Papeles Perdidos

LITERATURA

"Apareció el demonio y se metió en mi cama"

Por: EL PAÍS28/02/2012

1. Rubens-Teresa de AvilaPor Antonio Castillo Gómez

"Su Majestad es el autor de lo que escribo". Con palabras tan claras como éstas, la monja mexicana sor María de San José, nacida en 1656 y muerta en 1719, tomó la pluma para escribir su vida a instancias de su confesor y bajo la iluminación de Dios. Se trata de un fenómeno histórico-literario de amplio suceso en la España Moderna, a este y al otro lado del Atlántico.

Uno de los motivos que suelen invocarse para explicar la extensa serie de autobiografías espirituales femeninas, escritas en el mundo hispano durante los siglos XVI y XVII, es el estímulo ejercido por el Libro de la vida de Teresa de Jesús, sobre todo tras su edición impresa en 1588 por iniciativa de fray Luis de León. A partir de este momento la obra gozó de una notable difusión y fue lectura habitual en bastantes conventos femeninos, sobre todo en los monasterios de carmelitas descalzas fundados por ella. Distintas monjas así lo advirtieron al narrar sus vivencias y alguna que otra atribuyó su oficio de escritora a la inspiración recibida de la monja abulense. Fue el caso, por ejemplo, de Estefanía de la Encarnación, religiosa en el convento de Santa Clara de Lerma, quien comenzó a escribir su autobiografía, a la edad de 28 años, un día que sintió a su  lado a la madre Teresa y ésta le dio la pluma.

La mediación de Teresa de Jesús, como la de Dios o la de otras figuras celestiales, es un tópico que se repite en muchos escritos autobiográficos de las religiosas del Siglo de Oro. Puede entenderse también como una estrategia legitimadora de la escritura, es decir, como un modo de aventurarse con ciertas garantías en un territorio que les estaba prácticamente vedado, en particular si lo que escribían concernía a cuestiones espirituales.

Como muestra un botón: en 1564, Isabel Ortíz, hija de un platero madrileño, fue encarcelada por haber escrito y pretendido dar a la imprenta un librico de doctrina cristiana. Uno de los varones llamados a testificar, el doctor Alonso de Balboa, a la sazón vicario general en la audiencia arzobispal de Alcalá de Henares, declaró ante los jueces inquisidores del tribunal de Toledo que él había prevenido a la religiosa para que no se metiera en esos menesteres, recordándole que “las mujeres no habían de saber más de hilar o labrar y hacer las haciendas de su casa”, en tanto que en materias de fe y escritura lo mejor era “callar y encomendarlos a Dios”.

En consecuencia, tomar la palabra en el espacio público, dominado hegemónicamente por los varones, implicaba una cierta forma de protesta contra la subordinación social y las discriminaciones impuestas por el sistema patriarcal, entre las que se hallaban los impedimentos que las mujeres tuvieron a la hora de instruirse. Así lo expuso, entre otras, la monja madrileña María de Cristo al comienzo de su autobiografía, concluida en el tercio final del siglo XVII: “a escribir no me enseñaron porque mi padre no quiso, que decía que las mujeres no habían menester saber escribir”. Menos mal que el Señor, nuevamente Dios, le dio “grandísima inclinación a ello”, guiándola en su aprendizaje: “yo muy acaso tomé un día la pluma en la mano y empecé a escribir como si hubiera muchos tiempos que lo ejercitara según la velocidad con que lo hice”.

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Con tantas adversidades, es lógico que las monjas autobiógrafas pretendieran cimentar su atrevimiento en el mandato divino. Sus manos pasaron a ser un instrumento al servicio de Dios, del mismo modo que sus cuerpos macerados expresaron los arrebatos místicos propios de una religión tan atormentada como aquélla de la Contrarreforma. Sin ésta, además, tampoco se entendería el contenido de las autobiografías espirituales femeninas. Decepcionantes en lo que afecta a la vida familiar previa al ingreso en el convento o a la cotidianeidad del monasterio, abundan, por el contrario, en el relato de las revelaciones, milagros, estigmas y todo el repertorio sobrenatural del éxtasis místico. No faltan, por supuesto, las más diversas tentaciones del diablo, como el apuesto joven que se le apareció a Ana de San Agustín, discípula de Teresa de Jesús, con el propósito de acostarse con ella: “De recién profesa, una noche se me apareció el demonio en forma de un hombre muy galán y fuese a meter en la cama donde yo estaba; yo me levanté y me fui con la prelada, diciéndola que tenía miedo, más no lo que me había pasado”. Aunque curiosos, conviene también precisar que muchos de estos relatos no siempre fueron exclusivos de cada monja, pues si algo define a este género de escritura es la repetición de similares experiencias en diferentes autobiografías.

La condición sobrenatural de muchas vivencias de las religiosas barrocas fue otra razón de peso en la proliferación de este tipo de escritos. Detrás de gran parte de ellos se encontraba el mandato de los confesores, quienes así podían reconocer la santidad de algunas monjas, convirtiéndolas en modelo para los demás, o poner el texto en manos de la Inquisición para que ésta actuara. En cuanto a esto, son bastantes las autobiografías espirituales que nacieron como respuesta a los interrogatorios del Santo Oficio e incluso algunas se escribieron entera o parcialmente entre los muros de alguna cárcel inquisitorial, como el memorial autobiográfico de la beata madrileña María Bautista.

