Papeles Perdidos

Literatura

La banalidad del mal en Bosnia

Por: Guillermo Altares13/06/2011

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Pensar que los asesinos son monstruos nos tranquiliza, frena nuestro miedo ante el horror. La imagen de Ratko Mladic ante el tribunal de La Haya, enfermo pero desafiante, con su gorra y su saludo militar, burlándose de las víctimas mientras decía "Me hacen acusaciones repugnantes", es la de un monstruo. Pero la mayoría de los asesinos de las guerras de los Balcanes, los autores de las peores atrocidades, fueron personas normales y corrientes. Y las víctimas también lo fueron. Uno de los mejores libros sobre las guerras que arrasaron la antigua Yugoslavia a principios de los años noventa, trata precisamente de eso, de cómo seres ordinarios se transforman en asesinos de masas. "Cuanto más comprendes que los criminales de guerra podrían ser personas normales más miedo sientes", escribe Slavenka Drakulic en su extraordinario ensayo No matarían una mosca (Global Rhythm, con prólogo y traducción de la balcanóloga Isabel Nuñez). "Por supuesto, esto se debe a que las consecuencias son mucho más graves que si se tratara de monstruos. Si la gente normal comete crímenes de guerra, eso significa que cualquier de nosotros podría cometerlos". Otro gran libro sobre Bosnia, Postales desde la tumba (Galaxia Gutenberg), de Emir Suljagic, un joven superviviente de Srebrenica, también relata la normalidad de la guerra, la banalidad que une a víctimas y verdugos. Les separa la dignidad, la capacidad para decidir entre lo bueno y lo malo. Son dos libros muy importantes, a los que, ahora que ha sido capturado el asesino Mladic, conviene regresar.

Drakulic es una escritora croata, que vive fuera de su país, autora de dos estupendas novelas que publicó Anagrama en 2001, El sabor de un hombre y Como si yo no estuviera. No matarían una mosca recoge retratos de criminales de guerra, que la autora trazó durante su cobertura de varios juicios en el Tribunal de La Haya. El título viene de una frase del clásico entre los clásicos sobre los procesos al nazismo, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt: "Cuando su trabajo le lleva a asesinar a alguien no se considera un asesino, ya que no lo ha hecho por inclinación personal, sino a título profesional. Por pura pasión, él no mataría una mosca". Lo primero que hay que decir de Drakulic es que, entre su madre y la justicia, elige la justicia. Con esto quiero decir que no es nada nacionalista y que los primeros asesinos de los que habla son croatas. Su libro es una reflexión sobre la humanidad (nos guste o no, la guerra, como el lenguaje, es una de las cosas que nos convierte en humanos, que nos separa de los animales), sobre sus rincones más oscuros y siniestros, sin importarle las nacionalidades. Aunque la mayoría de los crímenes los cometieron los serbios, que fueron los que empezaron las guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo, ninguna de las etnias es totalmente inocente.

El libro de Drakulic es una galería de horrores: asesinatos, violaciones en masa, ejecuciones (un tipo que acaba con una ampolla en el dedo de tanto apretar el gatillo es uno de sus protagonistas), es un resumen certero de las atrocidades que se cometieron en el corazón de Europa. Sus protagonistas son tipos corrientes que, en medio de la guerra, se convierten en monstruos. Pero falta la respuesta a la pregunta clave: ¿Por qué? ¿Qué lleva a seres ordinarios a convertirse en asesinos? Hay algo en el horror que resulta, afortunadamente, imposible de comprender.

