Martín Caparrós

DécadaK

Por: | 24 de mayo de 2013

Este es un post copioso. En estos días el kirchnerismo termina su década y todos estamos de memoria. Entonces se me ocurrió buscar artículos o trozos de artículos que publiqué –desde aquel 25 de mayo inaugural– cada fin de mayo, estos diez años. Alguna idea, errores varios, una forma –tan mala como cualquier otra– de revivir cierto aire de época: de tratar de recuperar la mirada de entonces -cada entonces-, cuando todavía no sabíamos todo lo que ahora ignoramos.

Un recorrido largo pero por suerte desalentador.

 

Mayo 2003

(Revista 23)

Nestor Kirchner-asunción_0

Mi mito. Ya estoy en la edad –provecta, y más esta semana– en que uno puede empezar a conocer el mito y sus orígenes. Digo, quiero decir: no sólo el mito, también la realidad que lo produjo. Digo, quiero decir: que me impresionó este domingo escuchar en la plaza de Mayo a seguidores jovencitos del señor K:

Nosotros no estuvimos el 25 de mayo del 73, pero este va a ser nuestro 25 de mayo.

La comparación es difícil: son obvias las diferencias entre una manifestación de pocos grupos consolidados y algún público suelto para recibir a un gobierno con escasa base política todavía y la irrupción de cientos de miles de personas organizadas que salían a sostener a un gobierno que ofrecía cambiar todo –para no hablar de las diferencias de programa. Pero lo que más me impactó fue ver cómo algo que para mí es también un recuerdo personal se convierte en un mito de origen, en algo lejano y generalmente mal interpretado que sirve para fundar ideas, actitudes. O sea: estar tan viejo.

El Estado de la Patria. Me atrajo el discurso del señor K. en su acto de asunción, o sea: estuve de acuerdo con varios de sus puntos. Es el acuerdo modesto de estos días: no es lo que yo querría, pero no estoy en contra. El discurso propone intentar un país –un poco– más justo y, para eso, recuperar el Estado como “sujeto económico activo” y “gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión” que debe poner “igualdad allí donde el mercado excluye y abandona”, sabiendo que “los problemas de pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas” y que “no se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento”. Con la posibilidad de ampliar la participación democrática, usando “los instrumentos que la Constitución y las leyes contemplan para construir y expresar la voluntad popular”.

El acuerdo modesto: la utopía no es más que la reconstrucción de un capitalismo menos salvaje. La recuperación, por ejemplo, del viejo mito argentino de m’hijo el dotor –“una Argentina… donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo”, o sea: el progreso individual en una sociedad mejor regulada. No mucho más que lo que teníamos hace cincuenta años y, sin embargo, ahora suena a tanto. Es más que lo que esperábamos de este gobierno y, por eso, hay cierta expectativa. Que, por momentos, me confunde: se entusiasma gente demasiado distinta, de posiciones enfrentadas: algunos tienen que estar equivocándose –y, en estos casos, solemos ser nosotros. Ojalá que no.

El atractivo del discurso vino, también, de la torpeza de su orador: un texto bien escrito y mal leído, ciertos gestos desmañados, la insistencia del señor K. en presentarse como un hombre común –no en el sentido menemista, no un vivo de barrio sino un tipo como tantos.

Y, en el medio, un lapsus que puede resultar una bobada o un síntoma: cuando el presidente leyó mal el final de su juramento. Su papel decía “que Dios y la Nación me lo demanden”. Él dijo “que Dios y la Patria me lo demanden”. Hay siglos de debates sobre estos términos pero, en síntesis: patria es un concepto conservador, que hace referencia a la tierra como aquello que hicieron nosotros mayores –los padres patrios– y que viene cargado con una ideología y una tradición. Nación, en cambio, es un concepto más civil, que nació cuando los franceses de 1789 decidieron que la legitimidad no descansaba en la corona hereditaria por derecho divino sino en el conjunto de los ciudadanos.

–¿No estará practicando, Caparrós, el noble arte italiano de cortar un pelo en cuatro? ¿O lo que llaman los galos el enculage de mouches o, en buen criollo, la quinta pata ‘el gato?

–Quizás, si le parece.

–Me parece. Porque usted sabe que acá siempre se juró por Dios y por la Patria.

–A eso mismo me refiero, mi estimado.

Una frase “de toda la vida”, un gesto conservador que conserva su fuerza y reaparece en un discurso que pretende cierto cambio –incluido el cambio de esa frase. Nada, la quinta pata. O un signo, vaya usted a saber.

De pronto y de repente. Trataba de pensar sobre lo súbito en nuestra historia más reciente. Pilas de páginas tratan de construir una memoria que suponga otra cosa, pero todavía me acuerdo de que un mes antes del 19 y 20 de diciembre no teníamos la menor sospecha de lo que estaba por pasar. Y ahora de nuevo, lo que veníamos diciendo: un fulano que nos sorprende con promesas que nadie esperaba. En dos o tres semanas de aquel verano la Argentina pasó de ser la gran víctima del modelo neoliberal a la vanguardia de la lucha contra la globalización; ahora, en quince días de mayo, pasamos sin transición del miedo a que todos votaran por el regreso del monstruito al 90 por ciento de satisfacción con la nueva primavera. Es más que interesante –pero no consigo saber qué significa. Lo imprevisto, lo súbito: quizás sea la manera en que –nos– pasan las cosas. o lo que hace que las cosas nos pasen, en vez de hacerlas. La construcción, para los albañiles. Para mí ciertas quejas, supongo, incluso ahora.

 

Mayo 2004

(Revista 23)

Villas_miseria_-

Riña de pollos. Pocas cosas, supongo, más lejanas del interés de la famosa Gente que la pelea entre, digamos, Kirchner y Solá, o entre Kirchner y Duhalde. La verdad, no encontré a nadie a quien eso le interese ni un poco. Suenan a las viejas patoteadas entre políticos por un poquito más de poder para vos, una puntita para mí, yo la tengo más grande. Suenan a las riñas que los pusieron tan lejos del resto de nosotros. Por todo lo cual debería evitarles estas líneas, salvo que me interesó una frase del ex ex:

–No estoy de acuerdo con la política de derechos humanos. Está el derecho humano de los pibes, índices de mortalidad que no descienden. A eso hay que darle prioridad.

Le dijo a Felipe Pigna el ex abogado Eduardo Duhalde, que debe creer que “los derechos humanos” son la suma del derecho humano tal y el derecho humano cual. Y siguió hablando:

–Sé lo que piensa el pobre tipo que está hecho mierda, que no tiene laburo, cuando se están ocupando de los derechos humanos de los que ya han muerto. Todo lo que se hizo en la época de Alfonsín estuvo bien. Yo hubiese estado de acuerdo que siguiera la Justicia. Pero ponerlo tan en el centro de la escena… Hubiera preferido que el Gobierno estuviera dedicado al tema central, el productivo.

Es obvio que el exex lo dice por oportunista –porque alguien debe haberle susurrado que hay bastantes votantes que piensan eso– y sin grandes reflexiones. Pero me pareció que pone en evidencia el uso que hizo el gobierno de los “derechos humanos” –o el recuerdo de los crímenes de la última dictadura: un uso museístico, folklórico, nostálgico, completamente esdrújulo. Quiero decir: si el exex puede plantear esa oposición entre “derechos humanos de los muertos” y “el  pobre tipo que no tiene laburo” es porque el gobierno no hizo nada para llenar sus conmemoraciones de lo único que podía haberlas hecho interesantes: explicar que si ahora hay “pobres tipos que no tienen laburo” es porque los ricos vulneraron “los derechos humanos de los muertos”, matándolos por miles para construir este país. Pero eso hubiera significado repensar la estructura socioeconómica de la Argentina, el rol de sus aliados ricos y su propio papel en este baile, y no es lo que les interesa. Es más fácil provocar un par de lagrimitas. Y así van y la dejan picando.

