Papeles Perdidos

Segundas oportunidades

Clásicos del desván de la literatura latinoamericana

Por: EL PAÍS12/10/2012

Pizarnik
Ilustración de Santiago Caruso para La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik (Libros del zorro rojo).

Por J. ERNESTO AYALA-DIP

Ya es casi un lugar común afirmar que el Boom latinoamericano fue un hito en la historia de la literatura de ficción (poesía, cuento, ensayo) pero que a la vez sepultó obras y nombres relevantes. En el boom confluyeron circunstancias históricas, sociales, políticas y estéticas que no fueron poco determinantes en la configuración de una generación de novelistas de distintos países. De pronto, en menos de un decenio, entre el segundo lustro de los sesenta y el primero de los setenta, cuajaron distintas poéticas, muy potentes en fuerza creadora. Pero el Boom fue también esa generación que faltaba. Cuando se oye mencionar  una novela que se titula Cien años de soledad (1967), con sólo conocerse a grandes rasgos su hilo argumental y someras referencias sobre su diseño formal y estilístico, su inminente publicación ya produce en sus futuros lectores una suerte de mágica expectación. Solo faltó que la lectura de la novela confirmara rotundamente la sospecha de que se estaba ante una obra maestra de difícil catalogación. A partir de aquí, se inicia uno de los fenómenos literarios más importantes y prestigiosos, no solo en lengua castellana, sino en la influencia que ejerció en todo el territorio de la ficción mundial. Así nació un primer Boom compuesto por Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Luego le siguió lo que estudiosos del fenómeno (literario y sociológico, vale decir) bautizaron con el nombre de segundo Boom, formado por Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, José Donoso, Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante. No creo que haya que insistir mucho en los daños colaterales del boom, si lo comparamos con los grandes beneficios que generó en la ficción latinoamericana toda, fuera del país que fuera, los géneros o la cronología a la que perteneciera. El éxito estético, de mercado y de crítica del boom es uno de los fenómenos sociológicos más complejos de explicar. Pero a la vez descorrió, como por arte de magia, el tupido velo que disimuló durante años y decenios el sinnúmero de pioneros del boom. Y también abrió el camino para reconocer la impronta del Boom en los grandes epígonos o rupturistas que le siguieron.

Tal vez sea la hora de comenzar a darnos una oportunidad dándoselas a todos aquellos autores que quedaron en la cuneta de la historia literaria del continente latinoamericano. Darles una segunda oportunidad a los argentinos Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea y Ernesto Sábato. Tres territorios, tres maneras de entender la tarea novelística. Todavía no está dicha la última palabra sobre una novela como Adán Buenosayres (Marechal, 1948); todavía se sigue discutiendo la importancia capital de Sobre héroes y tumbas (Sábato, 1955); y qué decir de la prosa demorada de un Mallea a la búsqueda siempre de un sentido espiritual en medio del sinsentido de la condición humana.

Soy un apasionado de la literatura del  uruguayo Felisberto Hernández (como lo soy de novelas como La bahía del silencio, 1940, del mismo Mallea): Hernández resume en sus cuentos la investigación de lo eternamente inexplicable. También propongo volver al argentino Macedonio Fernández: propongo sus novelas metafísicas, novelas absolutamente alejadas de las leyes de verosimilitud convencionales: novela de momentos, de fogonazos espirituales. Toda una manera de nadar contracorriente, contra las estructuras decimonónicas, contra la trama y a favor del balbuceo del ser en soledad. Macedonio funda la gran literatura del lenguaje puro, guante formal que recoge un maldito muy posterior llamado Néstor Sánchez.

Creo que nos debemos un retorno a Lezama Lima: un retorno al verbo entendido como fuente de un conocimiento de la escritura desde dentro: un conocimiento cuasi carnal de las palabras, de las frases. Propongo volver a Paradiso (1966), una novela de formación que es casi un lujo tenerla escrita en castellano.

La lectura reciente de una novela de Carmen Martín Gaite me recordó al argentino Manuel Puig. Me recordó su facilidad para los registros formales y lingüísticos fronterizos. La lengua de las tías, madres y vecinas, ese cosmos deslumbrantes de palabras vivas, casi documentales que van descubriendo una trama existencial de provincias. Boquitas pintadas (1969). Puig opera una vuelta de tuerca al realismo y a lo que quedaba del costumbrismo. Las convenciones sociales y sexuales explotan en esa parodia de vida que Puig le inflige a la clase media argentina.

También releyendo a Cortázar y haciendo mención de Lezama Lima, me viene a la memoria una novela soberbia y sabía: me refiero a Palinuro de México (1975), de Fernando del Paso. Nadie puede negar la marca rabelesiana de sus páginas, su plasmación de la parodia más exacta y su humor implacable.

Perdone el lector cierto desorden en las oportunidades que decido conceder: quiero darle otra y las que haga falta a Cuentos de amor, locura y muerte (1917) de ese extraño ser perdido en la selva del norte argentino que fue Horacio Quiroga (siempre llevo conmigo la viscosa impresión de ese tenebroso almohadón de plumas, que ya hubiera describir el mismísimo Poe). No dejaría nunca de releer El jorobadito y otros cuentos (1933) del gran Roberto Arlt. Ni tampoco dejaría nunca de aconsejar leer los cuentos del cubano Virgilio Piñera y sobre todo su hermosa novela La carne de René (1952).