Perdonen que introduzca un elemento personal: he viajado a menudo por los Balcanes, primero como turista (visité Yugoslavia cuando todavía era un solo país en 1989) y luego como periodista. Aunque no cubrí las guerras de Croacia, Bosnia o Kosovo, sí me he pateado esos tres países en los últimos años y he recorrido también Eslovenia (la primera república que se independizó, que forma parte de la UE desde 2004 y ha adoptado el euro) y Serbia, un país con el que además tengo una gran conexión personal porque mi amigo de la infancia es de origen serbio. He hablado con víctimas de todas las etnias. Nunca olvidaré una tarde en una humilde casa de las colinas de Sarajevo con un grupo de mujeres que habían sido víctimas de una violencia imposible de imaginar (no hablamos de ello, pero no hacía falta: sus miradas lo decían todo).

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He visto los cuerpos, recién rescatados de una fosa común, con las manos atadas todavía con alambre y un tiro en la cabeza, y he sentido el hedor del depósito de cadáveres de Tuzla, que alberga las víctimas sin identificar de Srebrenica. Pero también me he reído, he bebido aguardiente a todas las horas del día (y de la noche, pero eso tiene menos mérito), sorbido el café turco (que tiene un nombre diferente en cada país) y comido los indigestos cevapcici. Es un lugar del mundo que añoro, al que siempre me gusta volver, lleno de personas maravillosas, acogedoras, divertidas, francas, abiertas. Y sin embargo, uno siente las heridas en casi todas partes, demasiadas ciudades están cargadas de dolor. Como Foca, una localidad del este de Bosnia, donde los milicianos serbios ubicaron los primeros burdeles para esclavas sexuales. Es uno de los sitios más tristes y terribles que he visitado. La ausencia de los miles de musulmanes asesinados se siente en cada rincón. Pero, por mucho que uno recorra los Balcanes, por mucho que conozca su historia de odios y diferencias religiosas azuzadas por el poder, es imposible entender cómo pudo ocurrir aquello, cómo pudieron cometerse tantas atrocidades (en el fondo, es una pregunta que vale para cualquier guerra civil).

Foca es una ciudad del Este de Bosnia, una zona que fue arrasada por las milicias y el Ejército serbios desde el principio de la guerra. El río que recorre aquella región da nombre a una obra maestra escrita en una lengua que ya no existe pero que todos entienden, el yugoslavo (una de las muchas paradojas que ha dejado aquel país con su desaparición): Un puente sobre el Drina, del premio Nobel Ivo Andric, una novela que también permite entender muchas cosas.

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Decenas de miles de civiles que huían de las matanzas buscaron refugio en las ciudades que todavía estaban bajo el control de los musulmanes, como Srebrenica, Zepa y Goradze, que luego fueron declaradas zonas seguras por la ONU (una protección que, a la postre, no sirvió para nada y se convirtió en un símbolo de la impotencia de la comunidad internacional para frenar el genocidio). Uno de aquellos refugiados era un adolescente bosnio que escapó junto a su familia, Emir Suljagic, que sobrevivió a la peor matanza en Europa desde la II Guerra Mundial, en la que fueron fusilados 8.000 varones bosniomusulmanes por orden de Mladic, el jefe militar de los serbios de Bosnia, y Radovan Karadzic, el responsable político de los asesinos. Ambos están encarcelados en La Haya.

El libro de Suljagic es un viaje a la cotidianeidad de la guerra, es una obra en la que hay víctimas y verdugos, pero no buenos y malos, es un libro lleno de matices, de momentos inolvidables, casi siempre terribles aunque también divertidos (para poder ver los partidos del mundial de Estados Unidos de 1994 varios habitantes de Srebrenica se turnaban para pedalear en una bicicleta estática con la dinamo conectada a una tele, mientras los morteros de la artillería serbia volaban sobre ellos). "No sabemos nada de estas personas, que no fueron ni más ni menos maravillosas que otras, ni mejores, ni peores. Fueron maravillosas en la medida en que fueron humanas. Y en la medida en que yo las conocía", escribe Suljagic sobre las víctimas. Entre ellas, están muchos de sus familiares cercanos.

