Papeles Perdidos

70ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID / Cuento en cadena

El miedo a lo real crea fantasmas

Por: Lectores de Papeles Perdidos12/06/2011

CUENTO EN CADENA II.EVA VÁZQUEZ 
Al final, un golpe de realidad. Luis Magrinyà ha dado en el último momento un volantazo al relato empezado por Ángeles Mastretta. Esperamos que la experiencia de este Cuento en Cadena propuesto por Babelia, con motivo de la Feria del Libro de Madrid, les haya parecido interesante. Agradecemos mucho las colaboraciones de nuestros lectores a lo largo de los diez capítulos intermedios. En las próximas semanas aparecerá la versión completa en la edición de papel de nuestro suplemento y los autores de los textos seleccionados recibirán libros dedicados por varios de los más relevantes escritores que visitaron la feria.    

 

A LA HORA DE LAS ESTRELLAS

Por ÁNGELES MASTRETTA, los lectores de PAPELES PERDIDOS y LUIS MAGRINYÀ

 

El fantasma la visitaba algunas tardes, en los amaneceres, casi nunca en la noche. Se había acostumbrado a verlo desaparecer tras la puesta de sol. Casi siempre, a la hora de las estrellas, no quedaba sino un atisbo de cristales.

El fantasma tenía varias caras, una luz en la frente, otra en la boca. Era distinto siempre, aunque todas las veces que iba a buscarla lo acompañara la idéntica emoción que tiene lo que ya no se tiene. No siempre le abría la puerta cuando llamaba, entonces se le aparecía sin tocar, sólo a tocarla. Y con ese destello sí, se abría la noche.

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Entonces el fantasma escondía calendarios y relojes. Siempre traía nuevos trucos y juegos de manos. A veces hacía brotar plantas con flores brillantes de un perfume conocido, pero difícil de identificar, que espesaba el aire. Otras veces moldeaba vapores insinuando figuras que quedaban flotando por la habitación durante toda la noche. Las figuras iban cambiando de forma, bocetaban recuerdos, inspiraban historias, sugerían pensamientos. (Enviado por Victoria Garrido)

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Esa noche quiso hacerle una broma; escondió, antes de que el fantasma llegara, los relojes de la sala y el calendario que estaba sobre el escritorio. No abrió la puerta, apareció iluminando el salón desierto con el destello de sus luces. Merodeó un rato desconcertado. Entonces sucedió algo inesperado; la luz de su frente comenzó a titilar y la de su boca se apagó totalmente. Ella se angustió, intuyó que había hecho algo que podía quebrar ese hermoso sortilegio que esperaba todos los días cuando el sol se ocultaba.  Corrió hacia el escritorio, restituyó el calendario y los relojes. (Enviado por Beatriz Eugenia Oliveira)

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Esperó impaciente unos segundos hasta sentir que desde su garganta venía esa respiración jadeante, de vieja enferma,  que sonaba al compás de aquel reloj grande, de madera, que ahora volvía a establecer sus plazos con el repiqueteo incesante del tiempo. Sus ojos estaban abiertos y sus manos crispadas sobre la madera buscaban algún atisbo de luz y esa tibieza rezagada del  fantasma del crepúsculo. Trató de fijar la mirada en  aquel resplandor perdido,  pero todo estaba ¡tan brutalmente  anochecido! (Enviado por Andrea Castillo Sandoval).

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No veía nada. Empezó a manotear desesperadamente mientras tomaba conciencia de su ceguera. Tropezó con un mueble o algo que no supo reconocer. De pronto sintió los brazos firmes de alguien que la sujetaba por los hombros y le echaba un aliento de calma en los oídos. No eran palabras, pero lo comprendía. “Ven conmigo, déjate llevar”, decía él sin hablar. “No, de aquí no me muevo”, gritó ella aterrorizada. Una fría corriente la envolvió y la arrastró violentamente, a una velocidad sideral, hacia quién sabe dónde. Los brazos de él la seguían sosteniendo con la calidez de un suspiro. (Enviado por Ramón Santiago

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No supo si fueron horas o días los que viajaron. Cuando finalmente él la hizo comprender que habían llegado a su destino, ella sintió de nuevo la tierra firme bajo sus pies. La casa era parecida a la suya pero, al mismo tiempo, diferente. Los colores de las cosas cambiaban de un segundo al otro como si tuvieran prisa. Cientos de objetos cubrían las paredes y el techo.  “¿Dónde estamos?”, preguntó ella. “Bienvenida al destiempo”, oyó que alguien contestaba. Lo buscó por aquella locura de lugar, pero no pudo distinguirlo de los otros fantasmas que allí moraban. (Enviado por Cristina Jurado Marcos)

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Pero, si no pudo distinguirlo, fue porque los demás lo ocultaron, como si no quisieran que ella lo reconociera, o como si, se hizo evidente en un instante, tuvieran más derecho que él a ser reconocidos. La casa era mucho más parecida a la suya de lo que había podido ver en un principio: era realmente su casa, sólo que estaba poblada por sus muertos y por las pertenencias –de toda una vida– de sus muertos. El padre fastidiado, la madre generosa, el abuelo arruinado; estaba incluso la tía Judit, con su pamela rosa y su expresión de merecer algo más. (Enviado por Salvador Romera)

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Desvió la mirada hacia el reloj de una mesa, marcaba una hora  en punto: de la tarde o de la madrugada, de ayer o de mañana se preguntó; junto al mismo reconoció a su visitante, con gesto sereno le tendía una vaporosa mano, invitándola a avanzar entre una mesa y el reloj. Caminaron hacia otra estancia, donde había un murmullo de voces que le resultaban familiares, allí estaban sus amigos y algunos parientes que hacía tiempo no veía, todos ellos con gesto triste y revestidos con prendas oscuras; observaban un retrato de ella sobre el alfeizar de la chimenea. (Enviado por Anselmo Trápaga).

