Papeles Perdidos

Veranos literarios / Prólogo

El verano literario de tu vida

Por: Winston Manrique Sabogal29/07/2011

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¿En qué episodio o pasaje descrito en una novela o cuento te hubiera gustado o te gustaría vivir? Esa es la pregunta que formulo a ustedes, los lectores de Papeles perdidos, y que servirá de prólogo a la serie Veranos literarios que empezará este lunes 1 de agosto. Es el segundo año que propongo, en este blog de Babelia, que visitemos los periodos estivales narrados por algunos de nuestros escritores preferidos. Y qué mejor manera de inaugurar este viaje que soñando nosotros mismos con ser testigos de cuerpo presente en libros, capítulos o pasajes veraniegos de obras literarias. Un recorderis a algunos de estos veranos puede ser viendo la serie del año pasado en la cual comenté, y comentamos todos, 19 veranos de ficción que pueden ver pulsando aquí.

A este prólogo de la serie, que ahora mismo están ustedes escribiendo con sus comentarios, se han unido cuatro escritores que quieren compartir con nosotros ese sueño de vivir en un verano de ficción: Javier Reverte, Clara Sánchez,  Francesc Seres y Ángeles Caso. Empezamos con Javier Reverte, un gran periodista, viajero y escritor que ha vivido muchos y variados veranos de verdad en diferentes lugares del mundo. Reverte, que ha publicado recientemente En mares salvajes. Un viaje al Ártico (Plaza yJanés)nos cuenta su verano de ficción y por qué; escuchémoslo y viajemos un momento con él: "Yo siempre he imaginado, aunque Homero no nos lo diga, que Ulises cruzó en su barco frente a la isla de las Sirenas un mes de verano. Y a mí me hubiese gustado estar a su lado, atado al mástil de la nave, y oyendo el canto de aquellos seres hermosos y terribles, las sirenas, que prometían a los viajeros revelarles todos los secretos de la vida, para atraerlos a sus costas y devorarlos. Iría, ya digo, como Ulises, atado, mientras sus compañeros remaban con tapones de cera en los oídos. ¡Quién no querría haber escuchado el canto de las sirenas!."  El año pasaso uno de los veranos literarios fue precisamente la Odisea que puedes ver aquí.

A Clara Sanchez le emociona y conmueve El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani.  "Uno de los lugares más hermosos y nostálgicos, melancólicos, evocadores y mediterráneos de toda a literatura. Desde la primera página ya está presagiando el desastre de la belleza que contiene, tanto de paisaje como moradores, y del encanto de la aristocracia y riqueza de esa familia. Me encanta y me emociona. Me identifico con ese narrador que no es alguien de la familia y es más pobre que ellos, con capacidad para abducirnos con esa belleza decadende que a mí me conmueve". Este es el verano literario de la ganadora del premio Nadal 2010 con Lo que esconde tu nombre (Destino).

Por su parte Francesc Seres, que este año ha publicado Cuentos rusos (Mondadori), prefiere un verano con olor a mar. Su verano literario estaría entre Pessoa y Stevenson: "Está en el poema que escribió el poeta portugués con su heterónimo Álvaro de Campos Oda marítima, que dice:

Solo, en el muelle desierto, en esta mañana de verano,

miro hacia la entrada del puerto, miro hacia lo Indefinido,
miro y me alegra ver,
negro, claro, pequeño, un paquebote que entra.
Está todavía lejos, nítido, clásico a su manera.

Deja en el aire distante una orla de humo tras de sí.
Viene entrando y la mañana entra con él, y en el río,
aquí, allá, despierta la vida marítima,
se izan velas, avanzan remolcadores,
surgen barcos pequeños detrás de las naves que están en el puerto.
Sopla una suave brisa.

Me gustaría estar sentado en el muelle desierto, en ese tiempo irreal, en el verano eterno que describe Álvaro de Campos en la Oda marítima. Es un verano ubicuo, total, surcado por barcos que se desplazan lentamente, como el paquebote que entra en el muelle y que se aleja para convertirse en esa goleta que aparece a mitad del poema y que luego sabemos que es la Hispaniola, el barco del verano para siempre que es La isla del tesoro. Que Pessoa necesitase el libro de Stevenson para alejarse me parece entrañable. El verano de Álvaro de Campos en la Oda marítima es un tiempo de huída. Tantos destinos diversos que se le pueden dar a una vida que, en el fondo, siempre es la misma, nos dice. Hoy, el barco continúa alejándose y Álvaro de Campos sigue en el muelle pero también en cubierta".

Ángeles Caso prefiere pasarlo con Karen Blixen a los pies de las colinas de Ngong en Memorias de África: "Me gustaría estar en su compañía, en la plantación con ella porque siento auténtica pasión por ese libro y por el África Subsahariana, y en sus páginas se juntan todo eso y la forma de relacionarse de ella con la naturaleza". Precisamente este libro de Isak Dinesen fue uno de los que abordé el año pasado en esta serie  y que puedes leer aquí.  Así sería el verano literario de esta escritora que obtuvo el premio Planeta 2009 por Contra el viento.


¿Y tú? ¿Cuál es el verano literario de tu vida? Más pistas: ¿Ser uno de los invitadoa a las fiestas de El gran Gatsby, de Fitzgerald?, ¿O bañarse en el mar de Mishima de El rumor del oleaje? ¿O acompañar a Proust en sus lecturas en Combray recordadas en En busca del tiempo perdido? ¿O vivir la aventura de Jim en La isla del tesoro, de Stevenson? ¿O, tal vez, perderse en el bosque de El amante de Lady Chaterley, de Lawrence? 

