Papeles Perdidos

70ª Feria del Libro de Madrid / Bitácora

Avatares de un editor en el Parque del Retiro

Por: Lectores de Papeles Perdidos01/06/2011

ENRIQUE REDEL
Editor de Impedimenta

Feriamadrid 
Les sugiero que hoy no se dejen llevar por el espejismo protoveraniego del cielo despejado y el sol brillando en todo lo alto. En Madrid la temperatura acompaña favorablemente, así que es buen momento para ponerse una cazadora, calzarse unas cómodas zapatillas y acercarse al Retiro a ver, hojear y comprar libros. Cuantos más mejor, puesto que la oferta y el panorama son de lo más espectacular (la profusión de nuevas propuestas editoriales hace que la riqueza de títulos y enfoques sea enriquecedora). Por ahora hay poca afluencia, y de los altavoces nos llega música calmada. Por delante de la caseta nuestra de Contexto desfilan colegios enteros, mayormente uniformados en vivos colores, sempiternos visitantes matutinos en la Feria que preguntan, cuaderno en mano, por el libro más vendido o por la diferencia entre narrativa y ensayo. Los marcapáginas están muy solicitados, así que no abundan.

Como desde hace cuatro años, los siete editores del Grupo Contexto (léase Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica, Impedimenta, Global Rhythm, Sexto Piso y Barataria) compartimos espacio, libros y suculentas raciones de cochinillo en la Feria del Libro. Este año, como innovación —diríase que sibarita—, hemos incorporado siete ventiladores convenientemente cableados que apuntan directamente a nuestras nucas, así como una nevera de tamaño reducido en la que caben innumerables latas y botellitas de agua. Todo sea por evitar los desmayos, sofocos, golpes de calor o respuestas aturdidas para con el lector. Estamos en la caseta 276, a pleno sol, genuina zona dura, y el calor no perdona. Nuestros entregados libreros, Antonio y Lola, aunque hechos a todo, nos lo agradecen. Ellos sí que valen.

En Impedimenta el fresco mañanero nos ayuda a velar armas para la visita inminente del gran escritor rumano Mircea Cartarescu. Es uno de los grandes y como tal será agasajado. Nos espera comida y rueda de prensa en una atractiva sidrería vasca, y mañana jueves, a las ocho y media de la tarde, presentación por todo lo alto en Tipos Infames, en el corazón canalla de Malasaña. Con la presencia del propio Mircea Cartarescu (un honor), Carlos Pardo (buen amigo y mejor escritor, léanse su libro en Periférica, Vida de Pablo) y Marian Ochoa, excelente traductora. Mircea Cartarescu, probablemente el mejor escritor rumano vivo, desde hace años candidato al Nobel (todo indica que será el primer autor en lengua rumana que se lo lleve), firmará en nuestra caseta el viernes y el sábado por la tarde (cuando el sol baje) ejemplares de su libro El Ruletista (recomendable). Gran oportunidad de conocerle, pues, y de hablar con él, y de que él nos cuente. Mircea, buena gente, ya nos visitó en Cosmopoética, en Córdoba, hace dos meses, y desde entonces está hechizado por España. En aquella ocasión le echamos la culpa a la noche cordobesa, fragante a azahar, envidiable. Veremos esta vez, porque el Paseo de Coches del Retiro huele más bien a café con leche y hierba recién cortada, y a cerveza en vasos de plástico, olores más multitudinarios, más madrileños.

Así que, como hace fresco y la gente no es mucha, aprovecharemos la mañana para visitar amigos. Los fines de semana, cuando la Feria se convierte en un poblado desfile de lectores con listas, de paseantes con helados en ristre, de mujeres que se abanican con catálogos desbaratados, de chicas con perros molones y gafas de sol, de patinadores que juegan a surcar el paseo sorteando asteroides, de familias cargadas de bebés lloriqueantes, de niños con globos, piruletas y gorros de cartón, de impresores de provincias en busca de clientes para el año, salir de la caseta resulta poco menos que imposible. Los días con más gente, para ver a los libreros amigos hay que aparcar en tercera fila, y como mucho saludar con la mano mientras se desea suerte en la batalla. Hoy no. Daré una vuelta, siempre en dirección a O’Donnell, porque a las dos he quedado para comer con Agnieszka Lisowska, del Instituto Polaco de Cultura, para hablar de Stanislaw Lem.

