que sean verosímiles, de lo contrario, el contenido de su crítica carece de valor moral.


En tu burdo ejemplo, si Hitler hubiese hecho la crítica, no sólo la invalidaría por ser quien fue, sino que sería un repugnante acto de cinismo montado sobre una farsa.

Manuel, ni cinicos ni idiotas: las criticas a martin son porque el tipo, no es coherente!! por lo tanto, sus criticas no son creibles (si hitler hubiera criticado la discriminacion racial, tampoco hubiera sido una critica valida, o pensas que si??).
al fin y al cabo, las criticas son bienvenidas si intentan producir un cambio en una realidad que es negativa. Si el critico contribuye con su conducta personal a fomentar esa negatividad que a la vez critica, estamos ante un caso de doble discurso - y solo contribuye a reproducir aquello que dice condenar.
Por eso, es valido cuestionar la conducta personal de un tipo que hace un tour y le saca fotos a los pobres, solo para justificar su sueldito mercenario - y cipayo, claro!!
saludos
no censures!!

Me encantan sus comentarios llenos de falacias ad hominem. Qué importa que el autor no haya ayudado a nadie. Es más, podría ser Hitler, ¿eso invalidaría automáticamente su crítica, fuera la que fuera?

Y encima, se disculpan diciendo: "no es que yo defienda a la Madre Teresa, digo, ni siquiera soy católico, pero [defensa de la Madre Teresa]" ¿Son cínicos o idiotas?

Que buena observacion hace Lia!! la ultima foto muestra a un hombre/niño que luce la camiseta argentina... es casualidad haber encontrado alguien con esa camiseta o el sr. caparros (inescrupuloso a la hora de construir relatos) se la osequio para que pose para la foto?????
creo que es esto ultimo: una prueba mas de la - falta - de etcia de este pseudo-periodista mercenario.
saludos
no censures!!!!

¿Y qué has hecho tú para aportar un poco? Cómo se puede tener tanta mierda en la cabeza y no vomitar cada vez que te ves en el espejo?

Creo que lo mas importante para el señor Caparrós en este artículo, es su final, la foto del niño con la camiseta de la selección Argentina. Sutil, para comparar realidades con la nuestra, pero ridículo. Resumen: Agnes no era tan buena como se creia y se enriquecio con la beneficencia de la corrupcion, entonces, Cristina no es tan buena como se cree y no hace mucho por los pobres y ademas es corrupta y amasa fortuna, el mensaje final es... todo seguira igual.
Esa realidad que describe Caparrós, solo es posible con la inacción a través de la desesperanza, algo que el demuestra hacer muy bien.

El comentario de María, arriba, expresa mejor que nadie lo que muchos sentimos al leerte. ¿Cómo hacés para olvidarte del quobono, Martín?

El comentario publicado por María, arriba, expresa mejor que nadie lo que mucho sentimos al leerte. Cómo hacés para olvidarte del quobono, Martín?

Muy bueno el comentario de María (6/4). No me horroriza que se cuestione a la Madre Teresa, yo no me atrevo a decir nada, todos los años que esa señora, a su manera, con su forma de ver las cosas, estuvo en ese penoso lugar del mundo, acompañando, alimentando, limpiando y mil etc, a esas pobres personas, como esos tres vagabundos que estaban tirados en la puerta, quien va a hacer algo por ellos? no creo que pueda Caparros, solo contaba con dos días para sacar fotos, no le debe haber quedado tiempo para ocuparse de esos despojos humanos.

Creo que los que critican a la Madre Teresa tendrían algo más de legitimidad para hacerlo y algo más de credibilidad si dedicasen su vida a todo eso que según ellos debería haber hecho ella. Criticar desde el cómodo sillón, con el portátil en la mesa y el vaso de buen vino en la mano es muy fácil.

Comienzan los mensajes de felicitación y de elogios profundos tipo tarjeta de navidad como los de argentinico y Rafael Bustos...

Martín, copiaste y pegaste pasajes de La guerra moderna sin citarlos, y pienso también que esta crónica es casi igual a la que aparece en La guerra..., aportaste poco nuevo. Me gustó, sí, pero como que te plagiaste a vos mismo.

Me llama la atención algunos comentarios. Por ejemplo el de María: deberías saber lo que es una Crónica; el trabajo de un periodista. ¿es necesario descalificar?.

En aquel momento, cuando Teresa de Calcuta hizo esas declaraciones, opiné (y sigo opinando lo mismo, de ella de la iglesia en general) que están en contra del aborto y la contraconcepción para tener la "excusa" de sus galpones, allí donde amontonan a la gente, chicos o viejos. Mientras, hay algunos curas y monjas que se ocupan de ayudar a que la gente viva mejor, no me olvido de ellos, mucho más valiosos en mi opinión. Pero suelen estar en barro de las villas.

Excelente el comentario de María (06/04/2012 17:54:25. Me impactó más -si es posible- que el post de hoy.

