Papeles Perdidos

Babelia en guadalajara 2011 / crónica

Viaje a la feria de los niños

Por: EL PAÍS04/12/2011

Niñosfil
por Miguel Cedeño

Veinticinco mundos de cuentos infantiles salidos de igual número de libros han protagonizado esta edición 25 de la FIL. Y allí se han realizado 18 talleres basados en esas historias elegidas recreadas en unos 380 metros cuadrados exclusivos para este área. Desde Alicia en la país de las maravillas hasta El principito.

Este año han pasado por aquí 182 colegios públicos y privados provenientes de la ciudad y de otros estados del centro-occidente de la República mexicana –como Michoacán, Aguascalientes, Guanajuato. Esas escuelas equivalen a veinte mil alumnos que jugaron, leyeron y disfrutaron algún espectáculo de títeres o cuenta cuentos en vivo, además de corretear por entre lso pasillos y los escenarios de esos 25 cuentos clave para los niños. Sin contar con los menores que han visitdo el área acompañados de sus padres.

NiñossaulprincipitoPor ejemplo, el padre de una niña -que apenas aprende a caminar- asoma la cabeza por un panel de cartón rígido, que reproduce la imagen de un par de gatos regordetes. Ella se divierte por las caras que hace su papá. En el stand del Programa Nacional de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) una cuentacuentos lee Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak; los niños que están sentados en el piso intentan imitar el rugido que hicieran estos seres si existieran. Los pasillos de FIL Niños están llenos de vida, de movimiento, de gritos eufóricos o llantos emberrinchados. Hay quienes visitan la Feria acompañados de sus padres, pero otros por sus profesores y compañeros del colegio.

Una de las más gratificantes y conmomevoras escenas de la FIL se vivió el jueves 1 de diciembre. La feria recibió la visita de  la Telesecundaria #545 proveniente de Canoas, Durango (la telesecundaria es un sistema escolar mexicano donde los alumnos en poblaciones apartadas reciben las clases por una señal de televisión y son acompañados por un instructor). El grupo proviene de la comunidad indígena tepehuana. Con trajes típicos, llegaron a la Feria con la ilusión de cualquier niño –y lamentablemente, con un nivel similar de lectura y escritura del castellano. Emocionados, curiosos, y después de un viaje de odisea –hicieron 10 horas de camino, por carreteras peligrosas a causa del crimen organizado- recorrieron el área de la ferai dedicada a ellos, lo sniños; y charlaron con Lydia Cacho, periodista y escritora mexicana. Pero también se encontraron con algunos alemanes, o con escritores gallegos; entre ellos se enseñaban a decir palabras en los otros idiomas.  Al final del día, felices volvieron al autobus de camino a casa, otras 10 horas.

Emiliano entró al taller de Olivia llega a la meta, basado en el libro de Ian Falconer. “Estaba muy gracioso. Nos preguntaron unas preguntas (sic), y teníamos que comprar cosas”, dice el niño de siete años. Los menors de pants color azul marino como Emiliano  –con un escudo estampado en el lado derecho, y el nombre en el izquierdo- hacen fila afuera de los ingresos a las actividades. Vienen del Colegio Miguel Hidalgo de San José de Gracia, un municipio al norte del estado de Jalisco. Entre primeria y secundaria hoy visitan la feria aproximadamente 90 niños, sin contar a los profesores y los papás. “La mayor riqueza es que los niños se puedan llevar un libro y seguir leyéndolo a lo largo del años”, comenta Norma Contreras, profesora de sexto grado de primaria.

Fernando Gallegos está sentado en medio de unas bancas pequeñas de colores vivos, mientras su hijo Santiago –de cinco años- camina alrededor, va y regresa; esperan a que Fernando –su hermano, de ocho años- salga de un taller. Fernando trae a sus hijos desde hace cinco años. En el caso de Santiago y Fernando las visitas a FIL Niños los han hecho crecer como lectores pues leen unos 15 minutos al día –aunque las distracciones estén en su contra, con el mayor en especial-; “me interesa que se vayan fomentando en la lectura”, dice el padre.

Ana Luelmo -coordinadora de FIL Niños- explica que los talleres están pensados para que los niños exploren no sólo con la expresión narrativa literaria, sino que sean conscientes que también pueden contar una historia con fotos o con un ordenador. En el taller Futuros escritores, los participantes completan una historia, que después será montado en un blog. Mil 150 entradas, y unos 100 comentarios se pueden leer en la página web (http://www.futurosescritores.mx/) creada especialmente para esta actividad este año.

Niñosconpadres1Los niños del Colegios Miguel Hidalgo compraron libros de animales –grandes, de pasta dura, ilustrados, con pocas palabras. Discuten entre ellos porque -arrepentidos de su compra- quieren cambiar Animales gigantes por Criaturas peligrosas. Por una puerta entra Pocoyó, un personaje animado de origen español, muy reconocido por los espectadores mexicanos. Algunos adolescentes enloquecidos se abalanzan sobre la botarga para tomarse una foto. Niños se acercan miedosos para tocarle; tiene una textura suavecita. Una bebé muy pequeña –no rebasará los dos años- va montada en una carriola conducida por su madre. Voltea la cabeza de lado a lado para ver las imágenes de las tapas de los libros que están en la estantería. Aún no sabe leer ni escribir, pero ya tiene sus primeros contactos con la literatura.

Imagen. Pabellón infantil (Cortesía de la FIL / Universidad de Guadalajara)

 

 

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