Papeles Perdidos

La vuelta al mundo literaria / 2

Vacaciones en la Nueva Zelanda del siglo XIX, de Mansfield

Por: Winston Manrique Sabogal17/07/2013

Seurat.deperfil"A medida que avanzaba la mañana, fueron llegando distintos grupos de gente que aparecían por las colinas arenosas y bajaban a bañarse a la playa. Se daba por hecho que a partir de las once las mujeres y niños de la colonia veraniega se convertían en los amos de la playa. En primer lugar se desvestían las mujeres, se ponían los trajes de baño y se cubrían la cabeza con horrorosos gorritos de baño; luego desabrochaban a los niño. La playa quedaba sembrada de montoncitos de vestidos y zapatos; los grandes sombreros veraniegos, sujetos con piedras para impedir que el viento se los llevase, parecían enormes conchas. Era curioso pero incluso el mar parecía oírse distinto cuando todas aquellas figuras saltarinas y risueñas se adentraban en las olas. La anciana señora Fairfield, con vestido de algodón color lila y sombrero negro atado bajo la barbilla, reunió a sus polluelos y los vistió para el baño".

Es la vida cotidiana a orillas del mar en la Nueva Zelanda de finales del siglo XIX. Retrato de una época convertida en literatura a comienzos del siglo XX por Katherine Mansfield. Cuentos y más cuentos escritos con una maestría y una delicadeza literarias que la llevaron a ser una de las pioneras del cuento moderno, junto a otros como Chejov. El pasaje que abre el post pertenece a su relato En la bahía y la imagen que lo ilustra se titula De perfil, de Seurat, llevada a la portada de la edición Cuentos completos, de editorial Alba.

Los relatos de Mansfield (Wellington, 1888-Fontainebleau, 1923) despiertan todos los sentidos y convocan el ingenio porque tras la belleza de sus pinturas impresionistas hechas de palabras se esconden realidades más profundas e inquietantes: "una clase de soledad reflejada en el aislamiento e incapacidad de los personajes para comprender a los demás o para ser comprendidos", como escribe Ana María Moix en el prólogo del volumen. En Preludio se avista desde el principio algo ...

"Era la primera vez que Lottie y Kezia salían tan tarde. Todo parecía distinto: las casas de madera pintada, más pequeñas que de día, y los jardines, más grandes y salvajes. El cielo estaba tachonado de estrellas y la luna colgaba sobre el puerto, salpicando de oro las olas. Se veía el faro brillando en la Isla Quarantine, y las luces verdes de los viejos barcos carboneros".

 

Mansfield vivió en su país hasta 1909 y con apenas 14 años viajó a Londres, después volvió a Nueva Zelanda, y con veinte años ya emigró definitivamente a Inglaterra y de ahí a varios países de Europa. Sus historias son escritas en el siglo XX, pero muchas de ellas evocan y reconstruyen vivencias de su infancia en el XIX. Una época de entre siglos con grandes cambios en el mundo en todos los ámbitos, especialmente para una colonia inglesa. Sus cuentos son mosaicos de la época con sus rituales y aires de la Inglaterra decimonónica. Episodios de vida capturados que guardan la idiosincrasia a través de los cuales radiografía  las búsquedas sentimentales y emocionales del ser humano contemporáneo. En palabras de Moix: "frente al temblor del alma sumida en los más nobles y ardorosos sentimientos una vez muertos de inanición por falta de cuidado compartido". Búsquedas interiores en medio de la belleza que crea una mayor sensación de desamparo...

Mansfield, dejada atrás Nueva Zelanda y ya en Europa, se adentró en el mundo más moderno y tomó de él lo mejor para renovar la literatura a partir y a través de una mirada puesta en el pasado de su país. Costumbres, actitudes, sueños, comportamientos de una sociedad que parece suspendida. Pero Mansfield utiliza todo ese cuadro con fondo paradisiaco para introducirse en el corazón y la cabeza de las personas mientras nos enseña un trozo de Paraíso, como lo hace en Fiesta en el jardín:

 "Y después de todo hacía un tiempo ideal. Ni hecho a medida hubiesen podido tener un día más adecuado para la fiesta en el jardín. No hacía viento, lucía el sol, y no se divisaba una sola nube en todo el cielo. El azul solo estaba velado por una calina de luz dorada, como ocurre a veces a principios de verano. El jardinero andaba atareado desde muy temprano"

Cabañas de colores en las colinas; fiestas ruidosas con niños; niños que se contentan con ver lo que ni siquiera tocarán; caminatas por el campo tras una duda; baños en la playa; siestas en los porches al ritmo de una mecedora; viajes en embarcaciones oyendo el zumbido de una soga que busca tierra firmee; mujeres y hombres que toman el té bajo sombreros y pamelas en cuadros de felicidad en los que el lector sospecha que hay algo que no dejará florecer la dicha verdadera y al final se impondrá el desconcierto, el silencio, el vacío. Como escribió la propia autora en el comienzo de En la bahía: "Había caído un fuerte rocío.La hierba era azulada. Gruesas gotas colgaban de la maleza, sin acabar de caer".

Espero que les guste este viaje por la Nueva Zelanda de Mansfield, a finales del XIX. Ahora es el turno de ustedes de prolongarlo compartiendo con nosotros sus comentarios y recomendando otros libros donde Nueva Zelanda tenga una presencia relevante.

* Todos los cuentos. Katherine Mansfield. Traducción de Clara Janés, Esther de Andreis, Francesc Parcerisas y Alejandro Palomas (editorial Alba)

1- Viaje a Babilonia con el Gilgamesh.

Consulta la serie completa LA VUELTA AL MUNDO LITERARIA.