A llorar a la iglesia, decíamos antaño.

 

Mayo 2005

(Revista 23) 

Fidel-castro-y-nestor-kirchner-2011-11-04-35495

Votos. Cada vez que llega el rito anual del voto sobre Cuba en la OEA me congratulo de que el gobierno argentino actual no haga lo mismo que hizo, en su momento, el cubano. El argentino cambia, no es aquél; el cubano, sabemos, sigue siendo el mismo. El mismo que entorpeció todos los intentos de condenar a la Junta Militar argentina en los foros internacionales, 1980, 1981. Eran los tiempos en que Castro comía de la mano de la Unión Soviética y Moscú hacía grandes negocios con nuestros militares. En esos días el partido Comunista argentino, recordamos, defendía a Videla dicendo que lideraba a “las palomas” y que había que apoyarlo para no abrir el camino a “los halcones”. En esos días la diplomacia castrista –junto al resto del bloque soviético– nos desesperaba impidiendo que la ONU condenara a la Junta por violaciones de derechos humanos. Nada grave, por supuesto –o mucho menos que gobernar un país durante cuarenta y cinco años. Lo curioso es que los que ahora tratan de olvidarlo son los mismos que claman sin cesar por la “Memoria”.

 

Mayo 2006

(Revista 23)

3122674-cerca-de-un-gran-gorila-hembra
Ya hay antikirchnerismo. Y es, de algún modo, novedad: hace un año, digamos –un año es una medida tan idiota como cualquier otra cuando se intenta contener el tiempo–, daba la sensación de que el presidente presidía sin oposición. Ahora en cambio no. (...)

Ahora la oposición tiene dos arietes o adalides: dos diarios –un diario diario y un diario semanal– la encabezan. Detrás vienen los partidos opuestos –desde la declamación apocasicalíptica de la doctora Carrió hasta el balbuceo newman del ingeniero Macri pasando por la dureza castrense y el arrepentimiento tardío de los contadores Murphy y Lavagna– pero no impresionan a nadie. Y, delante, los sectores económicos que esos diarios y esos partidos suelen representar, los que están acostumbrados a participar en serio: el famoso campo, las famosas petroleras, las famosas privatizadas y, en algún lado, siempre en algún lado, la famosa embajada. Digo: un bloque duro de los muy conocidos de siempre.

Que suelen criticar a este gobierno porque ha restablecido un mínimo de estado en un país que no tenía casi ninguno –porque venían de tal desenfreno que cualquier freno les parece intolerable. Y que cayeron en la trampa discursiva: para darle un matiz de izquierda a su gobierno centrista, K. insiste en su discurso sobre los derechos humanos en pasado; que lo compren los progres es lógico, está hecho para ellos. Lo curioso es que también lo compran mucho los gorilas, y se indignan. Ellos, los mismos que hace muchos años decidieron sacrificar a los militares que les hicieron el trabajo sucio en los setentas para que pudieran vivir tan bien en los dosmil.

Compran, se enojan. Cuando los oigo o leo, muchas de las cosas que dicen me hacen pensar en las críticas gorilas al primer gobierno peronista. Los que las hacen son, en general, los mismos. El runrún sobre el autoritarismo presidencial se parece tanto a lo que –con  cierta lógica– solían reprenderle al teniente general que entonces presidía. Las boludeces sobre los vestidos y las cirugías de la primera dama suenan muy semejantes a las que se escribían sobre las joyas de la primera de entonces; los brulotes sobre su influencia y su carácter también. Alguien un poco serio tendría que tomarse un par de semanas para compararlos y pensar qué significa semejante coincidencia. No significa, seguro, que este gobierno se acerque al peronismo de los cincuentas: la situación económica y social, para empezar, no se parece nada, el mundo tampoco, su proyecto menos. Pero la oposición de traje y corbata usa los mismos argumentos –y eso casi me produce simpatía por el gobierno K.

Los que lo critican por intolerante y autoritario son, en general, los que siempre ejercieron y siguen ejerciendo la autoridad y la intolerancia del dinero –cuando no de las armas verde oliva. Los que ahora usan los aspectos formales de la democracia para mantener su poder y, sobre todo, para ganar plata, porque supieron organizar una sociedad donde ya no necesitan reprimir para lucrar tranquilos. Los que ejercen la peor autoridad: la de decidir quiénes comen y quiénes no, quiénes se educan y no, quiénes se curan si lo necesitan. Por eso sus críticas al autoritarismo suenan irremediablemente truchas.

Las banderas de la oposición gorila son básicamente liberales: que no les grite, que no maneje la publicidad oficial, que no se arrogue la potestad de los decretos, que dé claridad jurídica a las empresas extranjeras, que no intervenga en los mercados, que no se junte mucho con los extraños adversarios del imperio, esas cosas. Y las sintetizan diciendo que el gobierno K. no es realmente democrático. A mí me parece que es más o menos democrático y, sobre todo, me pregunto cuánto me importa que lo sea. Menem era tan democrático: nunca se metía con la prensa, dejaba que todos dijeran sobre él lo que quisieran, y mientras tanto daba vuelta el país y consolidaba esta suma de injusticias. Quizás no era democrático de otro modo: no cumplía los pactos de representación, las promesas por las cuales se supone que lo habían elegido. Pero en esta democracia nadie supone que haya que cumplir con esos pactos. Éste también hace lo que se le da la gana, firma todavía más decretos de necesidad y urgencia, no consensúa nada, pero por lo menos se preocupa por lo que dice la prensa: es levemente menos cínico y le molesta que digan ciertas cosas. Menem era democrático, Alfonsín era muy democrático, Videla era honesto. La democraticidad, la honestidad no garantizan nada. Las formalidades de la democracia –las famosas libertades formales– me importan más o menos. Quiero que existan, sí, porque cuando desaparecen es signo de que el poder aprieta. Es intolerable que el gobierno no le ponga avisos a Perfil –y que trate de manejar la prensa con esos curros bajos. Pero a veces me pregunto qué pensaría si un gobierno acabase con la pobreza y la desigualdad en la Argentina sin darle avisos a Perfil.

–¿Pero eso no sería lo que hacen los dictadores tipo Castro?

–Sería, si no fuera que en Cuba hay un pequeño porcentaje de la población que vive en dólares y mucho mejor que los demás, como en cualquier país latinoamericano que se precie. Aunque los demás, es cierto, no se mueren de hambre. Pero es cierto que ahí hay una discusión interesante.

Insisto: a veces me gustaría estar a favor de K. sólo porque lo atacan los buenos viejos gorilas. Sus críticas me tientan, un par de veces a la semana, y lo intento. Un par de veces a la semana trato de encontrar alguna razón para pararme frente a esos críticos, del lado de sus criticados.