Por su parte, María de Vela y Cueto, monja cisterciense en el convento de Santa Ana en Ávila, donde ingresó en 1576, escribió su autobiografía inducida por el confesor, interesado en discernir si sus visiones eran diabólicas o no. Y en la misma línea, Ana de San Agustín anotó en la suya que fue el padre Alonso de Jesús María quien le mandó escribir, durante una visita al convento, para saber lo que le pasaba en la oración, “para ver en lo que iba errada y mirar con celo el bien de mi alma, como prelado, los yerros y engaños que podía tener del demonio, y para darme luz”. Unos y otros aspectos dejan ver la tensión desde la que se escribieron muchos de estos textos, fruto de cierta transacción entre lo que podía decirse y cuanto convenía callar. En el plano gráfico, las huellas de los confesores se perciben, efectivamente, en muchos manuscritos, corregidos, anotados y censurados por ellos.

Dado que un número importante de las escritoras del Siglo de Oro fueron religiosas, no han faltado los estudiosos que han visto el convento como un espacio de libertad para las mujeres. Se ha alegado que entre los claustros las monjas pudieron eludir las tareas domésticas y otras imposiciones familiares, organizando el tiempo a su antojo y hallando el respiro necesario para leer y escribir, además de alcanzar una cierta independencia frente a las autoridades masculinas.

Estas afirmaciones, empero, puede que sean algo generosas con respecto a la realidad social y a los patrones ideológicos de aquella época. De algún modo minusvaloran el hecho de que la vida conventual también estaba sujeta a reglas y reproducía en su interior la jerarquía inherente a la sociedad estamental. Por ello, frente a la tesis del convento como un mundo de relaciones libres, tal vez sea más correcto entenderlo en términos de libertad vigilada y desigual, pues tampoco todas las monjas tuvieron las mismas oportunidades. Sostener que no siempre respetaron la voluntad de sus confesores, por más que algunas lo hicieran, contribuye a relajar la función coercitiva de la tutela y el control ejercido por los religiosos encargados de asistirlas en el plano espiritual. Como si se tratara de una llamada de atención ante interpretaciones tan generosas, conviene recordar que para la beata madrileña María de Orozco y Luján su confesor mereció el título de “Dios visible”, dando por sentado que su autoridad e intervención casi igualaban a la divina.

Antonio Castillo Gómez es profesor titular de Historia de la Cultura Escrita en la Universidad de Alcalá y autor, entre otros, del libro Entre la pluma y la pared. Una historia social de la escritura en los siglos de Oro (Akal).

 

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26 Comentarios

Publicado por: María López 28/02/2012

Íncubo (del latín Incubus, in, ‘sobre’ y cubare, ‘yacer’, ‘acostarse’) es un demonio masculino en la creencia popular europea de la Edad Media que se supone se posa encima de la víctima durmiente, especialmente mujeres, para tener relaciones sexuales con ellas, de acuerdo con una cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. Su contraparte femenina se llama súcubo. Un íncubo puede buscar tener relaciones sexuales con una mujer para convertirse en el padre de un niño, como en la leyenda de Merlín.1 Algunas fuentes indican que puede ser identificado por su antinatural frío pene.2 La tradición religiosa sostiene que tener sexo con un íncubo o súcubo puede resultar en deterioro de salud, o incluso hasta la muerte.3 Las víctimas viven la experiencia como un sueño sin poder despertar de éste. Los íncubos no existen, pero que los hay, los hay...

Publicado por: jose de jesus 28/02/2012

QUE INGENUIDAD. . . todavía creen en los reyes magos.

Publicado por: Jorge Manrique 28/02/2012

para considerar: el frecuente contacto con el área espiritual desarrolla una percepción diferente del diario vivir, el frecuente uso de la oración permite formas de lenguaje diversas y niveles de éxtasis que los comunes no entienden, hasta llegan a decir que se trata de perturbaciones sexuales afloradas... qué ignominia

Publicado por: Frisco 28/02/2012

Para Michael Caine: Lamento contestar tan tarde. A poco que lo que pienses verás que es imposible casar la pretensión de saber (de un saber con bases seguras, dices!) con la postura socrática de darle vueltas a las pretensiones de saber para acabar descubriendo que no se sabe. Son diametralmente opuestos e incasables. Sócrates piensa y por lo tanto descubre mentiras. La filosofía -como la Religión- las crea (las mentiras) estableciendo saberes o creencias, que viene a ser lo mismo. (Saber es creer que se sabe). Y la Historia miente tanto como el resto de la filosofía, que como sabes se identificaba, y con razón, con la ciencia.
Algunas de las mujeres escritoras a las que hace referencia el artículo, como Teresa y continuadoras, además de ser serviles a Dios -masculino y patriarcal por excelencia- llegaron a pensar y a desear por fuera de lo que estaba mandado, y alguna es más interesante en ese sentido que la mayoría de lo que hoy se vende como pensamiento. Nos desgarra y no hace gracia lo brutal de sus contradicciones.

