Papeles Perdidos

70ª Feria del Libro de Madrid / Bitácora

Encuentro de fantasmas visibles

Por: Lectores de Papeles Perdidos04/06/2011

TOMMASO KOCH
Periodista italiano

Vargas 
La frontera se halla en la Puerta de Madrid. Un pasó atrás, coches transitando, motos aparcadas y el asfalto de la calle O’Donnell. En una palabra, la realidad. Más allá de la puerta en cambio se abre un horizonte que parece de ficción en el que un músico ambulante toca la sinfonía del Fabuloso mundo de Amelie, un centurión romano marcha solemne y unas pitufas celebran junto con Blancanieves una despedida de solteras. A su alrededor, centenares de transeúntes se arrastran sonrientes de caseta en caseta en busca de su próximo tesoro literario. A este ecosistema dentro del Parque del Retiro se le llama Feria del Libro.

En este escenario que guiña constantemente el ojo a la novela se produce el encuentro de dos “fantasmas”. Así define Mario Vargas Llosa la relación entre autor y lector. El primero escribe durante meses, encerrado en su trabajo y en el mundo que está creando, sin saber si su novela “aburrirá o entretendrá”, como asegura el premio Nobel por la Literatura. El lector es parecido en el sentido de que, una vez comprado un libro, se sienta en su sillón y se inmerge en solitario en las tramas que el novelista le ha preparado. Cuando, como en los días de firmas de la Feria, los dos personajes se ven la cara, puede que surjan las preguntas más inesperadas. “Hay lectores que se fijan en detalles o figuras menores. Una vez un señor me preguntó que porqué había llamado Ferreyros a un personaje. Me sorprendía que le diera tanta importancia. Se lo dije y me contestó que se llamaba igual que él”, cuenta el escritor peruano mientras se dirige a la caseta donde le espera una larga cola de lectores que quieren que les firme varios de sus libros, entre ellos el último: El sueño del celta (Alfaguara).

Maruja Torres no recuerda la pregunta más absurda que le hicieron, pero recibe varias que la dejan perpleja. “Hay muchos que te dicen: ‘Hola, ¿te acuerdas de mí? Me firmaste un libro en 1962….”, se ríe la escritora. Torres, que acaba de publicar Fácil de Matar (Planeta) también subraya la soledad que une al lector y al escritor y cómo desaparece cuando por fin se hallan uno delante del otro. “Ayuda muchísimo”, afirma la periodista y escritora que recuerda a una pareja homosexual a la que hace 25 años firmó ¡Oh es él! (su primera novela) y deseó que fuera feliz y que hoy ha vuelto a verla para regalarle a su vez un ejemplar de la primera edición de ese libro.

Algo parecido al fantasma es el “amigo invisible” del que habla el escritor viajero Javier Reverte. “Tampoco le tienes presente todo el tiempo que escribes, pero no le puedes fallar al lector. Si algo te emociona o te divierte al escribirlo, es probable que le guste también al público”, sostiene Reverte ante una nutrida cola de amigos ahora visibles, que quieren que le firme su último libro: En mares salvajes. Un viaje al Ártico (Plaza y Janés). Algunos de ellos fueron especialmente atrevidos ya que, según recuerda, al acercarse para pedirle una firma le preguntaron: “¿Cómo lleva usted el tema del sexo en los viajes?”.

En las colas de la Feria del Libro la suma de tantos lectores solitarios produce un fenómeno curioso. Una vez abandonados sus sillones, las personas confrontan opiniones y consejos mientras esperan la firma de su autor favorito. “Comentas las obras que más te han gustado. Es el único momento en el que se puede ya que la lectura no es un fenómeno colectivo como el cine”, cuenta Álvaro, 25 años, que lleva un libro recién autografiado por Almudena Grandes, Inés y la alegría (Tusquets).

En un sábado de firmas, decenas de autores de todo tipo se han sentado a charlar con sus aficionados y autografiar sus libros. Del detective de lo oculto Javier Sierra al editor Mario Muchnik, de la periodista y novelista Julia Navarro al economista Luis Perdices, cada lector ha podido encontrar la caseta y el género que más satisficiera sus gustos. Mientras la creadora de la investigadora Petra Delicado, Alicia Jiménez Bartlett, firmaba su última creación, el premio Nadal Donde nadie te encuentre, el alemán David Safier atendía, sentado en la caseta 56, a todos los fans de su éxito de ventas Maldito Karma. La mayoría de las firmas se han concentrado de 12.00 a 14.00. A esas horas, la profesora universitaria María Dueñas autografiaba El Tiempo entre Costuras, la novelista madrileña Belén Gopegui escribía dedicatorias en los ejemplares de Acceso No Autorizado y el escritor jienense Antonio Muñoz Molina firmaba toda su obra. Lo mismo haría, a partir de las 19.00, Ana María Matute, último Premio Cervantes. Entre tantos protagonistas de la literatura española y mundial, también había un autor para los más niños y adolescentes como Jordi Sierra i Fabra, y para los más pequeños: Pocoyó esperaba a sus jóvenes aficionados en la caseta 203. 

