Papeles Perdidos

Veranos literarios / 6

Buscando flores con Virginia Woolf

Por: Winston Manrique Sabogal10/08/2010

"La señora Dalloway dijo que las flores las compraría ella. Porque Lucy tenía VirginiRedon ya trabajo suficiente. Había que desmontar las puertas, venían los operarios de Rumpelmeyer y, además, pensó Clarissa Dalloway, la mañana tenía la misma transparencia que si estuviera destinada a unos niños en la playa".

Sólo que en la novela esa transparencia será la del hallazgo de la verdad de los sentimientos y las pasiones... Todo en un solo día envuelto en aroma de flores como lo dispuso Virginia Woolf (Inglaterra,1882-1941) en esta clásica novela, La señora Dalloway. La primera imagen de los niños jugando en la playa da paso a los juegos de los adultos en su búsqueda de conquistarse a sí mismos, y seducir a los demás. Sucede siempre. Y aquí en el Londres de un mes de junio retratado por Woolf con radiante maestría donde la conciencia de quien narra vive la vida con júbilo y la vivifica con sus pensamientos. Con la sensibilidad de Virginia Woolf, este blog de Babelia continúa su tributo a los seductores elementos del verano. Hoy a las flores cuyo mérito real no es el de embellecer la primavera, sino el de enaltecer y refrescar el verano con darles una sola mirada. Guardemos silencio, y escuchemos la historia y los pensamientos de la señora Dalloway, siguiendo la pista de sus flores:

"Absurdo, absurdo!, se dijo mientras empujaba las puertas batientes de Mulberry, la floristería.

VirginiaMeryl Avanzó, con paso ligero, alta, muy erguida, para ser inmediatamente saludada por la señorita Pym. (...) ¡Ah, las flores! Espuelas de caballero, guisantes de olor, ramos de lilas; y claveles, grandes cantidades de claveles. También había rosas, lirios. ¡Ah, sí! Aspiró el dulce olor del jardín terrenal mientras hablaba con la señorita Pym. (...) Y era el momento entre las seis y la siete cuando todas las flores -rosas, claveles, lirios, lilas- brillaban; blanco, violeta, rojo, naranja intenso; cuando todas las flores parecían arder con un fuego interior, suavemente, con gran pureza, en los macizos neblinosos; ¡cómo le gustaban a Clarissa las mariposas nocturnas, grises y blancas, revoloteando sobre la valeriana, sobre las prímulas! (...)

Virginiaclaveles La autoridad de Sally era asombrosa, como su talento y su personalidad. Su manera de arreglar las flores, por ejemplo. En Bourton siempre tenía jarroncitos tradicionales. Pero Sally recogía malvarrosas, dalias -todo tipo de flores que jamás se habían visto juntas-, les cortaba el tallo y las ponía en cuencos llenos de agua para que nadaran. Al entrar a cenar, en el momento de la puesta de sol, el efecto era extraordinario (por supuesto a tía Helena le parecía una manifestación de perversidad tratar a las flores de aquella manera). (...)

Clarissa disfrutó del momento más exquisito de toda su vida. Sally se detuvo, cogió una flor y beso a Clarissa en los labios. (...)

VirginiarosasManet A Clarissa las rosas le parecían divinas; primero muy juntas y ahora separándose por iniciativa propia". (...)

De niña Elizabeth (la hija de Clarissa) había tenido un sentido del humor perfecto; pero, ahora, a los diecisiete, algo que Clarissa no entendía en absoluto, se había vuelto terriblemente seria, semejante a un jacinto en su envoltorio de hojas resplandecientes, con yemas apenas coloreadas, un jacinto al que aún no ha acariciado el sol".

Imágenes: Tres jarrones con flores, de Odilon Redon; Meryl Streep como la señora Dalloway en Las horas; Jarra con claveles, de Van Gogh; y Rosas de Manet.

Veranos literarios

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comentarios 9

9 Comentarios

Publicado por: Despertador digital 10/08/2010

Me ha encantado!!

Publicado por: Héctor 10/08/2010

Muy bonito
https://www.flormoments.com/

Publicado por: matinación 10/08/2010

Resulta impresionante la capacidad de Virginia Woolf para desnudar la complejidad de sus personajes a través de la descripción de la cotidianidad de sus ambientes, con el ojo siempre puesto sobre la naturaleza, dispuesto a desentramar las sensaciones que encierra (el segundo capítulo de Al Faro es fascinante en este sentido). Muy refrescante la propuesta para la temporada estival, que parece no querer irse con la rapidez de la que se le acusa.

Publicado por: Escarcha 10/08/2010

Que cosas mas bonitas salen por aqui. Aunque todo depende de quien y como las mire. Desde la vida entera al mas mínimo detalle puede ser un arma de doble filo.
Las flores son bonitas hasta marchitas y secas . Con hojas se pueden hacer centros y adornos. Es su proceso natural, el salir, y secarse, otras aparecerán.
El último mensaje, parece un poema al pesimismo. Preferible ir en sentido contrario, colocarse en el lado positivo de la vida. Cada uno de los bichos
tiene una función y puede ser hasta bonito.
Cuestión de interpretación, proyección del propio interior...y mucho mas.
Nos queamos con las flores


Publicado por: Plumín 10/08/2010

Dejad dormir al niño que dormido/ignora que al final está la tierra,/ y que antes del final está la guerra,/ para luchar y ser al fin vencido./ Dejad dormir al párvulo que ignora/ que tiene su andadura prefijada,/ y ya marcado el rumbo y señalada/ la senda hasta la más pequeña hora./ Tiempo tendrá de ver que en este mundo/ rodamos sobre herrumbrosos raíles/ y que no somos libres ni queridos,/ que nacemos en celdas recluídos/ y en las flores de todos los abriles/ siempre se encuentra un bicho nauseabundo.