Pero aquella vieja idea de que los enemigos de tus enemigos deben ser tus amigos es otra gran truchada de la política: otra transposición mecánica de ciertas leyes militares. Entre ejércitos nacionales la idea funciona: los países siempre pelean por el poder, entonces si el rey de Prusia está enojado con el rey de Francia, el rey de Inglaterra puede aliarse con él aunque mantengan conflictos comerciales o culturales: son, en última instancia, reyes o gobiernos que quieren conseguir más poder. Pero en política se supone –¿se supone, todavía?– que se defienden ideas, y las ideas de los enemigos de tus enemigos pueden ser perfectamente opuestas a las tuyas.

Viendo quienes lo atacan me gustaría, digo, estar a favor de K. El problema –mi problema– sigue siendo que este gobierno no hace nada serio para acabar con la pobreza y la desigualdad en la Argentina. A veces lo declama: todavía no hizo nada significativo –ni muchísimo menos. Las diferencias entre los más ricos y los más pobres se acentúan y, peor, se normalizan: este período sirve para que tomemos como normal lo que era un estado de crisis. Éstos, los que se dicen setentistas y rinden homenaje a sus compañeros que murieron para que no hubiera ningún tipo de diferencias económicas entre las personas, son los que van a conseguir un país donde las haya sin crispación, tan naturales. Para eso la falta de movilización, el autoritarismo personalista. No es casual, es causal: si hubiera cierto grado de participación y movilización, los propios participantes y movilizados reclamarían que se pensara un país distinto. Por eso este gobierno trató desde el principio de desarticular esa posibilidad: para normalizar la desigualdad en la Argentina. Con ciertas mejoras, por supuesto, con un poquito más de estado, pero con esas diferencias abismales.

Están haciendo –decía su lema de campaña– un “país en serio”: un país sin cinco presidentes ni asambleas ni devaluaciones ni piquetes. Es lo que nos dicen que tenemos: un país donde normalmente, no como excepción o crisis, hay pobres muy pobres y ricos muy ricos, donde algunos pueden y muchos no, donde la inseguridad es un tema mayor, donde no se ven proyectos de futuro. Un auténtico país latinoamericano gobernado por el centroizquierda.

 

Mayo 2007

(Revista 23)

Macri riéndose

Una constatación, antes que nada: siete años de gobiernos ¿progres? convirtieron a la mitad de los ciudadanos de Buenos Aires en votantes del hijo del gran capital. La política ofrece esos éxitos aterradores.

Digo: la política ¿progre? tuvo la posibilidad de explayarse en la ciudad más ¿progre? del país durante siete años y lo único que consiguió fue que miles y miles de votantes corrieran a buscar la opción opuesta. Contribuyeron, últimamente, estos meses de campaña: los dos candidatos ¿progres? se dedicaron a hablar de baches, plazas y faroles o, dicho de otro modo, de la famosa gestión. Si se pone el acento en la gestión, si se muestra la administración pública como una empresa que hay que administrar, si se la presenta como si no tuviera ideología –como si un gestor ¿progre? fuera a hacer lo mismo que un gestor de derecha–, es lógico que los ciudadanos prefieran a un gestor que ha gestionado, a un empresario con experiencia de empresario.

Los candidatos ¿progres? tenían tanto terror de la política, les costaba tanto pedir que los votaran para hacer una determinada política, que terminaron haciendo campaña por su adversario: abriéndole el camino. Los candidatos ¿progres? –lo dije aquí hace un mes– permitieron que Macri ganara con el discurso de la antipolítica, porque lo que ellos hicieron también fue antipolítica: dejar la política de lado para hablar de gestión, como si la gestión que un partido propone no partiera de decisiones políticas. Lo mismo habían hecho durante siete años, no sólo en el discurso sino también en su gobierno. Es muy difícil hacer política cuando uno tiene vergüenza de hacer política.

Y entonces les ganó un vecinalista –un truco más viejo que el chimbote. Los movimientos vecinalistas suelen pretender que los trajo la cigüeña y que no tienen más interés que el bienestar de los vecinos. Pero, decíamos, no hay un solo bienestar de los vecinos: los recursos no son infinitos, y una tarea básica del gobernante consiste en decidir adónde dirigirlos. Entonces el bienestar de los vecinos puede consistir en poner calefacción en las escuelas públicas –que muchos vecinos vecinalistas ricos no usan– o poner más policía en la calle –que sí–, por ejemplo. Dicen que la gente –la bendita gente– quiere gestión. Si es así, la derecha va a ganar –a menos que los ¿progres? consigan establecer que no es lo mismo gestionar para todos que gestionar para unos pocos.

Por mojigatos pusilánimes, por apolíticos o antipolíticos, los candidatos ¿progres? le regalaron al candidato de la derecha el discurso del cambio. Y le entregaron, de yapa, un par más: la insistencia en que él sí se dedica a escuchar las necesidades de los vecinos e, incluso, la palabra militancia.

Son las dificultades de ser ¿progre?.

Pero no hay que ser injustos y sacarle al candidato de derecha su parte de mérito. Los tres candidatos principales lograron juntos una de las campañas más tristes de una época de campañas tristes. Un día, dicen, en una calle de Floresta, un asesor vio volar algo que parecía una idea y se desesperó, la corrió con el flit en la mano, la ultimó con un grito salvaje –y todo volvió a su curso con suspiros de alivio.

A propósito del discurso de la antipolítica: ¿Cuánto tiempo dura el changüí de no ser un político? ¿Cuántas campañas, cuántas temporadas en un escaño, cuántos votos recibidos o perdidos son el mínimo necesario para considerar que alguien sí es un político? ¿O será que decimos que tal no es un político porque vive de otra cosa, y entonces sólo pueden considerarse no políticos los ricos?

 

Mayo 2008

(Revista 23)

01-10-77_i

En su primera conferencia de prensa del último lustro, hace tres días, el señor ex presidente se quejó de que en 2002, cuando la bonaerense mató a Kosteki y Santillán, el diario Clarín tituló “La crisis se cobró dos nuevas muertes”, pero habló de “represión” cuando la Gendarmería detuvo a De Angeli la semana pasada. No podría tener más razón. Guiado por su razón, casi encandilado, impaciente por acordar con él, busqué en todos los archivos de 2002 sus enérgicas declaraciones de repudio y condena al gobierno de Eduardo Duhalde por el asesinato de Kosteki y Santillán –y no encontré nada de nada. El entonces gobernador que, ahora ex presidente, condena a Clarín, hizo entonces lo mismo que ahora condena, en un poco peor: no dijo ni una palabra sobre el crimen que le costó la presidencia a su entonces amigo y mentor. Pero ahora dice lo que entonces no dijo, como mañana no dirá lo que sí dijo ayer. Y ése es, en general, su problema: dice, dice, siempre fuera de tiempo, cosas que no soportan la menor comparación con su historia o con su práctica presente. Se aprovecha –trata de aprovecharse– de la escasa memoria de nosotros argentinos: de la flaqueza de esa Memoria de la que tanto habla, y dice, y dice.

Es lo mismo que hace su mujer y presidenta, siempre con la Memoria en una esquina de la boca. Anteayer, en la plaza, tras nombrar madres y abuelas, dijo que quería que advirtiéramos que “si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia”. No es poco, tener una presidenta que cita a Carlos Marx. Aunque la señora presidenta haya citado su cita más citada –su epìgrafe del 18 Brumario de Luis Bonaparte–, pero mal: “los grandes hechos y personajes de la historia suceden dos veces, primero como tragedia y después como farsa”, escribió el alemán, y no, como dijo la señora, “como comedia” que, como ella sabe, no es lo mismo. Farsa, dice la Real Academia, es “un enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar”. Quién sabe por qué no quiso hablar de farsas en un acto con todos los rasgos farsescos del peronismo actual –los asistentes mercenarios y despolitizados, la desconexión entre oradores y público, la ausencia de consignas compartidas–: el simulacro de un acto político, una escenografía para darle más fuerza a una cadena nacional.

