Papeles Perdidos

Veranos literarios / 4

Invitados a la fiesta de Scott Fitzgerald

Por: Winston Manrique Sabogal06/08/2010

Grangatsby1
"De la casa de mi vecino brotaba la música durante las noches de aquel verano. En sus jardines azules, y entre los susurros, el champán y las estrellas, los hombres y muchachas iban y venían como mariposas. (...) Al menos una vez cada quince días hacía su aparición un ejército de especialistas con cientos de metros de lona y suficientes lámparas de colores para convertir el enorme jardín de Gatsby en un árbol de Navidad...".

Y es esa ilusión alegre de destellos y luminosidad que describe Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos 1896-1940) en El gran Gatsby la que suele irradiar parte de nuestras vidas. Viene de las fiestas veraniegas vistas desde niños, como cándidos observadores esperando crecer para estar en ellas. Paraísos pasajeros envueltos en música, baile, conversación, una copa en la mano y ¡brindar!, Sí, y si se pasea con ella en la mano ir brindando con los amigos que salen al paso: ¡clink! ¡clink! ¡clink!... y, claro, miradas discretas que se cuelan por todos lados en busca de coincidir con otra igual. Miles de historias literarias han salido de las fiestas y en ellas se ha empezado a tejer el destino que aguardará a muchos de los personajes, como en la vida misma. Que mejor, entonces, que recordar y evocar las inolvidables fiestas de Gatsby en este fin de semana, dentro del homenaje que Papeles perdidos rinde a los diferentes elementos del verano de la mano de grandes escritores. Lo mejor es que no hagamos esperar al anfitrión, y aceptemos la invitación de Fitzgerald a su espléndida fiesta literaria en su casa de West Egg: 

"Creo que la primera noche que fui a casa de Gatsby era uno de los pocos huéspedes que habían sido realmente invitados. La gente no estaba invitada: iba. Se montaban en automóviles que los llevaban hasta Long Island, y de una manera u otra terminaban ante la puerta de Gatsby. Una vez allí, alguien que conocía al dueño, les presentaba, y después se comportaban de acuerdo con las reglas de conducta asociadas con los parques de atracciones. A veces, incluso, llegaban y se marchaban sin conocer a Gatsby, pero en realidad no necesitaban más entrada que la sencillez de corazón con que acudían a la fiesta. (...)

Grangatsby Las luces se hacen más brillantes a medida que la tierra se aleja del sol dando tumbos; ahora la orquesta toca una suave música de fondo, y la ópera de las voces se sitúa en un tono más alto. La risa se hace más fácil minuto a minuto, se vierte con prodigalidad y se vuelca con una palabra alegre. Los grupos cambian más de prisa, crecen con nuevos recién llegados, se disuelven y se forman en un instante; ya existen nómadas, muchachas seguras de sí mismas, que zigzaguean de aquí para allá entre las personas más sólidas y más estables, se convierten por un intenso y feliz momento en centro de un grupo, y luego, con la emcoción del triunfo, se deslizan por el cambiante mar de rostros, de voces y de colores bajo las luces en constante transformación".

Veranos literarios:

Imaginar el mar con Pavese (5 de agosto)

Despertar en la bahía de Mansfield (4 de agosto)

Atajos hacia la felicidad (3 de agosto)

Fotos: Fotogramas de la película El gran Gatsby.

comentarios 7

7 Comentarios

Publicado por: BDN 06/08/2010

Aun en este tiempo los millonarios de los Hamptons en Long Island NY siguen celebrando sus fiestas por todo lo alto, donde Cristal Methuselah o Dom Perignon White Gold Jeroboam se bebe como agua.

Publicado por: george 06/08/2010

CUENTOS Y RELATOS DE COLOMBIA
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El autor nos cuenta como lo inverosímil es cotidiano entre los colombianos. Sorprende la prosa de Grajales García con su capacidad de hacer historias nuevas con ironía, acción, humor, misterio, erotismo, amor, aventura… un viaje por ciudades con belleza natural, admiradas por nacionales y extranjeros: Cartagena de Indias y Barranquilla, y ciudades en conflicto social: Medellín, Cali, Bogotá y Pereira. El lector asiste como testigo invitado a la guerra entre el Gobierno y el Cartel de Medellín; al funeral de Milciades Zamora y su despedida musical de tres días en un entorno de música vallenata; a la historia de amor caribeña entre Tatiana y Franklin Stalin; al relato de Dani y su relación con Finlandia, una mujer extraña…al variado imaginario narrativo del escritor y sus personajes. Este libro nos impacta con la fuerza de su lenguaje y el poder de la palabra escrita


