Papeles Perdidos

Veranos literarios / 13

Sombras y silencios de McCullers

Por: Winston Manrique Sabogal19/08/2010

Mccullershooper
"En el pueblo había dos mudos, y siempre estaban juntos. Cada mañana, temprano, salían de la casa en que vivían y caminaban tomados del brazo por la calle en dirección al trabajo. Ambos amigos eran muy diferentes. El que empezaba la marcha era un griego obeso y soñador (Spiros Antanopoulos). Durante el verano lucía camiseta de polo amarilla o verde, congando suelta por atrás, y por delante metida de cualquier manera en los pantalones (...) El otro mudo era de elevada estatura (John Singer). En sus ojos había una expresión vivaz e inteligente. Vestía siempre de manera pulcra y muy sobria. (...) Los mudos no tenían amigos y, exceptuando sus horas de trabajo, estaban siempre solos".

Y a veces con una sensación de orfandad exaltada por el verano que puede ser inclemente en sensaciones de soledad y desamparo. Una aridez emocional y sentimental que, a veces, avanza en el estío como lo hace un desierto. Mccullersfoto Se puede apreciar en el inolvidable retrato escrito por Carson McCullers (Estados Unidos, 1917-1967) en El corazón es un cazador solitario, su debut literario con 24 años. Una novela sobre los infinitos horizontes de la amistad, dirán algunos; sobre un amor no correspondido, dirán otros; sobre el cruce de personas unidas por el desconsuelo afectivo, añadirán algunos más, y así cada lector tendrá la razón. Pero también es una obra en cuyos pasajes palpita una pregunta: ¿Qué es la fe? John Singer es la prueba, y Mick y Biff y Copeland y Blount. ¿Y para qué sirve? ¿Para vivir, quizás? Ellos creen en algo que no ven, pero esperan; creen en la ilusión, en una posibilidad remota de que algo se cumpla. Por que, además de que McCullers corre la cortinilla tras la que habita el sur de Estados Unidos en su complejidad y bochornos sociales y humanos, la historia nos recuerda que vivir en el corazón de alguien es muy difícil, y, en cambio, alojar en nuestro corazón a alguien sí es muy fácil. Y estos veranos sureños son el escenario ideal para esta historia donde el único aire que corre va con el zumbido de los ventiladores. Hay calores que sirven para revelar a las personas en su verdadera naturaleza. Y ahí, donde el verano no siempre es festivo, se detiene hoy Veranos literarios, de Papeles perdidos. Veamos, pues, ese fresco elaborado por Carson McCullers donde el ambiente y el paisaje y todo lo visible son un reflejo de las almas de aquel lugar:

"La ciudad se encontraba en medio del extremo Sur. Los veranos eran largos, y los meses de frío invernal escaseaban. Casi todo el tiempo, el cielo era transparente, de color azul brillante, y el sol resplandecía con luz cegadora. (..) Sin embargo, los mudos no se sentían solos. Cuando se hallaban en casa comían y bebían felices y contentos, a parte de que Singer podía comunicar a su amigo, con los gestos ansiosos de sus manos, todo lo que se le pasaba por la mente. (...)

MccullersConstable Entonces, un día cualquiera, el griego enfermó. Se sentó en la cama con las manos sobre su voluminoso vientre mientras enormes lágrimas aceitosas resbalaban por sus mejillas. (...) Singer cuidó de su amigo con tal esmero que después de una semana Antonapoulos pudo regresar a su trabajo. Solo que a partir de esa fecha se produjo un gran cambio en sus vidas. Ambos amigos empezaron a tener problemas. (...)

En la calle no había nadie, pues era una avanzada mañana de verano y hacía mucho calor. El coche crujía y traqueteaba. Bubber iba descalzo y la acera se hallaba tan caliente que le escocía los pies. Los verdes robles proyectaban sobre el suelo sus sombras oscuras de aperiencia refrescante, pero la sombra que proporcionaban no era suficiente.

-Súbete al coche -dijo a Bubber- y que Ralph se siente en tus rodillas.

- Puedo caminar.

Los veranos largos siempre daban cólico a Bubber. No llevaba camisa y sus costillas sobresalían descarnadas y blancas. El sol, en lugar de tostarle, lo empalidecía y sus tetillas semejaban pasas azules en el pecho. (...)

Tal vez se debiera al día caluroso y soleado después de aquellas semanas lluviosas. Tal vez a que las ropas oscuras de invierno les sentaban mal en una tarde como esa. Sea como fuere, Baby tenía el aspecto de un hada o de un personaje de cine. Se había puesto el traje de la velada del año anterior. (...)

LLegó el momento en que Singer iría otra vez a visitar a Antonapoulos. El viaje era largo. (...) Hasta que por fin llegó la hora de partir. Parado en el andén, cargado de maletas y regalos, observó cómo el tren se deslizaba por los rieles al entrar en la estación. Encontró asiento y colocó su equipaje en la rejilla que había sobre su cabeza. (...)

El tren se balanceaba con un movimiento suave y agradable. Dobló la cabeza, apoyó sobre su hombro y durmió un rato. Cuando volvió a abrir  los ojos el pueblo había quedado muy atrás. Ya estaba olvidado. A través de la ventana sucia podía verse el brillante paisaje estival. El sol lanzaba sus rayos  oblicuos y dorados sobre los verdes campos de algodón. Había acres de tabaco donde las plantas crecían con fuerza, intensamente verdes y semejantes a una monstruosa vegetación selvática. (...)