¿O acaso caminar por las campiñas de la mano de Austen en Orgullo y prejuicio? ¿O aventurarse con Don Quijote en los campos de Castilla, contados por Cervantes?¿O presenciar el agosto en que se desata la sexual y cruel apuesta de Las amistades peligrosas, de Choderlos Delaclos? ¿O navegar con Melville tras Moby Dick? ¿O visitar a Dinesen a los pies de las colinas de Ngong en Memorias de África? ¿O caminar por el Nueva York de Wharton en La edad de la inocencia? ¿O ver cómo se vive Coetzee la década de sus 30 años en Verano?

En fin, tantos periodos estivales eternizados por la maestría de escritores de todo el mundo. En muchos de ellos he estado cuando los leía, en varios de ellos me hubiera gustado vivir. Seguro que ustedes también. ¿En cuál de ellos, y por qué?

PD: A partir de la próxima semana, de lunes a viernes, empezará la serie Veranos literarios. El modelo será el mismo del año pasado: cada día elegiré el pasaje literario de alguna novela o cuento, lo comentaré y luego ustedes completarán el post con sus opiniones tanto de este pasaje como del libro.

Algunos de los libros citados por ustedes en este prólogo de El verano literario de tu vida protagonizarán esta serie la próxima semana: del 8 al 12 de agosto.

Imagen: Balandrito, de Joaquín Sorolla.

 

comentarios 34

34 Comentarios

Publicado por: Junior 29/07/2011

Hoy día no seria mi verano ideal, ya q el ideal seria un crucero en velero por las islas griegas, esos atardeceres, esas aguas y esa comida... En fin, pensando en los libros de verano me he acordado del primer libro q leí en el colegio, Mi tía agente secreto, y he pensado q a diferencia de mi verano ideal actual, el verano q paso el protagonista con esa mujer un poco loca, haciendo de detective por aquel hotel en medio del campo, con huéspedes q parecían sacados del camarote de los hermanos Marx, ese si hubiera sido mi verano ideal con 8, 10 o 12 años. Y supongo q al igual q al protagonista al principio le hubiera puesto el grito en el cielo a mis padres por llevarme en medio de ninguna parte con personas de las cuales la mas joven me lleva 10 años, pero luego hubiera alucinado con esa mujer un poco tarada q me leva poco a poco a un mundo de misterio y aventura. Y ahora q lo pienso lo mismo cuando consiga mi viaje en barco por Grecia me ato un pañuelo a la cabeza y me monto una de piratas en honor a mi yo de 8 años y así me olvido de la edad, del trabajo, de la crisis y del 20 de noviembre

Publicado por: CDG 29/07/2011

Comparto cien por cien lo que dice Claudia. Tanto que cuando he leído la entradilla al blog, es lo primero que se me ha venido a la cabeza. Charles, Sebastian y la juventud en Brideshead o Veneciaa, cambiando Oxford por el aire libre.
Y después he pensado en aquella verbena donde Pijoaparte se coló para cambiar, aunque él no lo supiera, su vida.
De todas formas, la literatura está llena de veranos...algunos más sabrosos que otros. Algunos muy fríos. Algunos tan lejanos y otros demasiado dentro de nosotros.

Publicado por: Eladio 29/07/2011

La verdad es que donde a mí me gustaría pasar no un verano, sino toda la vida, más que un pasaje literario es en un anuncio de los que hace la Junta de Andalucía para que la gente venga a hacer turismo. Sobre todo aquellos que tenían como banda sonora el "Déjate llevar..."
En su defecto, y ahora que estamos en época de vacas flacas, me conformaría con un anuncio de Balay.
Bueno, y ahora en serio: La Alejandría del "Cuarteto..."

Publicado por: Claudia 29/07/2011

Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh.

Para ir de vacaciones a Venecia con Charles y Sebastian, estar allí para ver la ternura de su relación.

Para chismear con Cara mientras ella me da un recorrido por la hermosa ciudad en compañía de nobles italianos arruinados. Para ir a tomar café en el Florian con Lord Marchmain.

‘Sebastian and his friend are more interested in Bellini than heiresses.’ ‘But that is what I have always wished,’ said Cara, changing her point of attack adroitly. ‘I have been here more times than I can count and Alex has not once let me inside San Marco, even. We will become tourists, yes?’ We became tourists; Cara enlisted as guide a midget Venetian nobleman to whom all doors were open and with him at her side and a guide book in her hand, she came with us, flagging sometimes but never giving up, a neat, prosaic figure amid the immense splendours of the place.
The fortnight at Venice passed quickly and sweetly - perhaps too sweetly; I was drowning in honey, stingless. On some days life kept pace with the gondola, as we nosed through the sidecanals and the boatman uttered his plaintive musical bird-cry of warning; on other days with the speed-boat bouncing over the lagoon in a stream of sun-lit foam; it left a confused memory of fierce sunlight on the sands and cool, marble interiors; of water everywhere, lapping on smooth stone, reflected in a dapple of light on painted ceilings; of a night at the Corombona palace such as Byron might have known, and another Byronic night fishing for scampi in the shallows of Chioggia, the phosphorescent wake of the little ship, the lantern swinging in the prow, and the net coming up full of weed and sand and floundering fishes; of melon and prosciutto on the balcony in the cool of the morning; of hot cheese sandwiches and champagne cocktails at Harry’s bar.

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