Pero su mecanismo es el mismo que el de su señor marido: allí donde el señor reprocha a Clarín que haya hecho lo mismo que él, la señora cita a Marx para defender su gobierno capitalista –del famoso capitalismo de amigos, que ni siquiera Marx supo definir en su momento. La verdad, hay días en que los escucho y me sube la mostaza. ¿Será posible que nos sigan tomando por tarados? ¿Por nabos a los que se les puede decir cualquier verdura? ¿Por desmemoriados descerebrados desechitos?

Digo: en honor a la famosa Memoria, ¿sería posible que se callaran la boca? En honor a la memoria que nos ayuda a recordar que ustedes, señores K., durante la dictadura vivían en Río Gallegos, pueblo chico, donde todos saben quién es quien, y se dedicaban a ganar mucha plata ejerciendo lo más indigno del capitalismo –el préstamo hipotecario– mientras los militantes que ustedes ahora ensalzan morían peleando contra el capitalismo.

En honor a la Memoria que nos ayuda a recordar que ustedes participaron en la entrega del petróleo –y recibieron muy buen pago por ella–, mientras algunos otros, pocos, hacían lo que podían por impedirla: eran las épocas en que usted, señor, decía que Menem era “el mejor presidente de la Argentina desde Juan Perón”, cuando manejaba su provincia cual campito y todavía no había empezado a despotricar contra los noventas como esa época negra que, en efecto, con su ayuda, fue.

En honor a la Memoria –a la nuestra, a la que los recuerda–, por su honor –si les importa–, ¿no podrían dejar de hablar de todo eso, de los años setentas, de los años noventas? Ustedes hicieron lo que hicieron, y ni siquiera es tan grave. Al fin y al cabo, la Argentina está llena de personas que hicieron lo mismo: supongo que por eso los votaron a ustedes. Lo que hicieron –hacerse los osos cuando los militares, apoyar al gobierno de Menem–, ni siquiera da para condenarlos, pero sí para pedirles que por favor, por honor, por pudor, no hablen más de esas cosas, no nos ofendan con memorias falsas. Seguro que si buscan otros temas los encuentran: la Argentina es un país tan generoso, tan sediento. Por favor, tómense el trabajo. O sigan creyendo que somos todos pelotudos, y paguen el precio que suele cobrar esa creencia.

(Es curioso: al repasar este repaso, veo que cada vez que, en la historia argentina reciente, los Kirchner tomaron posición sobre algo serio, yo estuve del otro lado. Por eso, al fin y al cabo, no me extraña seguir estándolo. Sí me extraña que algunos que también estuvieron enfrente –que sufrieron la represión militar, que se opusieron a las privatizaciones, que lucharon por la pluralidad, que militaron contra Menem– ahora estén a su lado. Supongo que, entre las ganas de ilusionarse y la tentación de acercarse al fogón, pasan esas cosas. A veces los entiendo: es cierto, sería tan bonito que alguna vez, en algún futuro posible, sus acciones se parecieran a sus palabras.)

 

Mayo 2009

(diario Crítica) 

Iguana

Las elecciones nos rompen las pelotas. La campaña electoral ya está en el aire; charlo con amigos, pregunto, escucho, y me parece que a casi todos les pesa pensar en votar. A mí sin duda me pesa pensar en votar a estos muchachos. Las elecciones nos rompen las pelotas y al fondo se oye todo el tiempo lo mismo. Que tal se peleó con cual y se arregló con Pepe, por lo cual Sorasha no se va a aliar con Carlos Pedro. Que el gobierno truchó el mecanismo adelantando la fecha para no perder tantos votos, presentando candidatos que no se candidatean pero la justicia convalida, amenazando con el abismo si no lo votamos de a uno en fondo, ocultando que aunque lo votemos la crisis económica postelectoral –cuando ya no puedan seguir tapando el sol con la mano– va a ser tremebunda pero entonces a llorar a la iglesia. Que el pobre Scioli tuvo que presentarse aunque no quería, porque es un hombre débil y no puede decir que no. Que el PRO y sus aliados más o menos peronistas se pelean y que no consiguen decir qué los une, salvo la papa en la boca. Que el señor de Narváez no para de venderse en cuanto spot partido espectáculo programa hay en el mundo y sus alrededores. Que la señorita Michetti prometió que iba a trabajar cuatro años de vicejefa y ya renunció y que de todas formas tampoco trabajaba tanto cuando trabajaba. Que los gobernadores peronistas –y su rey ubú lomense– ya están sacándose los ojos y todo lo demás para ver quién se queda con el paquete en 2011. Que el gran mudo argentino sigue pensando que si se calla un par de años más y no ve nada mientras, si se hace bien el tonto, capaz que sube al podio. Que las encuestas dicen que Kirchner “mide” un poco menos que fulano y algo más que mengana pero casi como perengano y que zutana no tiene chances a menos que garcía: nombres, nombres, anécdotas, pelotudeces que hemos escuchado cientos de veces y que sólo pueden, en el mejor de los casos, repetirse. Ni una idea, ni un debate, ni un programa y, para disimular su ausencia, el espectáculo repetido de la politiquería patria actual y sus dos grandes grupos: los que dicen que hacen lo que no hacen, los que no dicen que hacen lo que hacen; los oradores progres que aumentan la pobreza, los gerentes conservas que hablan de solidaridad. Los que tienen algún poder –posición, plata– lo usan para seguir teniéndolo: el uso más primario y más inútil, el que hace que la política se haya convertido en mala palabra. No sé si alguien quiere convencernos de que votar y no votar da lo mismo, de que votar a equis o menos equis da lo mismo, de que todo es un show gratuito y aburrido –no lo creo, porque no son tan maquiavélicos, tan inteligentes– pero, si quisieran, no lo podrían hacer mejor.

Las elecciones nos molestan porque son una puesta en escena cruel, descarnada, de nuestra mediocridad, nuestras incapacidades: si tenemos estas opciones –si las opciones que tenemos son éstas– la culpa es toda nuestra, somos nosotros los que no supimos conseguir otra cosa, preparar otra cosa, organizar otra cosa, merecernos otra. Aunque quizás –además– este sistema electoral sirva para que las opciones que lo hegemonizan nunca sean opciones.

“Por algo las llaman urnas”, dijo, hace mucho tiempo, el anarquista español Buenaventura Durruti. Y también me acuerdo de otro chiste: es un poco pavo pero por suerte ya lo conté hace quince años. Eso es lo que más me impresiona: que quince años después pueda contarlo de nuevo, en circunstancias parecidas, tan pocas diferencias; en algún punto usted y yo, mi querido, hemos perdido el tiempo. “El chiste consiste en pedirle al otro –a usted– que piense un número del 1 al 10, lo multiplique por 9, sume los dos términos del producto y le reste 5 al resultado. Que calcule a qué letra del alfabeto corresponde ese número –sin contar la che ni la elle– y que piense, con esa letra, el nombre de un país. Que no lo diga y que busque, con la segunda letra del país, un animal. Hágalo, si se encuentra cenicero de moto.

–Espere, espere un momentito, no me atosigueis.

–No, tómese todo el tiempo que se le dé la gana. Total, a quién le importa.

