Papeles Perdidos

Idioma / Actualidad

La guachafita de la ortografía

Por: Winston Manrique Sabogal07/11/2010

Fernandovicentepalabras
Nada es permanente, nada es estático, nada es para siempre. Y no voy a hablar de filosofía ni nada que se le parezca, simplemente constatar que la lengua y el idioma, cualquiera que sea, son como organismos vivos, y como tal, su estado natural es el cambio continuo, la metamorfosis. Y sí, como sospechan, voy a referirme a la nueva ortografía fijada por las 22 Academias de la Lengua que estos días están dando mucho de que hablar. Que si jubila letras, que si desdeña acentos, que si desprecia tradiciones, que si ningunea regiones; mientras  unos y otros se llevan las manos a la cabeza por una u otra razón. Y eso es bueno, que se lleven las manos a la cabeza, claro, porque significa que nuestra lengua común, el castellano o español, es un organismo vivo y vivificado por todos nosotros: 450 millones de personas en 22 países. Sobre todo ahora desde el ciberespacio que nos ha mostrado y confirmado la realidad tan diversa y múltiple del idioma procedente de tantos lugares. Que constata que no hay un centro estático, inamovible e inmarcesible. El centro es móvil y múltiple, el centro son las periferias. Todos somos centros periféricos cruciales. Como el propio Universo formado por Multiuniversos conectados, una idea que me viene al pelo ahora que estoy leyendo el último libro de Stephen Hawking, El gran diseño (Crítica), del que mañana lunes daré en ELPAIS.com un avance.

Volviendo al tema de la ortografía, tomando un agujero negro para llegar más rápido, debo decir que soy partidario de Sumar y no de Restar, en términos generales. Y lo que veo es que mientras por un lado comprobamos la expansión del vocabulario, del léxico y las expresiones, y la aceptación de nuevas palabras en 22 países (así lo recoge el nuevo Diccionario de americanismos de la Rae), por el otro restringimos y/o simplificamos su ortografía, en aras de aclarar, facilitar, mejorar o potenciar su uso. Lo que me recuerda que no estaba tan desencaminado Gabriel García Márquez cuando, en 1997 en la inmauguración del I Congreso Internacional de la Lengua en Zacatecas (México), dio una serie de ideas en ese sentido, simplificar la ortografía, aunque entonces le llovieron críticas por todos lados, mejor dicho, le cayó tremendo chaparrón caribeño por lo que hasta ayer mismo se ha calificado como la provocación de un mago de la literatura y el lenguaje.

Sobre todo este tema, el escritor mexicano Juan Villoro dice:

 "La señal más importante de que la lengua no es patrimonio exclusivo de España está en que ya se acepta la palabra "españolismo". No todo lo que se dice ahí es una ley. Es lógico que haya modificaciones; la fijación del idioma debe adaptarse a nuevas circunstancias. Esto no significa que todos los cambios caigan igual. Me gusta que la "i griega", nombre un tanto abstracto y demasiado largo para una sola letra, se sustituya por "ye". La moda ye-ye llegó al alfabeto con algunas décadas de retraso pero no está mal. En cambio, lamento que se pierda el acento para distinguir al "sólo" de solamente, del "solo" de soledad. Sé que varios académicos defendieron su permanencia. Parece ser que no hay razones legales para sustentar algo que era más que nada una costumbre, pero se trataba de una costumbre que precisaba el uso del idioma. A veces la ley no tiene que ver con la justicia". 

La blogosfera está que arde con los nuevos anuncios de cambios en la ortografía. Las críticas o comentarios responden a la región a la cual pertenece el bloguero. En España, por ejemplo, los medios de comunicación han centrado los titulares y sumarios en que a la i griega ahora se le bautiza oficialmente como Ye, algo que para mí no es ninguna novedad ni me resulta siquiera curioso o llamativo, porque como colombiano esa es la denominación que me enseñaron desde primero de primaria cuando descubrí el alfabeto: ... ese, te, ve, equis, YE y zeta. Además el uso de la Ye es consonántico (Yema, Yugo, arroYo, etc); lo cual quiere decir que se oficializa su estado natural.

Me resulta, en cambio, más curioso o contradictorio, al menos visualmente, que la Zeta ahora sea Ceta, lo que indica que en su apariencia se le despoja de su vestido sonoro, así yo la pronuncie a lo colombiano, es decir sin el sonido Zzzzz.

En otros casos también son ganas de molestar. No sé que tiene en contra la Academia de los nombres compuestos, los podríamos llamar así. Me refiero a que si en unas regiones a la letra B se le llama simplemente be, en otras be larga o be alta, ahora sólo tengamos que llamarla B. En el caso de la V, se le conoce como ve corta, ve pequeña o uve, ahora es este último nombre el que debe imperar. ¡Pues vale! ¿Y..? Quizás algunas de estás normas son innecesarias, pero no perturbadoras, como escribiera José Antonio Marina en EL PAÍS.