LE CONTARÉ A MIS AMIG@S


Publicado por: Una Mas 06/08/2010

Prefiero pensar en Gastby como el eterno soñador.
El hombre que hace fortuna de manera dudosa, que gana medallas de guerra para impactar a su inolvidable Daisy. No es culpable de ser frívolo. En esencia no lo es, solo quería conquistar a su amor de juventud y de toda la vida. Jay fue un hombre con un claro objetivo en la vida: amar por siempre a Daisy y aún más. Al terminar la novela dice algo como: "Gastby creía en la luz verde (del malecón de la casa de su amada), en el orgiástico futuro...." pues bienvenidos los Gastbys del mundo porque su optimismo nos arropa de la duda, la incertidumbre o simplemente el malestar.

Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi 06/08/2010

Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, vivieron una época de fiestas, donde el alcohol hacia sentir sus efectos. El fue mimado por Hollywood, y ella finalmente enloqueció. Por mi parte, amo las reuniones sencillas, los blancos jardines diurnos, los "huertos claros". El "Gran Gatsby" es un canto a la frivolidad y a la inconsciencia, creo que su autor así lo entendió, sin ponerme en moralista, porque en el arte, no cuenta esa palabreja antiquísima.

Publicado por: Alerta permanente: la ballena. 06/08/2010

Otro libro que relata un verano a perpetuidad es la excelente novela La aventura equinocial de Lope de Aguirre, de Ramón J. Sender, del que para seguir en fiesta y no alejarme demasiado de las palabras de Winston, he elegido este fragmento, siendo, eso sí, menos acondicionado e idílico el verano de la Amazona que el cómodo de Long Island, pero aún palpandose el calor y sofoco y la fiesta de la noche.De todas maneras, es un libro de verano, que apetece leer en ese tiempo.


"Un día, y de modo inesperado, los indios hicieron una gran fiesta.Aquel era uno de los motivos de su regreso al pueblo. Era la fiesta del Urubú-coará( nido de pavo silvestre),donde se embriagaban con el jugo de una planta que los ponía tristes al principio y como enfermos -palidecian y sudaban cada uno mirando al suelo y sin pensar en los otros-, pero despues sentían una alegría y un bienestar raros.Y muchos deseos de comunicarse y hablar.Bailaban entonces horas y horas completamente desnudos.A veces el hombre acertaba a dar un golpe con el trasero a la mujer y la enviaba tambaleándose quince o veinte pasos lejos.Las mujeres reían.Cuando era lo contrario, es decir, la mujer quien enviaba lejos al hombre o lo derribaba con un golpe del trasero reían todos, hombres y mujeres.A aquel golpe lo llamaban "el coletazo del yacaré", porque les recordaba el movimiento defensivo del caimán.


Veían los españoles todo aquello indiferentes y pensando que ninguna mujer tenía atractivos y que sólo alguna niña entre los nueve y los diez años podía ser apetecible antes de ser tatuada y deformada.Esa edad equivalía allí a los quince años de las mozas de Castilla."

Publicado por: Un bárbaro 06/08/2010

Por cierto de la serie de Proust me quedo con la segunda novela: A la sombra de las muchachas en flor. La leí traducida por Pedro Salinas y quedé literalmente atrapado.

Publicado por: Un bárbaro 06/08/2010

Las fascinantes y sugerentes noches del verano mecidas por suaves y reparadoras brisas bajo altos cielos incendiados. Noches propicias para salir, a una selecta y seductora fiesta como la de Gastby, o simplemente al fragante y silencioso jardín de casa. Depende de nuestro ánimo:

"-!Qué hermosa calidad de silencio hay esta noche! -me dijo-; para los corazones heridos como el mío, dice un novelista que ya leerá usted algún día, lo único adecuado es la sombra y el silencio. Y sabe usted, hijo mío, llega una hora en esta vida, aún está usted muy lejos de ella, en que los ojos fatigados ya no toleran más que una luz, esta que una noche como la presente prepara y destila en la oscuridad, y cuando el oído no percibe otra música que la que toca la luna en el caramillo del silencio".

Así hablaba en su terraza el anciano señor Legrandin en una noche con luna. También para él las noches de verano son sugestivas y reparadoras. Nos lo cuenta Marcel Proust en su novela "Por el camino de Swan", primera de la maravillosa serie que formaría esa arrebatadora y espléndida obra que conocemos como "En busca del tiempo perdido".

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