Si lo hizo, si se prestó a manipulación tan baladí, le apuesto a que acaba de decir, como todos, Dinamarca Iguana. El truco empieza fácil: la cuenta siempre le va a dar cuatro –fijese, intente variantes– o sea: D. Después el mecanismo se pone más turrito: funciona porque nadie supone que debería ser especialmente original –cree que los nombres pedidos son funcionales, que sirven para un paso siguiente. Y las otras opciones de países con D –Djibuti, Dominica, Disneylandia– son rebuscadas. Habría que pensar un momento y, sobre todo: habría que creer que pensar vale la pena. Es más fácil aceptar que las opciones son limitadas y simular que uno elige. Entonces dice Dinamarca y después, con la I, le sale Iguana. Y termina mostrando lo fácil que es dejarse manejar.”

Aquí estamos de vuelta: a fines de junio nos van a pedir que elijamos un número, lo multipliquemos por 9, sumemos los dos términos del producto, le restemos 5. Y nosotros, como somos alumnos aplicados, vamos a decir, a coro, Dinamarca Iguana. O quizás nos pongamos rebeldes, guachos tiernos, y gritemos Iguana Dinamarca. Algunos se van a reír mucho: sería bueno tener claro quiénes son.

 

Mayo 2010

(diario Crítica)

Tazas

Llevaban días hablando del asunto, y se desesperaban; por eso, cuando el primer hombre dijo que había encontrado la solución, los otros dos lo miraron escépticos:

–Ya lo dijiste cuatro veces, che.

–No, muchachos, esta vez la tengo, de verdad que la tengo.

El primer hombre hizo una pausa, miró a su alrededor, chequeó que nadie lo mirara. La parrilla pretenciosa estaba medio vacía –la crisis llegaba a todas partes– y la pareja de la mesa de atrás tenía su propia trampa que atender.

–Es cierto, estamos al horno. Si esto sigue así perdemos por goleada; ni la guita para los intendentes, ni las listas testimoniales, ni los aprietes, nada: pareciera que ya hicimos todo lo posible y nos hundimos igual. Pero hay algo que todavía nos puede salvar.

–Dale, che, ya amenazaste suficiente. Ahora decilo.

–No lo voy a decir, les voy a preguntar. ¿Qué es lo único que todos los argentinos respetan?

Dijo el primer hombre, y los otros dos se lanzaron a una ristra de lugares comunes –la vieja, la bandera, el éxito, Gardel, la guita– que el primero rechazaba con cara de buda satisfecho y burlón. El hombre tenía una papada extraordinaria, los ojitos perdidos entre grasa:

–No, muchachos, nada de eso: la muerte. En este país lo único que todos respetan es la muerte, lo único que te hace realmente bueno es morirte. Acá si estás muerto aunque seas un reverendo hijo de puta te volvés un grande. Fíjense lo que le pasó a Alfonso, por ejemplo.

–Che, el pobre Alfonso no era un hijo de puta…

–Nunca me vas a entender de una, ¿no? Yo no quise decir que fuera nada: quiero decir que cuando estaba vivo no lo votaba nadie y ahora que murió se convirtió en un prócer. Si hasta está resucitando al hijo…

–¿Y entonces?

–No se hagan los boludos, muchachos, que me entendieron perfecto.

Los tres hombres se miraron como se miran los que no quieren ver lo que están viendo: la esposa manoteando una entrepierna ajena, el telegrama de despido, aquella foto de sus veintiuno.

–¿Vos querés decir que para que hagamos una buena votación en junio se tendría que morir alguien?

Le preguntó despacito el segundo, muy flaco, barba rala, sus ojeras.

–Vos sabés que estoy diciendo eso.

–¿Pero quién, animal, de quién estás hablando?

–¿De quién voy a estar hablando?

El mozo llegó con la segunda botella de montchenot y un par de provoletas bien doradas. El tercer hombre, pelo largo entrecano, prestancia de caudillo antiguo, amagó una sonrisa: ¿pingüino o pingüina?

–Veo que ya nos estamos entendiendo.

Dijo el primer hombre, y el segundo les preguntó si estaban locos.

–Locos no, al contrario, demasiado cuerdos. Bueno, basta de mariconadas: ¿pingüino o pingüina?

La discusión fue larga: el tercer hombre dijo que si la que moría era ella la ventaja era que iba a dar muy Evita, que se compraba todos los boletos para el mito, que a largo plazo era un golazo pero que en lo inmediato tenía un par de problemas:

–Uno es que queda él solo y hay mucha gente que no lo soporta más.

Dijo el segundo, que se empezaba a entusiasmar, y dijo que con la simpatía por la muerte de su mujer le iba a cambiar la imagen y hasta quizá le bajaba las ínfulas y lo hacía más tolerante y otros cuentos de lechera hasta que el tercero pegó un puñetazo sobre la mesa:

–No, boludo, no se puede. Está Cobos.

–Uy, dios, qué manga de boludos. Si la que se muere es ella, la sucede Cobos y se nos pudre todo.

–Va a tener que ser él.

–Pero si es él, ella va a dar muy Isabelita; el macho se murió y quedó la viuda pobrecita.

–No, hermano, no digas tonterías. Ella nunca va a dar Isabelita. Y, de todas formas, no tenemos otra.

–Tienen razón: va a tener que ser él.

–Va a tener que ser él.

–Va a tener que ser él.

Los tres hombres se miraron para sellar un pacto grave, decisivo; la segunda botella estaba muerta y la provoleta se enfriaba en el medio de la mesa.

–Y además, con perdón, así se va a acabar toda esa sanata sobre el doble comando.

Dijo el tercer hombre y el segundo lo miró pesado: una cosa era jugarse a un sacrificio por la patria, le dijo, y otra hacerle el juego a La Nación.

–Ok, tenés razón. Pero, hablando de sacrificio, se olvidaron de lo más importante. ¿Quién carajo puede pensar que el hombre va a hacer semejante sacrificio?

Dijo el tercero y tuvo un momento de alivio: estaban hablando boludeces, no iban a hacer nada de eso.

–¿Cómo, no estuvo dispuesto a dar su vida por la patria? La patria, de puro generosa, le dio una prórroga de treinta años, y ahora la reclama.

Dijo el segundo, las ojeras cada vez más hondas, y que el poder le gusta tanto que en una de ésas podían convencerlo: de últimas le decimos que es una farsa, que no se va a morir de veras, y cuando se quiera dar cuenta ya no va a poder reclamar nada.

–No sean boludos, che. Por supuesto que el hombre no va a querer morirse para mantener el modelo. Así que nunca va a saber que se está muriendo para eso, ni para ninguna otra cosa.

El mozo llegó con las mollejas y los tres hombres ni siquiera las miraron. Acababan de entender que se estaban confabulando en algo extraordinario, algo que los uniría por el resto de sus vidas. El segundo se preguntó si valdría la pena; el primero trató de pensar cómo había llegado hasta ahí y se dijo que, de todos modos, no tenía vuelta atrás: que volver atrás significaba perder todo lo que había conseguido hasta entonces, la subsecretaría, las prebendas, su trozo de poder, y que además era una maniobra genial, alta política. El tercero dijo que lo único que les faltaba era decidir cómo iba a ser.

–Puta, estamos al horno.