Una firma inusual fue la del ilustrador y autor sueco Sven Nordqvist, poco conocido en España pese a vender 1,5 millones de ejemplares de su serie de libros infantiles Petterson y Findus y publicar en 44 países. Nordqvist raramente abandona Estocolmo, pero lo hizo para "apoyar a una nueva y pequeña editorial, Flamboyant", que desde el pasado año edita su obra.

Bajo el sol y ante la paciencia, la Feria y sus colas son también un lugar de diversión. Y es precisamente esa la misión del optio (lugarteniente) romano Lucius Papirius Curos. El soldado lleva un yelmo en la cabeza, en los hombros el peso de milenios de batallas y en el brazo un escudo de la novena legión, o “VIIII, ya que en el siglo I a. C. todavía no existía el símbolo IX”. Este miembro de la Asociación cultural Hispania-Romana, que estudia la presencia del antiguo imperio en España, se dedica, junto con un compañero, a entretener a la gente con gritos y pequeños shows (y también a publicitar la última novela de Simon Scarrow). Aficionado de historia, Lucius cuenta que participa en reconstrucciones de acontecimientos históricos y presume de llevar una armadura “que está hecha con los mismos materiales que se usaban cuando el imperio romano”.

Entre tantas historias, la que lleva la H mayuscula, la que escriben los historiadores, tiene su protagonismo. Sentado en la caseta 288, la del grupo de distribución Machado, Paul Preston charla con sus lectores. “Tenemos menos libertad que los novelistas, ya que hay que ser fiel a los hechos. Además de que mi libro guste, quiero que enseñe algo”, explica el autor inglés que firma El holocausto español (Crítica). Pero en el parque del Buen Retiro y de la ficción, el único  realismo aceptado es el mágico. Así, Serafín, corpulento lector con un sombrero beige, le explica a Preston que se llama como los ángeles pero que se ha “dejado las alas en el coche porque hacía demasiado calor”.

Y el mismo Preston recuerda una pregunta que le hizo una lectora y que cambiaba algún matiz de la historia. “Cuénteme algo de la relación entre Franco y el ruso ese de bigotes”, asegura que le dijo la señora. Pensó que era Stalin ya que cumplía con los dos requisitos (ruso y de bigotes), pero no. ¿Krushev? Tampoco. ¿Breznev? La mujer respondió negativamente. “Era uno de bigotes”, insistía. Finalmente el arcano se desveló: la señora se refería a Adolf Hitler.

Vargasyfirma 
El 22 de diciembre de 2004 no tiene una importancia histórica comparable, pero hay dos personas que aún recuerdan esa fecha. Una de ellas es el periodista Iñaki Gabilondo y la otra es el lector con quien acaba de hablar. “Me dijo que hace 7 años llamó a mi programa de radio y ese mismo día le tocó la lotería”, tercia Gabilondo. En el Retiro, el realismo puede ser tan mágico que tal vez no se le hubiera ocurrido ni al propio Gabriel García Márquez.

Fotografías de Samuel Sánchez

 

comentarios 1

1 Comentarios

Publicado por: ALRALI 04/06/2011

Sí, la verdad es que a la hora de preguntar no se suele ser muy original. Hay preguntas que ante un tribunal cuyo presidente esté atento y recuerde bien las leyes, se rechazarían por sugerentes (ya saben las preguntas capciosas, sugerentes e impertinentes se deben rechazar ipso facto). También los periodistas caen en la falla.

¿ Estará usted muy contento por haber ganado en la loteria 3oo.ooo euros ?

¿ Se considera afortunado por haber obtenido el puesto de trabajo que tanto anhelaba ?

¿ Cree que va a obtener más votos que su contricante para ganar la alcaldia ?

¿ Cansado despues de estar siete dias en este aeropuerto hasta que ya por fin hoy parece que embarca ?

Y así...

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