La Feria, en la larga pausa para la comida, es un desierto surcado de vez en cuando por guardias de seguridad armados con walkie talkies. No sabemos muy bien qué diablos vigilan. Quizás, y habida cuenta de los últimos acontecimientos, puede que sigan la pista a la peligrosa banda internacional de ladrones de cables de cobre que desde hace días sabotean la Feria. Esta mañana, señores, se ha vuelto a ir la luz. De hecho, la luz se suele ir cada día un ratito, por la mañana temprano. Que no cunda el pánico. Tiramos de nuestras baterías de los ordenadores y las cajas registradoras, hasta que los bizarros técnicos del Ayuntamiento, con sus camisetas impolutas, aparecen en la furgoneta de los cazafantasmas, saltan raudos, abren las cajas de fusibles en los jardines de Cecilio Rodríguez, llenos de pavos reales chillones, y en un cuarto de hora las cosas vuelven a su cauce. Esta mañana, sin embargo, la luz se ha ido una hora entera. Hileras completas de editores y libreros vociferando, estrechamente vigilados por guardias de seguridad con walkie talkies. Se transmiten consignas sobre nosotros, estoy seguro. Alguien nos ha dicho que los tipos a los que buscan van disfrazados de apandadores, como en los tebeos del Pato Donald.

La experiencia de un editor en plena Feria es extraña. Alucinógena. Nuestro hábitat es el oscuro despacho, la polvorienta biblioteca, la pacífica cola de la oficina de correos. Tanto barullo nos aturde. A veces uno tiene complejo de vendedor de motos (“Llévese este libro, no se arrepentirá”), o de guía turístico mal pagado. Comparecen hordas de lectores armados con listas que nos preguntan si por ventura somos Dan Brown o Henry James, y que luego nos piden que les digamos dónde conseguir buenos libros sobre samba. De poco sirve explicarles que uno edita narrativa extranjera traducida, clásicos modernos, y que de samba más bien poco. Las gentes del libro, para el lector de a pie (para cierto lector) somos todos una masa homogénea de autores, editores, traductores y vendedores, intercambiables, fungibles, sustituibles. Isabel, mi amiga librera de Pasajes, una de las mejores personas que conozco, es encantadora con los lectores confusos. ¿Tengo yo su temple? Lo dudo, aunque intento hacer también una labor pedagógica con el confundido y el extraviado.

Tras la mañana tranquila y escolar la cosa se anima en la sesión vespertina con visitas inesperadas. Por la caseta desfilan amigos editores, de vez en cuando un periodista o un librero en barbecho o en comisión de servicio. David González Torres, de Aviondepapel, nos emplaza a una entrevista para su web, y varios traductores, algunos conocidos solo de nombre, otros, partenaires puntuales en esas fiestas improbables que se organizan durante las dos semanas de Feria, cierran preacuerdos realmente jugosos mientras curiosean entre las pilas de libros, como desinteresadamente. Detrás de la pura rutina de la venta, poca gente lo sabe, hay mucho negocio que nace, crece y se diluye. Las largas horas de la Feria entre semana dan para mucho. Salgo de la caseta y recorro el paseo de punta a punta para hacer una visita a Éva Cserhaty. Para el que no lo sepa, esta chica húngara, que durante varios años vivió en un barco en el Mediterráneo, yendo de acá para allá, de Esmirna a Valencia, de Malta a Túnez, es la responsable del desembarco de Miklós Banffy y su trilogía transilvana en España, de la mano de Libros del Asteroide. Quedamos para comer arroz el viernes, porque llevamos meses buscando el título que nos cuadre para Impedimenta. Hay varias propuestas de lo más apetitosas, así que puede que en un par de días salte la sorpresa. De vuelta, varios libreros me paran para comentarme cómo les está yendo la Feria. El primer fin de semana ha sido tímido, me dicen. Ha llovido (violentas tormentas que hacían que los lectores se refugiasen bajo los trémulos toldos, mientras la megafonía avisaba de que venía la galerna) y eso no ha ayudado a que la cosa funcionase como debiera. A nuestros oídos llega ya, como la marea que se acerca, el rumor del subidón del viernes que dará paso a un nuevo fin de semana que queremos que sea multitudinario. Quiera el Dios de las tormentas que el tiempo nos respete esta vez. Que falta nos hace. Lo dicen hasta los vendedores ambulantes de barquillos, que de esto saben más que Lepe.

 

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2 Comentarios

Publicado por: Mar 01/06/2011

Un año más volveré a imaginar como el Retiro abre sus puertas para recibir sueños, historias, realidades y fantasías. Gracias por acercarnos un poquito la Feria a los que, como yo, estamos demasiado lejos de casa.

Publicado por: María 01/06/2011

Enrique ¡Qué grande eres!
Qué emocionante todo lo que has/habéis conseguido. Una prueba de que los sueños se cumplen si conseguimos sostener nuestros deseos en el tiempo. Pasaré a verte por la Feria.
Un beso grande, María Tena

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Papeles perdidos es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Es el blog literario de este periódico que busca acercar el universo del libro a sus lectores. Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, "lo mismo, nomás que diferente".