Papeles Perdidos

la vuelta al mundo literaria / 10

De Pozzuoli a Paestum: fuentes para Virgilio en trenes de cercanías

Por: EL PAÍS05/08/2013

Por ROGER SALAS *

Lamuerte-de-virgilio-brochCon frecuencia mi padre me decía: ‘¿A qué inutilidad te dedicas? Ni siquiera Homero dejó riqueza alguna”. Este renglón de Ovidio, poeta romano de una generación sucesiva a Virgilio, modera la gran pregunta del destino del bardo, una cuestión que ronda, como una pesada espada de sombra, la novela con que quiero que bajéis de Nápoles hacia el averno, es decir, hacia el calor y los mitos, al sur. Se trata de un sur geográfico y estético. Es La muerte de Virgilio (1945) de Hermann Broch (Viena, 1886 – New Haven, 1951), mi primer libro en esta serie.

Siempre me ha parecido injusto que un libro esté solo. ¿Es la soledad sólo propia de hombres y animales o plantas; por qué no también de los objetos a los que concedemos ciertos poderes y entidad? La novela de Broch ya tiene bastante soledad dentro como para que añadamos acíbar en la forma de cualquier aislamiento. Es así que un buen libro “compañero de viaje” en propiedad será La Eneida, coprotagonista de la novela del austriaco y su motivo, con permiso de la muerte. Buscando aquí y allá encontré un lúcido artículo de Juan Goytisolo aparecido en este diario (18 de junio de 2012) donde anima a la relectura, ese incesante regreso sobre libros que no se agotan jamás, sino muy al contrario, cada cierto tiempo, traen consigo el asombro, y por qué no decirlo, la luz. A veces esa luz no es tan radiante como la de  Pozzuoli, cegadora sobre las piedras, la piel y el agua.

Dicen que Pozzuoli sólo da bellezas, y enseguida los lugareños te ponen el ejemplo de Sofia Loren (que era en realidad romana, pero que el folclore –el mito- la exhibe como icono propio). Virgilio pasó por allí.

Es La muerte de Virgilio un libro donde no pasan muchas cosas (es un decir), donde se piensa y se habla, y la acción se limita a las elucubraciones de un anciano escritor con su mala conciencia y a unos diálogos siempre intranquilizadores, con la duda de si el manuscrito de La Eneida sobre el que va sentado regresando en Roma desde Grecia (no lo sabe todavía, a morir) debe sobrevivirle o, como expresó, debía ser destruido.

La EneidaYa hoy las obras de encargo no son lo que eran entonces. El emperador Augusto encargó ese libro a Virgilio (que no lo terminó), una revisitación de Homero, un monumento que, paradójicamente, le consagró a la historia. La Eneida dio mucha guerra a Virgilio y le consumió los últimos 10 años de su vida (del 29 al 19 a. C.). Borges ha citado varias veces la petición de Virgilio de que se quemara el manuscrito, esta circunstancia lo fascinaba especialmente, y se entiende esa cierta vergüenza ajena, un último pudor en Virgilio rodeado de la huella arquitectónica de sus amados griegos. Broch sintió la misma fascinación.

Pozzuoli tiene un trencito que es otro mito moderno y bullicioso: “la cumana”, y se llama así porque pasa por Cuma (o Cumas), donde están esas localizaciones que aparecen en La Eneida y se sugieren en La muerte de Virgilio: el Antro della Sibila (Acrópolis), el Lago di Averno, la “Solfatara” (donde la leyenda dice que los pájaros no vuelan sobre sus letales gases); el templo de Serapis (en realidad un mercado romano). Las aguas de Pozzuoli eran la “viagra” de la antigüedad: curaban la esterilidad y devolvían la actividad sexual. La “cumana” con cierto renquear, sube hasta Monteruscielo, desde donde, achicando ojo, se ve la línea del mar Mediterráneo, telón o fondo escenográfico principal de la novela de Broch.

Siguiendo la línea del mar en otro trencito están los templos dóricos de Paestum; todos los arqueólogos coinciden en que son los más importantes y mejor conservados de la Grecia Antigua (en una época estuvieron sumergidos). Y allí está la Tumba del ‘Tufatore’, con sus pinturas enigmáticas, como una prueba de belleza, compitiendo con las columnas de las casas sacras de Apolo y Atenea. Es todo un mismo mundo bajo una misma luz y una misma tierra.

Pero aún hay un tercer libro más delgado e igualmente fascinante para tenerlo cerca, hojear y volver a él: Mitógrafos griegos. Lo digo específicamente por Paléfato y su manera de volvernos a poner los pies en la tierra, una tierra que escalda y vibra, antigua y nutriente. No el balde los mejores tomates del mundo desbordan rojos en el álabe de sus ramas y salen de esos grumos oscuros, con un sabor donde no hay sal ni otro aderezo que poner, pues el fruto de la tierra, esencialmente, lo lleva todo a la ansiosa boca del comensal. Paléfato nos introduce así a sus Historias increíbles: “Es que, si algo existió alguna vez y en otro tiempo, también ahora existe y volverá a ser”.

Esta es la propuesta de hoy, ahora sugiérenos más rutas literarias por el sur de Nápoles, del Mediterráneo.

La muerte de Virgilio / Hermann Broch (Alianza). La Eneida, Virgilio  (Alianza, 2004-Gredos, 2010). Mitógrafos griegos. Biblioteca Clásica Gredos [376], 2009.