Suljagic y Drakulic dan vueltas sobre los mismos temas, se plantean las mismas preguntas. Y ambos transportan a los lectores a un lugar que nunca debería haber existido: el horror. De mis muchos recuerdos de aquella zona del mundo hay uno que me divierte especialmente. En un bar de Liubliana, la elegante capital de Eslovenia, un país que rechaza con obstinación su pasado yugoslavo, decenas de jóvenes bailaban a todo volumen canciones de Bijelo Dugme, un grupo de rock de los años setenta y ochenta que simboliza la yugonostalgia, la añoranza de aquel gran país que se rompió en medio de la barbarie. Ojalá nunca tengan que volver a enfrentarse a los dilemas que describen estos dos magníficos libros, ojalá el pasado que acabe por pesar de verdad sea el que encarna aquel grupo de Goran Bregovic.

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El autor de las fotografías que ilustran este texto es el reportero Gervasio Sánchez. La primera y la última corresponden a un funeral de víctimas de Srbrenica en Potoçari (11 de julio de 2010), la segunda al depósito de cadáveres de bosnios asesinados en aquella ciudad en Tuzla (octubre de 2008). Las imágenes pertenecen al proyecto Desaparecidos, cuyos libros han sido publicados por la editorial Blume.

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17 Comentarios

Publicado por: fernando 13/06/2011

estoy de acuerdo con Constantino....una opinion que comparto por haber vivido 4 años entre Bósnia y Kosovo y haber visto que ahun hoy las victimas se vuelven verdugos y el odio permanece....Los únicos que no sienten la Yugoslavianostalgia son los musulmanes....ahora son ellos los que quieren, junto com los Turcos que son mayoria en muchos pueblos de Kosovo y de Bósnia, una gran nacion musulmana para poder vengarse...vaya politica y vaya religion!!!!!

Publicado por: Ignacio 13/06/2011

Muchas gracias Guillermo por recordarnos lo que la naturaleza humana es capaz de hacer con sus semejantes en un espacio de tiempo y lugar tan cercano al nuestro. Al hilo de este artículo quiero recordar a Jorge Semprún quien después de conocer y sobrevivir a la barbarie logró reconciliarse con el pasado sin rencor, materializando el hecho de que también el perdón forma parte de nuestra identidad humana. En lo que se refiere a nuestra historia criminal (ETA, crímenes del franquismo) ¿ Será posible entonces en nuestro pais lograr reconciliarnos con el pasado ?. La actitud de cerrazón de los colectivos de apoyo a las víctimas de ETA sobre la solución del conflicto ¿se comparece con la de la de los supervivientes del nazismo?. Creo que es hora de aprender de la historia y dar un paso valiente hacia adelante pues solo así podremos superar la barbarie que han protagonizado "personas normales" por más que nos cueste pensar que así es.

Publicado por: JAVI B. 13/06/2011

¿Impotencia de la comunidad internacional para frenar el genocidio?... será más bien INCOMPETENCIA.

Publicado por: Emigrado 13/06/2011

Tras vivir los últimos 8 años en la ex Yugoslavia, no estoy de acuerdo con la frase que dice que Eslovenia rechaza el pasado yugoslavo. Tampoco estoy de acuerdo en darle a la yugonostalgia más valor del que tiene, que es el mismo que tiene la Ostalgie en Alemania (y nadie desea la vuelta de la DDR) o la popularidad de "Cuéntame como pasó" en España.

Traer el asunto de los ciudadanos borrados a colación con la yugonostalgia me parece que tiene poca relación, es mezclar churras con merinas, porque fueron decisiones político-nacionales (que debieron ser castigadas por la UE) muchos años antes de que la yugonostalgia naciera.