Dijo el primero. Durante la hora siguiente las mollejas se volvieron amarillas, las montche siguieron insistiendo y los tres hombres discutieron la forma de esa muerte por la patria o, al menos, el poder. Dijeron que lo más fácil sería simular un infarto con alguna de esas drogas de diseño que matan sin dejar ningún rastro, pero se preguntaron si un infarto no era una marca de debilidad que les complicaría las cosas. No, es una muestra de que estaba tan preocupado por el destino del país, que trabajaba tan duro, es una forma de decir que se sacrificó por la patria. ¿Vos creés? Bueno, es una forma, sí, pero es un poco blanda, como desperdiciada. Entonces pensaron en generarle una enfermedad violentísima que lo matara en un mes de agonía, porque así tendrían al país agarrado de sus partes: ¿vos te imaginás lo que sería, los partes médicos tres veces por día, la vigilia en la puerta de la clínica, virgencitas, bombos, todo el mundo pendiente? Eso nos da un cheque en blanco por quién sabe cuánto. ¿Cuánto dinero? No, boludo, cuánto tiempo. Sí, claro. Hasta que el segundo pronunció lo que los demás habían estado pensando sin atreverse a nombrarlo: el atentado, el magnicidio.

–Ésa sí que da juego. Imagínense, muchachos, nos conseguimos un par de gurkas que la hagan, les prometemos un fangote de guita, nos aseguramos de que la cana los haga percha, no queda nadie que pueda decir nada. Y tiene la ventaja de que le podemos echar la culpa a algún sector y ahí sí que los hundimos para siempre.

–Tremendo. Piensen por ejemplo si hacemos correr la voz de que fue un comando de sojeros medio quebrados que quisieron vengarse…

–Sí, o que fueron piqueteros calientes porque los había abandonado, ahí nos compramos a toda la clase media, la derecha.

–O mandamos que fueron los milicos y recuperamos a la izquierda y los progres y todos los políticamente correctos.

–O la mejor: que fue la CIA y nos ponemos a la cabeza de la revolución sudaca, otra que Chávez y las venas abiertas de Bolívar.

–Sí, capaz que habría que mandar a medirlo antes de decidir.

Se miraban, excitados, trémulos: habían dado con el huevo de Colón, iban a ganar las elecciones por afano, a dar vuelta el proceso en un grado que pocos soñarían.

–La única cagada es que nunca se lo vamos a poder decir a nadie.

–Obvio, no. Nos lo vamos a tener que llevar a la tumba.

–Bueno, a menos que en algún momento ella se ponga muy boluda y haya que explicarle cómo fue que ganó. Y ahí sí que la tenemos agarrada de los pelos.

–Muchachos, el mecanismo es perfecto. Nos cargamos a uno, nos aseguramos a la otra. Y, con esa muerte, no hay quien pierda las elecciones.

–Pará, pará, a mí se me ocurre una mejor.

–Qué, boludo, no hay ninguna mejor.

–Esperá que te la cuente y vas a ver.

 

Mayo 2011

(revista Newsweek

Rx_cristina-kirchner

Parece mentira —¿parece mentira?— pero hace semanas que la discusión política argentina consiste en escrutar y suputar las decisiones más íntimas de una señora. Todos tienen, últimamente, opiniones sobre el asunto y yo, tan pobre como todos, también tengo:

Yo creo que la doctora Cristina Elisabet Fernández viuda de Kirchner se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque, como dice un viejo amigo, “¿alguna vez viste a un peronista que abandone el poder?”. Y más si esa peronista cofundó un partido tan franco como para bautizarse Frente para la Victoria, donde la idea de victoria es autosuficiente, no precisa más datos. Y más si esa peronista lleva veintitantos años viviendo en una nube de poder y sabe que no sabría cómo hacer —que ya no recuerda cómo se hace— para vivir abajo.

Y creo que la doctora Fernández no se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque es una mujer inteligente y sabe que tiene una cantidad de cosas atadas con alambre y el alambre no dura tanto tiempo.

Sabe que el modelo de crecimiento que empezó en 2002 ya no funciona y que la inflación no para y que entonces el proceso de empobrecimiento y los reclamos —de ocupados y desocupados— no van a parar, y que es cuestión de tiempo hasta que todo estalle, como bien le dijo el otro día el comandante guerrillero Omar Viviani. Sabe que sus relaciones con distintos sectores —sindicales, sociales— con los que ahora la une la prosperidad se irían lentamente al carajo. Sabe que la puja redistributiva de la que tanto habla es puja y es redistributiva, pelea de los más pobres por quedarse con un poquito más de la riqueza nacional, no sólo por salvar sus sueldos de la inflación. Y también sabe que su gran truco para aminorar los efectos de esa inflación sobre las clases medias y altas y mantenerlas refunfuñonas pero consumidoras —ergo contentas— consiste en esos subsidios tremebundos que entrega a los monopolios del transporte y la energía; son 48.000 millones al año, de los cuales por lo menos 16.000 —dos veces la Asignación Universal— están dedicados a mejorar las condiciones de vida de los menos necesitados, de los que podrían pagar esos servicios a su precio. Y sabe que esos subsidios no se pueden mantener así pero que el día en que los corten el que los corte se va a querer cortar algo más: lo que tenga según sexo y color, lo que le quede.

Y creo que la doctora Fernández se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque nunca en la historia reciente de esta gran nación argentina hubo unas elecciones tan fáciles, tan carentes de ninguna oposición coherente o articulada o siquiera realmente existente, y que es muy difícil para un político desaprovechar semejante oportunidad porque la política, como la naturaleza, tiene horror del vacío y siempre intenta llenarlo con sus cositas, sus cagaditas de paloma.

Y creo que la doctora Fernández no se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque tiene una aguda conciencia de la historia y los manuales de historia y sabe que, si pudiera retirarse ahora, sus gobiernos —propio y ganancial— quedarían relatados como un período de recuperación y cierto bienestar y moño y pompón rojo y que, en cambio, si sigue, tendría que enfrentar el derrumbe de su famoso modelo —por causa de su famoso modelo y sus problemas ya citados— y su capítulo terminaría muy feo.

Y creo que la doctora Fernández se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque tiene una aguda conciencia de la historia y los manuales de historia y sabe que, si se bajara, su supuesto proyecto quedaría colgado de la brocha y su grupo de seguidores se disolvería en unos días y su nombre de casada desaparecería de la discusión política argentina en unos meses, porque un grupo puede sobrevivir a una derrota pero no a una fuga —y es probable que esa idea le moleste. Esto sin contar la parva de inútiles cercanos que saben que su única posibilidad de supervivencia en el coche oficial es que la doctora vuelva a presentarse y que, estando por definición cerca de ella, le taladran las neuronas con explicaciones de por qué debe hacerlo —sin decirle nunca por qué necesitan que lo haga aunque ella, que no es tonta, lo sabe, lo considera y, por eso, minimiza sus argumentos sin piedad y entonces piensa que quizá no debiera presentarse pero.

Y creo que la doctora Fernández no se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque es una mujer inteligente y sabe que el discurso épico que la sostiene no se puede sostener mucho tiempo tan falto de hechos épicos y, como se ve que no le interesa producir ninguno, más temprano que tarde va a tener que renunciar a ese discurso —y no tiene otro. O, dicho en japonés: que el curro de la década de los setentas no puede servir durante décadas y décadas.

Y creo que la doctora Fernández se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque, ¿qué podría hacer una mujer de sesenta años que tuvo todo el poder si deja de tener ese poder: dedicarse a criar los nietos que no tiene? ¿Desesperarse viendo desde afuera lo que podría estar haciendo desde muy adentro? ¿Aprender a bordar punto cruz? ¿Escribir unas memorias maquilladas con la esperanza de que la devuelvan al centro de atención? ¿Coleccionar teteras? ¿Maldecir cada mañana el momento en que lo tenía todo y decidió dejarlo?