Dos mujeres: la argentina Alejandra Pizarnik (toda su desesperada poesía) y la misteriosa escritora uruguaya Armonía Sommers (1914-1994): en 1950 se publica su nouvelle La mujer desnuda, relato cuajado de hallazgos en el panorama latinoamericano, una manera distinta que ratifica años después definitivamente con El derrumbamiento, conjunto de cinco relatos de gran envergadura literaria.

Sé que me dejo autores: no cité casi a ningún poeta, aunque ahora que lo escribo aprovecharé para  recomendar a Roberto Juarroz y esa profunda y llena de religiosidad que es su enigmática poesía (Poesía vertical, 1970)  y ese libro mayúsculo del surrealismo latinoamericano que se titula Los amantes antípodas (1961) de Enrique Molina.

Y para terminar: sé que no tiene sentido decir que le vamos a dar una segunda oportunidad a un escritor de la talla de Adolfo Bioy Casares. Puede, pero permítame el lector que insista en volver las veces que haga falta a dos novelas suyas: El sueño de los  héroes (1954) y La aventura de un fotógrafo en La  plata (1985). Cada tanto las releo. Todavía les sigo sacando punta y no alcanzo a vislumbrar todos significados que esconden y se me multiplican. La segunda es una joyita de las atmósferas inciertas, de la creación de los peligros, físicos y morales, en ciernes.

Y ahora sí me despido hasta la semana que viene, pero déjeme el amable lector que le dicte mi última oportunidad por hoy: El niño que enloqueció de amor (1915), del chileno Eduardo Barrios, una novelita, que como dijo alguna vez César Aira, convierte en auténtica literatura un tema cursi y patológico.

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29 Comentarios

Publicado por: Cés escor 12/10/2012

Tienen que conocer a el secreto mejor guardado de la literatura venezolana: Renato Rodríguez . Renato es nuestro solitario detective salvaje; su libro"La noche escuece", es de lejos (aparte de una obra maestra), la novela más hermosa que se ha escrito en los últimos 30 años en Venezuela!

Publicado por: JoseLillo 12/10/2012

En realidad, los lectores de esa época, siempre supimos que Cortazar no fue parte del Boom.- Y que Jorge Amado (no lo nombraste!!!) estuvo a la altura de cualquiera de los boomistas.-

Publicado por: David Albemar 12/10/2012

Y un escritor totalmente desconocido, algo anterior, pero que publicó sus mejores novelas en los años 70, paralelo con las del Boom: DEMETRIO AGUILERA MALTA. No solo por sus "Siete Lunas y Siete Serpientes", sino por su "Requiem para el Diablo" y "Jaguar". Grandísimo Olvido.

Publicado por: Evelio 12/10/2012

Siempre es interesante el tema, no importa cuan recurrente. sin embargo, con todo respeto, hablar del Boom y del Realismo mágico, sin mencionar a Carpentier (creador de Lo real maravilloso), es como hablar de la novela española sin Cervantes.

Publicado por: Cecilia 12/10/2012

¿qué pasa con chilenos como Manuel Rojas, Pedro Prado?

Publicado por: Luis rivera 12/10/2012

Una lista bastaante a la carrera, a mi parecer, como si el articulista citara sólo los autores que se le vienen a la cabeza, saltándose las generaciones; el Boom fue una generación, habría entonces que nombrar los autores que falta reconocer de esa generación; o bien, ampliando más el criterio, citar los autores que aún no tienen un reconocimiento a nivel de su reputación nacional. En ese caso, sí habrá una razón para citar autores con cuarenta años de distancia, como Pizarnik y Felisberto, por ejempolo; pero entonces la lista sería muy larga, ya que en cada país pueden hallarse al menos tres o cuatro nombres importantes y tal vez dos o tres realmente grandes. Para el efecto, sólo habría que poseer con antelación un poco de cultura literaria, es decir, haber tenido la suficiente curiosidad lectora , y LEIDO a los autores lationamericanos que esperan ser reconocidos por los lectores curiosos de los otros países tanto en España como en Lationamérica.

Publicado por: JoseLillo 12/10/2012

En fin, esto es como quejarse que la Formula 1 "sepulta" relevantes torneos automovilísticos en otras partes del mundo.- Los cuatro grandes del Boom (que, de paso, la suma de los cuatro no hacen un Borges, si de relevancia mundial hablamos), adelantaron un proceso que hoy es común: la globalización, en este caso de cuatro escritores, y no más y solo ellos.- Y, para colmo, en esa época, sin epónimos en ninguna otra lengua.- Quiero decir, no solo los escritores latinoamericanos quedaron afuera, sino de todo el mundo, y hasta uno de mi calle, que me gusta mucho como escribe, y no quiero acordarme de otro, que maneja mejor que Alonso.-

Publicado por: martin t 12/10/2012

RULFO es harina de otro costal,.... inspirador del realismo magico, fantasmagorico... es diferente.

Publicado por: GatSby 12/10/2012

Y también me concedo la licencia de reclamar a Arturito Belano. Un imprescindible.

Publicado por: GatSby 12/10/2012

Le doy la razón al señor/a anónimo, si se habla de escritores eclipsados por el "boom", Borges sin ser parte de este, se vio mas beneficiado que otra cosa. Y eso que tenía esencia y presencia para haber sido él el propio boom. Debería haber sido el boom que abriera paso al "boom". Pero si nos ponemos así, entonces el que no pinta nada como eclipsado es Ernesto Sábato. No lo metan en ese túnel.

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