Publicado por: Un bárbaro 10/08/2010

La señora Dalloway ama la vida íntensamente, como nos lo deja de manifiesto en ese espléndido paseo por la estival mañana londinense. Es desde ese amor a la vida cuando el fantasma del pasado, de lo que pudo ser y no fué, encarnado en su amor de juventud Peter Walsh, presentado por sorpresa en la fiesta, pero siempre presente en la memoria de la señora Dalloway, le hace dudar a la señora Dalloway sobre el aparente éxito de su proyecto vital (casada con un hombre rico pero aburrido mantiene una holgada posición social donde todo está atado y bien atado).
Virginia Wolf critica de esta manera los formalismos de la sociedad victoriana (la escritora perteneció al grupo de Bloomsbury que luchó contra la hipocresía victoriana e intentó llevar un estilo de vida libre y civilizada)
El otro personaje principal, Septimus, responde a una inquietud siempre presente en Virginia: su miedo a enloquecer que le llevaría a suicidarse arrojándose al río Ouse, cuando presintió que la locura se apoderaba de su vida y para no ser una carga para su marido. Pero Septimus enloquece en la guerra, en una guerra querida y preparada por las clases conservadoras que se divierten en la fiesta de la señora Dalloway, siempre correctas, siempre elegantes, siempre guardando las formas, y siempre ajenas al terror y la locura que ellas mismas provocan en desgraciados seres como Septimus, que acaba también suicidándose.
Cuando arte y vida se entrelazan de manera tan magistral y tan bella como en este libro de Virginia Woolf es que estamos ante una obra maestra.

Publicado por: Anavarven 10/08/2010

qué bello! es tan brutal la belelza de Wolf, no sé como se escribe Orlando ni como suena en Itlaia ni que hicieron para hacer de un barco la calle Venetto de Verona, tan estupido como eso diría Virgina es un entierro...
La encian, la encina la encina... como diría Machado es encina que da al Quijote lo que le ha quitado el alma, la sobriedad no recuperada de holanda

esa ambiguedad,e sa ambiguedad, esa ambiguedad, esa ambieguedad... que necesitaba la sociedad inglesa para extrapolar su mente en lugar de serenar un mundo de igualdad
es de una belelza extrema esa encina, Orlando, es de una belelza estrema saber decirle a su marido que sólo así puede salverle del esfuerzo de querer la como marca la sociedad
es tan extrema la belelza ... es increíble cuando además de ... way
Tom Hanks, doll... tom hanks... sí tom hanks... no... pero las flores no sirven para quien cree que le mantienen para quererle Africa o me gusta más Leones y corderos donde la fiesta de Fitzge .. no sé... es impresinante Virgina Wo... un padre historiador un sucidio por no ser dios o no saber aún que uno nunca es uno si no es...
es fascinante la brutalidad cuando expresa como se hielan los pájaros, como caen en la tierra congelados, como elhielo va cortando de ráiz cualquier parte de la naturaleza... a mí fascinan los libros y los poemas Wolfffff

m? es pocsible que Machado dijera lomismo cuando habló de la encina, o Whisnteingsfjvbn no sé...

me fascina cuando dice por que buscan detrás de la obra un sexo y no la persona
belísima!
brutalmente consciente de la dificultad social de admitir el pensamiento, brutal de bella! brtual
una muejr que es capaz de ayudar a su marido dejando de xistir es lo más brutal que he conocido en la literatura o en Orlando. muy bello!

Las horas...

Dice Machado
pasan las horas de hastío
por la estancia familiar
el amplio cuarto sombrío
donde yo empecé a soñar

..
Dice la monotomía
del agua clara al caer:
un día es como otro día
hoy es lo mismo que ayer

Machado: de supoema hatío

así nunca me imagino a Virgina W.

Sonaba el reloj la una
dentro de mi cuarto. Era triste la noche. La luna
reluciente calavera
...
y yo sentí el estupor del alma
cuando bosteza
el corazón, la cabeza
y... morirse era lo mejor

me fascina Virgiena W, su vitalidad real
me fascina es comoe se campo donde el oro de las espigas no dañan la luz de sus ojos y aún que pasa el mismo Quijote

me fascina esa forma humana de sus escritos , me fascina
y regreso a London ypensó que era mejro no vestir esos trajes que lucían para ser no ellas sino mujer! brutal!

es brutal, esa ambiguedad que tnto denuncio por no creer en la mente sin gentiales impuestos. brutal!
Antonio Machado

Publicado por: Tanacrio 10/08/2010

En contraste con ese gozo de vivir natural en el vivir de las damas, encontraremos los síntomas de Septimus Warren Smith, veterano de la 1ª guerra mundial, y el adjunto sinvivir de su esposa Lucrecia.

Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi 10/08/2010

Las flores son muy bonitas, pero no debieran ser cortadas, salvo para que las pinte Van Gogh. Tampoco pueden ser miradas cuando ya se han marchitado.Recuerdo una leyenda china acerca del castigo que inflige el emperador al jardinero por permitir que su hija viera una flor marchita.

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