Por lo que yo vi, oí y por lo que entiendo, tanto Eslovenia como Macedonia no rechazan la herencia sociopolítica yugoslava. Al contrario. Tanto es así que la política generalista de estos dos estados no reniega de ese pasado y lo sustituye por un ultranacionalismo conservador-religioso como es el caso de Croacia y Serbia, principalmente. Incluso país por país, la situación cambia mucho. En Croacia. por ejemplo, no es lo mismo el sentir generalizado en Istria que en Split y toda Dalmacia. Serbia es otro caso paradigmático. Mientras en Zagreb y Sarajevo siguen existiendo calles con el nombre de Tito, en Belgrado la presencia de simbología del pasado es inexistente.... y creo que con Croacia (excluyendo Istria) tal vez sea el país políticamente menos yugosnostálgico. Y ojo, que la impresión (en Serbia) puede ser errada. La mayoría de los jóvenes menores de 25 años asociarán Yugoslavia a Serbia lo cual es una concepción diferente a lo que la yugonostagia en sí representa: una serie de elementos culturales, populares hoy en día supranacionales pero no extranjeros.

Bosnia es un caso especial. Hace unos meses Ramón Lobo hablaba de un bar en Grbvica (entre los dos museos nacioanles, en el Vilsonovo setaliste) llamado Tito y mentaba a la yugonostalgia. Viviendo en Sarajevo le pondría muchos matices a esa afirmación. Bosnia tal vez sea políticamente, culturalmente y socialmente la más yugonostálgica de las Repúblicas.... si no se sale de Sarajevo. El cambio que sufrió la ciudad a partir del 92 obliga casi a ser yugonostálgico, la separación de la guerra ayuda a ser yugonostálgico... pero como solución menos mala. Es salir de la capital y las cosas cambian... Pero ya no es yugonostalgia: es algo más serio, de más calado, es la necesidad de crear un estado multicultural (tal y como lo fue Yugoslavia) porque es la única manera de sobrevivir.

Publicado por: Txema 13/06/2011

A esta reseña le falta una mencion a Hannah Arendt, autora de "Eichmann en JerusalemÑ: Un informe sobre la banalidad del mal" (1963) . Si no, parece que o el periodista ignora el origen del concepto o la autora se esta adjudicando un merito ajeno.

Publicado por: Constantino 13/06/2011

MUY BUENA RESEÑA. LA LASTIMA ES QUE LA SITUACIÓN NO SE DIFERENCIA MUCHO DE AQUEL MOMENTO. DESPUES DE 4 AÑOS EN CROACIA Y 3 EN SARAJEVO TENGO LA CONVICCIÓN DE QUE LO QUE OCURRIÓ PODRÍA VOLVER A OCURRIR, Y NO PORQUE LOS SERBIOS PUDIERAN HACER LO MISMO DE NUEVO, SINO PORQUE TODOS LOS GRUPOS ERAN IGUALES. AQUI NO HUBO NI BUENOS, NI MALOS, SIMPLEMENTE UNOS ESTUVIERON EN UNA POSICIÓN Y OTROS EN LA OTRA, PODRÍA HABER SIDO AL REVES.
EXISTEN NOSTALGICOS, PERO POR OTRA PARTE, LAS NUEVAS GENERACIONES NO HACEN NADA POR SALIR DEL MARASMO EN QUE SU PAIS (EN EL CASO DE BOSNIA) ESTA METIDO. Y MIENTRAS TANTO, LA FAMOSA COMUNIDAD INTERNACIONAL SIGUE DANDO PALOS DE CIEGO, APUNTANDO A SOLUCIONES QUE NO FUNCIONAN Y DANDO CONSEJOS MIENTRAS NO LOS TIENE PARA SI MISMA. UNA LASTIMA LA SITUACIÓN DE ESTA PARTE DE EUROPA, QUE DEMUESTRA QUE LOS 1000 AÑOS DE HISTORIA NECESITAN MUCHOS MÁS AÑOS PARA DE VERDAD OLVIDAR COMO OCURRIERON LAS COSAS.