Fernandovicente1
Todo esto me recuerda que en este mismo periódico, EL PAÍS, donde trabajo, antes del Mundial de Fútbol se decidió que para unificar criterios y normas lo correcto para nosotros era escribir Sudáfrica, y no Suráfrica, y Sudamérica en lugar de Suramérica. Con lo que no estaba de acuerdo y di mi batallita (como aquella de llamar preferentemente a los nacidos en Estados Unidos, estadounidenses y no Americanos, porque eso me incluiría a mí y al resto de 400 millones de latinoamericanos, por más que sea el gentilicio oficial de ese país, que en realidad no tiene un nombre como tal, al ser Estados Unidos de América, pero ese es otro culebrón). Uno de los argumentos del periódico de privilegiar el prefijo SUD es que, al parecer, una gran mayoría de hispanohablantes pronuncian y escriben el país y continente referido de esa manera. Así que otra vez nos encontramos con que estamos restando en lugar de sumar. Cuando las dos palabras pueden coexistir sin problema, porque, además, se entienden perfectamente. Por mi parte, siempre he sido de los que ha dicho Suramérica y Suráfrica porque así lo aprendí y luego comprobé que era lo correcto al venir de SUR, palabra de nuestro idioma. Es decir, que si vamos a ser estrictos y aplicar el sentido común, lo más correcto, es decir Suráfrica, y no utilizar el sonido ni la grafía adaptada del  francés Sud.

Capítulo aparte es las nueva norma de la Academia sobre el alfabeto. En esa misma escuela de Neiva, donde yo nací, y aprendí a reconocer la Y como ye, me enseñaron 30 letras: a, b, c, d, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, rr, s, t, v, w, x,  ye y zeta. Entre reformas y reformas en dos décadas hemos pasado a un alfabeto de 27 miembros. Han desaparecido tres letras, dos de ellas emparejadas dando un sonido particular, que ahora son consideradas dígrafos: la Ch (Cháchara, Chafar, Charlar, Chaval o Chirriar  o Guachafita), la Elle, o doble ele (con una pronunciación diferente a la ye, como Castellano, Llover, Bulla o Llama) y la R (pronunciada ere, cuando va sola en palabras como Letra, Palabra, Ortografía, Suprimir, Sumar o Carajo; y su sonido no es fuerte como el de la Erre de Restringir, Respuesta, Rehacer, Refunfuñar o Desterrar).

Y otro capítulo aparte son los acentos o tildes (así llamamos en Colombia y otros países americanos a lo que en España suele llamar la mayoría acento, porque nosotros usamos la palabra Acento para referirnos exclusivamente a la parte de la palabra donde se hace énfasis, es decir: todas las palabras tienen acento pero no todas se tildan. Pero se usan las dos y no pasa nada). Volviendo a las tildes, ahora hasta a Guion lo han sacado del exclusivo club de monosílabos tildados, y a  Solo lo han dejado solo, junto a otras palabras de posible ambigüedad, para que se defienda dentro del contexto de la frase sin tildes. Lo cierto es que nuestro idioma es multicéntrico, poliédrico y está más vivo que nunca gracias a esos 450 millones de personas de 22 países que lo están expandiendo y enriqueciendo a cada minuto. Su evolución no se detiene, con aprobación o no de la Academia. Así lamentemos la viudez de la C y de que la L haya perdido a su hermano gemelo.

Hay que vivir esta guachafita de la ortografía como una alegre fiesta del idioma que no debe ser arbitraria, ni establecerse tratanto de tener contentos a unos países o regiones, sino recurriendo al sentido común que sirva para enriquecer y agrandar el castellano o español. Por eso, parafraseando el título del otrora polémico discurso de García Márquez en Zacatecas, lancemos al mar una botella al dios de las palabras para que dé (todavía se tilda) sensatez a los académicos. Al final la lengua la hacen, la hacemos, los hablantes. Todos, ustedes y yo.

Imágenes. Ilustraciones de Fernando Vicente.

 

 

 

 

comentarios 14

14 Comentarios

Publicado por: astor 07/11/2010

Que no hombre, que no, Latinoamérica no puede tener ningún problema para diferenciar la Y griega (o Ye) con la doble ele (o LL). Es propiedad específica de los rioplatenses ser yeístas, (tanto como algunas regiones de España) pero eso quiere decir que se reemplaza el sonido de la dicción, no su escritura. Nadie escribe "cabayo" ni "poyo", a no ser que a la RAE, en aras de la unificación lingüística se le ocurra alguna vez decidir el reemplazo definitivo de la doble ele, cosa que puede ser, qué sé yo, a como vienen hasta es posible pensarlo (y que en el fondo no sería más que volver al comienzo porque, efectivamente, en el castellano antiguo la doble ele no existía y todo se escribía con Y griega).