Publicado por: Kokiarges 28/02/2012

Las Siete Mansiones y la Ascensión al Monte Carmelo, representan la literatura "mística" de los marranos, o sea, los judíos conversos al cristianismo, bajo condiciones de oprobio. La persecución de los marranos es uno de los capítulos vergonzosos de la historia española.

Publicado por: belén 28/02/2012

A mi me ha gustado el artículo y me han hecho mucha gracia algunos comentarios. Creo, al respecto, que de todo habría: desde delirios hasta escritos ocultos por aquello de que no está bien visto quejarse en ninguna orden.
El mundo cambió tras la aceptación de autorías como la de Copérnico o Descartes, entre tantos otros. Por lo tanto, pese a que la experiencia mística pueda llevarse a cabo en la actualidad, el mundo no la trata. Me inclino a pensar que se contempla ,sin embargo, cierta reminiscencia de la ascética. Y sin recuerdo.
Pero los temas del Sigo de Oro son de rabiosa actualidad. Y me he acordado esta tarde del siguiente fragmento:
"Dineros son calidad,
¡verdad!
Más ama quien más suspira,
¡mentira!

Cruzados hacen cruzados,
escudos pintan escudos,
y tahures, muy desnudos,
con dados ganan Condados;
ducados dejan Ducados,
y coronas Majestad:
¡verdad!

Publicado por: Kokiarges 28/02/2012

Si partimos de la premisa que "misticismo" viene de misterio, entonces, no es nada difícil deducir que mucho de ese comportamientos "místico" no eran sino respuestas histéricas a las formas represivas religiosas, políticas y sociales de la época. ¿A dónde más se iba a escapar la psiquis bajo esas condiciones que confinaban? Era una de las maneras constructivas de escapar la estricta censura.

Publicado por: Simon 28/02/2012

En primer lugar, gracias por el espacio. Muerte, represión y saqueo. Sin estas tres palabras, el concepto de mega minería no podría existir. Van de la mano al igual que van de la mano el gobierno nacional y las mineras extranjeras, encargadas de llevarse los minerales y las divisas, dejando contaminación, destrucción y migajas. El conflicto generado en torno a la minería metalífera a gran escala desenmascara las políticas reales del kirchnerismo y la burguesía nacional, que solo buscan poner en bandeja los recursos naturales y estirar lo máximo posible el discurso de un progresismo emancipador, que no resiste ningún contraste con la realidad. Gracias a los levantamientos populares, los cuestionamientos hacia esta actividad extractiva y destructora han echado raíces en amplios sectores de la sociedad. Hoy, los pueblos de Famatina, Belén, Andalgala, Tinogasta, Chilecito, entre otros, son los faros a seguir en una lucha por la emancipación. Pese a que muchos intenten enfriar el conflicto con vientos malvinenses, el repudio a la minería a cielo abierto truena más fuerte que las explosiones que mutilan la Cordillera de los Andes. LEER INVESTIGACION COMPLETA: http://elruidoenelhormiguero.blogspot.com/2012/02/miserias-cielo-abierto.html

Publicado por: obviedades 28/02/2012

Se Puede , tanto como no se puede creer en Dios, ambas posturas son no confirmables. Se puede leer ese pasado con la mirada actual, no hay otra forma, pero todos somos inteligentes y sagaxes despues del evento.
Todos esos escritos revelan una erotica que seuramente fue posible en ese estilo ddos los parametros en los que aparecian, fuera de ellos, es decir fuera de las creencias religiosas, es altamente posible que las formas eroticas tuvieran un estilo diferente. pero me 'encanta' como desde el articulo a los comentarios la mojiteria prevalece. No tiro ninguna piedra , porque ya han sido tiradas. la sexualidad en cualquier manifestacion, ha sido siempre el 'enemigo' del Judeocristianismo, y la culpa recatada o no su heredera

Publicado por: Michael caine 28/02/2012

Respondiendo a Frisco, indicaré que la Filosofía busca un saber con bases seguras, indiscutibles y evidentes para todos. Excepto las proposiciones matemáticas (que incluso tumbó Russell) ha avanzado muy poco en ese objetivo. Su grandeza radica precisamente en no engañarse mucho en ello. Citando a Sócrates, diríamos que lo bueno de la filosofía es que frente a las religiones y otros saberes, "sabe que no sabe nada", pero al menos no engaña.

De todas maneras, considero a la Historia como parte fundamental de las ciencias humanas, y que un saber hecho con honestidad intelectual, mirando con cuidado las fuentes y basado en investigaciones anteriores, puede avanzar en el conocimiento de una época histórica. Este artículo resalta que las obras escritas por muchas místicas estaban mediatizadas por el ambiente represivo en el que vivían, por el hecho de ser mujeres, y estar vigiladas por sacerdotes, superiores en la jerarquía eclesiástica pero también social. Debe indicarse también que es un artículo divulgativo. Quién quiera puede leer el libro entero (por si Isabel está interesada en profundizar más).

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