 

comentarios 37

37 Comentarios

Publicado por: ParkSinta - Parquet, Tarima, Acuchillados 17/07/2013

Recientemente hemos trabajado para un cliente extrajero en Madrid, Neo Zelandés, y la verdad que tenía unos gusto muy sofisticados para el acabado de los suelos, curioso país y curltura

Publicado por: Lazaros 17/07/2013

A nosotros nos a encantado Nueva Zelanda fue un viaje muy especial que nunca olvidaremos

Publicado por: Ramonperu 17/07/2013

madre mia las cosas quien pudira darse unas vacaciones por ahí ahora

Publicado por: Fontaneros Fuenlabrada 17/07/2013

Nosotros somos una empresa en la que fuimos todos los compañeros el verano pasado y a todos nos encantó, desde luego que fué fantastico y estoy seguro que volveremos alguna vez.

Publicado por: Antonio 17/07/2013

Yo estuve en Nueva zelanda y me parece un pais precioso y lo recomiendo a todo que lo visite que merecerá la pena.

Publicado por: Nueva Zelanda 17/07/2013

Todo lo que suena a NUEVA ZELANDA tiene un componente exótico que hace que nos llame la atención :-)

Saludos,
Lucia

Publicado por: Enrique Bernárdez 17/07/2013

Olvidé contestar al cervecero. No es cosa de traducciones buenas o malas, es cosa de lo que se llama el proceso traductológico. Hoy solemos decir que es consecuencia de las peculiaridades cognitivas del proceso de traducción. Como dice Mangstadt, hay autores (Miguel Sáenz es sin duda mi traductor favorito) que respetan la forma hasta el punto de que se pueden leer, p.ej., sus versiones de Thomas Bernhardt leyendo en voz alta paralelamente el alemán y el español y el resultado es casi idéntico. Pero si le preguntáis a él, o a cualquier traductor, os dirá lo mismo: hasta la mejor traducción se deja muchas cosas y cambia otras; lo que se lee en traducción es menos que lo que hay en el original. Y eso es inevitable, y si se intenta añadir y decir más que en el original, entonces se entra en el campo de la aberración. Así que no es ingenuidad, sino conocimiento profundo del tema. Qué le vamos a hacer, yo no sé nada de fontanería, pero de estas cosas sí que entiendo: tanto en el aspecto de la teoría como, más aún, de la práctica. De modo que insisto: la lectura de cuentos traducidos por cuatro personas distintas nos aleja muchísimo de la auténtica Mansfield.

Publicado por: Enrique Bernárdez 17/07/2013

Para Mangstadt. Mis datos cuantitativos son pura suposición. Pero una obra literaria no es solo el contenido, la "historia" en sí, que se traslada sin problema. Es también la FORMA DE CONTAR. Y por ejemplo, al verter al español a Faulkner se pierde prácticamente la totalidad de la forma en algunas de sus novelas. Hay veces que no se puede evitar, pero lo cierto es que en ocasiones se hace de modo injustificable: como la versión de On the road de Kerouac, en el formato original -sin puntos y aparte en todo el libro, que en la reciente versión española no se respeta, pues las conversaciones introducen puntos y aparte ausentes del original. O novelas de estilo radicalmente coloquial, que se "planchan" en castellano (es el término utilizado habitualmente en traductología). En cuanto a la comparación con la interpretación musical, no puedo estar más de acuerdo. Hace como tres años publiqué con Wade Matthews un artículo titulado precisamente "Traducir música, traducir literatura". Y por cierto, aparte de los estudios -numerosísimos que se han hecho sobre el proceso de traducción y la huella del traductor, yo opino desde mi propia experiencia ya bastante larga (mi primer libro traducido apareció en 1982). El traductor se da perfectamente de todo lo que se va quedando por el camino y de todo lo que es más "suyo" que del autor. Y es absolutamente inevitable.

Publicado por: Noch ein Bier, bitte! 17/07/2013

Interesante debate, Mangstadt, y muy pertinente. Pienso que Enrique Bernárdez exagera un pelín cuando parece sugerir que la traducción de una novela cualquiera pierde el 20% del original. ¿Qué criterios emplea Bernárdez? ¿Cualitativos o cuantitativos? ¿Una combinación de ambos?

Hay casos de traducciones muy malas (ocurre mucho en España, debemos admitirlo) en las que la pérdida cualitativa es atroz. La responsabilidad última es siempre del editor, de la editorial, que pone en juego su credibilidad si permite que una traición vea la luz tras pasar por imprenta. Aunque a veces uno duda, y dan la impresión de que les importen mucho más sus cuentas que su credibilidad.

Asumir que cuatro traductores van a "perder" más que uno solo al traducir a una misma autora es un tanto ingenuo por su parte, Bernárdez. ¿Pierde mucho una traducción hecha por un hombre si el original lo escribió una mujer? Evidentemente, no, pero alguien podría decir tal desfachatez y quedarse tan tranquilo.

Publicado por: mangstadt 17/07/2013

Para ENRIQUE BERNÁRDEZ. Siempre he considerado las traducciones como interpretaciones cuyo original es la partitura. Una misma partitura sonará diferente según quién la toque, o según quién la dirija. Hay directores que hacen que todo suene igual, que todo lleve su sello, da igual que la partitura sea de Haydn o de Tchaikovsky (es una crítica que leí una vez referida a Igor Markevitch). Con algunos traductores puede ocurrir lo mismo, pero los hay muy buenos, como Miguel Sáenz, que traduce del alemán a autores como Kafka, Brecht, Bernhard, Grass o Sebald y con cada uno de ellos conserva lo mejor que puede la voz del autor original. Incluso tradujo La historia interminable de Michael Ende. También tengo entendido que traduce del inglés pero no leo traducciones del inglés si puedo evitarlo (alguna entrevista en el periódico y cosas por el estilo).

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