Publicado por: Jeremias 07/11/2010

La Y griega ya no es mas "comunitaria" ? la dejaron sin identidad europea?.
El llamarla ye creo que puede prestarse a confusión con la Ll en la región Latinoamericana.

El uso del acento entre números si me parece necesaria, por que sin ella se puede prestar a confusión... 2 0 4 o 2ó4 ? creo que el acento aclara esta duda de forma rápida.

Por último, la academia puede decir tal o cual pero no puede "obligar" a las personas a cambiar de hábitos...

Publicado por: licara 07/11/2010

Para todos aquellos que conviven con la psoriasis, tienen familiares o amigos o simplemente se quieren informar un poquito sobre el asunto las invito a conocer y comentar en mi nuevo blog http://psoriasisweb.blogspot.com/ la idea es que sea un espacio para darle voz a los miles de personas que tenemos esta enfermedad pero con un toque moderno y despreocupado. Gracias y saludos!!!Espero sus comentarios.

Publicado por: hombrerrante 07/11/2010

Tampoco hay que dramatizar. La academia dicta la norma, pero que yo sepa las normas están para transigirse, no? O es que nunca habéis aparcado en doble fila?
Eso sí, me parece que lo de quitar los acentos a solo/solo y a los demostrativos es una complicación disfrazada de simplificación. Al menos tal y como lo aparece en el diccionario panhispánico de dudas de hace 5 años (y nadie se indignó entonces, por cierto), solo deben acentuarse en caso de ambigüedad. Y ahí está la cosa, qué difícil pensar si éste o este otro solo es ambiguo o no. A mí al menos me corta la inspiración cuando escribo odas y tercetos, no sé si os pasa lo mismo a vosotros.

Publicado por: Oscar 07/11/2010

Qué pena que siendo académicos, provenga de ellos el bastardeo del idioma. Pregunto: cuando la gran mayoría de ignorantes escriban humano, hombre, hora sin hache la academia fusilará a la h? Y si de simplificar se trata será lo mismo vaca que baca o burro que vurro. Será lo mismo en el futuro haya que "haiga". Y para qué queremos la c en tantas palabras que empiezan con ella como cielo, celeste, cine etc. si ya tenemos la s? Y ni pensemos los líos que se armarán cuando en algún escrito en vez de 3 ó 4 aparezca 3 0 4. En fin no presionemos a los incultos porque puede tomarse como discriminación.

Publicado por: hasta la tontuna y más allá 07/11/2010

Unas refelxiones...

Primero.
Sólo quería decir o solo quería decir;
sólo no sé defenderme solo.
¿Valiente tontería, no poder,
diferenciar las palabras por su grafía?

Segundo.
Tengo una duda Winston
¿1,2 y 3 ó 1, 2 y 3 0 1, 2 y 3 ceros?

Tercero.
Por cierto, en España acento y tilde, tampoco es lo mismo, ahí coincidimos.

Cuarto.
Tristemente perdemos todos.

Publicado por: HJORGEV.WORDPRESS 07/11/2010

Estimable Winston:

Primero pensé que el título de la entrada era una especie de burla de las reglas ortográficas.

Luego, al terminar de leer, noté que "la guachafita de la ortografía" no era la huachafada que yo, como ciudadano del Reino de la Huachafería, había supuesto al comienzo. ¿Qué diablos era una "guachafita" entonces?

Recurrí a la realeza que supuestamente limpia, fija y da esplendor. Según ella, 'guachafita' es un término venezolano. Pero en otros sitios me decían que era un colombianismo y que no tenía que ver con el huachaferío peruano.

"Huachafería es un peruanismo que en los vocabularios empobrecen describiéndolo como sinónimo de cursi" escribió Mario Vargas en un artículo del 28 de agosto de 1983 publicado en El Comercio limeño. Lo tituló, huachafamente: "Un champancito, hermanito".

Así, caramboleando, he venido a enterarme, pues, de que puede haber guachafitas huachafas y que, aunque siga sin saber si la ortografía es más un desorden que una fiesta bulliciosa (son dos cosas que pueden ser muy diferentes), por lo menos he vuelto a constatar que, muchas veces, la Real Academia más alborota y desordena que da esplendor.
O sea, ¡se porta como una verdadera huachafa!

Publicado por: David j 07/11/2010

Lo correcto es: inmarcesible, la primera con c y la segunda con ese.
Muy bueno el artículo. También partidario de sumar, en lugar de restar.

Publicado por: Videos de humor 07/11/2010

Buen articulo

Publicado por: cyllan 07/11/2010

Gracias por el apunte. Ya le he echado un vistazo al artículo de El País. Hay que estar enterado de estas cosas.

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