El atardecer estival llegó sin prisa. El sol se hundió detrás de una hilera de árboles desiguales y el cielo empalideció. La media luz era lánguida y suave. La luna llena era de color blanco y en el horizonte flotaban nubes rojas. La tierra, los árboles y las casas sin pintar de los granjeros se oscurecían poco a poco. A intervalos el aire era estremecido por leves relámpagos de verano. Singer lo observó todo atentamente hasta que cayó la noche y el cristal reflejó su propio rostro".

El corazón es un cazador solitario. Carson McCullers. Traducicón de editorial Bruguera.

Imágenes: Cuadro de Edward Hooper (Silenciero), fotografía de McCullers y cuadro de John de Constable.

Lee aquí toda la serie de Veranos literarios.

comentarios 13

13 Comentarios

Publicado por: Maud 19/08/2010

Una pena de traducción la de este libro...

Publicado por: Aisha 19/08/2010

Esta novela es excelente, claro, pero la que me dejó sin aliento es La balada del café triste. Ahí es donde hallé, en su máxima expresión, la extrañeza, la marginalidad de dos seres que están destinados a amarse en la frontera siempre, en el límite siempre, en los terrenos de la locura y los genuinos instintos de la condición humana que McCullers supo revelar sin contemplaciones, con una prosa que se recrea hasta casi herirse en su oscura belleza.

Publicado por: Carlos Tupiño 19/08/2010

No bien empecé a leer las primeras líneas vino a mi mente esa extraordinaria novela de Carson McCullers, una de las mejores novelas que he leído. Me impresionó, entre otras cosas, la maestría de McCullers para describir cada uno de los personajes; descripciones que abarcan no sólo el aspecto externo sino también el alma misma de cada uno de ellos, lo cual permite que podamos ser participes de esa historia tan típicamente ambientada en el sur de los Estados Unidos.
Esa linea de McCullers se mantiene en toda su corta pero fascinante producción, en la que podemos disfrutar de una maestría que enriquece la literatura.
Mucho podría referirme a la novela El corazón es un cazador solitaio, pero sería muy extenso para este breve comentario.
Excelente nota!

Publicado por: Alejandra 19/08/2010

He leido a Faulkner y a J.D Salinger. Creo que ambos son maestros de la literatura universal. Ahora me debo a Carson McCullers.
Lo que acabo de leer sobre ella en este sitio, me inspira a descubrirla.
Gracias.

Publicado por: NeVa 19/08/2010

McCullers no escribió demasiado y yo únicamente me he atrevido con El corazón... y con Reflejos en un ojo dorado. En mi opinión, El corazón... es una bonita historia de amor rodeada por la opresora atmósfera del caluroso Sur de los EEUU.
Sin embargo, sigue sin haber comparación posible con Faulkner o incluso con el dramaturgo Tennessee Williams que, o tenían muchas más cosas que decir, o dominaban mucho mas el arte de explicar todas ellas.
De todas formas, creo que vale la pena leer o releer El corazón es un cazador solitario, aunque sólo sea por la hermosa historia de personajes que contiene.

Publicado por: ana bell ferres 19/08/2010

Me gustaron muchísimo Frankie y la boda y El corazón es un cazador solitario,
ambos los leí este año por primera vez, también he leído a Faulkner, pero no
son comparables, cada uno tiene su propio estilo y escritura.

Publicado por: miguel 19/08/2010

Lo cierto es que leí Frankie y la boda (si a alguien interesa) y no consiguió interesarme. Había situacione sy diálogos hábilmente construídos, quizá un poso en el fondo que se siente profundo, como de tener algo que decir, que expresar, pero el conjunto me resultó irregular, pesado. Este no lo he leído. Respecto a la literatura sureña (del sur de EEUU) en su eterna poémica con la norteña, hay que decir que pesan mucho las traducciones. El lenguaje del sur es más complicado, por ejemplo en casos como el de Faulkner (de quién he sufrido y comparado con gran contraste distintas traducciones) pero tb en steinbeck, Capote... La literatura del norte es más prísitina, menos enrevesada en lo formal, menos "mágica"" -como en general en el mundo- en caso como Fitzgerald, Hemingway, incluso en Salinger o epígonos como Carver. Yo en general, aunque esto es unpoco ligero, la prefiero -si es q interesa a alguien

Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi 19/08/2010

Erskine Caldwel y, por supuesto, William Faulkner, escriben bien, pero "El corazón es un cazador solitario" es un buen libro sureño. Es de intolerante decir: no lea esto.

Publicado por: Skippy 19/08/2010

Pero en última instancia, es responsable de la traducción la editorial, el editor jefe. Y hay algunos guiñapos que pasan por traducciones; no es de extrañar que los traductores tengan mala fama: hay algunos que no merecen el título de traductores, sino de traidores. Y hay pruebas.

Publicado por: SEÑORA 19/08/2010

El entrat por aqui, siempre es PASAR. Ver lo que se expone, y como observadora de personas, las reacciones de los opinantes.
No tiene por que ser "subir" , muchas veces es "bajar"

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