Y creo que la doctora Fernández no se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque de verdad debe estar cansada y harta de pelearse con una manga de oportunistas mediocres que se dicen sus amigos y desalentada de ver lo complicado que es hacer nada serio en medio de tanta pequeñez y deprimida de pensar que está haciendo lo mejor que podría hacer en su vida y sin embargo no lo disfruta nada y encima sus hijos le piden que se quede en casa y aprenda punto cruz.

Pero creo que la doctora Fernández se va a presentar a las próximas elecciones presidenciales porque no veo cómo haría para no presentarse. Es decir: qué historia podría contarse para volverse a casa. No el discurso público barato de renuncio a los honores pero no a mi puesto de lucha o la escalada de pequeños anuncios médicos que lleven al anuncio final de que su cuerpo enfermo no resiste más o la explicación psicologista de culebrón porteño. No, lo que no consigo ver es cómo se explicaría a sí misma y, más que nada, al fantasma de su marido muerto en la dizque trinchera de la lucha —el glorioso Nestornauta, el desaparecido 30.001, la escuelita de Misiones la terminal de buses de Jujuy la comisaría de Resistencia, Él— que ella es una cobarde pusilánime traidora que prefiere abandonar la pelea por la que Él sí dejó todo, abandonarlo a Él, al recuerdo de Él, a todo lo que armaron durante toda su vida sólo porque está un poco cansada o desalentada o deprimida o despistada. Yo creo que va a seguir porque no sabría cómo justificar su retirada.

Y creo, más que nada, que es triste que estemos discutiendo estas pavadas: tristísimo que tantas cosas en este país dependan de lo que decida una noche esta doctora, de cómo haga jugar éstos y otros elementos que sin duda ignoramos. Creo que la importancia de ese gesto individual, menor, es la medida de nuestra realidad actual. O, dicho de otra manera: que si la política argentina pende de la decisión de una señora, cualesquiera sean esa señora y esa decisión, estamos al horno y acaban de prenderlo.

 

Mayo 2012

(Pamplinas, aquí mismo)

Pagina12

Seré breve: Lanata fundó y dirigió Página/12. Otra vez: Lanata fundó y dirigióPágina/12, y parece un chiste que yo esté escribiendo esta frase. Es público y notorio y comprobable que Jorge Lanata imaginó y fundó Página/12 en los primeros meses de 1987, que le inventó el estilo, que lo dirigió durante varios años y que convocó a los mejores periodistas que pudo convencer, que también contribuyeron a formarlo.

Digo: Lanata fundó y dirigió Página/12, y parece chiste que yo esté escribiendo esta frase –o que esta frase deba ser escrita– pero ese diario acaba de cumplir 25 años y lo celebró con un número especial que incluía a la mayoría de sus plumas actuales y ninguna –ninguna– de ellas hizo la menor referencia a Jorge Lanata: lo desaparecieron de su historia. Como si el diario hubiera salido solo, por generación espontánea, sin director, sin creador. O como si lo hubiera hecho un ente anónimo, secreto, clandestino. Va de nuevo: un suplemento de 40 páginas donde los periodistas y editores de un diario cuentan los principios de ese diario pero no nombran a su fundador y primer director. Lo callan, lo niegan. Y dicen que son periodistas. Todo terminó ayer miércoles cuando la señora presidenta de los argentinos, la doctora Jorgelina Griñones de Velotti, fue a una fiesta organizada para seguir celebrando tan magno evento y peroró y tampoco lo nombró –“la verdad que no quiero olvidarme de nadie”, dijo, y nada–, y otros peroraron y tampoco.

Nadie recordaría aquella foto de Lenin con Trotsky si Stalin la hubiera hecho publicar con un epígrafe tipo "el exiliado León Trotsky antes de traicionar a la revolución". Pero nos acordamos porque lo que Stalin hizo fue borrar la imagen de Trotsky de la foto: borrarlo de la historia. Por eso aquella foto fue un símbolo de un régimen siniestro. Más allá de los personajes: los procedimientos.

Se pueden discutir lecturas de la historia, interpretaciones de la historia, explicaciones de la historia. Pero no ciertos hechos precisos de la historia. Cambiarlos no se llama discutir: se llama mentir. Y si se tiene poder –el poder de reescribir esa historia desde un diario o un púlpito o un trono–, se llama abuso de poder, autoritarismo, estalinismo, canallada. 

No estoy hablando de Jorge Lanata. A veces acuerdo con él, a veces no, es mi amigo, lo quiero, pero no es importante en este asunto. Y el asunto tampoco: en última instancia, que Lanata haya fundado o no Página/12 no es relevante. Es relevante –impresionante– que esas personas se ensucien así por algo tan menor. Es relevante que unas personas se crean que pueden falsificar gratis, y que ofrezcan con esto un ejemplo demasiado obvio de lo que hacen tan a menudo, tantas veces.

Digo: estoy hablando de unos idiotas que se creen que los demás somos tan idiotas como ellos y que pueden engañarnos con mentiras berretas. Estoy hablando de una banda de mentirosos y mentirosas que se jactan de respetar la Verdad y la Memoria y se cagan en cualquier verdad y cualquier memoria que no les guste o no les sirva, y se creen que pueden inventar cualquiera que sí, incluso cuando casi no importa –y más, por supuesto, cuando sí.

Estoy hablando de personas penosas, peligrosas. Personas que me están dando miedo. Por eso estoy hablando. 

Hay 259 Comentarios

AldoV.
Me emocionò hasta las làgrimas.
Sobre manera, esa columna cuadrada con "agujeros" desde donde se observan brazos y manos.
No se necesita mucha imaginaciòn para
encontrarle la "verdadera" interpretaciòn
a ese "mamotreto artistoide".
Las personas escondidas en la columna,
vienen a estar representadas por
LÀZARO, TRIVIÑO y OTRO que,
mientras desarmaban y trasladaban
cajas conteniendo billetes de 500 euros,
modificaban a su vez la bòveda,
limpiàndola y transformàndola en
una INOCENTE BODEGA (ex BÒVEDA).
Siga participando, incinaràndose como corrupto hasta la mèdula y cobrando sus 30 monedas a fin de mes,
hasta que se corte el "chorro" y deje de ser
un còmplice "meritorio" del "modelo" de latrocinio
y tenga que abandonar, por "inaniciòn",
su miserable condiciòn de sàtrapa inùtil y delincuente
que vive, cual garrapata, del esfuerzo y sacrificios de su pròjimo (palabra que su conciencia descartò hace años).

A uds que les gusta el arte y son soretes seguramente esto les va a emocionar
http://www.youtube.com/watch?v=p2DVo7ie9KM

Trulo debe ser su otra personalidad, Abruto, conmigo no tiiene nad que ver y habla en contra del proyecto del cual yo me enorgullezco.
Ya sabe por qué: Con estos 3 viejos putos (ustedes 3) sufriendo nomás ya se justifica.