 * Roger Salases autor de Más allá del escenario:el ballet "Muerte de Narciso" de Alicia Alonso

Consulta AQUÍ la serie completa LA VUELTA AL MUNDO LITERARIA.

1- Viaje a la Babilonia de Gilgamesh

2- Vacaciones en la Nueva Zelanda, de Mansfield

3- La implacable Sudáfrica, de Coetzee

4- Canadá: la maqueta del mundo, de Robertson Davies

5- Japón: ¿Te buscas o te pierdes?, con Amélie Nothomb

6- Londres, la adolescencia nos hará libres,  a los ojos de Kureishi

7. El corazón del Brasil de Guimaraes Rosa

8- El Caribe paradisiaco e infernal de Jean Rhys

9- La divina locura de Hungría, de László Krasznahorkai


 

 

 

 

comentarios 8

8 Comentarios

Publicado por: juan-jose reyes rios 05/08/2013

El destierro de Ovidio (año 8 de nuestra era) sospecho que se debió a un desencuentro entre el poeta y César Augusto. Ovidio, en un exacerbación, lo ofendió. En mi libro "Los ojos del mundo", publicado en Amazon (kindle), aproximo el motivo. Hermann Broch ya apuntó la insatisfacción que le causó al poeta latino la escritura de la "Eneida". No era la obra que deseó escribir, pues su intención era adentrarse en la esencia de los problemas sociales y de la vida, en la problematicidad y meollo de nuestros órdenes. Por eso ordenó, al final de su vida, su destrucción.

Publicado por: Eugenio 05/08/2013

La propuesta de Roger Salas no puede ser más feliz: entrecruzar los dos libros señeros de Herman Broch y Virgilio, cual juego de espejos que apuesta por la ficción leída como un poema y el poema levantado como una ficción.

Publicado por: hortensio 05/08/2013

La figura del mantuano ha fascinado siempre a los escritores y los contemporáneos no han sido la excepción. Cito aquí los versos maravillosos del exquisito Antonio Colinas:

Canto X

Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe

que en el norte de Hispania alguien manda grabar

en piedra un verso suyo esperando la muerte.

Este es un legionario que, en un alba nevada,

ve alzarse un sol de hierro entre los encinares.

Sopla un cierzo que apesta a carne corrompida,

a cuerno requemado, a humeantes escorias

de oro en las que escarban con sus lanzas los bárbaros,

Un silencio más blanco que la nieve, el aliento

helado de las bocas de los caballos muertos,

caen sobre su esqueleto como petrificado.

Oh dioses, qué locura me trajo hasta estos montes

a morir y qué inútil mi escudo y mi espada

contra este amanecer de hogueras y de lobos.

En la villa de Cumas un aroma de azahar

madurará en la boca de una noche azulada

y mis seres queridos pisarán ya la yerba

segada o nadarán en playas con estrellas.

Sueña el sur el soldado y, en el sur,
el poeta
sueña un sur más lejano; mas ambos sólo sueñan

en brazos de la muerte la vida que soñaron.

No quiero que me entierren bajo un cielo de lodo,

que estas sierras tan hoscas calcinen mi memoria.

Oh dioses, cómo odio la guerra mientras siento

gotear en la nieve mi sangre enamorada.

Al fin cae la cabeza hacia un lado y sus ojos

se clavan en los ojos de otro herido que escucha:

Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio.

De “Noche más allá de la noche”, Antonio Colinas

Publicado por: jack 05/08/2013

Creo que el propio título anticipa el descenso a los infiernos, al averno, al destierro de un antifascista condenado por serlo y enviado a un mundo nuevo, completamente distinto del suyo, a pesar de distar unos mil kilometros de su Torino natal. Cristo si è fermato a Eboli de Carlo Levi.

Publicado por: carlos 05/08/2013

a mi La muerte de Virgilio me aburrio mucho, me parece un libro muy pretencioso....me quedo con La Eneida que es poesia en estado puro
oaun asi igula lo intento otra vez con el libro porque solo recibe halagos y buenas criticas, a ver que pasa....

Publicado por: Oreibates 05/08/2013

Ya que estamos en la muy literaria Bahía de Nápoles, un buen aperitivo puede ser la oda "La Ginestra o il fiore del deserto" del romántico Giacomo Leopardi. Pero he aquí dos libros "viajeros": un es "El diablo enamorado" de Jacques Cazotte, un viaje onírico y fantástico que comienza en las ruinas de Herculano y termina en las dehesas de Extremadura, y otro el imprescindible "Satiricón" de Petronio, que nos llevará por la geografía más al sur de Nápoles, a lugares como Crotona; por cierto, se ha discutido mucho dónde ocurren los pasajes conservados de la obra, y aunque ha habido una tendencia muy extendida a situarlos el algún lugar de la Campania (se ha propuesto el propio Pozzuoli, entre otros), pero según el filólogo francés Oliver Sers estaríamos en Turios, una ciudad griega del Golfo de Tarento, el lugar donde al parecer Heródoto escribió sus historias.
Los diarios de viaje de Goethe tampoco serían mala compañía, ni la visión de delirio que de las ruinas de Pesto nos dejó Piranesi.

Publicado por: diseño web 05/08/2013

No he leído el libro porque no es de mi estilo...pero tras leer tu artículo creo que a mi padre le encantaría, gracias!

Publicado por: Inaxio 05/08/2013

Los peces no cierran los ojos de Erri De Luca y El Gatopardo de G.T. Di Lampedusa.

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