Publicado por: Odyssei Sindrome Down 13/06/2011

No es facil , ni justo , escribir de cosas que tienen su inicio en la nieblina de mas de 1000 años. Para que se arreglan las cosas deben de pasar otros 1000 años , como la X y la Y con sus valores de mas (+) y menos(-) por las axices. Los conflictos de los Balkanes son de muchos años antes. Mis abuelos y papas han participado en varias guerras - la Balcanica del 1912 , la Primera Mundial, La Segunda Mundial. Ahora el caso de Bosna es una propaganda de politicos interesados en la caida del Socialismo de la Ex Yugoslavija. Quiero decir - nada nuevo abajo del Sol , en unos 1000 años. O Ustedes piensan que la Humanidad avanzo mucho durante los ultimos 1000 años ? ( Aparte de la television de color y los cosmonautas...) El cerebro y las pasiones , reflejos, sentimientos - no han avanzado nada. Por ejemplo : Si yo opino del Pais Vasco , si es un pais autonomo o esta en España , etc... estoy seguro que voy a cometer un error tomando un lado (Del Pais Vasco o de España).Cuando estos conflictos de la historia se conocen bien, muy facil unos politicos pueden hacer que se pierde el equilibrio. Porque el grupo de rock "socialista" Bijelo Dugme ( Boton Blanco) tiene un musulman, 2 serbios y croata , porque sus tours se hacian en Sarajevo ( Bosna), Zagreb ( Croacia) y Belgrado ( Serbia) y todos los jovenes bailaban y se besaban, porque se casaban cristianos y muslulmanas ( sin violaciones , con amor ) ??? Y porque todo esto durante los años de Tito ? Y en que momento otras fuerzas "democraticas" mas del Oeste decidieron echar a perder este Paraiso y este equilibrio , y estos Democratas decidieron primero esto fuera de Yugoslavija. Yugoslavija era una de las ultimas victimas de la democracia mal entendida. Y esto paso con muchos otros paises del bloque socialista ( Rusia, Rumania, Bulgaria , ahora en Georgia , Armenia , Moldova,etc...). Esta gente tiene solo ideas, no dinero , no son ricos, pero cuando les robas las ideas y los ideales , muy facil empiezan a matar , por sus ideas robadas y esto no es tan dificil de empezar. Hay juegos muy altos y finos, de jugadores escondidos ,lejos, con giuones de peliculas para el pasado y el futuro de la humanidad ya escritos, buscando artistas.....Y vender sus productos para ser ricos para la eternidad......SSera posible que esto siga ? Libia..., Siria...., Egipto..., sigo el mismo modelo o no ?

Publicado por: Rafa 13/06/2011

Estuve en Bosnia en 1997, dos años después de acabar la guerra, intentando entender aquello. Aquel descenso a los infiernos, con barca de Caronte incluida (se llegaba atravesando el río Sava en transbordador, los puentes volados no habían sido reconstruidos) me fue muy útil.

Creo en la certeza del planteamiento de Guillermo Altares. Lo veo opuesto al de, por ejemplo, "La lista de Schindler", con malos monstruosos que, tras el horror, nos permiten quedarnos cómodos y tranquilos.

Y, efectivamente, miremos a nuestro alrededor, detectemos en alguien (¿o en nosotros mismos?) una mezquindad, una bajeza, una crueldad. Pensemos una situación que propicie amplificar por mil, por cien mil, esos comportamientos: ya tenemos los criminales de guerra.

Publicado por: Guillermo 13/06/2011

Perdona Elena por el error. No me di cuenta al escribirlo. Claro que eran musulmanes. En cambio, tengo que decirte que he conocido a bastantes yugonostálgicos: entrevisté a una extraordinaria mujer en Liubliana, que había vivido en seis países diferentes sin moverse de su casa y siempre recordaré cuando dijo algo así como: "Está muy bien entrar en la UE, pero siempre recordaré con nostalgia que crecí en un gran país, muy importante, llamado Yugoslavia".

Publicado por: ramon 13/06/2011

" en la que fueron fusilados 8.000 varones serbios por orden de Mladic...."

Hay que escribir mejor.

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