Brillante, nomás.

“Hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la pasión de Jesucristo. El mundo gana con su sufrimiento”.
“La contracepción y el aborto son moralmente equivalentes”.
“Los pobres pueden no tener nada para comer, pueden no tener una casa donde vivir, pero igual pueden ser grandes personas cuando son espiritualmente ricos. Y el aborto, que sigue muchas veces a la contracepción, lleva a la gente a ser espiritualmente pobre, y esa es la peor pobreza, la más difícil de vencer”.

La buena mujer hizo lo que pudo con lo que sabía y con su FÉ: "A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO"; consiguió ATRAER LA ATENCIÓN hacia los miserables con su duro trabajo de servicio durante años.

La mujer se lo ha currado, aunque diga cosas tan anacrónicas.

La pobreza no santifica a nadie, y menos al pobre. No es un espectáculo. Y la contracepción es el método adecuado para controlar la natalidad. No me parece muy humano que las mujeres tengan que andar abortando, mejor y menos costoso en cualquier sentido, es prevenir el embarazo a tiempo.

Me niego a aceptar la pobreza como un mal irremediable,
menos GLOBALIZACIÓN y más ORGANIZACIÓN, a enculturar a los niños y niñas desde la escuela, liquidar el sistema de castas. Premiar el retorno desde los suburbios ciudadanos hacia las aldeas de origen y facilitarles a las familias su propia independencia (tierras de cultivo, ganado y semillas, lotes de parcelas baratos, acceso al agua y préstamos a las mujeres) y una manera digna de vivir.
Los GOBIERNOS HONESTOS Y RESPONSABLES tienen que destinar MÁS DINERO al DESARROLLO y menos a gastos en armamento.
Tienen que ir pensando en RECICLAR FUNCIONARIADO hacia TAREAS HUMANITARIAS (más acción a pie de obra).


Yo también cuando leo estas cosas me siento impotente y me cabreo, es humano.

Señor Caparrós es usted un sinvergüenza, criticando a la madre Teresa de Calcuta y regocijándose de la pobreza junto a la que usted pasaba y que nos muestra en fotos.
No tiene vergüenza por criticar a la madre Teresa que acompañó a los moribundos y usted no hace nada por ayudar a esa gente que además le sirve como peldaño para auparse usted por encima de esa Santa sin duda comparada con usted. Usted vende a los pobres míserablemente para que le cuelguen un artículo en un periódico pagándole por ello. Hipócrita de poca monta me parece usted con este artículo ande y arremánguese usted a ayudar a los que usted vio en la puerta cerrada que nos cuenta, no lo veo yo hacerlo.

Caparrós, en esta nota me volvío a saltar un párrafo que había venido con "Yo, gorila cipayo zurdito mercenario" , espero valga de algo. Gracias por tu trabajo.
"Y pensar es dudar y nada más que dudar. Se cree, se sabe, se imagina sin dudar; ni la fe, ni el conocimiento, ni la imaginación suponen duda y hasta la duda las destruye, pero no se piensa sin dudar. Y es la duda lo que de la fe y del conocimiento, que son algo estático, quieto, muerto, hace pensamiento, que es dinámico, inquieto, vivo." Unamuno.

Caparros, te vi en el aeropuerto Charles de Gaulle, en junio del año pasado, todo vestido de negro, pasando por el sector VIP, muy rápido, muy indiferente....
No se qué decir, dudo, no estoy segura de creer en dios, tampoco de no creer, no se que pensar de Agnes, es difícil entender la religiosidad desde fuera de ella, aunque como a vos, Ella nunca me pareció muy creíble, pero dudo....He acompañado a gente mientras moría, ricos o pobres, allí somos todos iguales, no me parece bien que nadie tenga que morir solo....., por eso dudo, si era tan malo lo de Agnes....
Me pareces igual de genial que de soberbio, ¿cómo te bancás ese espectáculo? ¿cómo te financiás?, ¿es una quijotada lo tuyo, o ganas dinero tambien con el hambre? ¿Sos un despertador de conciencias burguesas, para regresar luego al ascetismo de tu negrura, o un fenicio, o un ser comprometido con su tiempo, o nada de eso?
Dudo, comparto lo que decís sobre el regodeo de la señorita Agnes en lo tanático...., pero dudo, no es lo mismo que lo tuyo pero por otras razones? Entiendo, no queres aportar nada, no estas seguro de nada...., lo tuyo es una manera de ser nadie, como decis al principio, pero me pregunto si no estas de algun modo vos, cumpliendo el papel de algún "bueno"....
Termino, genial el uso del adjetivo basto, en la entrada anterior. Es placentero leerte, aunque finalmente, siga hambrienta de saber, de comprender, porqué pasa lo que pasa, porque mientras leo esto, todas esas personas mueren frente a tus ojos, sin que vos hagas nada....., y yo tampoco....

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

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