Papeles Perdidos

Veranos literarios / 2

Despertar en la bahía de Mansfield

Por: Winston Manrique Sabogal04/08/2010

Bahianwezeland
"De mañana, muy temprano. Aún no se había levantado el sol, y la bahía entera se escondía bajo una blanca niebla llegada del mar. Al fondo, las grandes colinas recubiertas de maleza, aparecían sumergidas. No se podía saber dónde acababan, dónde empezaban las praderas y los bungalows. La carretera arenosa había desaparecido...".

Y después la evocación de Katherine Mansfield (1888-1923) se adentra en sus veranos infantiles en Nueva Zelanda, en Wellington, sobre todo en este relato titulado En la bahía. Un pasaje con el cual Papeles Perdidos continúa el paseo y homenaje literario a los elementos que hacen del verano una estación soñadora. Y para Mansfield lo fue especialmente porque en Londres, donde vivió desde los once años, se aseguró su compañía al convertirlos en cuentos que son como pinturas impresionistas. Como esta historia donde parece llevarnos de la mano para mostrarnos, que tras aquella carretera arenosa que ha desaparecido, está el paraíso de sus sensaciones reflejado en el despertar de su bahía:

"Había caído un abundante rocío. La hierba era azul. Gruesas gotas colgaban de los matorrales, dispuestas a caer sin acabar de caer; el toï-toÍ plateado y fecundo pendía flojamente de sus largos tallos. (...) Se hubiese dicho que el mar había venido a golpear dulcemente hasta allí, en las tinieblas, que una ola inmensa y única había venido a chapotear. ¡Ah... ah... ah...! decía el mar adormecido. (...)

Era maravilloso ver con qué rapidez se clarificaba la niebla, se disolvía en la llanura poco profunda, rodaba sobre la maleza, al levantarse, y desaparecía como si tuviese prisa de escapar. (...) El cielo lejano, de un azul puro y deslumbrador se reflejaba en los charcos; las gotas de agua que resbalaban a lo largo de los postes telegráficos se transformaban de repente en puntos luminosos. Ahora, el mar saltarín, centelleante, era de un tal brillo que dolían los ojos al mirarlo. (...)

La brisa matutina se alzó sobre la maleza, y el olor de las hojas y de la tierra negra y mojada se mezcló al olor penetrante y vivo del mar. Miriadas de pájaros cantaban. Un jilguero voló por encima de la cabeza del pastor y, colocándose en la extremidad de una ramita, se volvió hacia el sol y erizó las plumitas de su pechuga. (...)

Algunos momentos después, la puerta trasera de uno de los bungalows se abrió y una forma vestida con un traje de baño de anchas rayas se lanzó a través del cercado; de un salto franqueo la barrera, se precipitó en medio de la hierba tupida, pentró en la torrentera, subió, tropezando, la pendiente arenosa y emprendió una carera a toda velocidad por encima de los gruesos guijarros prorosos, hasta la arena dura que relucía como el aceite. ¡Flic-flac! ¡flic-flac! El agua hervía alrededor de las piernas de Stanley Burnell, mientras avanzaba chapoteando...".

Veranos literarios: Atajos hacia la felicidad (martes 3 de agosto)

Foto: Bahía en Wellington.

comentarios 6

6 Comentarios

Publicado por: Emma 04/08/2010

Todo sabe mejor en version original, y este cuento no es una excepcion.

Publicado por: Fandoval 04/08/2010

Pues yo me adhiero a la exploración incondicional, vamos, al "salga lo que salga".
Y para corroborarlo veamos la web que indico más arriba, que no os defraudará pues su contenido es tan extenso que hay para todos los gustos, refinados, barrocos, sin cultivar...

Publicado por: winston Manrique 04/08/2010

Hola, Bzcenci. El título del cuento es "En la bahía", de Katherine Mansfield, como dice en el post. Mientras que Despertar en la bahía de... es el título que le puesto al artículo. Estoy seguro de que te gustará, Mansfield es una de mis escritoras preferidas y renovadoras del cuneto moderno junto a Chejov y demás.
Un saludo,
Winston

Publicado por: Alerta permanente: la ballena. 04/08/2010

Por encima de las altas copas de los árboles, tenues nubes surcaban el cielo nocturno y, sobre las nubes viajeras, brillaba, serena, la luna.


En los jardines y en el oscuro parque, multitud de aromas flotaban en el aire suave, pugnando entre sí.El noble perfume de las rosas de té ondulaba leve y discreto, junto a la acometida impetuosa y apasionada del clavel, el cálido y penetrante heliotropo y la opulenta y sosegada lila.


Pero más rico , más vivo y más exuberante que ninguno, el jazmín, ese aroma dulce y agobiante que es uno de los más arrebatadores encantos de las noches de principios del verano, se extendía en oleadas hasta las prfundidades del viejo parque, aturdiendo los sentidos, enncendido y exaltado como un tropel de pensamientos de amor.


Por las ventanas iluminadas del pabellón salía una música de piano, ligeramente amortiguada por las rojas cortinas y flotaba, alegre y ligera, sobre la amplia escalinata de piedra de la entrada del parque, sobre los rosales y los jazmines.La música, cada vez más leve, volaba por la glorieta en penumbra y cruzaba los senderos hasta llegar al oscuro hayedo.Allí las notas se apagaban y disgregaban con los últimos efluvios de los perfumes, perdiéndose en la negrura de las tupidas ramas, bajo el azulado claro de luna, en la paz dulce y risueña de la noche tibia.

Del cuento Noche de junio.De Hermann Hesse.

Publicado por: Bzcenci 04/08/2010

El titulo del cuento es "Despertar en la bahía de Mansfield" o "Despertar en la bahía" de (Catherine) Mansfield?
Atentamente

Publicado por: Un bárbaro 04/08/2010

"...la única intimidad que se nos permitió fué la de permanecer fuera del alcance del oído, pero no de la vista, en la parte populosa de la playa. Allí, en la muelle arena, a pocos metros de nuestros mayores, nos quedábamos tendidos la mañana entera, en un petrificado paroxismo, y aprovechábamos cada bendita grieta abierta en el espacio y el tiempo; su mano, medio oculta en la arena, se deslizaba hacia mí, sus bellos dedos morenos se acercaban cada vez más, como en sueños; entonces su rodilla opalina iniciaba una cautelosa travesía; a veces una providencial muralla construida por los niños nos garantizaba amparo suficiente para rozarnos los labios salados; esos contactos incompletos producían en nuestros cuerpos jóvenes, sanos e inexpertos, un estado de exasperación tal, que ni aun el agua fría y azul, bajo la cual nos aferrábamos, podía aliviar."

"Bajo un macizo de nerviosas y esbeltas mimosas al fondo de su villa, encontramos amparo en las ruinas de un muro bajo, de piedra."...

"Un racimo de estrellas brillaba plácidamente sobre nosotros, entre siluetas de largas hojas delgadas; ese cielo vibrante parecía tan desnudo como ella bajo su vestido liviano. Vi su rostro contra el cielo, extrañamente nítido, como si emitiera una tenue radiación."


Evocando los primeros amores de verano de la mano de Nabokov en su incomparable "Lolita".

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