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Volvió de nuevo la mirada hacia el reloj. Tantos relojes, pensó... Pero este tenia agujas, y las agujas se mueven... Y si fueran verdad todas esas tonterias que habia escuchado durante años: el tiempo se puede parar, incluso podemos volver atrás, entonces..... retrasarlo, pero ¿cuánto? ¿Cuándo fué que el fantasma empezó a visitarla? ...¿No fué el mismo día que le hicieron el retrato de la chimenea? (Enviado por Lourdes Fernandez-Pacheco)

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El retrato... el retrato tantas veces admirado y disfrutado. Nada extraño en él, ni en su ejecución. Un buen artista que supo sacar lo mejor de ella. Un paisaje anodino detrás realzando la personalidad que penetraba al mirarlo. Lo recorrió centímetro a centímetro, no necesitaba ni verlo. Entonces era más o menos feliz, como siempre, como cualquiera. El peinado, el vestido, todo acertado, nada especial. La mirada segura, sintiéndose querida. Nada amiga de las joyas excesivas, sólo su eterno anillo aún acariciando su dedo. El colgante... de repente todo se hizo más claro. ¡El colgante de tía Judit! (Enviado por Jesús Orera Clemente)

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Era un camafeo chino de jade y plata. Se lo había traído de regalo en uno de sus viajes por Oriente. En su interior se escondía un reloj. Según su tía era una pieza  muy antigua y apreciada. Poseía propiedades mágicas. Nunca hizo caso de aquellas supersticiones y en pocas ocasiones lo lució, aunque le supo mal perderlo. El murmullo de voces familiares se había ido apagando, ya no estaban, habían desaparecido y el fantasma con ellos. (Enviado por Magdalena Carrillo Puig)

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"Puede usted pasar", le dice la recepcionista. Las cinco y media en punto en el reloj de pared de Ikea, modelo Bravur. La fecha bien visible en el calendario de mesa de Intermón Oxfam. 10 de enero de 2011. La enfermera sonríe esperándola en la puerta. El pasillo con diplomas enmarcados. En el escote de la doctora, ya con la mascarilla puesta, se balancea un osito de Tous. Sus ojos insensibles. El fogonazo de halógeno en la cara y, un minuto después, el pinchazo de la anestesia. "Dios mío, por favor, haz que salga de ésta". (Final de Luis Magrinyà

 

 CUENTO EN CADENA.ilustracion EVA VÁZQUEZ.blog

  Ilustraciones de Eva Vázquez

comentarios 106

106 Comentarios

Publicado por: silvia ramirez chavez 12/06/2011

HOLA, QUIERO FELICITARLOS POR LA REALIZACIÓN DEL CUENTO EN CADENA, ME ENCANTARÍA PARTICIPAR EN ALGÚN MOMENTO, SI ES POSIBLE LES AGRADECERÉ ME INFORMEN E INVITEN, GRACIAS.

Publicado por: EL DE ABAJO ABAJO 12/06/2011

Oh qué bonito, qué buena onda, todos colaborando con sus aportaciones, el reloj de Ikea modelo Bravur, ¡qué hermosa gilipollez!

Y los lectores de Babelia comieron perdices que tenían las entrañas repletas de perdigones de plomo...

Publicado por: Kety Morales 12/06/2011

Enhorabuena a los ganadores.

Ha sido un placer llegar hasta aquí y participar.

Saludos

Publicado por: juan 12/06/2011

Buenísimo el final...
Buenísima la idea de este cuento colaborativo...
Gracias

Publicado por: Jesus Orera 12/06/2011

Magnífico giro de timón apoyándose en la última frase del anterior capítulo. No me lo esperaba, la verdad. Una forma elegante de reunir todos los elementos que habían ido surgiendo. Si nos preguntábamos cómo iba a hacer Magrinyà para darles sentido, ahí tenemos la respuesta. Para mi ha sido una experiencia fantástica. Es muy estimulante que personas que escriben tan bien recojan una idea recién surgida y le den forma en una dirección inesperada, no imaginada. Lo mismo que tener que esforzarse en dar cuerpo a las ideas anteriores. Gracias a tod@s.

Publicado por: magdalena carrillo 12/06/2011

Gracias a babelia por esta iniciativa. El final ha sido arrasador.

Publicado por: Inma fuentes. 12/06/2011

Hola, acabo de leer el relato y la pena es que sea tan corto. Creo que ya está escrito el final y me parace que deja una puerta abierta a la imaginación del que lo lee, aunque deberia de ser para los que lo escriben y así poder seguir disfrutando del don de quien tiene esa capacidad.Los lectores dependemos de las creaciones de los autores. Gracias por compartir ese don.

Publicado por: Mercedes 12/06/2011

Me ha resultado muy entretenido y estimulante el participar de este desafío, agredezco a Babelia la invitación, me ha abierto una puerta a la imaginación.

Publicado por: Fabiola 12/06/2011

Enhorabuena a cada uno de los participantes aunque no haya sido publicado su relato.

Gracias a Babelia por la divertida idea

Publicado por: paz 12/06/2011

Este año, el resultado ha sido brillante. Estoy deseando leer el desenlace. Enhorabuena a todos los que nos habéis regalado esta historia mágica.

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BABELIA

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Papeles perdidos es un cajón de sastre de la cultura y la creación, elaborado por el equipo que hace cada semana Babelia, la revista cultural de EL PAÍS. Es el blog literario de este periódico que busca acercar el universo del libro a sus lectores. Como dijo alguien sobre la cerveza de botella y la de barril, "lo mismo, nomás que diferente".

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