Papeles Perdidos

Veranos literarios / y 19

Despedir el verano con Alistair MacLeod

Por: Winston Manrique Sabogal30/08/2010


Macleodfaroybarco
"Estamos en agosto, casi a finales, y el tiempo ya no es de fiar. El verano ha sido muy caluroso, tanto que los huertos se han secado y no ha crecido la hierba, los pozos poco profundos se han secado y apenas contienen más que barro húmedo. Los arroyos que desembocan en el mar son meros hilillos de agua; las truchas que los habitan y que habitan en los lagos del interior son blandas, mansas, les cuesta trabajo respirar. A veces se las ve flotar muertas en las aguas recalentadas, los cuerpos cubiertos por gruesos parásitos grisáceos. Apenas se parecen a las truchas de primavera, saltarinas, enérgicas, batalladoras en las corrientes de agua fría y clara, tan eléctricamente desbordantes de movimiento que da la impresión de que ningún parásito pudiera alojarse jamas en sus carnes.

El calor ha sido perjudicial para los peces y los pozos, para el crecimiento de la vegetación, mientras que para quienes optan por pasar el verano tumbados en la playa el tiempo ha sido ideal"...

¿Le suena este verano? Podría ser el de cualquier lugar, pero este pertenece a uno concreto, al de Cabo Bretón en Nueva Escocia, Canadá. Una de las zonas del mundo donde el verano sí se anhela de manera justificada Macleodfaroycabaña tras meses de frío y viento polar, donde sí se sienten las bondades del sol y se bendice algunos de sus rayos prolongados y se ruega por su largo resplandor, donde se vive como una fiesta la llegada del estío que apenas pasa de los 15 o 20 grados y el mundo se convierte en otro mundo por un lapso muy breve. Lo cuenta y lo vive aquí Alistair MacLeod (Canadá, 1936) en el relato  El final del verano que forma parte del volumen de cuentos Los pájaros traen el sol. No sólo he elegido esta historia por corresponderse con una despedida perfecta para este verano real sino, y sobre todo, porque pertenece a uno de los más gratificantes descubrimientos literarios que he tenido en los últimos diez años y quiero compartirlo con ustedes. Alistair MacLeod es un autor poco conocido en el mundo hispanohablante, pero un clásico en Canadá por la sencilla sensibilidad de su escritura que roza muchos rincones de la vida y del alma humana donde el paisaje y el entorno se revelan como seres influyentes. Sus historias suelen estar inspiradas en la emigración de sus paisanos y sus búsquedas de identidad al vivir de un lado para otro. MacLeod tiene en español dos libros de cuentos (además del citado está El regreso) y la novela Sangre de mi sangre, con la cual obtuvo el premio Impac en 2001.

Así es que desde las tierras donde el tiempo estival es apenas un resquicio del frío, y se empieza a soñar con el siguiente cuando aún quedan los últimos días del actual, despido esta serie de Veranos literarios con la que Papeles perdidos, el blog de Babelia, ha rendido homenaje a algunos de los elementos propios de esta estación a través de la visión y descripciones que hicieron de ellos grandes o importantes escritores en sus libros. Ha sido el primer verano de este blog y con esta serie no sólo hemos viajado y conocido muchos y diferentes estíos sino que hemos recordado o conocido y disfrutado a sus creadores literarios, desde Homero hasta García Márquez, pasando por Cervantes, Proust, Virginia Woolf y Mishima. No doy más vueltas a esta despedida veraniega y los invito a ver lo que cuenta en este relato Alistair MacLeod, desde unas tierras donde el día a día es difícil y una de las funciones del verano es recodarles a todos sus pobladores en qué mundo les ha tocado vivir:

Macleodcabobretonparquenacional
"Ha sido un récord para el turismo en Nueva Escocia, según dicen continuamente. (...) En esta playa, en la costa oeste de la isla de Cabo Bretón, no hay turismo. Sólo estamos nosotros. Llevamos aquí la mayor parte del verano, sorprendidos por la duración y la consistencia del calor. A finales de julio nos dijeron: 'Llegará la galerna de agosto y hará trizas todo esto'. Lo mismo dijimos a los demás. La galerna de agosto es la tempestad que tradicionalmente sobreviene en agosto, la precursora de los huracanes que soplarán cada vez con más fuerza desde el Caribe, para azotar estas costas durante el otoño. Con sus vendavales ululantes, con sus olas inmensas y enfangadas, la galerna de agosto ha supuesto por lo general, aunque de una manera que no es oficial, el final del verano. Puede producirse incluso los primerísimos días del mes. Este año, en cambio, aún no se ha producido.(...) Con todo, sabemos que el tiempo no se mantendrá así ndefinidamente; dentro de una semana, los turistas habrán marchado, las escuelas volverán a abrir sus puertas y el ritmo de la vida habrá cambiado una vez más. Tendremos que reunirnos de la manera que sea, hacer acopio de valor y tomar decisiones que hemos aplazado y arrinconado en el fondo de nuestro ánimo. Quizá seamos la mejor cuadrilla de mineros de pozos y explotaciones mineras que existe en el mundo entero. Nos esperaban en Sudáfrica el 7 de julio.

Sin embargo, aún no hemos partido. (...) cuando lleguemos a lo alto del acantilado , todos respiraremos el aire a pleno pulmón, y entonces tomaremos el sendero que sigue hacia el norte, por el borde del prepicio, hasta donde están aparcados nuestros coches. (...)

Cerca de la punta sur, un arroyo concluye su viaje y se precipita en vertical sobre el mar desde una altura de unos quince metros. Algunas veces, después de nadar o de pasar un buen rato tendidos en la arena, nos ponemos debajo del chorro como si fuera una ducha, y sentimos el frescor del agua en la cabeza, en el cuello y en los hombros, que nos baña de arriba abajo, hasta los pies sumergidos en el mar.

Macleodcabobretonfaro Todos nosotros nos hemos plantado bajo el chorro y hemos bañado nuestros cuerpos desnudos incontables veces bajo los chorros a presión que hay en las duchas de las minas de medio mundo. Son cuerpos que, una vez liberados del barro y el hollín y del olor a pelos quemados que tiene la polvora, resultan tan blancos como la leche o el marfil. Tan blancos que no parecen sanos del todo, pues cuando trabajamos, a menudo invertimos hasta doce horas seguidas en los pozos y en las galerías, sin sentir en la piel un solo rayo de sol. A lo largo del verano hemos visto  cómo se nos volvía más rubio el cabello, hasta casi emblanquecer. (...)

Siempre tenemos una intensa conciencia de nuestros cuerpos y de los dolores que palpitan y no dejan de darnos punzadas. Incluso a altas horas de la noche, cuando dormimos, nos sacuden de forma inesperada, con la violencia de la corriente eléctrica, y hacen que las lágrimas nos asomen a los ojos, o que cerremos los puños con tanta fuerza que se nos vuelven blancos los nudillos mientras nos hincamos las uñas en las palmas de las manos. (...)

Tendidos en la playa, nos vemos las cicatrices, y nos acordamos de cómo se produjeron. Cuando estamos vestidos, el precio que pagamos por nuestra manera de ganarnos la vida no resulta tan visible como ahora. (...)

Echamos a caminar. Se detienen y miran atrás, claro. Miran atrás y abajo, a la playa que hace tan poco hemos dejado desierta. Las olas son más altas; rompen y se adentran más en la arena. Han borrado los perfiles que dejaron nuestros cuerpos en la arena, las huellas de hace muy poco han desaparecido también. Ya no existen pruebas de que hayamos estado ahí abajo alguna vez. El mar ha lavado la arena como quien hace borrón y cuenta nueva.

Y empieza a llover. No es una lluvia recia, es casi vacilante, como si el tiempo llevara tantos días seco y caluroso que se hubiera olvidado de la lluvia, como si tuviera que volver a aprender dolorosamente a llover de nuevo.

LLegamos a lo alto del acantilado y recorremos el sendero que nos lleva a nuestros coches. Están polvorientos y calientes por el sol. Nos tumbamos sobre los capós para separar del cristal los limpiaparabrisas. (...)

Las gotas aisladas de la lluvia caen por igual en el parabrisas y en el techo, en el capó y en el maletero. Traza cada una su riachuelo individual entre las capas de mugre que cubre el coche y luego gotean sobre la tierra seca y anhelante"...

El final del verano, del libro Los pájaros traen el sol (RBA), de Alistair MacLeod. Traducción de Miguel Martínez-Lage

Imágenes. Cabo Bretón y cuadro Mad Dogs, de Jack Vettriano, con el que despido esta serie.

Lee aquí toda la serie Veranos literarios 2010.

  MacleodVettrianomujers

comentarios 7

7 Comentarios

Publicado por: Carlos Tupiño 30/08/2010

Una prosa hermosa. La descripción utilizada por MacLeod transporta al lector a la escena misma del relato; transmite las sensaciones del entorno y de los personajes. En el Final del verano, uno se puede sentir inmerso en ese clima descrito por el escritor canadiense.
Buscarè el libro Los pájaros traen el sol.

Publicado por: Fabiola 30/08/2010

Que alegría que se haya hablado en este blog sobre Alistar McLeod. Sigan leyéndolo y descubrirán el Canadá

Publicado por: Anavarven 30/08/2010

Alistair MacLeod, desde unas tierras donde el día a día es difícil y una de las funciones del verano es recodarles a todos sus pobladores en qué mundo les ha tocado vivir:

y un amante invenerable, un amante de su tierra, no es que sea bello es que es impresinante .... mente humana donde ve lo que ocurre lo que los humanos podrían ... odrían y deben ser capaces... es, no es bello, es tan humano!

Alistair MacLeod, desde unas tierras donde el día a día es difícil y una de las funciones del verano es recodarles a todos sus pobladores en qué mundo les ha tocado vivir:

y es entonces cuando recuerdo esa frase, que él dice:

"... El calor ha sido perjudicial para los peces y los pozos, para el crecimiento de la vegetación, mientras que para quienes optan por pasar el verano tumbados en la playa el tiempo ha sido ideal"...

es tan humano decir eso, tanto!!!!!

Publicado por: winston Manrique 30/08/2010

¡Hola amigos! Quiero agradecerles el seguimiento este mes a la serie que he hecho de Veranos literarios. Y la acogida que ha tenido. Me alegra mucho, porque la verdad ha sido gratificante ese reencuentro con todos los escritores que he visitado recordando y buscando algunos de sus pasajes estivales. Y, como dice Igual, a ver si con MacLeod quienes no lo hayan leído evitan la depre post-estival. En próximos días comentaré algunos de los escitores y libros a tener en cuenta este otoño.
Un saludo a todos.
Winston

Publicado por: Lorelay 30/08/2010

Excelente selección de escritores y buenas gráficas, en conjunto un trabajo bien hecho. Gracias por este oasis entre la rutina de las noticias. Un saludo desde Barcelona.

Publicado por: iGuAl 30/08/2010

uhm..qué ganas... Fichado! próxima adquisición! (a ver si con eso evito la depre post-estival..)

Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi 30/08/2010

Muy bien escribe Alistair Mac Leod. Bonito relato y muy bueno el nombre del libro:"Los pájaros traen el sol".En el cono sur, lo puedo observar en el patio de mi casa: pronto llegarán desde el hemisferio norte los pájaros, más o menos en octubre. Anunciarán el sol, los días largos, las noches de fiesta. Canadá es un hermoso país. Gracias, Sr. Winston por su trabajo de verano, por acercarnos a la buena literatura, por elegir tan bien cuadros y fotografías, en fin, por trabajar con cariño y responsabilidad.

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