¿Qué tal anda la lectura, 'Don' Aldoush? fíjese si en Manucho, Marquez, o Donoso, encuentra algo que pueda competir con las tropelías de los hijos putativos de aquél general hervívoro, devenido en mascota de un cabo brujo, una copera y unos caniches; que atesoraba la momia de una milonguita en el altillo, sobre cuyo ataúd (cuando el leon capón dormitaba) realizaban coperas brujerías, la futura presidentA y su brujo de cabecera bla, bla, bla. Jamás el kitsch, llegó tán lejos, como el kirch neron ismo. Mis respetos

Primo.
Como de costumbre sus comentarios explican, cual Arlt del siglo XXI, la miseria humana y su involutiva descendencia, con palabras que parecen no ser del agrado de
paramilitontos K y algunos "ciudadanos suizos" que entran desprevenidos creyendo estar viviendo en el Paraìso (fiscal).
Respetuosamente.

Ahora, parece que la estrategia de cleptopatra y los 400 ladrones, es quedarse con el 'piso' de treintaypico, y a los muertos vivos hacerles comer la 'masita' por afuera del fpv... total, despues votan todos juntos, sus caprichitos. Siempre el pj, haciendo cola para robar. Buen provecho

El tema del BORDA estaba consensuado por todos, menos por ATE. De mil trabajadores 900 estaban de acuerdo. Entonces ATE llevò "afiliados" y medios de prensa. Policìas bancaron + 1 hora cascotazos y hondazos y tuvieron heridos. De què carajo hablan estos "sindicalistasK".
Eso si, montan operaciones para mostrar que malo es MM, pero de INSFRAN Y CAPITANICH ni una sòla palabra.
MISERABLES CORRUPTOS.

Estos seudoperiodistas siguen engañando a la gente.
No tienen otro tema que
REFRITAR PPT.
Y le buscan a Lanata el pelo en la sopa,
en lugar de preguntarse,
si fueran verdaderos "PERIODISTAS" lo harìan
si lo que dice el gordo es verdad o mentira.
Llego a la triste conclusiòn que son todos empleados del "resucitado" que, luego de 3 dìas en la tumba "bòveda" llegò NCK lo vio y le dijo
LEVÀNTATE Y HAZTE CARGO DE LA OBRA PÙBLICA.
Y adquirì las 2 cajas del Bco.Hipotecario de Santa Cruz (de remate) y "construì" unas cuantas BÒVEDAS donde guardarla.
Y Làzaro, no sòlo se levantò (de miserable cajero de Banco)
se transformò en EMPRESARIO.

Hoy Nelson Castro dijo lo que sostengo hace años.
Mientras el FPV estè en el PODER
continuarà teniendo IMPUNIDAD TOTAL Y ABSOLUTA.
El hecho que UN PAR DE FISCALES
pretendan mover alguna que otro (de los cientos de denuncias de funcionarios pùblicos y testaferros)
se traba por un motivo muy simple y sencillo.
JAMÀS EL PODER JUDICIAL avanzò en ninguna causa
MIENTRAS EL EJECUTIVO estuvo ejerciendo.
Retorno a las Tolderìas.

Impresionante.
Como los medios K muestran la hilacha.
Mauro y su hijo, Graña, Andino y Cìa.
màs preocupados por hacerle la "DEFENSA CORPORATIVA" a RIAL que por ser "verdaderos" periodistas.
Queda todo dicho. A esta "gentuza" sabemos quièn les paga.
No tienen vergûenza.
Pero van "limpiàndose" lentamente.
Hoy Graña y Jonatan Viale hablaron de Làzaro. Admiten que "pudo haber habido lavado",
U$ 9.300.000 en 2010 llevados por Làzaro en efectivo a Comodoro Rivadavia?
El Banco Naciòn no lo "reportò".
Se enterò el BCRA e informò a la UIF de Sbatella por
ROS (Reporte operaciòn sospechosa).
La UNIDAD DE INFORMACIÒN FINANCIERA
cajoneò 3 AÑOS y recièn ahora, debido a la evidencia, debiò DARLO A CONOCER.
Cuàntos años los argentinos se "comieron" que habìa
ALGÙN ORGANISMO DE AUDITORIA O DE CONTROL
que fuera DECENTE?

Primo, santiago y Trulo.
Llego con el 7mo. pero de CABALLERÌA. El de CUSTER.
Hermosa dirgestiòn hice hoy.
El colega y "amigo"? de Caparròs,
el de PLAN M,
se hace el "machito" invitàndola a la Vidal de la CABA.
Habrìa que preguntarle si alguien le bajò lìnea
para dedicarse a preguntarle sobre la represiòn del BORDA,
Eso si. Fuera de Feletti jamàs fue ningùn funcionario K de "peso" real.
Su anàlisis, los primeros 15`de programa son una repeticiòn de datos econòmicos,
efectuados en forma tan LIGHT que parece que lo mandara LORENZINO o KICILLOF.
Un verdadero CAMELEÒN.
Eso si. Lo invitò a BARADEL, total el gremialista K le iba a pegar a SCIOLI.
Lo que se dice un programa sumamente OJETIVO.
Se hace el IMPARCIAL cuando lo ùnico que tiene del tèrmino es haber ido alguna vez a comer al restaurante de H.Yrigoyen.
Si algo no termino de comprender son las alianzas del BAMBI.
Hay que tener estòmago para soportar a DORIO y Montenegro.
Respetuosamente.

es q nuestro artista pástico tiene mucho trabajo con la estatua ecuestre de lázaro báez, jajajja
parafraseando a Che y a dante gullo: 2, 3, 100 ázaros, jajaj

¿Vió Santiago? siempre les falta un mango, pa'l peso. Habria que presentarle a la porota vercellino, pa' que lo ayude a olvidar... total, mamado ya está. Mis respetos

o sea q lucas carrasco es un "kirchnerista auténtico", un kirchnerista sin los kirchner"...ese tipo se está reciclando para el q venga en 2015. Lo dice con todas las letras, le dejaron de pasar el sobre en radio nacional.
La ex novia tiene q hacer turnos extras para la olla (los K auténticos no usan cacerolas).

Por fin, los k van a ser analizados donde corresponde: intrusos. Riki forT les dice chorros; el beodo lucas carrasco lloriquea su desengaño y putea a 'mongolini', mientras su ex novia modelito, le banca el alquiler, y dice que se encamaria con la 'mengolini'... Pero él le dice maricon, a 'minimus k'; y ahoga sus penas en alcohol... el resumen perfecto de la gesta 'narc&pop'! Cornudo, borracho, mantenido; pero ¡con ideales! Berp!

¿viste como le erro, vercellino?... cuatro meses mariconeando 'que no eras vos' y acabaste... con el culo al aire.

No se preocupe Trulo, cualquier cosa, lo reputeo y listo...

Por favor ignoren los mensajes anteriores, que en realidad eran para otro foro. Esto de ser doble agente se me complica...

Asi es como vamos a destruir a las malditas corporaciones de una buena vez en este pais. Para siempre. Las vamos a dejar sin nafta y sin comida. LTA.

Y ademas en 2012 tuvimos la menor superficie sembrada de trigo en mas de cien an~os. Porque en nuestra proxima decada K que iniciamos esta semana tambien vamos a perder el autoabastecimiento alimentario. Algun problema viejos de mierda? 54%. LTA.

Si, perdimos el autoabastecimiento petrolero y la cuenta de las importaciones esta fundiendo al pais. Y que? Somos el 54% y al que no le guste que la siga mamando.

Puff, problema con mi browser solucionado. Disculpen las repeticiones.

vercellino, van a tener que 'pesar' imputados y procesados...

Desde hace un par de dias mis mensajes no aparecen en el foro. Me estaran censurando?

Santiago, gracias por el dato... a la ministra la tenia
fuera del radar... Si Ud. va de embajador, me anoto de
agregado energetico.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal